
El Papa, hace muchas actividades que son menos públicas y que se caracterizan por una alta carga de humanidad. Esta cuaresma, los domingos los ha dedicado a visitar las parroquias de Roma.
El domingo de Laetare, esto es de alegría, pasó por la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. Esta es una parroquia en la que en su territorio hay ubicada una cárcel y que por su carácter marginal recibe mucha inmigración y en la que la parroquia, señala el Papa, afronta dichos desafíos ayudando a “aprender el idioma, encontrar una vivienda digna y un trabajo honesto y seguro”. Destaca el Papa que solucionar estos desafíos, muchas veces “agravados por quienes explotan sin escrúpulos la pobreza de los más vulnerables para su propio beneficio” es motivo de alegría.
Pero el Papa insiste que lo importante es vivir siendo el rostro de Dios y mirar con los ojos de Dios. Utilizando las lecturas del día nos recuerda que ser cristiano significa comportarse “como un niño que sale a la luz, descubre un mundo nuevo, viéndose a sí mismo, a los demás y a la vida con los ojos de Dios (cf.1 Sam16:9).”
Ser cristiano significa disponer un día a la semana de descanso en el que poder “celebrar el misterio de la vida como un don” que es distinto a estar parado, día “ante el cual nadie puede ignorar el clamor de auxilio de un hermano o hermana que sufre.” Recuerda el Papa la sencilla receta de vida de las primeras comunidades cristianas “fortalecidos por el don del Bautismo, se esforzaron por vivir como nuevas criaturas, viviendo en comunión y paz con todos y encontrando en la comunidad una familia que los acompañaba y sostenía.”
Durante los encuentros con las realidades parroquiales el Papa señaló que el mal existe porque “los hombres libres pueden elegir, como dicen las Escrituras: la Biblia dice que puede elegir entre la vida y la muerte, ente el bien y el mal. Tenemos esa libertad, que es un gran don. Estamos aquí para dar ejemplo, empezando por ustedes” y añadirá “todos necesitamos estos testimonios porque así es como podemos cambiar el mundo de verdad” mientras Oriente Medio está en ¡Guerra, otra vez! “nosotros también debemos ser heraldos del mensaje de paz, la paz de Jesús, la paz que Dios quiere para todos. Así que debemos orar mucho por la paz y buscar maneras de vivir en unidad y rechazar siempre la tentación de dañar a los demás. La violencia nunca es la opción correcta. Y siempre debemos elegir el bien”
Señala el el Papa otro gran signo que se levanta como testimonio de que otro mundo sin violencia es posible. El uso del diálogo nos muestra que aunque hay diferencias “debemos aprender a respetarnos mutuamente, a decir no a lo que es perjudicial y a elegir siempre lo bueno”
En conclusión, nuestros gestos cercanos al diferente, nuestra libre elección del bien, son testimonio más potente que la violencia y el mal que cree en “la absurda pretensión de resolver problemas y diferencias mediante la guerra.” Ese testimonio es ser el rostro de Dios y mirar con los ojos de Dios.
María Puy





