Parroquia de guardia: Pastoral de la Salud

Nuria Vázquez Freire es la Delegada
diocesana de Pastoral de la Salud. Farmacéutica. Residente en Santiago.
Expuesta a un riesgo considerable en su cometido profesional, sostiene
que la preocupación principal en Galicia ha centrado esta temporada la
estabilización del número de contagios. Desde su cometido en la
diócesis, se interesa por la correcta preparación humana y espiritual
para las situaciones de aumento del número de enfermos. Y que haya
capellanes; sacerdotes disponibles para saber responder a las
necesidades de la gente. Incluye propuestas como la del Centro de
Escucha en Pontevedra, para el acompañamiento de situaciones de duelo.
No poderse despedir de un ser querido y prescindir del acompañamiento de
los vecinos en ese momento, se prevé difícil. Le gustaría que de
cualquier momento de sufrimiento, como el que se vive en la actualidad,
las personas pudiesen replantearse la vida, sacando algún bien. Y que no
sólo tuviesen un horizonte material de la existencia. Hoy, Delegación
de Pastoral de la Salud está “de guardia”, encomendando a todos los
diocesanos. Su comunión es vida para la Iglesia.



¿Qué opinas del Coronavirus?


Una infección que parecía algo leve, que sólo afectaría a personas de
salud frágil, pero vemos que puede afectar a jóvenes y no especialmente
delicados. Aún hay gente que no se da cuenta de lo fácil que es la
transmisión. Lo veíamos lejano en Galicia pero ya nos preocupa porque
llegó cerca. Los casos comenzaron a tener nombre y apellidos de
conocidos nuestros. Recomendación en vigor: no salir de casa, cuidado al
máximo la higiene de manos. No debemos bajar la guardia ante la
gravedad potencial del virus.



¿Te cuesta estar en casa? ¿Por qué?


No me cuesta especialmente porque tengo que trabajar. No me ha
cambiado mucho la vida. Comprendo que, para quienes han de permanecer
todo el día en sus domicilios,  el día a día puede ser difícil.



Algo que te ayude a sobrellevar mejor la rutina diaria actual.


Muchas veces nos lamentamos durante el año: ¡ah! si tuviera tiempo me
gustaría leer tal libro o dedicar más tiempo a la oración. Pues esta es
la gran oportunidad para esos planes “imposibles”. Conviene aprovechar
en serio.



¿Qué lección podemos sacar de todo esto?


Valorar mucho las facilidades que tenemos para salir de casa cuando
uno quiere: el resto del año, por supuesto; pero ahora también: a pesar
de la cuarentena, tenemos acceso a muchas cosas para sobrellevar la
jornada. En sentido religioso, valorar más la Misa. Es una suerte poder
participar por la televisión en ella, pero no es lo mismo. Cobra valor,
también, el estar con las personas cuando uno quiere. Por eso ahora es
cuando uno analiza y reconoce que a veces no sacamos tiempo para cosas
importantes como esa.



Unas palabritas para Dios


“Señor, te buscamos en la calma, pero siempre te encontramos en medio
de la tempestad”. “Das la calma en medio de la tormenta, no después de
ella”.



Una dedicatoria para alguien


A los profesionales de la salud y a los que cuidan a los ancianos. A
veces les atienden sin la protección adecuada; ese riesgo asumido en su
entrega tiene mucho mérito.



Un modo de servir a los demás sin salir de casa


Haciendo una llamada a la persona que siempre querías llamar y no
había tiempo, para conversar con calma. Los más jóvenes pueden brindarse
a hacer algún recado a un vecino que no pueda salir a la compra, por
ejemplo. Escribir algún correo electrónico, etc.



Un sueño para el futuro


Que una vez esto quede atrás, hayamos aprendido a ser más respetuosos
con las personas; a no tener una visión de la vida tan materialista.
Que permanezcamos atentos a las necesidades de los demás y abiertos a la
Trascendencia. Que no pensásemos sólo en el momento presente. Y que no
se apruebe la ley de la eutanasia.

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