“El Camino de Santiago es como un ‘spa’ del alma, nos libera de impurezas”

Lo echamos en falta en Santiago, padre. ¿Por qué O Cebreiro?

Es un lugar especial, en lo alto de la montaña, cerca del cielo, abrazados por la naturaleza autóctona de nuestra amada Galicia, puerta de entrada del Camino Francés a nuestra tierra, con un Santuario que es espacio de encuentro y oración desde hace 1000 años, que es más que un conjunto de piedras colocadas armoniosamente; es un espacio sagrado a través del cual reconectamos con la esencia de la vida, con el amor que sustenta el mundo. Dios es amor.

Sin duda, es uno de los puntos más emblemáticos de la ruta jacobea, en donde se hace posible y cotidiano el abrazo fraterno a estas mujeres y hombres que vienen hacia nosotros con el peso de sus vidas a cuestas, que aman, que sufren… elevando un monumento a lo mejor de la condición humana.

¿Todos los lugares pueden ser espirituales?

Vivimos en el tiempo y en el espacio, y somos nosotros los que damos significación al espacio y al tiempo. Somos amor. García Lorca, enamorado de Galicia, dejó escrito aquello de que lo más importante es vivir. Añado, lo más importante es amar, la vida es amor, entendido no como un sentimiento que viene y va, sino como una forma de ser y de estar ante el mundo. Como un compromiso en favor del bien. Hacer el amor es hacer el bien.

Francisco de Asís percibía la huella divina en todo lo creado, de ahí que experimentase un profundo sentido fraternal referido a toda la creación. Llamaba hermano al sol y al viento, llamaba hermana a la luna, y a la tierra, “hermana y madre”. Necesitamos recuperar el sentido de pertenencia a la naturaleza, escenario sagrado del desarrollo de nuestra vida. Y sí, cualquier lugar, todo tiempo, también y, sobre todo, la persona humana, es una cita con lo sagrado.

El Camino de Santiago parece ser una experiencia transformadora, los peregrinos viven una catarsis que no se comprende si no se hace.

A la experiencia de la peregrinación a Santiago hay que aplicarle aquello de ven y verás. Solo se puede conocer experimentándolo en propia persona.

Es muy difícil traducirlo en palabras, las cosas más hermosas, las vivencias más profundas de la vida no se pueden traducir en palabras, porque estas son instrumentos insuficientes para poder abarcar toda la significación.

Es una experiencia, como bien dices, catártica, es una pedagogía, es un bálsamo que cura heridas del alma. Es una demostración de que el ser humano, con humildad, paseniñamente, puede alcanzar las metas que dibuja en el horizonte. En realidad, el Camino de Santiago es todo un símbolo, porque la vida misma es un camino. En ese sentido, es un laboratorio de experimentación de lo mejor que la condición humana puede llegar a ofrecer.

Padre, describe el Camino de Santiago como una “experiencia de comunicación”. ¿Por qué?

En el Camino desplegamos la antena parabólica de las sensaciones, redescubrimos que atesoramos una serie de sentidos que en el día a día tenemos amordazados, constreñidos.

La experiencia de la peregrinación es muy sensorial, hay una comunicación íntima y fluida: contigo mismo, con tu propia historia; hay también una comunicación con otros caminantes, con las gentes del Camino, con la naturaleza… y con la esencia divina de la que participamos, esencia divina que somos.

Existe un sexto sentido, que es el espiritual, y este es el gran reto de la humanidad en estos tiempos de crisis e incertidumbre: redescubrir que lo más bello de la vida es profundamente espiritual; el amor, la bondad, la compasión, la justicia, la paz, la fe, la esperanza, la amistad, la solidaridad, la honradez… Es una de las experiencias más comunes (por lo que me cuentan los protagonistas): resintonizar con la espiritualidad, resituar la vida en la órbita del amor.

Padre, es un gran defensor del amor. Lo dice en su libro ‘La fuerza que sostiene el mundo’. ¿Pero está el amor en crisis?

Mientras exista una sola persona que ame, no estará en crisis, porque es contagioso, porque es la vacuna que puede curar tanto egoísmo y maldad. Sí, estoy convencido, el amor es la fuerza que sostiene el mundo.

Hay muchas formas o modalidades de amar, para mí, la más sublime, es la de la amistad.

Es cierto que el mundo está regido por intereses personales o corporativistas, pero realmente lo que sustenta el mundo es el amor.

Hay una pugna entre el amor y el egoísmo, dentro de cada persona. A quien alimentes, darás vida y fuerza; de ti depende.

Es cierto que las circunstancias nos condicionan, pero tenemos la capacidad de tomar decisiones sobre hacia dónde orientar nuestra vida, qué camino seguir… y la flecha amarilla que nos orienta es el amor.

¿Asiste a peregrinos en crisis? ¿Personas que están enfadadas con Dios?, ¿que se sienten ‘defraudadas’?

El Camino de Santiago es en cierto modo un reflejo de la vida misma. Lo que hay en la sociedad está en el Camino, pero en su mejor versión, porque hay un proceso de purificación de lo negativo. En este sentido, es una especie de spa del alma, que nos libera de impurezas.

Sí, es cierto que percibo cierta insatisfacción existencial, desorientación, búsqueda… y encuentro; de hecho la peregrinación, para no pocas personas, supone un antes y un después en sus propias vidas.

Me gusta preguntar a los protagonistas del Camino aquello de: “¿qué tal va el camino?”. Es una pregunta llave que abre muchas emociones. Hay mucho sufrimiento contenido, y se encuentran pequeñas dosis de medicina existencial que ayudan a curar, a sanar.

Una de las cuestiones que percibo que más nos cuesta asumir es el sufrimiento, y la muerte. Especialmente esta última. Hay personas que hacen el Camino buscando la paz después de la pérdida de un ser amado. Que incluso lo hacen en nombre de esa persona. En O Cebreiro tenemos una placa en un altar en memoria de quienes caminan ya en la eternidad.

Quizás la muerte no sea sino un tránsito, traspasar el umbral del tiempo y del espacio hacia una dimensión de eternidad. Confío en que sea paz y amor. Eternos.

Y lo que está claro es que el amor traspasa la frontera de la muerte, porque seguimos amando a quienes transitan por la senda de la eternidad y forman parte de la memoria agradecida de nuestro amor.

Respecto a la pelea con Dios, Francisco de Asís, victorioso frente a su egoísmo tendencial, nos ha legado una hermosa oración en la que se dirige a Dios diciendo: “Tú eres el bien, el amor, la bondad, la esperanza, la amistad, la paz… “. Por definición, Dios es todo lo bueno. Lo que no es bueno no es Dios.

Cuando acuden a hablar con usted, ¿qué consejo suele darles?

Suelo decirles que los compostelanos somos un poco mentirosos, porque decimos que el Camino acaba en Santiago de Compostela; no es así, tampoco en Fisterra.

En realidad en Santiago comienza un nuevo camino, la vida misma, tu vida, pero renovada, transformada por la experiencia de la peregrinación que es muy rica en contenidos.

Suelo decirles que recuerden que lo que han vivido en la Ruta no ha sido un sueño, es real, y que todo ese caudal de bondad pueden cargarlo en la mochila y portarlo en la vida cotidiana. Y les invito a que a su regreso hagan algo nuevo en favor de los demás, para que cada vez que lo hagan les recuerde que hay en sus vidas un antes y un después del Camino.

¿Por qué sostiene que en Santiago es donde comienza el auténtico camino: la vida?

Porque hay cosas esenciales de la vida que no se nos enseñan, sino que vamos aprendiendo a golpe de vida. Y en realidad el verdadero reto no es el Camino de Santiago, sino la vida misma, entendida como un camino que hay que recorrer a fuerza de amor y esperanza hacia un horizonte incierto; pero, mientras vamos de camino, aprovechemos el momento, como un instante que conforma el pentagrama de la sinfonía del amor eterno (Uy, esto me ha quedado muy poético).

Necesitamos también recuperar el sentido poético de la vida. La vida es bondad, belleza, y verdad. El amor es el interruptor que las enciende y abraza.

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