
CITA
«Perdonad y se os perdonará»
(Lc 6,36).
PERDONA Y VIVIRÁS
“La vida es demasiado corta como para no perdonar.”
El débil no puede perdonar.
El perdón es un atributo de los fuertes.
Mahatma Gandhi
Lo que más odio es que me pidan perdón antes de pisarme.
Woody Allen
«Perdonar es ganar»
S.Son
San Cipriano, Dios no acepta el sacrificio de los que provocan la desunión, los despide del altar para que antes se reconcilien con sus hermanos: Dios quiere ser pacificado con oraciones de paz. La obligación más bella para Dios es nuestra paz, nuestra concordia, la unidad en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de todo el pueblo fiel (Dom. orat. 23: PL 4, 535C-536A).
San Ambrosio «Perdónense unos a otros, si uno peca contra el otro; diversamente Dios hace revivir los pecados perdonados». («Los Sermones» Tomo II, Ed. El mensajero de San Antonio Misiones Franciscanas Conventuales, Pág.741 y ss)
San Juan Crisóstomo «Aun cuando perdonemos setenta veces siete, aun cuando perdonemos continuamente todos los pecados absolutamente de nuestro prójimo, nuestra misericordia al lado de la suya, es como una gota de agua junto al océano infinito.» (Homilía 61,1, sobre San Mateo).
Nada nos asemeja tanto a Dios como estar siempre dispuestos al perdon (Hom. sobre S. Mateo,19).
No encerró el Señor el perdón en un número determinado, sino que dio a entender que hay que perdonar con prontitud y siempre (Hom. sobre S. Mateo,6).
S. Agustín, Cada día hemos de pedir perdón, porque cada día hemos ofendido. Sermón 256
Si estás dispuesto a perdonar, ya has perdonado. Te queda todavía pedir a Dios por tu hermano (Sermón 211, Sobre la caridad fraterna).
San Doroteo de Gaza, Quien está fortalecido por la oración o la meditación tolerará fácilmente, sin perder la calma, a un hermano que lo insulta. Instrucción sobre la acusación de sí mismo, 7,1-2: PG 88, 1695-1699.
San Gregorio Magno, «Por lo que se dice en el evangelio consta que, si no perdonamos de corazón lo que fue cometido contra nosotros, nos será de nuevo demandada la cuenta también de lo que, con júbilo, pensábamos que fuese perdonado con la penitencia».(«Los Sermones» Tomo II, Ed. El mensajero de San Antonio Misiones Franciscanas Conventuales, Pág.741 y ss)
Máximo el Confesor, «Si no quieres perder la caridad según Dios, no dejes que tu hermano se vaya a descansar entristecido por ti y tú no te vayas a descansar entristecido por él; sino ve, reconcíliate con tu hermano y, volviendo, ofrece a Cristo con conciencia pura y mediante una ferviente oración, el don de la caridad». (Primera centuria sobre la caridad, n.53)
Santo Tomás de Aquino, «Este rey es Dios, ya se entienda del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo»»Iste rex est Deus, sive intelligatur de patre, sive de filio, sive de spiritu sancto» (SANCTI TOMAE DE AQUINO, Super Evangelium S. Matthaei lectura, caput 18, lectio 3).
San Francisco de Sales, “Ten presente que cuando comiences a ser indulgente con el prójimo, te volverás severo contigo mismo; pues es corriente que aquellos que se perdonan demasiado a sí mismos, son excesivamente rigurosos con los demás.”
Madre Teresa De Calcuta “Es necesario aprender del encuentro con el otro, superar las dificultades y salir fortalecidos respetarse y perdonarse. Uno tiene mucho que corregir en uno mismo antes de molestarse con el otro.”
San Josemaría Escriva de Balaguer, Esfuérzate, si es preciso, en perdonar siempre a quienes te ofendan, desde el primer instante, ya que por grande que sea el perjuicio o la ofensa que te hagan, más te ha perdonado Dios a ti (Camino, n. 452).
Hemos de comprender a todos, hemos de convivir con todos, hemos de disculpar a todos, hemos de perdonar a todos. No diremos que lo injusto es justo, que la ofensa a Dios no es ofensa a Dios, que lo malo es bueno. Pero, ante el mal, no contestaremos con otro mal, sino con la doctrina clara y con la acción buena: ahogando el mal en abundancia de bien (cfr. Rm 12,21) (Es Cristo que pasa,182).
Catecismo, «Perdona nuestras ofensas»…
2839 Con una audaz confianza hemos empezado a orar a nuestro Padre. Suplicándole que su Nombre sea santificado, le hemos pedido que seamos cada vez más santificados. Pero, aun revestidos de la vestidura bautismal, no dejamos de pecar, de separarnos de Dios. Ahora, en esta nueva petición, nos volvemos a Él, como el hijo pródigo (cf Lc 15, 11-32) y nos reconocemos pecadores ante Él como el publicano (cf Lc 18, 13). Nuestra petición empieza con una “confesión” en la que afirmamos, al mismo tiempo, nuestra miseria y su Misericordia. Nuestra esperanza es firme porque, en su Hijo, “tenemos la redención, la remisión de nuestros pecados” (Col 1, 14; Ef 1, 7). El signo eficaz e indudable de su perdón lo encontramos en los sacramentos de su Iglesia (cf Mt 26, 28; Jn 20, 23).
2840 Ahora bien, lo temible es que este desbordamiento de misericordia no puede penetrar en nuestro corazón mientras no hayamos perdonado a los que nos han ofendido. El Amor, como el Cuerpo de Cristo, es indivisible; no podemos amar a Dios a quien no vemos, si no amamos al hermano, a la hermana a quien vemos (cf 1 Jn 4, 20). Al negarse a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre; en la confesión del propio pecado, el corazón se abre a su gracia.
2841 Esta petición es tan importante que es la única sobre la cual el Señor vuelve y explicita en el Sermón de la Montaña (cf Mt 6, 14-15; 5, 23-24; Mc 11, 25). Esta exigencia crucial del misterio de la Alianza es imposible para el hombre. Pero “todo es posible para Dios” (Mt 19, 26).
… «como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden»
2842 Este “como” no es el único en la enseñanza de Jesús: «Sed perfectos “como” es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5, 48); «Sed misericordiosos, “como” vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6, 36); «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que “como” yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros» (Jn 13, 34). Observar el mandamiento del Señor es imposible si se trata de imitar desde fuera el modelo divino. Se trata de una participación, vital y nacida “del fondo del corazón”, en la santidad, en la misericordia, y en el amor de nuestro Dios. Sólo el Espíritu que es “nuestra Vida” (Ga 5, 25) puede hacer nuestros los mismos sentimientos que hubo en Cristo Jesús (cf Flp 2, 1. 5). Así, la unidad del perdón se hace posible, «perdonándonos mutuamente “como” nos perdonó Dios en Cristo» (Ef 4, 32).
2843 Así, adquieren vida las palabras del Señor sobre el perdón, este Amor que ama hasta el extremo del amor (cf Jn 13, 1). La parábola del siervo sin entrañas, que culmina la enseñanza del Señor sobre la comunión eclesial (cf. Mt 18, 23-35), acaba con esta frase: “Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial si no perdonáis cada uno de corazón a vuestro hermano”. Allí es, en efecto, en el fondo “del corazón” donde todo se ata y se desata. No está en nuestra mano no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión.
2844 La oración cristiana llega hasta el perdón de los enemigos (cf Mt 5, 43-44). Transfigura al discípulo configurándolo con su Maestro. El perdón es cumbre de la oración cristiana; el don de la oración no puede recibirse más que en un corazón acorde con la compasión divina. Además, el perdón da testimonio de que, en nuestro mundo, el amor es más fuerte que el pecado. Los mártires de ayer y de hoy dan este testimonio de Jesús. El perdón es la condición fundamental de la reconciliación (cf 2 Co 5, 18-21) de los hijos de Dios con su Padre y de los hombres entre sí (cf Juan Pablo II, Cart. enc. DM 14).
2845 No hay límite ni medida en este perdón, esencialmente divino (cf Mt 18, 21-22; Lc 17, 3-4). Si se trata de ofensas (de “pecados” según Lc 11, 4, o de “deudas” según Mt 6, 12), de hecho nosotros somos siempre deudores: “Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor” (Rm 13, 8). La comunión de la Santísima Trinidad es la fuente y el criterio de verdad en toda relación (cf 1 Jn 3, 19-24). Se vive en la oración y sobre todo en la Eucaristía (cf Mt 5, 23-24):
«Dios no acepta el sacrificio de los que provocan la desunión, los despide del altar para que antes se reconcilien con sus hermanos: Dios quiere ser pacificado con oraciones de paz. La obligación más bella para Dios es nuestra paz, nuestra concordia, la unidad en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de todo el pueblo fiel» (San Cipriano de Cartago, De dominica Oratione, 23).
Juan XXIII Nunca vaciles en tender la mano; nunca titubees en aceptar la mano que otro te tiende.
San Juan Pablo II «En realidad, el perdón es ante todo una decisión personal, una opción del corazón que va contra el instinto espontáneo de devolver mal por mal. Dicha opción tiene su punto de referencia en el amor de Dios, que nos acoge a pesar de nuestro pecado y, como modelo supremo, el perdón de Cristo, el cual invocó desde la cruz: « Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen »» (Lc 23, 34). (Mensaje mundial de la paz 1 de enero de 2002)
«El perdón atestigua que en el mundo está presente el amor más fuerte que el pecado»
Benedicto XVI «en la comunión eucarística, está incluido a la vez el ser amados y el amar a los otros», por lo cual «una Eucaristía que no comporte un ejercicio concreto del amor es fragmentaria en sí misma» (Deus caritas est, 14).
Papa Francisco, La misericordia, la indulgencia, la condonación de la deuda, no es algo sólo devocional, privado, un paliativo espiritual, una especie de óleo que ayuda a ser más suaves, más buenos, no. Es la profecía de un mundo nuevo (Homilía 5.VII.14).
No podemos seguir a Jesús por el camino de la caridad si no nos queremos antes entre nosotros, si no nos esforzarnos en colaborar, en comprendernos recíprocamente y en perdonarnos, reconociendo cada uno sus propias limitaciones y sus propios errores.
«Tener paciencia no es dejar que nos maltraten continuamente, o tolerar agresiones físicas, o permitir que nos traten como objetos. El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad. Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad. Si no cultivamos la paciencia, siempre tendremos excusas para responder con ira, y finalmente nos convertiremos en personas que no saben convivir, antisociales, incapaces de postergar los impulsos, y la familia se volverá un campo de batalla» (Amoris laetitia n. 92).
«El náufrago se enfrenta al desafío de sobrevivir con creatividad. O espera que lo vengan a rescatar o él mismo empieza su propio rescate. En la isla donde se llega tiene que empezar a construir una choza para la que puede utilizar tablones del barco hundido y, también, elementos nuevos que encuentra en el lugar» Bergoglio, El Jesuita, 59
Mons. Santiago Agrelo, El perdón, es el fruto natural de esa forma de ser de Dios, que es el amor.
En la vida del creyente, el perdón no es una opción: es un fruto. Y, por el fruto, conocerás la naturaleza del árbol;
Rainiero Cantalamessa Aún más importante que perdonar es pedir perdón.
Pagola, Perdonar nos hace bien
Henri Lacordaire: «¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona».
Amadeo Cencini, «El perdón tiene unos efectos tan saludables para el bienestar psicofísico de quien lo concede que, por lo general, se considera deseable incluso frente a ofensas extremadamente graves, entre las que se encuentran el abuso sexual y la violencia física». Ladrón perdonado.
Alexander Pope «Errar es humano, perdonar es divino»
William Shakespeare «Nada envalentona tanto al pecador como el perdón.»
Bastin-Pinckers-Teheux, Todos somos perdonados: ¡Dios nos ha perdonado sesenta millones de monedas de plata! Nos ha amado simplemente como somos: ¡mezquinos, calculadores, tramposos o ridículamente cargantes! Dios nos ha perdonado todo, y este perdón es el fundamento de su alianza. Siguiendo el Leccionario Ferial (4). Semanas X-XXI T.O. Evangelio de Mateo. Sal Terrae (1990), pp. 197-199.
Martin Luther King El que es incapaz de perdonar es incapaz de amar.
G. Zevini, Cuando a los otros aborrecemos, a nosotros mismos nos castigamos; y al revés, a nosotros mismos nos hacemos beneficio cuando a los otros amamos. Lectio Divina (Mateo): El Perdón y el deudor despiadado. Verbo Divino (2008), pp. 337-346.
El amor tiene una ley propia fundamental: cuando se comparte con los otros, se multiplica; cuando lo retenemos
Paulo Coelho “Sólo puede decir yo te perdono el que es capaz de decir yo te amo.”
Jorge Luis Borges “Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.”
Oscar Wilde “Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más.”
Hal Holbrook “Cuando perdonas amas. Y cuando amas la luz de Dios brilla en ti.”
Pedro Calderón De La Barca “Juez que ha sido delincuente ¡qué fácilmente perdona!”
Denzel Washington “- En la Iglesia dicen que hay que perdonar. – Que los perdone Dios, mi trabajo es concertarles una cita.” – Creasy
Dalai Lama Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar.
G.K. Chesterton: Amar es querer lo despreciable; si no, no es virtud; perdonar quiere decir excusar lo imperdonable; de otra manera no es virtud; tener fe es creer en lo increíble; si no, no es virtud,; la esperanza equivale a esperar cuando la situación es desesperada; si no, no es virtud.
CONTO
TODAVIÍA TE TIENENE PRISIONERO
Un exitoso judío, que había estado en un campo de concentración nazi, se enteró de que su más querido compañero de aquellos tristes días se hallaba enfermo y solo.
Lo buscó y lo halló en la miseria.
¿Ya perdonaste a los nazis? -le preguntó en un momento-.
No, -contestó el moribundo con vehemencia– de ninguna manera. Todavía los odio con todo el alma.
Entonces, concluyó el visitante, te tengo una mala noticia: ellos todavía te tienen prisionero.
Tomado de Alejandro Illescas, Los cuentos de mis homilías
ANÉCDOTA
PERDONAR EN LA OFENSA
Se cuenta que estando próximo a morir el rey Carlos III de España, se le acercó el arzobispo de Toledo para hablarle del perdón a los enemigos. ¿Había de esperar a este trance para perdonarles? -se oyó decir al rey-. Todos lo fueron ya en el momento de la ofensa.
Tomado de Anécdotas y catequesis
EL LIBRO DE BEN SIRACH
fue escrito en lengua hebrea en Jerusalén hacia el año 190-184 a.C. Unos cincuenta años más tarde se tradujo en griego para los hebreos que residían en Egipto. Este libro desde la época de san Cipriano (+ 258) y hasta hace algunos años se le denominaba «eclesiástico» y se utilizaba en la instrucción de los catecúmenos.
El libro nos presenta un problema propio de la existencia humana: de frente a las ofensas y las afrentas recibidas, el hombre suele reaccionar de modo violento y tiende a alimentar no pocos sentimientos de venganza, de revancha, dejando correr su ira e indignación. Ben Sirach se opone de modo radical a este modo de proceder. En el texto la «ira» es algo «abominable». Es propia de pecadores. Los padres del desierto, imbuidos de este espíritu, repetirán con frecuencia que el monje «no irrita, ni se irrita», es decir, no deja lugar para la ira en su corazón . Queda pues claro que obstinarse en el rencor y en la ira ante el ofensor, es un pecado. Es necesario, de modo imperativo, perdonar. Perdonar siempre y de todo, porque delante de Dios nosotros mismos hemos sido perdonados con estas características. «Ahora bien -decía Doroteo de Gaza- nada irrita más a Dios, nada despoja más al hombre y lo conduce al abandono, que el hecho de criticar al prójimo, de juzgarlo o maldecirlo(Doroteo de Gaza Conferencias).
P. Octavio Ortíz
Tomado de Mercaba
DENARIO
En tiempos de Jesús la base monetaria era la romana, impuesta por el emperador Augusto. La moneda más corriente era el denario; una pieza de plata que equivalía al trabajo diario de un trabajador. Por encima del denario estaba el «áureo»; moneda de oro que se adquiría con 25 denarios. Por el debajo del denario estaba el «sestercio». La moneda más pequeña era el «cuadrante».
Traducido a nuestro valor adquisitivo, resultaría:
1 áureo: unos 600 euros.
1 denario: unos 24 euros
1 sestercio: unos 6 euros
1 cuadrante: unos 0’3 euros
El talento no correspondía a ninguna moneda en concreto. Se utilizaba para designar una alta can dad de oro o de plata. (de 26 a 36 Kg). Por ese motivo existían talentos de plata, de oro… e incluso de hierro.
Respondía a la antigua costumbre de pagar a alguien pesando ante él el oro o la plata.
Tomado de Tiempo Interior
TALENTO y DENARIO
Un talento es una medida de peso. Corresponde a 59 kg de oro. Actualmente, septiembre de 2017, el gramo de oro vale 47 dólares. Por lo tanto, 1 kg de oro vale 47.000 dólares. Por lo tanto, 59 kg son 2.773.000 dólares (dos millones setecientos setenta y tres mil dólares). Diez mil talentos, por lo tanto, son: 27.730.000.000 (veintisiete mil setecientos treinta millones) de dólares.
El denario era una moneda acuñada por el Imperio Romano de uso en Palestina al tiempo de Jesús. Era de plata y pesaba 4,54 gr. Pero su valor era mayor que su peso en plata. Valía 1,6 veces más que su peso en plata. Hoy, septiembre de 2017, el gramo de plata vale 0,536 dólares. Un denario, valía entonces, unos 4 dólares. Por lo tanto, cien denarios serían, a precio de hoy, unos 400 dólares. Si nos atreviéramos a calcular qué porcentaje representan 400 dólares con respecto a 27.730.000.000 veríamos que la cifra está más cerca del cero que del uno.
Tomado de P. José A. Marcone, IVE
LA ÚNICA MANERA PARA NO TENER ENEMIGOS
El presidente de los EE. UU. Abraham Lincoln, era famoso por la extrema cortesía que dispensaba a sus adversarios políticos. La conducta del presidente no siempre era compartida por sus propios ministros. Uno de ellos, un día, le dijo fastidiado: ¿Por qué los tratas como si fueran tus amigos? ¡Merecerían más bien que los eliminaras! «Es lo que hago» respondió Lincoln. «¿Acaso no elimino a un enemigo cada vez que lo convierto en amigo?
Jesús nos dio un mandamiento nuevo que nos amáramos como él nos ha amado y Jesús nos amó mientras éramos pecadores. (Ro. 5, 6-10). Es por eso que tenemos que amar también a nuestros enemigos. Si el mismo Dios los ama. ¿Por qué no tenemos que amarlos nosotros?
«Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores. Así serán hijos de su Padre que está en los cielos» (Mt 5, 44-45)
El papa Juan XXIII, en su larga agonía, a quien le sugería que rezara y perdonara a sus enemigos, le dijo: «Pero, yo no tengo enemigos». ¿Es que no podía, entonces, practicar el mandamiento de Dios? Sí que lo practicaba, porque, a los que lo odiaban, él los amaba y por eso no eran ya enemigos para él.
Tomado de P. Chinaglia
HUMOR
DAR PERDÓN
Es importante dar el perdón a aquellos que nos hacen daño.
Yo sé que el alcohol me hace daño, pero yo le perdono.
POEMA
PERDONAR… SER PERDONADO
Perdonar el error…, ser perdonado…
¡Qué cabal es el fiel de la justicia!
¡Y hay quien se obstina, necio, en la estulticia
de esperar, sin piedad, ser indultado!
Es perdiendo el sentido del pecado
como el hombre renuncia a la franquicia
de sus yerros, y cae en la injusticia
de exigir el error contra el malvado.
Setenta veces siete son la tasa
de la gracia… Si el malo las rebasa,
podrá el justo emularle en la subida…
¡Qué inútil es vivir para sí mismo!
¡Qué fecunda es la muerte…, el heroísmo
de ganar al encono la partida!
Pedro Jaramillo
ORACIÓN
SI PUEDO
Si puedo hacer, hoy, alguna cosa,
si puedo realizar algún servicio,
si puedo decir algo bien dicho,
dime cómo hacerlo, Señor.
Si puedo arreglar un fallo humano,
si puedo dar fuerzas a mi prójimo,
si puedo alegrarlo con mi canto,
dime cómo hacerlo, Señor.
Si puedo ayudar a un desgraciado,
si puedo aliviar alguna carga,
si puedo irradiar más alegría,
dime cómo hacerlo, Señor.
(Grenville Kleiser)
Tomado de Ángel Calvo, En otras palabras
MEDITACIÓN
ENTENDER LA LEY DEL AMOR
Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Qué bueno es tener esta ley! ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! Sí, ¡en contra de todo! A cada uno de nosotros se dirige la exhortación paulina: «No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien» (Rm 12, 21). Y también: «¡No nos cansemos de hacer el bien!» (Ga 6, 9). Todos tenemos simpatías y antipatías, y quizás ahora mismo estamos enojados con alguno. Al menos digamos al Señor: «Señor, yo estoy enojado con este, con aquella. Yo te pido por él y por ella». Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador. ¡Hagámoslo hoy! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno!
Papa Francisco
Tomado de Pastoral Sj
CANTO
Debes Primero Perdonar Martin Valverde
VIDEO
Cambiar la mirada.
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela







