Así debe ser un apóstol movido por el Espíritu Santo: el Papa Francisco señala 9 características

El Papa Francisco, haciendo eco de la
gran necesidad de mantener ese fervor evangelizador, hace unos años nos
regaló la “Evangelii Gaudium”, una exhortación apostólica sobre el
anuncio del Evangelio en el mundo actual. El capítulo final de este
texto es titulado: “Evangelizadores con Espíritu”, donde más que
recomendaciones metodológicas sobre cómo salir a evangelizar, nos da
ideas para mantener vivo el espíritu misionero, ese que experimentaron
los apóstoles después de Pentecostés. Sebastián Campos, en Catholic Link, explica 9 de ellos.

 

1. Arde en su corazón el fuego del Espíritu

Son evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu
Santo, son esos que ya no cuentan con sus propias planificaciones,
métodos y recursos, sino que comprenden que esto va más allá de ellos
mismos. Un Evangelizador con Espíritu no es simplemente un funcionario
voluntario de la Iglesia que cumple las tareas que le son asignadas como
una carga o una responsabilidad. Más bien, arde en su corazón el fuego
del Espíritu y no puede contener su fuerza, que lo mueve a comunicar la
buena noticia.

“En Pentecostés, el Espíritu Santo hace salir de sí mismos a los
apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios que
cada uno comienza a entender en su propia lengua… Les infunde la fuerza
para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en
todo tiempo y lugar incluso a contracorriente” (EG 259).

2. Rezar y trabajar

Ora y trabaja. Se dedica a lo pastoral y a lo espiritual reconociendo
que ninguna de las dos cosas es más importante que la otra: que las
propuestas místicas sin un fuerte arraigo espiritual se quedan en lo
teórico y que los discursos y prácticas misioneras sin una fuerte vida
de oración y espiritualidad se quedan vacías y se disuelven en mero
voluntarismo.

“Estas propuestas parciales y desintegradoras solo llegan a grupos
reducidos y no tienen fuerza de amplia penetración, porque mutilan el
Evangelio” (EG 262).

3. Enamorado del Amor de los Amores

Es movido por el encuentro personal con Jesús. No hay ideologías,
catequesis, mensajes motivadores, cartas papales ni retiros espirituales
que lo hagan a uno un evangelizador con Espíritu. Siempre es una
experiencia personal de encuentro con el Resucitado. “La primera
motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido” (EG
264).

Esa experiencia es la que busca salir de nosotros y quiere ser
compartida con otros, siente un deseo de ser comunicada y mueve nuestros
“quereres y voluntades” para convertirnos en agentes evangelizadores.
Por eso es necesario clamar a diario para que Jesús siempre nos mantenga
enamorados, que vuelva a encantarnos y cautivarnos, y al mismo tiempo,
nosotros disponer nuestro corazón para dejarnos enamorar y conquistar
por el Amor de los amores, ese que pide ser compartido con otros.

4. Cree que su misión es relevante para los demás

“El misionero está convencido de que existe ya en las personas y en los
pueblos, por la acción del Espíritu, una espera, aunque sea
inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre… El
entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicción de responder a
esa esperanza” (EG 265).

Aunque a veces perdamos el entusiasmo por sentir que somos sembradores
que tiran la semilla entre piedras, espinos o se las comen los pájaros a
la orilla del camino, guardamos en nuestro corazón la esperanza de que
aquello que es nuestro tesoro es también valioso para los demás, incluso
aunque no lo sepan. Es importante mantener esta esperanza, creer que
aquello que cambió nuestra propia vida cambiará también la de todo el
mundo. “Una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, no
convence a nadie” (EG 266).

5. Le gusta estar cerca de la gente

No se entiende un evangelizador en una oficina, metido en papeles y
trámites, que se sienta incómodo con la gente, con la calle, con el
ruido. A modo de testimonio personal he visto cómo amigos míos,
matrimonios jóvenes con niños pequeños, han ido dejando de participar en
actividades pastorales porque no eran bienvenidos con el ruido y el
desorden propio de los pequeños; veo como jóvenes no encuentran espacios
de desarrollo más allá que el voluntariado, mover bancas, disfrazarse
de algo para el Vía Crucis o el Pesebre y ser útiles, mas no valiosos;
cómo adultos de edad media no encuentran espacios acorde a sus
necesidades y desafíos, sino que solo hay espacio para servir, no para
ser oveja; y cómo los pobres y sencillos son solo objeto de caridad,
pero pocas veces de vida espiritual y mucho menos se les abre la puerta
para servir y ofrecer sus dones.

“Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el
gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto
de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una
pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo una pasión por su pueblo” (EG
268).

6. Es un buen comunicador

No se trata de técnicas ni estrategias comunicativas planificadas y
preparadas de antemano, se trata de una actitud, de una forma de
acercarse a los demás, esa forma que vive la Iglesia primitiva. Solo
puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los
demás, deseando la felicidad de los otros.

“Se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos
que señalan y condenan. Se nos advierte muy claramente “Hacedlo con
dulzura y respeto” (1 Pe 3, 16), y “en lo posible y en cuanto a vosotros
dependa, en paz con todos los hombres” (Rm 12, 18)… Sin pretender
aparecer como superiores, sino “considerando a los demás como superiores
a uno mismo” (Flp 2, 3). De hecho, los Apóstoles del Señor gozaban de
“la simpatía de todo el pueblo” (Hch 2,47; 4, 21.33)” (EG 271).

7. No cae preso del pesimismo

“Algunas personas no se entregan a la misión, pues creen que nada puede
cambiar y entonces es inútil esforzarse. Piensan así: “¿Para qué me voy a
privar de mis comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado
importante?”. Con esa actitud se vuelve imposible ser misionero” (EG
275).

El testimonio de los discípulos luego de Pentecostés nos relata que
ellos tenían todo en contra para lograr sus objetivos misioneros, pero
sabemos que en cuanto salieron a predicar: “El Señor colaboraba con
ellos y confirmaba la Palabra” (Mc, 16, 20), y eso debe ser lo que nos
anima, aun cuando los frutos esperados no sean visibles.

“A veces nos parece que nuestra tarea no ha logrado ningún resultado,
pero la misión no es un negocio ni un proyecto empresarial, no es
tampoco una organización humanitaria, no es un espectáculo para contar
cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda” (EG 279). Es mucho
más que eso y las estadísticas nunca lograrán medir cuánto ha cambiado
una vida, nunca podrán cuantificar lo que experimenta una persona al
sentirse perdonada, con esperanza o abrazada con misericordia.

8. Confía en la acción del Espíritu Santo

Un evangelizador así reconoce que depende de la acción del Espíritu en
su tarea misionera y tiene una decidida y voluntaria confianza en Él,
porque “Él viene en ayuda de nuestra debilidad” (Rm 8, 26) cuando la
tarea se pone cuesta arriba.

Cuando se confía en la acción del Espíritu Santo “no hay mayor libertad
que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y
controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente y
nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien qué hace falta en cada
época y en cada momento. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos!”
(EG 280).

9. Va de la mano de María

“Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella
reunía a los discípulos para invocarlo (Hch 1,14), y así hizo posible la
explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es Madre de la
Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el
espíritu de la nueva evangelización” (EG 284).

No se trata solo de llevar el rosario en la mano y recitar un par de
“Avemarías” antes de salir a tocar puertas, sino que se trata de estar
con ella, recibirla como Madre y que en nuestro camino personal y
comunitario, su compañía nos vaya educando para relacionarnos con el
Espíritu Santo como ella lo hacía a ser portadores de La Buena Noticia
de Jesús, tal como lo hizo ella.

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