Los jóvenes de Santiago viven un fin de semana inolvidable junto al Papa

El corazón de la cristiandad ha latido este fin de semana al ritmo de un millón de jóvenes llegados desde todos los rincones del mundo. Entre ellos, los peregrinos de la Archidiócesis de Santiago han vivido dos jornadas intensas y profundamente emotivas en el Jubileo de los Jóvenes, marcadas por la adoración, el encuentro y la cercanía con el Papa León XIV.

Tor Vergata es el gran escenario elegido para la vigilia. Allí, la Iglesia universal se dio cita, y lo que ocurrió superó cualquier expectativa: una noche serena, marcada por una profunda actitud de oración de los jóvenes, que participaron con recogimiento y asombro.

Uno de los momentos más sobrecogedores fue, sin duda, la adoración eucarística. El silencio que se extendió como un manto sobre el millón de peregrinos cuando se expuso el Santísimo fue algo difícil de narrar. Rodillas en tierra, miradas al cielo, y un único latido: el de la gratitud. Fue un instante de belleza espiritual compartida, en el que el bullicio cedió el paso al misterio.

Ya al amanecer, con la caricia inesperada de una lluvia ligera, tuvo lugar la misa presidida por el Santo Padre. León XIV se mostró cercano y generoso, no solo en sus palabras llenas de esperanza, sino también en sus gestos: recorrió los pasillos antes y después de la celebración para saludar a los jóvenes, bendecirlos y acogerlos como un pastor que conoce a su rebaño.

Tras regresar a Cerveteri, los jóvenes compostelanos recibieron una visita muy esperada: el arzobispo de Santiago mons. Francisco José Prieto Fernández. Recorrió ambos alojamientos, escuchando a los peregrinos con atención, cercanía y paciencia. Hubo preguntas, anécdotas y conversaciones sinceras, desde cuestiones profundas hasta simples curiosidades.

Con el alma llena, tocaba descubrir Roma con los ojos del peregrino. Divididos en pequeños grupos, visitaron lugares emblemáticos como la Basílica de San Pedro, Santa María la Mayor, el Coliseo, la Fontana de Trevi y varias plazas históricas. Ya por la tarde, todos los jóvenes de la diócesis se reunieron para celebrar juntos la misa en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, donde veneraron las reliquias de la Pasión.

Desde allí, partieron en peregrinación hacia San Juan de Letrán, para atravesar como comunidad la Puerta Santa, confesar juntos la fe y rezar por las intenciones del Papa. Un gesto cargado de simbolismo, en el umbral de este Año Santo.

La jornada concluyó con algo de tiempo libre y una cena compartida. Esta noche, los peregrinos descansan en el colegio salesiano Pío XI, compartiendo techo y anhelos con un grupo de jóvenes de Pamplona. Mañana, el viaje continúa rumbo a Asís, donde esperan los pasos de San Francisco y Santa Clara, y otra página luminosa en esta peregrinación que ya es, para muchos, un antes y un después.

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