
El Seminario Mayor Interdiocesano «Apóstol Santiago», que reúne a los seminaristas de las diócesis de Santiago, Mondoñedo-Ferrol y Tui-Vigo, inauguró oficialmente el curso académico 2026-2027 con una solemne eucaristía en la Catedral compostelana. La celebración estuvo presidida por el obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín, quien invitó a los futuros sacerdotes a cultivar la amistad con Cristo, profundizar en su formación y prepararse para acompañar las necesidades de las personas.
Concelebraron el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández; el arzobispo emérito, monseñor Julián Barrio Barrio; el obispo de Mondoñedo-Ferrol, monseñor Fernando García Cadiñanos, y el obispo emérito de Tui-Vigo, monseñor Luis Quinteiro Fiuza, junto a otros sacerdotes.
Una formación que ayudara a mirar la realidad con fe.
En la homilía, Mons. Antonio Valín recurrió a El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, para explicar algunas de las tareas que los seminaristas tienen por delante. A partir de sus personajes y enseñanzas, relacionó la formación sacerdotal con el cuidado de la vida interior, la madurez personal y la entrega a los demás.
El obispo describió el seminario como un «obradoiro do espírito», un lugar donde aprender a reconocer la presencia de Cristo en cada persona. Desde esa perspectiva, animó a afrontar el curso con disposición a renovar la propia vida, sin dejarse llevar por la rutina ni limitarse a cumplir etapas hasta llegar a la ordenación.
La imagen de los baobabs, cuyas raíces amenazaban el pequeño planeta del protagonista, le sirvió para advertir sobre el orgullo, el clericalismo, la afectividad desordenada y la búsqueda del propio interés. Frente a esas actitudes, defendió una formación que favoreciera la madurez humana, afectiva y comunitaria, en contacto con la realidad.
En ese camino, señaló la importancia de la Palabra de Dios, la eucaristía, la oración, la convivencia y el acompañamiento de los formadores para reconocer las propias fragilidades y aprender a corregirlas.
La amistad con Cristo, el estudio y la atención a quienes sufrían.
El encuentro entre el principito y el zorro dio paso a una reflexión sobre los vínculos. Mons. Valín situó la amistad íntima con Cristo en la base de la vocación y presentó los años de seminario como un tiempo para fortalecer esa relación y cuidar, día a día, la llamada recibida.
También insistió en que la vida espiritual debía ir acompañada del estudio y del esfuerzo intelectual. Al recordar las orientaciones del papa León a los seminaristas, destacó la necesidad de una fe sólida y razonada, capaz de iluminar el mundo en el que vivirían su ministerio.
Otro de los personajes del libro, el farolero, le permitió hablar de la fidelidad y del servicio. El obispo comparó la tarea de los sacerdotes con la de quienes encendían luces de esperanza ante el sufrimiento, la soledad y la indiferencia. Los llamó a ser puentes para el encuentro con Cristo y servidores alegres de una Iglesia cercana a los marginados.
Esa misión, explicó, debía concretarse en las parroquias, los hospitales y las aldeas, junto a los niños, los pobres y las personas que apenas contaban para los demás. Allí situó la tarea de descubrir la sed de Dios y acompañar las realidades de cada comunidad.
Profesión de fe y relevo en el equipo de formadores.
La celebración incluyó un agradecimiento a quien había asumido la responsabilidad de acompañar a los futuros sacerdotes. Mons. Antonio Valín reconoció la entrega de Ángel Carnicero Carrera, que dejó su labor como formador, y agradeció sus horas de escucha, su paciencia y su dedicación pastoral.
También dio la bienvenida a Antonio Menduiña Santomé, que se incorporó al equipo y tomó posesión como formador en sustitución de Carnicero. El obispo extendió su gratitud al rector y al conjunto de los responsables del seminario, a quienes transmitió el afecto, la oración y la confianza de las tres diócesis.
Después de la homilía, el rector, José Antonio Castro Lodeiro; los formadores, Antonio Menduiña Santomé y Juan Basoa Rodríguez, y el director espiritual, José Luis Rey Tear, hicieron la profesión de fe y renovaron el juramento correspondiente a sus cargos.







