7 lecciones para la evangelización que se pueden extraer del exitoso método de Jordan Peterson

Jordan Peterson es uno
de los personajes de moda en este momento. Odiado por la izquierda
radical, el feminismo victimista y los seguidores de la ideología de
género, es a su vez admirado por aquellos que ven en él un ejemplo de valentía y falta de complejos necesaria para enfrentarse a las ideologías dominantes y a la corrección política.

Este profesor canadiense, que enseña Psicología en la Universidad de Toronto, se define como cristiano cultural y se hizo famoso en 2016 cuando anunció que no utilizaría los pronombres transgénero o neutros, exponiéndose a multas y castigos. En televisión ha llegado a dejar literalmente sin palabras a sus rivales y su libro 12 reglas para la vida se ha convertido en un superventas.

Con sus intervenciones en televisión, sus conferencias y su canal de Youtube, donde tiene un millón de suscriptores, ha logrado una efectividad enorme convenciendo a miles de jóvenes antes indiferentes o incluso abiertamente proLGTB o feministas. Y lo ha hecho mezclanco ciencia y religión, y citando la Biblia en numerosas ocasiones.

Pese a que no tiene por qué ser un ejemplo de católico, su defensa de la
herencia cristiana occidental en este mundo posmoderno y su valentía ha
provocado que de Jordan Peterson se puedan sacar algunos elementos comunicativos que pueden ser muy útiles si se aplican a la evangelización.

En Catholic Gentleman, Sam Guzman habla concretamente de 7 lecciones que se pueden extraer de este profesor y que pueden ser muy efectivas a la hora de atraer jóvenes ateos y nihilistas a la fe:

1. Contar historias

Peterson cuenta constantemente historias, y en muchísimos casos son
narraciones bíblicas. Y además las respalda de manera muy detallada con
ideas científicas y psicológicas. Utiliza las historias porque sabe que los seres humanos ven el mundo en formato narrativo.

Esta naturaleza narrativa ha estado siempre muy presente en la Iglesia,
pero en los últimas décadas se ha ido perdiendo, para centrarse en
aspectos más racionales y dejando a un lado las historias. Por ello, los católicos deben aprender de nuevo a saber utilizar el poder de estas narraciones, porque bien pertrechada con argumentos puede mover el corazón de manera mucho más efectiva.

2. Enseñar reglas

En la sociedad actual, pero también se da en el seno de la Iglesia, se consideran las reglas y las normas como algo negativo, coercitivo.
Sin embargo, este canadiense ha triunfado mundialmente con un libro que
habla precisamente de normas, donde argumenta que son necesarias para
el florecimiento de la persona.

Precisamente, la Iglesia siempre ha enseñado que las reglas no son algo
incorrectos. Cabe recordarlo y eliminar estos prejuicios. El ser humano
necesita unos límites y como decía Chesterton a veces las reglas de la
Iglesia, ya sean dogmáticas o meramente prácticas, son como las
paredes de un patio de juegos. A veces pueden sentirse limitados pero su
fin es nuestro crecimiento, desarrollo y felicidad.
Y esto debe reivindicarlo la Iglesia, no esconderlo o eliminarlo.

3. Llamar a las personas a cargar su cruz

En el mundo hay sufrimiento, y todas las personas sin excepción pasan por él. El cristianismo siempre ha abogado por afrontar este sufrimiento, convirtiéndose así en una forma de santificación y salvación. El
mundo secularizado, sin embargo, huye del sufrimiento y de la cruz, lo
cual se nota en leyes como la del aborto, eutanasia, divorcio… Y también
en la Iglesia se corre el riesgo de sucumbir y unirse a esta huida.

Para Jordan Peterson la cruz es un elemento central en su argumentario.
Enseña que en la vida hay sufrimiento y que el mejor camino es
abrazarlo con valentía. Él cree que la fe que vale de verdad es la que
se que vive. Por ello, su mensaje interroga a tantos jóvenes educados en
el “pare de sufrir”.

4. Elegir confrontar, no acomodarse

La Iglesia Católica se ha caracterizado durante la historia por enfrentarse sin miedo a las falsas ideologías del mundo. Pero la tentación de acomodarse y congraciarse con el mundo está también muy presente.

Sin embargo, Peterson no tiene miedo a confrontar. Su fama, precisamente, se la ganó por sus críticas públicas a la ideología de género.
En lugar de capitular se enfrentó con valentía a la injusticia. Y a
partir de ahí muchos se han ido uniendo a él. Si la Iglesia confronta se
ganará poderosos enemigos pero muchos también se unirán a ella. El
camino más fácil pasaría por acomodarse y no hacer ruido. Pero las
consecuencias de esto son ya sabidas.

5. Utilizar símbolos y la belleza artística para comunicar

El profesor canadiense tiene como uno de sus principales vídeos uno
titulado “Por qué necesitamos el arte en nuestra vida”. Según él, es necesaria la belleza para mostrar la trascendencia.
En sus conferencias suele incluir la explicación de un símbolo de
alguna religión, de una obra de arte o literaria. Estos símbolos tienen,
a su juicio, una poderosa habilidad para comunicar la verdad.

“La belleza salvará al mundo”, decía Dostoyevski en El idiota. Pero muchos católicos considera que la belleza no es un elemento central sino superfluo.
Hay abundantes testimonios que cuentan que han llegado a la fe
precisamente descubriendo esta belleza, por lo que hay que colocarla en
un elemento más central.

Un grupo feminista radical, intentando boicotear una conferencia de
Peterson que estaba abarrotada de jóvenes dispuestos a escucharle

6. Integrar la ciencia

Peterson respalda sus historias y sus ideas filosóficas con una convincente evidencia científica. Es un maestro a la hora de sintetizar ideas profundas con la psicología y las ciencias naturales.

La Iglesia, pese a la leyenda negra, ha sido históricamente uno de los
mayores patrocinadores de la investigación científica, pero existe el riesgo de segregar lo natural y lo sobrenatural, cuando lo que se necesita es integrar ambos,
mostrando por ejemplo que lo que dice la neurociencia o la física en la
actualidad se corresponde con las enseñanzas que la Iglesia ha
defendido en su historia.

7. Hablar con pasión

El intelectual canadiense es cautivador y persuasivo en sus intervenciones porque habla con profunda pasión sobre sus ideas. Al
escucharlo, se puede decir que siente lo que dice. En un mundo donde
reina la cobardía intelectual y en el que creer cualquier cosa
dogmáticamente es un pecado, ese fervor seguro es un poderoso signo de
contradicción.

Para ser evangelistas efectivos, hay que creer en lo que se dice y comunicarlo con pasión. El
catolicismo no es simplemente una idea entre muchas: se debe creer con
confianza hasta el punto de estar dispuestos a sufrir y morir por ello
si fuera necesario. Mártir significa testimonio, y los mártires son los
últimos evangelistas (son la semilla de la Iglesia) porque dan
testimonio de la realidad de Cristo con sufrimiento y sangre.

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