El impresionante Belén de Liáns se convierte en uno de los grandes referentes navideños de la diócesis

La parroquia de Santa Cruz de Liáns inauguró una monumental obra artística de 60 metros cuadrados, con más de 500 figuras, luz, movimiento y tecnología al servicio del relato más antiguo.

Santa Cruz de Liáns vivió este viernes una de esas jornadas que quedan guardadas en la memoria del pueblo. La parroquia se vistió de gala para bendecir e inaugurar su nuevo Belén, una imponente escenografía de 60 metros cuadrados en la que más de 500 figuras artesanas, firmadas por nombres de prestigio internacional, recrean con asombroso realismo el Nacimiento de Jesús.

No se trata de un belén más. Es una experiencia inmersiva en la que el día y la noche se suceden gracias a 218 focos, 1.500 estrellas, una luna luminosa y microleds que transforman el espacio. Doce fuentes, una cascada y medio centenar de mecanismos dan vida a oficios, animales y escenas cotidianas, todo sincronizado con una narración audiovisual que atrapa al visitante durante los minutos de viaje emocional por Belén.

La inauguración congregó a autoridades, vecinos y colaboradores en un acto cargado de simbolismo, con la presencia del arzobispo de Santiago, mons. Francisco José Prieto Fernández; el alcalde de Oleiros, Ángel Seoane Gelo; y el párroco, José Carlos Alonso Seoane, acompañado por el alma mater del proyecto, Jesús Etxebarría.

Antes del acto central, la comitiva visitó también el ya emblemático Belén de Reciclaje, obra del artista Genaro Alonso, una singular creación de ocho metros de longitud realizada íntegramente con materiales reutilizados: tornillos, muelles, cucharas o tuercas que, transformados, vuelven a contar la historia de la Navidad desde el ingenio y la sostenibilidad.

Un trabajo coral con alma de parroquia

El nuevo Belén es, como recordó el arzobispo, una obra de muchas manos. Costureras, carpinteros, electricistas, programadores, artesanos, diseñadores y voluntarios han tejido durante meses una creación colectiva que es reflejo de la comunidad. Nombres propios como Hilario, Isabel, Pepa, Manuela, Diego, Patricia o Genaro se entrelazan en una lista interminable de agradecimientos que evidencia el pulso solidario de la parroquia.

Jesús Etxebarria, visiblemente emocionado, recordó a quienes ya no están y agradeció el esfuerzo silencioso de un equipo que trabajó entre frío, largas jornadas y un perfeccionismo casi artesanal. “Este Belén no se explica, se vive”, resumió.

El alcalde, por su parte, subrayó la importancia de conservar las tradiciones en tiempos de cambios acelerados y defendió el valor del Belén como símbolo cultural, familiar y social.

La impronta de un párroco incansable

Pero si hubo una figura que sobrevoló toda la jornada fue la del párroco, José Carlos Alonso, motor incansable de este y de tantos proyectos culturales, sociales y pastorales en la parroquia. Muy activo en la vida comunitaria, cercano a vecinos y voluntarios, su figura fue citada una y otra vez desde el atril y en los corrillos posteriores.

El cariño que despierta quedó patente en cada aplauso y en cada agradecimiento espontáneo: un cura de pueblo, como él mismo se define, que ha convertido Santa Cruz de Liáns en un auténtico foco cultural y espiritual.

Tradición, arte y reflexión

El acto concluyó con la bendición del Belén por parte del arzobispo y una primera sesión para los asistentes, que contemplaron en silencio el juego de luces, sombras, agua y figuras que narran las 48 horas del viaje de María y José hasta Belén.

Desde la parroquia, el deseo es claro: que esta obra no sea solo un espectáculo visual, sino un espacio de encuentro, reflexión y comunidad durante toda la Navidad.

Y mientras las luces se apagan y vuelven a encenderse en el ciclo eterno del día y la noche, Santa Cruz de Liáns guarda un secreto luminoso entre sus muros: un niño que nace cada diciembre, un pueblo que se reconoce en sus manos unidas y una historia antigua que, una vez más, vuelve a latir con voz nueva. Porque hay belenes que se miran… y otros que, como este, se quedan a vivir en el corazón.

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