Boletín Nº 97

«No esperes que los que necesitan tu ayuda vengan a ti, sal tú a su encuentro»

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«En oración, ordenaré esta tarde a Francisco de diácono, llamado a servir a la Iglesia y dar gloria a Dios. La liturgia nos motiva a vivir la alegría que debemos transmitir. ¡Alegraos! La verdadera alegría en la vida es Jesús que viene a iluminar a los que estaban en medio de las tinieblas de la muerte para envolverlos en su luz maravillosa. El Sol que nace de lo alto, ilumina a la Iglesia, al mundo, a las familias, a los jóvenes, a los seminaristas y sacerdotes “para que descubran o redescubran la hermosura de la vocación de entrega alegre y gozosa al Señor en el celibato por el Reino de los cielos, y no busquen otras compensaciones mundanas, que nunca les harán felices por llevar una vida doble y no acorde a su consagración a Dios en santidad de vida”. Ilumina también a los ancianos, a los pobres y desfavorecidos, para que esa Luz de Cristo entre en los corazones de todos los que puedan socorrerles material, espiritual, moral y psicológicamente. […]

Querido Francisco, vas a recibir el ministerio diaconal que configura tu estilo de vida en la imitación a Cristo, el siervo humilde y paciente que toma sobre si mismo el pecado y la miseria humana, y que vino a servir y no a ser servido. Tu misión es proclamar la Palabra de Dios y ser ministro de la caridad, viviendo la castidad en el celibato, valor inestimable para la adecuada relación pastoral con los fieles, que debe basarse en la responsabilidad del ministerio. El Señor te confiere una misión acompañada de su gracia para realizarla, y te compromete a ayudar a los demás, pues puedes estar seguro de muchos sufren fatigas más duras que las tuyos. Dedica tiempo y habla con quienes se sienten marginados y no encuentran sentido a su vida. Y no pongas en las espaldas de los otros tus sacos de disgustos, rebeldías y enfados, más bien déjate cargar con las penas y dolores de los demás. No esperes que los que necesitan tu ayuda vengan a ti, sal tú a su encuentro. Para eso es necesario estar mirando a Cristo y a los demás y no a ti mismo. Sé en todo momento profeta de la buena noticia. Queridos laicos y miembros de Vida consagrada, dad gracias a Dios por quienes se han sentido llamados al sacerdocio que es un bien para la Iglesia y para la sociedad. Pedid cada día que seamos pastores según el corazón de Dios». (MONS. JULIÁN BARRIO BARRIO, de la Homilía en la Eucaristía de Ordenación de un Diácono, Capilla del Seminario Mayor de Santiago, 17 -12-2017).

Boletín de la Delegación para el clero
del Arzobispado de Santiago de Compostela

Diciembre 2017– 

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