
CITA
El profeta, el testigo, el creyente, es
“el hombre de Dios en el mundo del hombre”.
Axioma fariseo: «No digas ‘ya he leído cien veces la Palabra’,
San Juan Crisóstomo Imitemos, pues, también nosotros a Juan; y apartados del exceso en la comida y de la embriaguez, tomemos un modo austero de vida.
S. Agustín, El que no se arrepiente de su vida pasada, no puede emprender otra nueva. De consensu evangelistarum, 2,6.12
Jesucristo comenzó así la predicación de su evangelio: Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos. Igualmente, Juan el Bautista, su Precursor, comenzó así: Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos. Nos asustan más las caídas que si fuésemos de vidrio. ¿Y hay algo más frágil que un vaso de cristal? Y sin embargo se conserva y dura siglos. Y aunque pueda temerse la caída de un vaso de cristal, no hay miedo de que le afecte la vejez o la fiebre. Sermón 109, 1; PL 38,636
timeo Iesum transeuntem e non redeuntem: temo que Xesús pase e non volva. (Serm., 88, 14, 13).
San Bernardo de Claraval: “Se hacía ya tarde y estaba declinando el día. Se había puesto casi enteramente el sol de la justicia, de modo que era muy débil su esplendor o su calor en la tierra… Ya no se aparecían los ángeles, no hablaban ya los profetas”. En este ambiente aparece Juan. Viene del desierto, el lugar simbólico por excelencia del encuentro con Dios, su palabra resuena con la fuerza y la autoridad de los profetas, y una corriente de esperanza reúne a las multitudes en torno a su figura. El cielo se abría de nuevo. El Bautista ha sido visto siempre en la tradición cristiana como un puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Su predicación, de una orientación ascética exigente, abría sin embargo de nuevo las puertas a la esperanza mesiánica, aseguraba la presencia de la Palabra de Dios en medio de su pueblo, y anunciaba así un tiempo de salvación y de gracia: “y todos verán la salvación de Dios”.
San Anselmo: «Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales, entra un instante en ti mismo, lejos de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia».
Santo Tomás de Aquino, Lo que vuestro hijo recibirá en el bautismo es el mayor bien que para él pudierais pensar y desear .
Catecismo, 522 La venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos. Ritos y sacrificios, figuras y símbolos de la «Primera Alianza»(Hb 9,15), todo lo hace converger hacia Cristo; anuncia esta venida por boca de los profetas que se suceden en Israel. Además, despierta en el corazón de los paganos una espera, aún confusa, de esta venida.
523 San Juan Bautista es el precursor (cf. Hch 13, 24) inmediato del Señor, enviado para prepararle el camino (cf. Mt 3, 3). «Profeta del Altísimo» (Lc 1, 76), sobrepasa a todos los profetas (cf. Lc 7, 26), de los que es el último (cf.Mt 11, 13), e inaugura el Evangelio (cf. Hch 1, 22;Lc 16,16); desde el seno de su madre ( cf. Lc 1,41) saluda la venida de Cristo y encuentra su alegría en ser «el amigo del esposo» (Jn 3, 29) a quien señala como «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29). Precediendo a Jesús «con el espíritu y el poder de Elías» (Lc 1, 17), da testimonio de él mediante su predicación, su bautismo de conversión y finalmente con su martirio (cf. Mc 6, 17-29).
524 Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida (cf. Ap 22, 17). Celebrando la natividad y el martirio del Precursor, la Iglesia se une al deseo de éste: «Es preciso que El crezca y que yo disminuya» (Jn 3, 30).
La espera del Mesías y de su Espíritu
711 «He aquí que yo lo renuevo»(Is 43, 19): dos líneas proféticas se van a perfilar, una se refiere a la espera del Mesías, la otra al anuncio de un Espíritu nuevo, y las dos convergen en el pequeño Resto, el pueblo de los Pobres (cf. So 2, 3), que aguardan en la esperanza la «consolación de Israel» y «la redención de Jerusalén» (cf. Lc 2, 25. 38).
Ya se ha dicho cómo Jesús cumple las profecías que a él se refieren. A continuación se describen aquellas en que aparece sobre todo la relación del Mesías y de su Espíritu.
712 Los rasgos del rostro del Mesías esperado comienzan a aparecer en el Libro del Emmanuel (cf. Is 6, 12) («cuando Isaías tuvo la visión de la Gloria» de Cristo: Jn 12, 41), en particular en Is 11, 1-2:
Saldrá un vástago del tronco de Jesé,
y un retoño de sus raíces brotará.
Reposará sobre él el Espíritu del Señor:
espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y de fortaleza,
espíritu de ciencia y temor del Señor.
713 Los rasgos del Mesías se revelan sobre todo en los Cantos del Siervo (cf. Is 42, 1-9; cf. Mt 12, 18-21; Jn 1, 32-34; después Is 49, 1-6; cf. Mt 3, 17; Lc 2, 32, y en fin Is 50, 4-10 y 52, 13-53, 12). Estos cantos anuncian el sentido de la Pasión de Jesús, e indican así cómo enviará el Espíritu Santo para vivificar a la multitud: no desde fuera, sino desposándose con nuestra «condición de esclavos» (Flp 2, 7). Tomando sobre sí nuestra muerte, puede comunicarnos su propio Espíritu de vida.
714 Por eso Cristo inaugura el anuncio de la Buena Nueva haciendo suyo este pasaje de Isaías (Lc 4, 18-19; cf. Is 61, 1-2):
El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha ungido.
Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva,
a proclamar la liberación a los cautivos
y la vista a los ciegos,
para dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.
715 Los textos proféticos que se refieren directamente al envío del Espíritu Santo son oráculos en los que Dios habla al corazón de su Pueblo en el lenguaje de la Promesa, con los acentos del «amor y de la fidelidad» (cf. Ez. 11, 19; 36, 25-28; 37, 1-14; Jr 31, 31-34; y Jl 3, 1-5, cuyo cumplimiento proclamará San Pedro la mañana de Pentecostés, cf. Hch 2, 17-21).Según estas promesas, en los «últimos tiempos», el Espíritu del Señor renovará el corazón de los hombres grabando en ellos una Ley nueva; reunirá y reconciliará a los pueblos dispersos y divididos; transformará la primera creación y Dios habitará en ella con los hombres en la paz.
716 El Pueblo de los «pobres» (cf. So 2, 3; Sal 22, 27; 34, 3; Is 49, 13; 61, 1; etc.), los humildes y los mansos, totalmente entregados a los designios misteriosos de Dios, los que esperan la justicia, no de los hombres sino del Mesías, todo esto es, finalmente, la gran obra de la Misión escondida del Espíritu Santo durante el tiempo de las Promesas para preparar la venida de Cristo. Esta es la calidad de corazón del Pueblo, purificado e iluminado por el Espíritu, que se expresa en los Salmos. En estos pobres, el Espíritu prepara para el Señor «un pueblo bien dispuesto» (cf. Lc 1, 17).
IV EL ESPIRITU DE CRISTO EN LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS
Juan, Precursor, Profeta y Bautista
717 «Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. (Jn 1, 6). Juan fue «lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre» (Lc 1, 15. 41) por obra del mismo Cristo que la Virgen María acababa de concebir del Espíritu Santo. La «visitación» de María a Isabel se convirtió así en «visita de Dios a su pueblo» (Lc 1, 68).
718 Juan es «Elías que debe venir» (Mt 17, 10-13): El fuego del Espíritu lo habita y le hace correr delante [como «precursor»] del Señor que viene. En Juan el Precursor, el Espíritu Santo culmina la obra de «preparar al Señor un pueblo bien dispuesto» (Lc 1, 17).
719 Juan es «más que un profeta» (Lc 7, 26). En él, el Espíritu Santo consuma el «hablar por los profetas». Juan termina el ciclo de los profetas inaugurado por Elías (cf. Mt 11, 13-14). Anuncia la inminencia de la consolación de Israel, es la «voz» del Consolador que llega (Jn 1, 23; cf. Is 40, 1-3). Como lo hará el Espíritu de Verdad, «vino como testigo para dar testimonio de la luz» (Jn 1, 7;cf. Jn 15, 26; 5, 33). Con respecto a Juan, el Espíritu colma así las «indagaciones de los profetas» y la ansiedad de los ángeles (1 P 1, 10-12): «Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo … Y yo lo he visto y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios … He ahí el Cordero de Dios» (Jn 1, 33-36).
720 En fin, con Juan Bautista, el Espíritu Santo, inaugura, prefigurándolo, lo que realizará con y en Cristo: volver a dar al hombre la «semejanza» divina. El bautismo de Juan era para el arrepentimiento, el del agua y del Espíritu será un nuevo nacimiento (cf. Jn 3, 5).
“Alégrate, llena de gracia”
III LA CONVERSION DE LOS BAUTIZADOS
1427 Jesús llama a la conversión. Esta llamada es una parte esencial del anuncio del Reino: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva» (Mc 1,15). En la predicación de la Iglesia, esta llamada se dirige primeramente a los que no conocen todavía a Cristo y su Evangelio. Así, el Bautismo es el lugar principal de la conversión primera y fundamental. Por la fe en la Buena Nueva y por el Bautismo (cf. Hch 2,38) se renuncia al mal y se alcanza la salvación, es decir, la remisión de todos los pecados y el don de la vida nueva.
1428 Ahora bien, la llamada de Cristo a la conversión sigue resonando en la vida de los cristianos. Esta segunda conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia que «recibe en su propio seno a los pecadores» y que siendo «santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante,busca sin cesar la penitencia y la renovación» (LG 8). Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. Es el movimiento del «corazón contrito» (Sal 51,19), atraído y movido por la gracia (cf Jn 6,44; 12,32) a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero (cf 1 Jn 4,10).
1429 De ello da testimonio la conversión de S. Pedro tras la triple negación de su Maestro. La mirada de infinita misericordia de Jesús provoca las lágrimas del arrepentimiento (Lc 22,61) y, tras la resurrección del Señor, la triple afirmación de su amor hacia él (cf Jn 21,15-17). La segunda conversión tiene también una dimensión comunitaria. Esto aparece en la llamada del Señor a toda la Iglesia: «¡Arrepiéntete!» (Ap 2,5.16).
S. Ambrosio dice acerca de las dos conversiones que, en la Iglesia, «existen el agua y las lágrimas: el agua del Bautismo y las lágrimas de la Penitencia» (Ep. 41,12).
San Pablo VI, «Hoy más que nunca, la Palabra de Dios no podrá ser proclamada ni escuchada si no va acompañada de la potencia del Espíritu Santo, operante en la acción de los cristianos al servicio de sus hermanos, en los puntos donde se juegan éstos su existencia y su porvenir» (Octogessima Adveniens, 51).
San Juan Pablo II Adviento, en definitiva, es «conversión que pasa del corazón a las obras y, consiguientemente, a la vida entera del cristiano» (San Juan Pablo II).
Benedicto XVI «El Bautista predica la recta fe y las obras buenas, para que la fuerza de la gracia penetre, la luz de la verdad resplandezca, los caminos hacia Dios se enderecen. El precursor de Jesús es como una estrella que precede la salida del Sol, de Cristo»
Papa Francisco, “¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido capacidad de respuesta?
El adviento es un encuentro con Jesús ().
Pagola, «Los testigos de Jesús no hablan de sí mismos. Su palabra más importante es siempre la que le dejan decir a Jesús. En realidad, el testigo no tiene la palabra. Es solo «una voz» que anima a todos a allanar el camino que nos puede llevar a él». El camino abierto por Jesús. Juan,.
Cardenal Robert Sarah, «El verdadero silencio, el silencio exterior e interior, la absoluta soledad de la imaginación, la memoria y la voluntad, nos sumerge en un entorno divino. Nuestro ser pertenece a Dios. El silencio es un ascensor que nos permite encontrar a Dios subiendo de piso en piso» La fuerza del silencio, 66
«La vida pública de Jesús estuvo enraizada y fundamentada en la oración silenciosa de su vida oculta. El silencio de Cristo» La fuerza del silencio, 75
CONTO
PREPARARNOS PARA EL ENCUENTRO CON DIOS
Era un crudo día de invierno en que llovía torrencialmente. Una pobre mujer llegó a un pueblo e iba de casa en casa pidiendo limosna. Sus vestidos eran viejos pero muy limpios y llevaba en su cabeza un pañuelo, por lo que el viento y la lluvia no permitían ver casi su rostro. En la mano derecha sujetaba un viejo bastón y en su brazo izquierdo una cesta. La pobre mujer pedía algo para comer.
Algunos le dieron panes duros, otros le dieron una miserable moneda, otros no le dieron nada. Un solo vecino, de los menos acomodados del pueblo, la hizo entrar en su casa y le dijo que se acercara al fogón para secar un poco su ropa. Su mujer, que acababa de hacer un rico pastel, le dio un buen pedazo a la pobre mendiga.
Al día siguiente, todas las personas a cuya puerta había llamado la mendiga, fueron invitados a cenar en el castillo de un señor muy rico que vivía en el pueblo. Nadie esperaba este honor y quedaron todos muy sorprendidos.
Cuando entraron en el comedor, vieron dos mesas, una llena de exquisitos manjares y otra mucho más grande, en uno de cuyos platos sólo había un trozo de pan duro, en otro una pequeña moneda y la mayoría estaban completamente vacíos.
Entonces apareció la dama del castillo, indicándole a sus invitados que tomaran asiento en la mesa más grande. Sólo un matrimonio fue invitado a que se sentaran junto a ella en la mesa llena de manjares. Y les dijo:
“Aquella desgraciada mendiga que se presentó ayer a vuestra puerta, fui yo; pensando en los tiempos difíciles que vive tanta gente, he querido poner a prueba vuestra generosidad. Estas dos buenas personas que veis vosotros aquí a mi lado, me permitieron entrar en su casa y me atendieron lo mejor que pudieron, me ofrecieron secar mi ropa en su fogón y me dieron de comer. Por eso ellos son mis invitados de honor, y además les daré una pensión para el resto de sus días.
En cuanto a vosotros, comed lo que me disteis de limosna y que encontraréis en esos platos. Para que la próxima vez estéis más atentos a quienes os pidan ayuda”.
Tomado de P. Diego Millán
ANÉCDOTA
CESAR TIBERIO
El césar Tiberio, escribiría Montesquieu que «para conservar las leyes, destruyó las costumbres» y el mismo emperador había escrito a los gobernadores de las provincias que «lo propio de un pastor es esquilar el ganado, pero no desollarlo».
El mensaje de aquel profeta predicador era una voz que gritaba en el desierto de Judea el mismo mensaje que había proclamado ocho siglos antes otro gran profeta, Isaías, al comenzar un libro de consolación para el pueblo judío desterrado en Babilonia. El mensaje de Isaías había tomado como punto de partida las grandes obras que se realizaban ante la gran procesión del dios babilónico, Marduk. Para ello, había que preparar los caminos, allanar los senderos, elevar los valles y rebajar montes y colinas, enderezar los caminos torcidos e igualar las sendas escabrosas… Es el mismo mensaje que repetiría otro profeta menos importante y conocido, unos doscientos años antes que el Bautista, y que pedía igualmente que se abajasen los montes elevados y las colinas encumbradas, que se rellenasen los barrancos, para que el pueblo caminase con seguridad, protegido por la sombra de los bosques y los árboles flagrantes.
Javier Gafo Dios a la vista Homilías ciclo C Madris 1994.Pág. 217 ss.
Tomado de Dies Domini
“CRECER PARA APRECIAR LOS VALORES”.
Cuando Juan XXIII confió a su Secretario Monseñor Capovilla el plan de la convocatoria del Concilio, fue rechazado por éste: «Aún no te has despojado de ti mismo, te preocupa demasiado de que los demás pongan buena cara impidiendo que no se cumpla la empresa que el Señor sugiere o impone, y para la que pide nuestros servicios, con un abandono total en sus manos. Sólo cuando hayas puesto tu propio yo bajo los pies serás un hombre libre», fue la respuesta del Papa.
Tomado de Jesús Martí Ballester
JUAN PABLO II,
Buscando la mismo, será más positivo: Ante una sociedad que no percibe el mensaje de la Iglesia de manera positiva, Juan Pablo II ha reconocido que la Iglesia necesita obispos de una intensa relación con Cristo. Lo ha asegurado al recibir a un grupo de obispos franceses y a sus colaboradores de la Curia romana en Roma. En el mundo actual» «vuestra misión se ha hecho sin lugar a dudas más compleja y más delicada, en particular a causa de la crisis que tenéis que seguir afrontando». «Se caracteriza por la fragilidad espiritual y pastoral y por el clima social en el que los valores cristianos y la misma imagen de la Iglesia no son percibidos de manera positiva», reconoció. Se trata de una sociedad, añadió, en la que «reina con frecuencia una visión moral subjetivista y laxista». Los obispos tienen que afrontar esta situación en momentos en que se da una disminución de los sacerdotes y de las personas consagradas. «Independientemente de las circunstancias apostólicas», lo más importante es que los obispos estén animados en su ministerio por «la esperanza de Cristo». Para ello, «estad atentos a vuestra propia vida espiritual, arraigando vuestro ministerio en una intensa relación con Cristo, en la meditación prolongada de la Escritura y en una intensa vida sacramental». «De este modo, podréis comunicar a los fieles el deseo de vivir en unión íntima con Dios, para que afirmen su fe, de manera que juntos podáis proponer la fe a vuestros conciudadanos». «Toda misión se basa en esta relación privilegiada con el Señor».
Tomado de Jesús Martí Ballester
JOSEFINA BAKHITA
El papa Benedicto usa un ejemplo intersante para explicar el significado de la esperanza cristiana. Cuenta de una muchacha africana llamada Josefina Bakhita. Cuando tenia nueve annos, traficantes de esclavos la secuestraon y la vendieron en los mercados de Sudan. La esposa de un general la compro y la trato cruelmente. Fue azotada tantas veces que por toda su vida tenia 144 cicatrices en su cuerpo. Luego un mercader italiano la compro y ella se encontro en una familia diferente. La trataron con respeto y la introdujeron al Dios de Jesucristo. Ella descubrio que significa ser una hija libre de Dios. Dijo, «yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; este gran Amor me espera. Por eso mi vida es hermosa.» Eso, dice el Papa Benedicto, es la esperanza cristiana. No es solamente el pensamiento que las cosas se puedan mejorarse – sino que, suceda lo que suceda, la persona sabe que Dios la ama – y que Dios la espera.
Pues, el 8 de diciembre de 1896, Josefina Bakhita hizo votos como una hermana religiosa. Durante cincuenta annos sirvio en diferentes papels. Vino a ser conocida por su amabilidad, su voz suave y sonrisa siempre presente. La madre superiora noto su santidad y la instruyo a escribir sobre sus experiencias. Empezaba a dar charlas que la hizo famosa por toda Italia. Enferemades y dolor marcaron sus annos finales. La extremidad de sus ultimos dias llevo su mente a los annos de esclavitud. En su delirio, grito, «Por favor, soltar las cadenas…pesan demasiado.» Dios la libero de sus cadenas. Encontro el amor que la esperaba. El 8 de febrero de 1947 Josefina Bakhita dio su vida a las manos de Dios. Llamados para su canonizacion comenzaron inmediatamente. En 1992 el Papa Juan Pablo la declaro Beata y en el anno 2000, la canonizo. Una santa moderna africana, Josefina Bakhita muestra las profundidades de la esperanza cristiana – y como la esperanza cristiana puede transformar la vida.
Tomado de P. Felipe Bloom
EL LEOPARDO, EL LEÓN Y EL LOBO
En el primer canto de la Divina Comedia, Dante encuentra tres animales feroces: el leopardo, el león y el lobo. Simbolizan las tres categorías principales de pecado: incontinencia, violencia y fraude. O como se dice más comúnmente: lujuria, orgullo y avaricia. En su comentario, Dorothy Sayers menciona que estas categorías de pecado son asociadas con las tres etapas de vida: lujuria con juventud, orgullo (auto-exaltación) con los años medios y avaricia con la vejez. Desde luego, pueden atacar a una persona en cualquier tiempo de su vida.
Tomado de P. Felipe Bloom
EL MITO GRIEGO DE PANDORA
Nos cuenta que Zeus le entregó una caja, con instrucciones de no abrirla, pero Pandora, por curiosidad, la abrió. La caja contenía todos los males para la humanidad (enfermedad, tristeza…) que se esparcieron por el mundo. Pandora cerró rápidamente la caja y en ella sólo quedó la esperanza, que estaba al fondo, para que las personas pudieran sobrellevar esas desgracias. De este mito surgió la frase: ‘La esperanza es lo último que se pierde’.
Tomado de ACG
HUMOR
PROFETA
Un cristiano que iba de camino hacia su casa tarde en la noche noto como una misteriosa persona se le acercó y le dijo: «Usted seguro no me conoce, pero veo que usted pasará por una gran pérdida, tristeza y enojo».
-¿En serio? -le dijo el hermano sorprendido- ¿Será que usted es profeta?
-Pues verá; más que profeta, soy asaltante. ¡Así que deme todo lo que tiene!
POEMA
Mil voces gritan
en el desierto de cualquier asfalto
en la estepa de cualquier hambruna
en el erial de un corazón
en el páramo de la indiferencia
en el yermo de un desamor
en un descampado de la inconsciencia
en la soledad de un desamparo
en el despoblado de una indigencia
en el vacío de esa muerte sin razón
en el silencio de esa guerra perdida
mil voces gritan a una voz
diez veces el mismo grito:
Preparad los caminos del hombre,
allanad las injusticias,
rebajad las distancias,
devolved a cada uno su nombre,
levantad la opresión,
elevad los barrancos de toda violencia,
allanad los montes de la discriminación,
abrid los muros entre el norte y el sur,
¡de par en par!,
que la vean los antiguos profetas
y abracen los hombres de hoy:
¡La Paz!
«Mil voces»
Fructuoso Mangas. Sacerdote.
«No te rindas, aún estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje, perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas por favor no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma, aun hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola, porque yo te quiero».
Mario Benedetti
ORACIÓN
EN ADVIENTO, AVENTAR
En Adviento, aventar
para que el aire penetre en las entrañas,
para limpiar nuestros rincones y zonas oscuras,
para separar el grano de la paja,
y recoger la cosecha anunciada.
Aventar para mullir la tierra,
para clarear el horizonte y las sendas,
para que el viento nos lleve a la otra orilla,
para adelgazar nuestras querencias,
y acrisolar nuestras pertenencias.
Aventar para descubrir lo vacuo y lo que pesa,
para purificar nuestra historia,
para que la semilla caiga en tierra buena,
para que la esperanza florezca,
y colaborar en tu empresa.
En Adviento, aventar
dejando que el viento sople como quiera,
para que despunten las promesas,
y el que viene se sienta como en su casa
aunque sea emigrante y de tierra extraña.
En Adviento, aventar
para preparar tu Navidad
y disfrutar de la buena nueva.
Florentino Ulibarri
MEDITACIÓN
PADRES DE LA IGLESIA
“¿Quieren saber cuáles son las obras dignas de la conversión? „El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, autodominio‟ (Gálatas 5,22-23) y todas las otras virtudes. Si las poseemos todas, habremos hecho „obras dignas de la conversión‟. Y no comiencen a decirse a sí mismos: ‘¡Tenemos a Abraham por padre! Porque les digo que Dios puede hacer nacer hijos a Abraham hasta de estas piedras!’ (Lc 3,8).
El último profeta, Juan, con estas palabras profetiza la expulsión del primer pueblo y el llamado de los gentiles. (…)
¿De qué piedras hablaba? Ciertamente no de piedras materiales, sino de hombres insensibles y obstinados, los cuales adorando piedras y pedazos de madera realizaron la predicción del Salmo que se refería a ellos: „Sea como ellos quien los fabrica y quien en ellos confía‟ (Salmo 113B, 8)”.
Orígenes, Homilía 22,9-10
CANTO
¿No lo notáis? (Ruah)
Adviento | Veni, Veni, Emmanuel | Música Católica
VIDEO
MARIAN ROJAS La actitud
Abrir paso a la conversión – 2º Domingo de Adviento, Ciclo A
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela






