La Archidiócesis de Santiago celebra por primera vez el Día de los Santos Diocesanos: “La santidad es el rostro más bello de la Iglesia”

La Iglesia compostelana celebró este domingo por primera vez el Día de los Santos Diocesanos, una jornada instituida por el Papa Francisco pocos meses antes de su fallecimiento con el objetivo de honrar a los santos y mártires nacidos en cada diócesis.

Esta conmemoración, que pasará a formar parte del calendario litúrgico diocesano, busca reforzar la idea de que la santidad no es algo lejano ni exclusivo, sino una llamada posible en la vida cotidiana. La iniciativa pretende reconocer a quienes, desde su fe sencilla y su compromiso diario, fueron testimonio del Evangelio en las comunidades donde vivieron.

El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, presidió las celebraciones de la jornada, acompañado por Carlos Miramontes Seijas, responsable del Departamento Diocesano para la Causa de los Santos.

La primera Eucaristía se celebró a las 11:00 horas en la parroquia de San Paio de Sabugueira, muy cerca de Lavacolla, lugar natal de Sor María Luisa Bermúdez Ruiz, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl, mártir en 1936. Sor María Luisa ofreció su vida durante la persecución religiosa, convirtiéndose en símbolo de fidelidad y entrega cristiana.

A las 13:00 horas, el arzobispo se trasladó a la parroquia de San Mamede de Seavia, en las proximidades de Coristanco, donde presidió otra eucaristía en recuerdo de Sor Isabel Remuiñán Carracedo, Franciscana Misionera del Divino Pastor, también mártir en 1936. Dedicada a la educación y al servicio de los más necesitados, Sor Isabel dejó un testimonio profundo de fe y vocación evangélica.

Durante la homilía, monseñor Prieto subrayó que la verdadera belleza de la Iglesia reside en la vida de los creyentes que se dejan transformar por el amor de Dios. Recordó que cada persona bautizada es “templo vivo del Espíritu” y que la santidad consiste precisamente en dejarse habitar por esa presencia.

El arzobispo invitó a los fieles a mirar hacia su interior y reconocer los “ruidos” que a veces oscurecen el corazón y alejan de Dios, como la indiferencia, la discordia o la búsqueda del propio interés. Frente a ello, alentó a cultivar la serenidad, la reconciliación y la fraternidad, valores que nacen de un corazón habitado por Dios.

Con esta primera edición, el Día de los Santos Diocesanos se consolida como una cita anual destinada a mantener viva la memoria de los santos locales y a recordar que la santidad se construye día a día, en los gestos sencillos y en la fidelidad al Evangelio.

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