Fallece el canónigo José María Díaz, quien fuera deán de la catedral de Santiago cuando se produjo el robo del Códice Calixtino

El sacerdote e historiador mindoniense, uno de los mayores expertos en el Pórtico de la Gloria, recibirá sepultura este lunes a las cinco de la tarde en la catedral de Mondoñedo

José María Díaz, uno de los más grandes eruditos de la Iglesia gallega y deán de la catedral de Santiago de Compostela cuando se produjo el robo del Códice Calixtino, ha fallecido esta tarde en el Mondoñedo en el que había nacido en 1930. Mañana, a las 17 horas, recibirá sepultura en el claustro de la catedral mindoniense. A escasos metros de la Capilla del Santísimo, a la que cada día, mientras tuvo fuerzas, acudía a rezar ante la imagen de la Virgen Inglesa. «Pídele a la Virgen que me ayude», solía decir, a quienes se acercaban a saludarlo, cuando se retiró a su Mondoñedo natal, física y anímicamente destrozado por el sufrimiento que le causó el robo del Códice.

Formado intelectualmente en Roma, era un sabio cuyo conocimiento abarcaba los más diversos ámbitos; y escucharle explicar el verdadero significado del Pórtico de la Gloria era una auténtica delicia. Pero sus años al frente de la catedral compostelana desbordaron su capacidad como gestor, y el robo del Códice por parte de un antiguo electricista del templo a quien él había protegido —como protegió a tanta otra gente— provocó un desastre que tuvo en vilo a Galicia entera. 

Durante gran parte de su vida estuvo estrechamente unido a la ciudad de Santiago, a la que llegó —mucho antes de ser canónigo de la catedral— para trabajar en el inmenso archivo de la basílica compostelana. Sin embargo, una vez recuperado el Códice Calixtino, se retiró al Mondoñedo en el que había nacido, en cuyo seminario realizó sus primeros estudios eclesiásticos. La vivienda de su familia está situada a poco más de un centenar de metros de la casa natal de Cunqueiro —escritor a quien él conoció muy bien—, y a medio ciento de pasos del templo en cuyo claustro será sepultado mañana. 

Cuando el papa Benedicto XVI visitó la catedral de Santiago, y se encontró con José María Díaz, lo reconoció inmediatamente, cosa que sorprendió tanto a quienes viajaban con el sumo pontífice como a los que rodeaban al deán. Pero aquel momento, que tanto alegró al canónigo gallego y a Ratzinger, no surgía de misterio alguno, sino que tenía una fácil explicación: el papa recordaba perfectamente los difíciles tiempos de su juventud —de la juventud de ambos—, cuando, huyendo del calor romano, los estudiantes alemanes y españoles que se formaban, al amparo de la Santa Sede, en la capital italiana, acudían a estudiar, por la tarde, a los mismos jardines, buscando la sombra de los árboles. 

En esta tarde de domingo, mientras el día se va acabando, la Fructuosa y la Paula, dos de las magníficas campanas de la catedral mindoniense, manejadas por el maestro campanero Valentín Insua Palacios, tocan a muerto, por el eterno descanso del alma de José María Díaz. Cinco tañidos de la Paula, por treinta y tres de la Fructuosa, anunciando, desde las torres de la basílica, que quien ha fallecido es un canónigo. 

El cielo está un poco gris en Mondoñedo, como allí sucede tantas veces en las tardes de verano.

La Voz de Galicia

Foto: Miguel Castaño