El Papa a los jóvenes: «¡No os paséis todo el día con el teléfono, ignorando el mundo que os rodea!»

El Papa Francisco también se encontró
con los jóvenes católicos de Bangla Desh este sábado 2 de diciembre,
durante su último día en el país. A ellos pidió ir siempre adelante con
esperanza, y no estar “todo el día al teléfono” olvidando lo que hay
alrededor. Después del encuentro con sacerdotes, religiosos y
seminaristas, el Pontífice se acercó hasta el cementerio parroquial de
la iglesia del Santo Rosario, donde rezó ante algunas tumbas y las
bendijo. A continuación, visitó la iglesia y luego se trasladó hasta el
Notre Dame College para el encuentro con los jóvenes, explica la agencia ACI.

 

En su discurso, el Papa destacó el valor del “patrimonio cultural” e invitó a los jóvenes a “mirar más allá de nosotros mismos”. “Hablad con vuestros padres y abuelos, ¡no os paséis todo el día con el teléfono, ignorando el mundo que os rodea!”, les recomendó.

“Vuestra cultura os enseña a respetar a los ancianos. Como he dicho
antes, los ancianos nos ayudan a apreciar la continuidad de las
generaciones. Llevan consigo la memoria y la sabiduría experiencial, que nos ayuda a evitar repetir los errores del pasado”.

“A través de sus palabras, su amor, su afecto, su presencia,
comprendemos que la historia no ha iniciado con nosotros, sino que somos
parte de un antiguo ‘viajar’ y que la realidad es más grande que
nosotros mismos”.

Con sus palabras, Francisco respondió también a Upasana y Anthony, quienes ofrecieron al Papa sus testimonios. “Los jóvenes tenéis algo único: estáis siempre llenos de entusiasmo, y me siento rejuvenecer cada vez que os encuentro”, les dijo el Papa.

Pero no sólo eso, porque “los jóvenes están siempre listos para ir hacia adelante, hacer que todo suceda y arriesgar”.

“Os animo a continuar con ese entusiasmo en las circunstancias buenas y
malas. Ir hacia adelante, especialmente en aquellos momentos en los que
os sentís oprimidos por los problemas y la tristeza y, mirando
alrededor, parece que Dios no aparece en el horizonte”.

Francisco les pidió estar atentos de “no vagar sin rumbo” porque
“nuestra vida tiene una dirección; tiene un fin que nos ha dado Dios”. “Es
como si hubiese colocado dentro de nosotros un software, que nos ayuda a
discernir su programa divino y a responderle con libertad
.
Pero, como todo software, necesita también ser actualizado
constantemente. Tened actualizado vuestro programa, escuchando al Señor y
aceptando el desafío de hacer su voluntad”, dijo a los jóvenes.

“Lo único que nos orienta y nos hace ir hacia adelante en el sendero
justo es la sabiduría, la sabiduría que nace de la fe, dijo para alertar
tras estas palabras del peligro de la “falsa sabiduría” de “este
mundo”.

Para recibir la verdadera “debemos mirar el mundo, nuestra situación,
nuestros problemas, todo, con los ojos de Dios. Nosotros recibimos esta
sabiduría cuando comenzamos a ver las cosas con los ojos de Dios, a
escuchar a los demás con los oídos de Dios, a amar con el corazón de
Dios y a valorar las cosas con los valores de Dios”, indicó.

Falsas promesas de felicidad

El Santo Padre aprovechó para denunciar las “falsas promesas de
felicidad” que ofrece la cultura contemporánea porque “no puede liberar”
y “sólo conduce a un egoísmo que nos llena el corazón de oscuridad y
amargura”.

“Es triste cuando comenzamos a cerrarnos en nuestro pequeño mundo y nos
replegamos sobre nosotros mismos. Entonces hacemos nuestro el principio
de ‘o como digo yo o adiós’ y quedamos atrapados, encerrados en nosotros
mismos”, dijo al hablar del peligro que supone no aceptar a los otros.

“Cuando un pueblo, una religión o una sociedad se convierten en un ‘pequeño mundo’, pierden lo mejor que tienen y caen en una mentalidad presuntuosa, la del ‘yo soy bueno, tú eres malo’”.

Para terminar, les recordó que los cristianos deben estar llenos de esperanza “en el encuentro
personal con Jesús en la oración y en los sacramentos, y en el
encuentro concreto con él en los pobres, los enfermos, los que sufren y
los abandonados
. En Jesús descubrimos la solidaridad de Dios, que camina constantemente a nuestro lado”.

El discurso completo del Papa

Queridos jóvenes, queridos amigos, ¡buenas tardes!

Aquí estamos, ¡finalmente juntos! Os doy las gracias por vuestra cálida
acogida. Agradezco a Mons. Gervas [Rozario] sus gentiles palabras, así
como los testimonios de Upasana y Anthony. Los jóvenes tenéis algo
único: estáis siempre llenos de entusiasmo, y me siento rejuvenecer cada
vez que os encuentro. Upasana, has hablado de esto en tu testimonio,
has dicho que eres «muy entusiasta» y yo puedo verlo y sentirlo. Este
entusiasmo juvenil está relacionado con el espíritu aventurero. Uno de
vuestros poetas nacionales, Kazi Nazrul Islam, lo ha expresado
definiendo la juventud del país como «valiente», «acostumbrada a
arrebatar la luz del vientre de la oscuridad». Los jóvenes están siempre
listos para ir hacia adelante, hacer que todo suceda y arriesgar. Os
animo a continuar con ese entusiasmo en las circunstancias buenas y
malas. Ir hacia adelante, especialmente en aquellos momentos en los que
os sentís oprimidos por los problemas y la tristeza y, mirando
alrededor, parece que Dios no aparece en el horizonte.

Pero, avanzando, aseguraos de elegir el sendero justo. ¿Qué significa
esto? Esto significa saber «viajar» en la vida, y no «vagar» sin rumbo.
Nuestra vida tiene una dirección; tiene un fin que nos ha dado Dios. Él
nos guía, orientándonos con su gracia. Es como si hubiese colocado
dentro de nosotros un software, que nos ayuda a discernir su programa
divino y a responderle con libertad. Pero, como todo software, necesita
también ser actualizado constantemente. Tened actualizado vuestro
programa, escuchando al Señor y aceptando el desafío de hacer su
voluntad.

Anthony, te has referido a este desafío en tu testimonio cuando has
dicho que sois hombres y mujeres que estáis «creciendo en un mundo
frágil que exige sabiduría». Has usado la palabra «sabiduría» y,
haciéndolo, nos has proporcionado la clave. Cuando se pasa de «viajar» a
«vagar sin rumbo», toda la sabiduría se pierde. Lo único que nos
orienta y nos hace ir hacia adelante en el sendero justo es la
sabiduría, la sabiduría que nace de la fe. No es la falsa sabiduría de
este mundo. Es la sabiduría que se vislumbra en los ojos de los padres y
de los abuelos que han puesto su confianza en Dios. Como cristianos,
podemos ver en sus ojos la luz de la presencia de Dios, la luz que han
descubierto en Jesús, que es la misma sabiduría de Dios (cf. 1 Co 1,24).
Para recibir esta sabiduría debemos mirar el mundo, nuestra situación,
nuestros problemas, todo, con los ojos de Dios. Nosotros recibimos esta
sabiduría cuando comenzamos a ver las cosas con los ojos de Dios, a
escuchar a los demás con los oídos de Dios, a amar con el corazón de
Dios y a valorar las cosas con los valores de Dios.

Esta sabiduría nos ayuda a reconocer y a rechazar las falsas promesas de
felicidad. Una cultura que hace falsas promesas no puede liberar, sólo
conduce a un egoísmo que nos llena el corazón de oscuridad y amargura.
La sabiduría de Dios, en cambio, nos ayuda a saber cómo acoger y aceptar
a aquellos que actúan y piensan de manera diferente a la nuestra. Es
triste cuando comenzamos a cerrarnos en nuestro pequeño mundo y nos
replegamos sobre nosotros mismos. Entonces hacemos nuestro el principio
de «o como digo yo o adiós» y quedamos atrapados, encerrados en nosotros
mismos. Cuando un pueblo, una religión o una sociedad se convierten en
un «pequeño mundo», pierden lo mejor que tienen y caen en una mentalidad
presuntuosa, la del «yo soy bueno, tú eres malo». Upasana, tú has
evidenciado las consecuencias de este modo de pensar, cuando has dicho:
«Perdemos la dirección y nos perdemos a nosotros mismos» y «la vida se
nos vuelve absurda». La sabiduría de Dios nos abre a los demás. Nos
ayuda a mirar más allá de nuestras comodidades personales y de las
falsas seguridades que nos convierten en ciegos frente a los grandes
ideales que hacen la vida más bella y digna de ser vivida.

Me alegra que junto a nosotros los católicos, estén muchos jóvenes
amigos musulmanes y de otras religiones. Al encontraros juntos hoy aquí
mostráis vuestra determinación de promover un clima de armonía, donde se
tiende la mano a los otros, a pesar de vuestras diferencias religiosas.
Esto me recuerda una experiencia que tuve en Buenos Aires, en una
parroquia nueva situada en una zona sumamente pobre. Un grupo de
estudiantes estaba construyendo algunos locales para la parroquia y el
sacerdote me había invitado a ir a encontrarme con ellos. Entonces fui y
cuando llegué a la parroquia el sacerdote me los presentó uno a uno,
diciendo: «Este es el arquitecto –es judío–, este es comunista, este es
católico practicante» (Saludo a los jóvenes del Centro cultural P. F.
Varela, La Habana, 20 septiembre 2015). Esos estudiantes eran todos
distintos, pero todos estaban trabajando por el bien común. Estaban
abiertos a la amistad social y determinados a decir «no» a todo lo que
hubiera podido desviarlos del propósito de estar juntos y de ayudarse
los unos a los otros.

La sabiduría de Dios nos ayuda también a mirar más allá de nosotros
mismos para contemplar la bondad de nuestro patrimonio cultural. Vuestra
cultura os enseña a respetar a los ancianos. Como he dicho antes, los
ancianos nos ayudan a apreciar la continuidad de las generaciones.
Llevan consigo la memoria y la sabiduría experiencial, que nos ayuda a
evitar repetir los errores del pasado. Los ancianos tienen «el carisma
de colmar las distancias», en cuanto aseguran que los valores más
importantes se transmitan a los hijos y a los nietos. A través de sus
palabras, su amor, su afecto, su presencia, comprendemos que la historia
no ha iniciado con nosotros, sino que somos parte de un antiguo
«viajar» y que la realidad es más grande que nosotros mismos. Hablad con
vuestros padres y abuelos, ¡no os paséis todo el día con el teléfono,
ignorando el mundo que os rodea!

Upasana y Anthony, habéis terminado vuestros testimonios con palabras de
esperanza. La sabiduría de Dios refuerza en nosotros la esperanza y nos
ayuda a afrontar el futuro con valentía. Nosotros, cristianos, hallamos
esta esperanza en el encuentro personal con Jesús en la oración y en
los sacramentos, y en el encuentro concreto con él en los pobres, los
enfermos, los que sufren y los abandonados. En Jesús descubrimos la
solidaridad de Dios, que camina constantemente a nuestro lado.

Queridos jóvenes, queridos amigos, mirando vuestros rostros me lleno de
alegría y de esperanza; alegría y esperanza por vosotros, por vuestro
país, por la Iglesia y por vuestras comunidades. Que la sabiduría de
Dios siga inspirando vuestro esfuerzo por crecer en el amor, en la
fraternidad y en la bondad. Al dejar hoy vuestro país, os aseguro mi
oración para que todos podáis continuar creciendo en el amor a Dios y al
prójimo. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Dios bendiga a
Bangladesh! [Isshór Bangladeshké ashirbád korún!].

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