Miguel Castaño

XXI Domingo del Tiempo Ordinario

Miguel Castaño

CITA

Roma locuta, causa finita”

« ¡Dios mío: Cuánta Fe tienes en un hombre de tan poca fe!»

S.Son

« Contestaré a tu pregunta el día que viva TU modo de Vivir »

S.Son

San Ireneo de Lyon «… Es a la misma Iglesia, a la que ha sido confiado el ‘Don de Dios’… Es en ella donde se ha depositado la comunión con Cristo, es decir, el Espíritu Santo… confirmación de nuestra fe y escala de nuestra ascensión hacia Dios… Porque allí donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y allí donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda gracia» (haer. 3, 24, 1)» (Cat, 797).

S. Hilario, «¡Oh feliz fundamento de la Iglesia, proclamado con su nuevo nombre; piedra digna de ser edificada, porque quebranta las leyes del infierno, las puertas del Tártaro y todas las prisiones de la muerte! » (Comentario al Evangelio de San Mateo 16,7).

San Juan Crisóstomo «Los sacerdotes han recibido un poder que Dios no ha dado ni a los ángeles, ni a los arcángeles… Dios sanciona allá arriba todo lo que los sacerdotes hagan aquí abajo» (sac. 3, 5).

S. Agustín, «Jesús no es valorado en nada, hasta que sea valorado sobre todo».

Los desatados teman ser atados; los atados oren para ser desatados. (Sermón 295, 1-2).

San León Magno, “Tú eres Pedro… aunque Yo soy la piedra inconmovible, la piedra angular…, sin embargo, también tú eres piedra (Pedro), porque eres consolidado por mi propia fuerza y porque las prerrogativas que son y siguen siendo mías, las compartes conmigo por la comunicación que Yo te hago de ellas” (Serm. 4).

El primero en confesar al Señor es aquel que también es primero en la dignidad apostólica» (Sermo 4 in anniversario ordinationi suae 2-3).

Santa Catalina de Siena “«Quien sea desobediente al Cristo en la tierra, el cual está en lugar de Cristo en el cielo, no participará en el fruto de la sangre del Hijo de Dios» (Epistolae 207).

Concilio Vaticano II: «El Obispo de la Iglesia Romana, en quien permanece la función que el Señor encomendó singularmente a Pedro, primero entre los Apóstoles, y que había de transmitirse a sus sucesores, es cabeza del colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra; el cual, por tanto, tiene, en virtud de su función, potestad ordinaria que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia y que puede siempre ejercer libremente» (Codex Iuris Canonici, can. 331; cfr Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 18).

Catecismo, «Las llaves del Reino»

551 Desde el comienzo de su vida pública Jesús eligió unos hombres en número de doce para estar con Él y participar en su misión (cf. Mc 3, 13-19); les hizo partícipes de su autoridad «y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar» (Lc 9, 2). Ellos permanecen para siempre asociados al Reino de Cristo porque por medio de ellos dirige su Iglesia:

«Yo, por mi parte, dispongo el Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel» (Lc 22, 29-30).

552 En el colegio de los Doce, Simón Pedro ocupa el primer lugar (cf. Mc 3, 16; 9, 2; Lc 24, 34; 1 Co 15, 5). Jesús le confía una misión única. Gracias a una revelación del Padre , Pedro había confesado: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Entonces Nuestro Señor le declaró: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella» (Mt 16, 18). Cristo, «Piedra viva» (1 P 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro, la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por él, será la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendrá la misión de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lc 22, 32).

553 Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica: «A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt 16, 19). El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia. Jesús, «el Buen Pastor» (Jn 10, 11) confirmó este encargo después de su resurrección: «Apacienta mis ovejas» (Jn 21, 15-17). El poder de «atar y desatar» significa la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia. Jesús confió esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de los Apóstoles (cf. Mt 18, 18) y particularmente por el de Pedro, el único a quien éÉl confió explícitamente las llaves del Reino.

El colegio episcopal y su cabeza, el Papa

880 Cristo, al instituir a los Doce, «formó una especie de colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él» (LG 19). «Así como, por disposición del Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un único Colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los Apóstoles»(LG 22; cf. CIC, can 330).

881 El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella (cf. Mt 16, 18-19); lo instituyó pastor de todo el rebaño (cf. Jn 21, 15-17). «Consta que también el colegio de los apóstoles, unido a su cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro» (LG 22). Este oficio pastoral de Pedro y de los demás Apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.

882 El Sumo Pontífice, obispo de Roma y sucesor de san Pedro, «es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles «(LG 23). «El Pontífice Romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad» (LG 22; cf. CD 2. 9).

883 «El colegio o cuerpo episcopal no tiene ninguna autoridad si no se le considera junto con el Romano Pontífice […] como Cabeza del mismo». Como tal, este colegio es «también sujeto de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia» que «no se puede ejercer a no ser con el consentimiento del Romano Pontífice» (LG 22; cf. CIC, can. 336).

San Juan Pablo II Fe y seguimiento de Cristo están estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene que consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena. (21 de agosto de 2011).

Benedicto XVI No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Homilía(21-08-2011)

Siempre es la Iglesia de Cristo y no de Pedro. (07-06-2006)

La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza. (21-08-2011)

Papa Francisco, «Jesús no dijo a Pedro y a sus apóstoles: ¡conóceme! Dijo: ¡sígueme!». Y precisamente «este seguir a Jesús nos hace conocer a Jesús. Seguir a Jesús con nuestras virtudes» y «también con nuestros pecados. Pero seguir siempre a Jesús».20 de febrero de 2014,

Dostoiewsky: « Creo que no existe nada más bello, más profundo, más atrayente, más viril y más perfecto que Cristo; y me lo digo a mí mismo, con un amor más celoso que cuanto existe o puede existir. Y si alguien me probara que Cristo está fuera de la verdad y que ésta no se halla en él, prefiero permanecer con Cristo a permanecer con la verdad». (Correspondence I (Paris 1961) 157, en carta a la baronesa von Wizine).

Mons. Agrelo, Todavía no he caído en la cuenta de que hoy, en los pobres -en los inmigrantes de todas las fronteras- es Cristo quien nos pregunta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

Pagola, «Creo, Señor, ayuda mi incredulidad».

R. Tagore: «No se puede atravesar el mar simplemente mirando el agua».

CONTO

DIOS ES COMPAÑÍA

Una ancianita, de esas sin doctorados o estudios, daba el otro día una gran definición de Dios: “Dios es compañía” Esta ancianita, sin ser Pedro, había recibido como Él, no por estudios, ni por grandes maestros, sino del mismo Dios esa revelación interior, esa manifestación de lo que el Señor es para ella. Y había sido digna de esa revelación porque el Señor se manifiesta a los sencillos y a los humildes, no a los entendidos de este mundo.

Hay que hacerse cada uno esta pregunta a solas, ante un Jesús expirante en la Cruz y dejando hablar al corazón. ¿Quién soy yo para ti?

Tomado de José María Maruri, SJ

ANÉCDOTA

«EKKLESÍA», en griego significa convocación, grupo de gente convocada.

JERARQUÍA: (gobierno sagrado: ieros: sagrado / arxo: mandar): potestad sagrada

MESÍAS significa guía, significa líder. Mesías es el nombre que el pueblo de Israel daba al hombre enviado por Dios que algún día iba a venir para conducir a su pueblo hacia una vida plena, hacia una situación renovada de libertad y de justicia.

«DAR LAS LLAVES» a alguien es concederle autoridad.

«ATAR Y DESATAR» equivalía, entre los rabinos, a rechazar y admitir, a dar entrada o excluir a uno de la comunidad. Frente a los fariseos que cierran la entrada del reino de Dios, Pedro y los discípulos -la Iglesia- deberán abrirlas. En definitiva, el Cristo de Mateo promete a Pedro ejercer la autoridad sobre el pueblo de Dios.

EN MÁS DE UNA OCASIÓN HAN ENTERRADO A LA IGLESIA.

Cuando Pío VI murió en la noche del 28 al 29 de agosto de 1799 en Valence-sur-Rhône (Francia). Muchos pensaron en el fin del Papado y que la Iglesia había muerto al morir el Papa, su cabeza, en el destierro. Goethe dijo: La Iglesia Católica ha pasado a la historia como una ruina ilustre. En términos parecidos se expresó Napoleón que, al conocer la noticia, escribió: La vieja máquina de la Iglesia se deshará por sí sola. Muchos creyeron que Papado había terminado y hasta llegaron a decir que había muerto el sexto de los Píos y el último de los Papas. Y con el Papado se había hundido la Iglesia: Sin el Papa ya no hay cristianismo, y el orden social está irremediablemente herido en su corazón. Pero las palabras de Cristo se cumplieron una vez más: Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16, 18).

Años después, ya en el siglo XIX, en Prusia, donde el Primer Ministro Bismarck -llamado el Canciller de Hierro- había desatado una campaña contra los católicos (conocida como Kulturkapf), sirvió de pretexto para atacar a la Iglesia con mayor virulencia. Pero los católicos alemanes, que estaban representados en el Reichstag (Parlamento), se defendieron muy bien, y su líder, Windthorst, se encaró con Bismarck y le dijo: Tratáis de morder un bloque de granito. Mientras tanto, un eminente periodista alemán, dándoselas de profeta escribía: Hagan lo que hagan los ultramontanos (es decir, los papistas), el poder político de la Iglesia romana ha muerto y el eclesiástico agoniza… Pío IX… ha aniquilado al Papado.

Significativo es el siguiente testimonio de monseñor Johan Neuhäusler, que estuvo cuatro años recluido en el campo de concentración de Sachsenhausen-Oranienburg: El 26 de mayo de 1941, cuando llegué al campo, una persona del departamento político me dijo: “Vamos a destruir la Iglesia Católica y el cristianismo por completo en Alemania”. Cuando le repuse, con toda tranquilidad: “Esto se ha anunciado e intentado muchas veces desde hace 1900 años, pero nunca se ha conseguido”, el funcionario de SS declaró con decisión: “Sí, pero nosotros lo vamos a conseguir. Tenemos un plan, un plan perfectamente meditado y elaborado en todos sus detalles. Destruiremos la Iglesia”.

Un famoso caso de información no veraz es el de Galileo. Se ha difundido, y hay gente que piensa que sucedió así, que Galileo (1564-1642) fue condenado por un tribunal eclesiástico que no comprendió sus conocimientos científicos, que fue torturado y quemado en la hoguera. En realidad no sufrió ningún tipo de maltrato físico. Se le condenó a no difundir sus hipótesis hasta que no se demostrasen y, condenado a prisión, la pena fue conmutada por arresto domiciliario. Continuó con su trabajo y publicó en esa época su obra más importante. Y así centenares de historias que constituyen una auténtica leyenda negra de la Iglesia.

Tomado de Anécdotas y catequesis

LA ROCA.

Dos imágenes dominan en el evangelio la respuesta de Jesús a la confesión de fe de Simón Pedro: la imagen de la roca y la de las llaves. Ambas tienen su origen en el Antiguo Testamento, se retoman en el Nuevo y finalmente, como muestra el evangelio, se aplican a la fundación de Jesucristo. Primero la roca: en los Salmos se designa a Dios constantemente como la roca, es decir, el fundamento sobre el que puede uno apoyarse incondicionalmente: «Sólo él es mi roca y mi salvación» (Sal 62,3). Su divina palabra es perfectamente fidedigna, absolutamente segura, incluso cuando esa palabra se hace hombre y como tal se convierte en salvador del pueblo: «Y la roca era Cristo» (1 Co 10,4). Sin renunciar a esta su propiedad, Jesús hace partícipe de ella a Simón Pedro: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». También la Iglesia participará de esa propiedad de la fiabilidad, de la seguridad total: «El poder del infierno no la derrotará». La transmisión de esta propiedad sólo puede realizarse mediante la fe perfecta, que se debe a la gracia del Padre celeste, y no mediante una buena inspiración humana de Pedro. La fe en Dios y en Cristo, que nos lleva a apoyarnos en ellos con la firmeza y la seguridad que da una roca, se convierte ella misma en firme como la roca sólo gracias a Dios y a Cristo, un fundamento sobre el que Cristo, y no el hombre, edifica su Iglesia.

LA LLAVE.

En realidad la propiedad de ser roca y fundamento contiene ya la segunda cosa: los plenos poderes, simbolizados en la entrega de las llaves a un seguro servidor del rey y del pueblo; las llaves eran entonces muy grandes, por lo que el Señor puede cargar sobre las espaldas de Eliacín «la llave del palacio de David» casi como una cruz y en todo caso como una grave responsabilidad. Estos son los plenos poderes: «Lo que él abra nadie lo cerrará, lo que el cierre nadie lo abrirá» (Is 22,22). En la Nueva Alianza es Jesús «el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, el que cierra y nadie abre» (Ap 3,7). Es la llave principal de la vida eterna, a la que pertenecen también «las llaves de la muerte y del infierno» (Ap 1,18). Y ahora Cristo hace partícipe a un hombre, a Pedro, sobre el que se edifica su Iglesia, de este poder de las llaves que llega hasta el más allá: lo que él ate o desate en la tierra, quedará atado o desatado en el cielo. Adviértase que tanto en la Antigua Alianza como en los casos de Jesús y de Pedro es siempre una persona muy concreta la que recibe estas llaves. No se trata de una función impersonal como ocurre por ejemplo en una presidencia, donde en lugar del titular de la misma puede elegirse a otro. En la Iglesia fundada por Cristo es siempre una persona muy determinada la que tiene la llave. Ninguna otra persona puede procurarse una ganzúa o una copia de la llave que pudiera también abrir o cerrar. Esto vale asimismo para todos aquellos que participan del ministerio sacerdotal derivado de los apóstoles: en una comunidad o parroquia sólo el párroco (y sus colaboradores sacerdotales) tiene la llave, una llave que no puede ceder a nadie ni compartir con nadie. El párroco puede distribuir tareas y «ministerios», pero él no está edificado sobre la roca de la comunidad, sino que la comunidad, una parte de la Iglesia, está edificada sobre la roca de Pedro, del que participan todos los ministerios sacerdotales.

Tomado de Hans Urs Von Balthasar

Luz De La Palabra Comentarios a las lecturas dominicales A-B-C

Ediciones Encuentro.Madrid-1994.Pág. 98 s.

PETROS PETRA

(Pétros) significa una piedra que se usa para arrojar, pero Jesús lo convierte en «petra», que es una roca donde puede construirse un edificio firmemente asentado.

Y para que quede claro que Jesús quiere que haya alguien en su Iglesia con ese lugar especial, continúa diciéndole: «Yo te daré las llaves del Reino de los cielos, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo». Los judíos usaban la figura de las llaves en varios sentidos, pero significaba sobre todo la autoridad para juzgar y conceder perdón, y para aclarar discusiones en torno a la Ley.

Tomado de Víctor M. Fernández en alforjas de pastoral

UNA LLAVE DE ORO Y LA OTRA DE PLATA

Muchas obras de arte han representado el Evangelio de hoy: Jesús dándole a Pedro las llaves del Reino de Cielo. Si uno examina bien las pinturas, se notará que las llaves generalmente son de dos colores diferentes: oro y plata. Aun en nuestro humilde templo, se puede verlo en la ventana de San Pedro. Y si uno mira la bandera del Vaticano en la entrada, se dará cuenta que una llave es amarilla y la otra de un tono gris. ¿Por qué es una llave de oro y la otra de plata? Ha habido varias explicaciones, pero hay una que me parece más interesante. No la inventé, sino la descubrí en el comentario de Dorothy Sayers sobre la Divina Comedia de Dante. Comenzando con lo que es más importante; ella dice que la llave de oro representa el poder de perdonar pecados. Ganado por la Pasión de Cristo, tiene de lejos el mayor valor. Sin embargo, la llave de plata también es necesaria para salivación. Abre el corazón del pecador arrepentido, desenvolviendo los tentáculos del pecado. Usar la llave de plata requiere paciencia, habilidad y trabajo duro. No es suficiente decir, “Pues, soy perdonado. Todo está bien.” Arrepentimiento incluye el esfuerzo de arrancar la mala hierba, de contrarrestar los efectos del pecado.

La Divina Comedia contiene un ejemplo de un hombre que pensaba que la llave de oro era la única que necesitaba. Un tal Guido da Montefeltro practicaba una vida de decepción, engañando a muchas personas para obtener las cosas que querría. En cierto momento, experimentó un cambio de corazón y renunció su vida fraudulenta para ser fraile franciscano. Desgraciadamente, no se arrepintió completamente. El papa Bonifacio VIII (según Dante, un personaje muy desagradable) supo del engañador ya fraile y le pidió llevar un mensaje falso a uno de los adversarios papales. Guido al principio vaciló, pero el papa le ofreció absolución en adelantado. Aparentemente pensando que podía engañar aun a Dios, el fraile aceptó. Cuando murió, como era franciscano, San Francisco bajó para llevar su alma al cielo. Pero el diablo intervino, notando que nadie puede recibir perdón sin arrepentimiento:

“Nadie tiene absolución Sin arrepentirse; ni se puede pecar Y arrepentirse a la vez, porque la contradicción Lo excluye.” (Inferno, Canto XXVII, 119-121)

Tomado de P. Felipe Bloom

OPINIONES

También hoy «la gente», la opinión pública, tiene sus ideas sobre Jesús. Jesús está de moda. Miremos lo que sucede en el mundo de la literatura y del espectáculo. No pasa un año sin que salga una novela o una película con la propia visión, torcida y desacralizada, de Cristo. El caso del Código Da Vinci de Dan Brown ha sido el más clamoroso y está teniendo mucho imitadores.

Luego están los que se quedan a medio camino. Como la gente de su tiempo, cree que Jesús es «uno de los profetas». Una persona fascinante, se le coloca al lado de Sócrates, Gandhi, Tolstoi. Estoy seguro de que Jesús no desprecia estas respuestas, porque se dice de él que «no apaga el pábilo vacilante y no quiebra la caña cascada», es decir, sabe apreciar todo esfuerzo honesto por parte del hombre. Pero hay una respuesta que no cuadra, ni siquiera a la lógica humana. Gandhi o Tolstoi nunca han dicho «yo soy el camino, la verdad y la vida», o también «el que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí».

Con Jesús no se puede quedar uno a medio camino: o es lo que dice ser, o es el el mayor loco exaltado de la historia. No hay medias tintas. Existen edificios y estructuras metálicas (creo que una es la torre Eiffel de París) hechas de tal manera que si se toca un cierto punto, o se traslada cierto elemento, se derrumba todo. Así es el edificio de la fe cristiana, y ese punto neurálgico es la divinidad de Jesucristo.

Tomado de Rainiero Cantalamessa

SEBNÁ

Era un importante funcionario de la corte real, que es también mencionado en otros textos (Is 36,3.11.22; 37,2 y 2 R 18,26.37; 19,2). Quizá fue un extranjero que, después de gozar de gran predicamento en el palacio de Ezequías, fue desplazado y sustituido por Eliaquim. Isaías le reprocha a Sebná su afán de ostentación (v. 16) y le anuncia su destitución (vv. 17-19.25). Su sucesor, Eliaquim, hijo de Jilquías (vv. 20-24), será quien el 701 a.C., durante el asedio asirio de Jerusalén, conducirá la delegación encargada por el rey de negociar con las fuerzas enemigas (cfr 2 R 18,18-19,2).

Cualesquiera que fueran las circunstancias históricas en que se pronunció el oráculo, las palabras del v. 22 tuvieron notable resonancia en el Nuevo Testamento. La primera parte del versículo evoca las palabras de Jesús a Pedro al darle «las llaves del Reino» (Mt 16,19). En este sentido puede ser útil recordar que el mayordomo de palacio era el que, como representante del rey, cada día abría y cerraba la vida administrativa del pueblo. El texto de la segunda parte de ese mismo versículo es aplicado en el Apocalipsis al Mesías, «el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de David» (Ap 3,7), porque Jesús, el Mesías, como nuevo David abre las puertas del cielo. La liturgia de la Iglesia, entre las célebres «antífonas de la O» previas a la Navidad, canta a Cristo bajo este título mesiánico: «Llave de David y cetro de la casa de Israel, Tú, que reinas sobre el mundo, ven a libertar a los que en tinieblas te esperan» (Liturgia de las Horas, Antífona de Vísperas del 20 de diciembre).

Tomado de Biblia de Navarra

PEDRO.

En la lista de los 12 APOSTOLES que Jesús llamó para que lo siguieran más de cerca (Mt 10,2-4 Mc 3,16-19 Lc 6,14-16 Hch Lc 1,13), el primer nombre es siempre el de Simón. Jesús le cambio el nombre: lo llamó Cefas, que en ARAMEO significa ROCA; en el NT, escrito en griego, se usa principalmente la forma griega Pedro (= roca, piedra). Con el nuevo NOMBRE Jesús le da a Simón un NUEVO programa de vida y una garantía de ayuda (Mt 16,18). A su vez, Pedro tendrá que amar y seguir a Jesús más que los otros (Jn 21,15-19); será el jefe y el modelo de los discípulos de Cristo. Es interesante tener en cuenta que hasta entonces no existía el nombre propio de Pedro; a partir de Simón Pedro el nombre se difundió por todas partes. SATANAS.

Tomado de Vocabulario bíblico

HUMOR

SON COSAS DE MAMÁ

Un día San Pedro estaba de muy mal humor en el Cielo. Se presentó ante Jesús y le dijo: -Maestro, sabes que se van a cumplir dos mil años desde que me hiciste «portero» del Cielo al darme las llaves del Reino… Desde entonces no ha entrado aquí nada que no esté más limpio que el sol… En esto soy puntilloso, bien lo sabes…

-Sí, Pedro, lo sé y te estoy muy agradecido por tu celo en el cuidado del Reino de los Cielos…

-Pues me temo -dijo Pedro- que algo está pasando. Desde mi observatorio de la portería vigilo y he observado que en las avenidas celestes hay caras desconocidas… ¡y lo que es peor, poco limpias! Hasta los vestidos de algunos bienaventurados dejan mucho que desear…

-Bien Pedro… ¿y qué sugieres?

-Una investigación de las murallas, porque…. por la portería no han pasado. Tiene que haber «otra puerta» distinta de la mía, Señor.

Aquella tarde, a la hora de la siesta, Jesús y Pedro se dieron una vuelta de inspección por las murallas de la Gloria… hasta que por fin Pedro, triunfante, gritó:

-¡¡Ahí está, Señor, ahí está!! ¡¡Ya lo sabía…!! ¡¡Mira!!

Señalaba, tras un rosal florecido, un hueco del que pendía un rosario que llegaba hasta la Tierra.

Y dijo el Señor:

-Déjalo Pedro, esas… son cosas de mi Madre.

Tomado de Radio María

POEMA

LAS LLAVES DEL REINO

¿Quién dices que es Jesús? Habla sin miedo.

Busca en el hondón de tu conciencia,

pues, si hallas su figura y su presencia

harás verdad la letra de tu Credo.

Decía «su figura»…, no el remedo

de un «poster» a tu humana conveniencia:

«su figura»…, la clara referencia

al misterio, afrontado con denuedo…

Y «su presencia», en gracia substanciada,

motor de tus afanes, anudada

al discurrir fecundo de tus días…

Diles quién es Jesús. El mundo espera

en el espejo de tu vida entera

ver el rostro invisible del Mesías.

Pedro Jaramillo

ORACIÓN

TE CONFIESO, QUE NO LO SÉ, SEÑOR

Digo amarte

cuando, media hora en tu presencia,

me parece excesivo o demasiado

Presumo de conocerte

y, ¡cuántas veces!

el Espíritu me pilla fuera de juego

Te sigo y escucho

y miro, una y otra vez,

hacia senderos distantes de Ti.

Te confieso, Señor,

que no sé demasiado de Ti.

Que tu nombre me resulta complicado

pronunciarlo y defenderlo

en ciertos ambientes.

Que, tu señorío,

lo pongo con frecuencia

debajo de otros señores

ante los cuales doblo mi rodilla

Te confieso, Señor,

que mi voz no es para tus cosas

lo suficientemente recia ni fuerte

como lo es para las del mundo.

Te confieso, Señor,

que mis pies caminan más deprisa

por otros derroteros que el placer

las prisas, los encantos o el dinero me marcan.

Te confieso, Señor,

que, a pesar de todo,

sigo pensando, creyendo y confesando

que eres el Hijo de Dios.

Haz, Señor, que allá por donde yo camine

lleve conmigo la pancarta de “soy tu amigo”

Haz, Señor, que allá donde yo hable

se escuche una gran melodía: “Jesús es el Señor”

Haz, Señor, que allá donde yo trabaje

con mis manos o con mi mente

construya un lugar más habitable

en el que Tú puedas formar parte.

Amén

Javier Leoz

MEDITACIÓN

CONTRA LOS ADMINISTRADORES LISTILLOS

• En los remotos tiempos del profeta Isaías también ocurrían cosas bastante «feas». En la cosa pública (sean los tribunales de justicia, sea la administración de impuestos, sean los cargos y nombramientos en el Templo…) se daban escándalos, abusos de poder, derroche del dinero público, corrupción administrativa, enchufes y favoritismos. Había personajes hábiles, con muy escasa conciencia y menos escrúpulos, ambiciosos, que se aprovechaban de sus cargos públicos, y de sus buenos contactos para hacer fortuna a la sombra complaciente de palacio, o de cualquiera que pudiera facilitar sus fines.

Como éste Sobna, de cuyos turbios negocios nos habla Isaías. Se trata de un «mayordomo de palacio» (quizá para entendernos, sería más adecuado llamarle «Administrador», o Primer Ministro o Jefe de la Casa Real…) Así nos lo han descrito: ambición desenfrenada, delirios de grandeza, intrigas, negocios turbios, aprovechando su cargo, y sirviendo aparentemente al rey y a su pueblo… Pero solo aparentemente. 

Sobna estaba preocupado y ocupado por dejar huella en la historia, a pesar de haber ensuciado él mismo su nombre; deseaba ser recordado y honrado por las generaciones venideras. Para lo cual había proyectado construir un grandioso monumento funerario. Hoy quizá habría optado por un aeropuerto, un gran rascacielos, algún puente faraónico, un muro o incluso alguna estación espacial. ¡Quién sabe!

Al mismo tiempo, a los numerosos pobres de su entorno simplemente les costaba trabajo sobrevivir. Era su responsabilidad cuidarlos en nombre del rey (y de Dios), pero lo que realmente le interesaba era su propia tumba, perpetuar su nombre. No es difícil encontrar hoy personajes parecidos similares. 

Bueno, pues, ante este «Administrador» impresentable, Dios tomó partido inmediatamente. Y  dijo «basta». Y es que a Dios le importan los temas políticos, económicos, sociales. Y especialmente aquellos que no cumplen éticamente con sus responsabilidades. Si el domingo pasado subrayábamos la importancia del derecho y la justicia, hoy podemos añadir la honestidad, la ética, la austeridad, el olvido de sí de quienes tienen responsabilidades que cumplir. 

En los últimos tiempos venimos comprobando como, desde todo el arco parlamentario, se pretende recluir la fe en el ámbito prohibido, diciendo que Dios y los cristianos no tienen que meterse en política, que hay que respetar a los que piensan distinto… y abstenerse de defender los propios valores. Sería coherente que se lo aplicasen ellos mismos, a sus distintas ideas políticas e ideológicas. También ocurre que algunos grupos o líderes políticos pretenden «adueñarse de Dios» para justificar sus posturas que poco o nada tienen que ver con Dios… Porque a Dios le importa el pobre, el emigrante, el huérfano, el anciano, el sin-papeles, el enfermo, los pueblos nativos sin recursos…

Y en cuanto a la fe, no se la puede convertir en un asunto privado, espiritualoide o de la otra vida… Tiene que afectar a las leyes, a la economía, a la política, a la ecología… a todo… si bien los creyentes no tenemos las soluciones para tantos problemas, y por eso podemos y debemos colaborar con todas las iniciativas que procuren un mundo más humano, más justo, más libre, más pacífico, más fraterno… apartándonos  (y hasta denunciando) las que pretenden todo lo contrario. 

Tomado de Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

CANTO

Verónica Sanfilippo / Confesión de fe

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela