

CITA
«Errare Humanum est»
“A los niños se les impone, a los jóvenes se les propone y a los mayores se les expone”
«Aligérame, Señor, la mano en el castigo, y suavízamela en la caricia. Y que reprenda con amor para saber que he corregido amando».
Gabriela ·Mistral
«Si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro hace que vuelva a ella, debe saber que quien hace que el pecador se convierta de su extravío, salvará el alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus propios pecados »
(St 5, 19-20).
«¡No hay corrección, sin compasión!»
S.Son
Séneca, “el hombre bueno se alegra de ser corregido; el malvado soporta con impaciencia al consejero” (Admoneri bonus gaudet; pessimus quisque rectorem asperrime patitur) De ira, 3, 36, 4.
San Clemente de Alejandría «El reprender y corregir, como observa San Clemente, es señal de benevolencia y no de odio».
Tertuliano, El cuerpo no puede alegrase del mal que sufre uno de sus miembros; es preciso que todo él se duela y trabaje para curarse. Obras: El hermano es Cristo La Penitencia, 10
S. Basilio, «Ocultar el pecado del Hermano al Superior es, según San Basilio, apresurar la muerte del enfermo, es empujar al precipicio al hombre que ya corre a él por sí mismo».
San Ambrosio “Si descubres algún defecto en el amigo, corrígele en secreto […] Las correcciones, en efecto, hacen bien y son de más provecho que una amistad muda. Si el amigo se siente ofendido, corrígelo igualmente; insiste sin temor, aunque el sabor amargo de la corrección le disguste. Está escrito en el libro de los Proverbios las heridas de un amigo son más tolerables que los besos de los aduladores (Pr 27, 6)”. De officiis ministrorum III, 125-135.
“Aprovecha más la corrección amiga que la acusación violenta; aquella inspira compunción, esta excita la indignación” Catena Aurea, VI.
San Juan Crisóstomo Y no puedo llorar más amargamente… Porque si en este momento estáis pacíficos y tranquilos, al salir de la iglesia éste critica al otro; uno injuria públicamente a otro, uno se encuentra devorado por la envidia, los celos o la avaricia; el otro medita la venganza, otro la sensualidad, la duplicidad o el fraude. […](Homilía 8 sobre la carta a los Romanos, 8; PG 60, 464-466.)
«El que me reprende o me hace reprender, añade San Juan Crisóstomo, me da mejor testimonio de amistad que quien me ensalza y tributa alabanzas».
“¿Quién más inteligente que David?, escribe S. Juan Crisóstomo; y sin embargo, no se dio cuenta de que había pecado gravemente… Necesitó la luz del profeta y que sus palabras le hicieran caer en la cuenta de su falta. El Señor quiere que haya quienes vayan al pecador y le hablen de lo que ha hecho” (In Mt. hom. 60).
S. Agustín, advierte sobre la grave falta que supondría omitir esa ayuda al prójimo: “Peor eres tú callando que él faltando”. Sermo 82, 7.
“debemos, pues, corregir por amor; no con deseos de hacer daño, sino con la cariñosa intención de lograr su enmienda.”, Sermo 82, 4.
San Juan Crisóstomo «Y no dice el Señor: acusad, reñid, pedid venganza, sino corregid; es decir, recordadle sus pecados; decidle lo que vosotros sufrís por causa de él, porque él está ebrio por la ira y la vergüenza y como sumergido en un sueño profundo, y vosotros que estáis sanos, debéis ir a aquel que está enfermo».
San Juan Casiano, Por consiguiente, si un hermano falta en alguna cosa y es necesario corregirle, se le corregirá ciertamente. No obstante, hay que hacerlo de suerte que al querer aplicar el remedio al doliente ó cuya fiebre no es grave por ventura ó, no caiga aquel, por efecto de la ira, en la enfermedad más temible de la ceguera (Instituciones,8).
San Cirilo de Alejandría: “La reprensión, que hace mejorar a los humildes, suele parecer intolerable a los soberbios” Catena Aurea, vol. VI.
San Gregorio Magno, Si la regla de conducta del maestro debe ser siempre perseguir el vicio para corregirle, es muy conveniente que conozcamos que debemos ser firmes con los vicios, pero compasivos con el hombre (Hom. 33 sobre los Evang. ).
San Bernardo de Claraval: Callar, cuando puedes y debes reprender, es consentir; y sabemos que está reservada la misma pena para los que hacen el mal y para los que lo consienten.
San Juan de Ávila: dice que quien no practica lo que tiene que enseñar, no enseñará lo que debe porque es antipsicológico enseñar contra sí mismo.
Santa Teresa de Jesús: Santa Teresa advierte que los predicadores van componiendo sus sermones para no descontentar, por eso se convierten tan pocos.
San Francisco de Sales, “Reprender a los demás es muy fácil, pero es muy difícil mirarse bien a sí mismo”
“Más moscas se cazan con una cucharadita de miel, que con un barril de vinagre”
San Francisco de Sales, refiere uno de sus amigos, me reprendía frecuentemente de mis defectos, y luego me decía: «Quiero que por ello me quede usted muy agradecido, porque es el mayor testimonio de amistad que puedo darle, y reconoceré que usted me ama, si me hace el mismo favor: no puedo sufrir en usted la menor imperfección, porque le amo entrañablemente; lo que en otros sólo me parecen moscas, en usted me parecen elefantes por el grande amor que le profeso».
San Juan Maria Vianney Debo corregiros, aunque sepa que me mataréis cuando baje del púlpito.
Don Bosco “La dulzura en el hablar, en el obrar y en reprender, lo gana todo y a todos”
Es ciertamente más fácil enfadarse que tener paciencia, amenazar a un niño más que persuadirlo; diría incluso que es más cómodo para nuestra impaciencia y nuestro orgullo castigar a los que nos resisten que corregirlos, soportándolos con firmeza y bondad [. . . ]. Las enfermedades del alma exigen ser tratadas con un cuidado tan grande como las del cuerpo. No hay nada más peligroso que un remedio dado a despropósito y contratiempo. Un médico prudente espera a que el enfermo esté en condiciones de soportar el remedio y para ello acecha el momento favorable (Carta 2395. Epistolario, volt 4 pp. 201-205).
Santa Teresita del Niño Jesús Cuando Santa Teresa del Niño Jesús cesó en su cargo de ayudante de la maestra de novicias, al ver alguna falta en las hermanas, decía: «pero ya no tengo yo que corregir».
San Josemaría Escriva de Balaguer, “La práctica de la corrección fraterna –que tiene entraña evangélica– es una prueba de sobrenatural cariño y de confianza. Agradécela cuando la recibas, y no dejes de practicarla con quienes convives”. Forja, n. 566.
“Se esconde una gran comodidad —y a veces una gran falta de responsabilidad— en quienes, constituidos en autoridad, huyen del dolor de corregir, con la excusa de evitar el sufrimiento a otros. Se ahorran quizá disgustos en esta vida…, pero ponen en juego la felicidad eterna —suya y de los otros— por sus omisiones, que son verdaderos pecados”, Forja, n. 577.
“La corrección fraterna, cuando debas hacerla, ha de estar llena de delicadeza —¡de caridad!— en la forma y en el fondo, pues en aquel momento eres instrumento de Dios”, Forja, n. 147.
Un discípulo de Cristo jamás tratara mal a persona alguna; al error le llama error, pero al que esta equivocado le debe corregir con afecto: si no, no le podre ayudar, no le podre santificar (Amigos de Dios,9).
Catecismo, 1474 El cristiano que quiere purificarse de su pecado y santificarse con ayuda de la gracia de Dios no se encuentra solo. «La vida de cada uno de los hijos de Dios está ligada de una manera admirable, en Cristo y por Cristo, con la vida de todos los otros hermanos cristianos, en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico de Cristo, como en una persona mística» (Pablo VI, Const. ap. Indulgentiarum doctrina, 5).
San Juan Pablo II, Para encontrarse con el misterio hace falta paciencia, purificación interior, silencio, espera. (Audiencia del 26 de julio del 2002).
Papa Francisco,
Al mismo tiempo esta discreción, de hablarle estando solo, tiene la finalidad de no mortificar inútilmente al pecador. Se habla entre los dos, ningún otro escucha y todo acaba aquí. (S.S. Francisco, Ángelus del 7 de septiembre de 2014).
«Es necesario ante todo evitar el clamor de la crónica y los chismes en la comunidad. Esto es lo primero que hay que evitar, evitando las palabras que puedan herir y asesinar al hermano»
Rainiero Cantalamessa Cuando por cualquier motivo no es posible corregir fraternamente, a solas, a la persona que ha errado, hay algo que absolutamente se debe evitar: la divulgación, sin necesidad, de la culpa del hermano, hablar mal de él o incluso calumniarle, dando por probado aquello que no lo es o exagerando la culpa. «No habléis mal unos de otros», dice la Escritura (St 4,11). El cotilleo no es menos malo o reprobable sólo porque ahora se le llame «gossip».
Pagola, , Quizás lo que más cambia a muchas personas no son las grandes ideas ni los pensamientos hermosos, sino el haberse encontrado en la vida con alguien que ha sabido acercarse a ellas amistosamente y las ha ayudado a renovarse. Buenas noticias, Navarra 1985.pág. 107 s
Alessandro Pronzato Parece que ciertas personas religiosas tienen el arte de «asfixiar», en vez de liberar, ayudar, promover. (…). El pan del domingo ciclo a edit. Sigueme salamanca 1986.pág. 199 ss.
Ch. Péguy: «Es necesario salvarse juntos. Es necesario llegar juntos al buen Dios, es necesario presentarse juntos; no podemos llegar a Dios los unos sin los otros. Debemos volver todos juntos a la casa del Padre. Es necesario pensar en los otros. Es necesario trabajar los unos por los otros. ¿Qué nos dirá si llegásemos, si volviésemos a la casa del Padre común los unos sin los otros? (Ch. Péguy Le mystère de la charitè de Jeanne d’ArcI Gallimard Paris 1943, p.39)
Toda devoción verdadera me tiene que llevar necesariamente a salir al encuentro del hermano.
Columela “Reprender al que yerra no basta si no se le enseña el camino recto.”
Leonardo da Vinci “Debes reprender en secreto a tu amigo y alabarlo en público.”
CONTO
OLOR A ROSA
Cuenta una fábula persa que un día un viajero halló un trozo de barro tan aromático que su perfume llenaba toda la casa.
-¿Quién eres tú? Le pregunta el caminante. ¿Eres alguna mercancía preciosa?
-No, no soy más que un trozo de barro.
-Entonces ¿cómo tienes este aroma tan maravillosos, tan agradable?
-“Amigo, te voy a revelar un secreto. He estado viviendo junto a una rosa”.
Tomado de Ángel Calvo, En otras palabras
ANÉCDOTA
SHEKINÁ
“Los judíos creían en la presencia de la Shekiná entre ellos; en suma, en la presencia de Dios.” Rabí Ranina bar Teradjon (sobre 135) decía: “Si dos personas están reunidas y hablan de la Torah (la Ley), La Shekiná mora entre ellos.” La Shekiná era la sensibilización de la presencia de Dios. “Cuando los fieles se ocupan uno con otro, Yahvé los oye y los escucha. ¿Por qué Dios se llama maqom, “El Lugar”? Porque, en todo lugar donde se encuentran los justos, allí también se encuentra Dios entre ellos.” Pero después que Jesús habita entre los hombres, El es entre ellos una Shekiná, una habitación concreta y viva de Dios.
Tomado de Biblia Nácar-Colunga Comentada
APERTURA DEL SÍNODO DE OBISPOS DEL AÑO 2005,
Benedicto XVI sorprendió a los padres sinodales invitándoles a practicar entre sí la corrección fraterna, que es una obra de misericordia. En tono marcadamente espiritual, el Papa señaló, incluyéndose en el comentario, que ninguno de nosotros se ve bien a sí mismo, ve bien los propios defectos. Por eso es un acto de amor ayudar a corregirse. Pienso que una de las funciones de la colegialidad es precisamente ayudarse a conocer las propias lagunas, que nosotros mismos no queremos ver.
Tomado de Anécdotas y catequesis
HUMOR
CORREGIR CON DELICADEZA
– ¿De qué te gustaría trabajar?
– De lo que haiga.
– ¿Y seguir estudiando no quieres?
Tomado de https://www.gramaticas.net
ORACIÓN
LA ORACIÓN DE LA MAESTRA
¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra.
Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes.
Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la protesta que sube de mí cuando me hieren. No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de las que enseñé.
Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes. Alcance a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía para cuando mis labios no canten más.
Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada hora por él.
Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niños descalzos,
Hazme fuerte aun en mi desvalimiento de mujer, y de mujer pobre; hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida. ¡Amigo, acompáñame!, ¡sosténme! Muchas veces no tendré sino a Ti a mi lado. Cuando mi doctrina sea más cabal y más quemante mi verdad, me quedaré sin los mundanos; pero Tú me oprimirás entonces contra tu corazón, el que supo harto de soledad y desamparo.
Yo sólo buscaré en tu mirada las aprobaciones.
Dame sencillez y dame profundidad; líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana.
Dame el levantar los ojos de mi pecho con heridas al entrar cada mañana a mi escuela. Que no lleve a mi mesa de trabajo mis pequeños afanes materiales, mis menudos dolores.
Aligérame la mano en el castigo y suavízame más en la caricia. ¡Reprenda con dolor, para saber que he corregido amando! Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos. Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda.
Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más oro que las columnas y el oro de las escuelas ricas.
¡Y, por fin, recuérdame, desde la palidez del lienzo de Velázquez, que enseñar y amar intensamente sobre la Tierra es llegar al último día con el lanzazo de Longinos de costado a costado!
Gabriela Mistral
MEDITACIÓN
CORREGIR AL QUE YERRA
Se pueden cometer muchos tipos de errores. Y se puede corregir también de muchas maneras. A todos nos suena la cita de Mateo que habla de la corrección fraterna, y que comienza: “Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas.»
Leo la cita despacio, recuerdo momentos de mi vida en los cuáles corregí o me han corregido, me detengo en tantos ejemplos, y me pregunto cómo quiere Dios que yo corrija a otro. Es más, pienso si Dios hablaría de error o de pecado como yo lo hago. Puede que simplemente Él fuese en ocasiones más benévolo que yo y que sea entonces su espíritu quien pueda ayudarme a buscar luz en este tema, quien me anima a no usar el boli rojo para llenar de tachones el folio del otro.
Repréndelo a solas, dice, porque corregir es un acto de intimidad, de humildad, de confianza, de ayuda sincera. Y se da el encuentro profundo y verdadero al poner el centro en el otro más que en uno mismo; al quererle bien, al ponerme en su lugar. Hasta aquí, no parece del todo fácil.
La cita continúa: «Si te hace caso, has salvado a tu hermano.»
Y es que corregir tiene ese poder, el de salvar. Pero no de cualquier forma. La cuestión no es si el hermano hace caso, creo yo. Sino si yo soy capaz de acercarme al otro y practicar esa manera de mirar de Dios, si consigo distanciarme de ese modo que tiene de hablar mi propio ego, si logro no cuestionar desde mi enfado sino desde la bendición al otro.
¿Desde dónde? y ¿para qué?, dicen algunos. No para sentirnos salvadores últimos de la gente que nos rodea, no para creernos superiores a nadie; al contrario, para sentirnos más hermanos, y para sostenernos unos a otros desde lo más débil de cada uno.
Elena López
Tomado de Pastoral sj
CANTO
Perdonar de Corazón – Verónica Sanfilippo / EHC Vol II
VIDEO
Desarrollo en comunidad.
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela








