
CITA
« ¡Duda del que no duda!»
S. Son
« No hay miedo si El está en el medio»
S. Son
Eclesiastés 1, 8-10 Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír. Lo que pasó volverá a pasar; lo que ocurrió volverá a ocurrir: nada hay nuevo bajo el sol. De algunas cosas se dice: «Mira, esto es nuevo». Sin embargo, ya sucedió en otros tiempos, mucho antes de nosotros.
Proverbio Griego El que nada duda, nada sabe.
Aristóteles, La duda es principio de toda sabiduría.
San Justino «Nos reunimos todos el día del sol porque es el primer día [después del sábado judío, pero también el primer día], en que Dios, sacando la materia de las tinieblas, creó al mundo; ese mismo día, Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos» (Apologia, 1,67).
San Ignacio de Antioquía: “Sólo cree de verdad el que practica lo que cree”.
San Macario Egipciano «Cuando escuches decir que Cristo descendió a los infiernos y liberó a las almas, que estaban prisioneras en los sepulcros, no pienses que estas cosas están muy lejanas de las que se cumplen hoy. Créeme, tu corazón es el sepulcro».
San Gregorio Nacianceno: Y les dijo: Paz a vosotros; soy yo, no temáis. Averguéncenos el prescindir del saludo de la paz, que el Señor nos dejó cuando iba a salir del mundo. La paz es un nombre y una cosa sabrosa, que sabemos proviene de Dios, según dice el Apóstol a los filipenses: la puz de Dios; (Catena Aurea, vol. Vl, p. 545).
San Juan Crisóstomo «No sería necesario recurrir tanto a la palabra, si nuestras obras diesen auténtico testimonio».
S. Agustín, ¿A quiénes llamó dichosos, hermanos, sino a nosotros? Y no solamente a nosotros, sino a todos los que vengan después de nosotros. Sermón 88, 1-2: Edit Maurist t. 5 469-470
«Las puertas cerradas no impidieron la entrada de ese cuerpo en el que habitaba la divinidad. Aquel que naciendo había dejado intacta la virginidad de su madre, pudo entrar en el Cenáculo a puerta cerrada» (In Ioh.121, 4: CCL 36/7, 667)
«Quería creer con los dedos». (Sermón 145 A).
Poco tiempo después de haberse alejado de los ojos mortales, para que se reforzara la fe en los corazones, todos los que han creído lo han hecho sin ver, y su fe ha tenido un gran mérito. Para tener esta fe se limitaron a acercar un corazón lleno de piedad a Dios, pero no la mano para tocar (Sermón 88, 2).
San Cirilo de Alejandría“Los que gozan de la presencia de Cristo, es lógico que estén tranquilos y serenos”. Sobre el evangelio de san Juan, Lib. 12, cap. 1: PG 74, 703-706
San Gregorio Magno, «Mucho más útil me ha sido la duda de Tomás que la fe inmediata de la Magdalena».
¿Es que pensáis que aconteció por pura casualidad que estuviera ausente entonces aquel discípulo elegido, que al volver oyese relatar la aparición , y que al oír dudase, dudando palpase y palpando creyese? No fue por casualidad, sino por disposición de Dios. La divina clemencia actuó de modo admirable para que tocando el discípulo dubitativo las heridas de la carne en su Maestro, sanara en nosotros las heridas de la incredulidad. Así el discípulo, dudando y palpando, se convirtió en testigo de la verdadera resurrección. (Homiliae in Evangelia 26,7).
“nuestro Redentor se presentó, después de su Resurrección, con un cuerpo de naturaleza incorruptible y palpable, pero en un estado de gloria (cfr.Hom. in Evang., 21, 1: CCL141, 219).
Sentencia en la que sin duda estamos señalados nosotros que confesamos con el alma al que no hemos visto en la carne. Se alude a nosotros, con tal que vivamos conforme a la fe; porque sólo cree de verdad el que practica lo que cree” Homilías sobre los Evangelios, 26, 9.
La razon de que los discípulos tardaran en creer en la Resurrección del Señor, no fue tanto por su flaqueza como por nuestra futura firmeza en la fe; pues la misma Resurrección demostrada con muchos argumentos a los que dudaban, ¿qué otra. cosa significa sino que nuestra fe-se fortalece por su duda? (Hom. 16sobre los Evang. ).
San Anselmo Yo no intento comprender para creer, sino que creo para comprender.
San Bernardo: «¿Dónde podrá encontrar nuestra debilidad un descanso seguro y tranquilo, sino en las llagas del Salvador?»
«Las heridas que su cuerpo recibió nos dejan ver los secretos de su corazón; nos dejan ver el gran misterio de piedad, nos dejan ver la entrañable misericordia de nuestro Dios».
«Me remorderá mi conciencia, pero no perderé la paz, porque me acordaré de las llagas del Señor. Él, en efecto, “fue traspasado por nuestras rebeliones” (Is 53,5). ¿Qué hay tan mortífero que no haya sido destruido por la muerte de Cristo?» (Comentario al Cantar de los Cantares Disc. 61,3-5; Opera omnia 2,150-151)
En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en
Santo Tomás de Aquino, «La fe es más semejante a una voz que a una luz»
Nadie debe dudar acerca de la fe, sino creer las cosas de la fe más que las que puede ver, porque la vista del hombre puede engañarse, pero la sabiduría de Dios jamás se equivoca (Sobre el Credo,1. c. , p. 34).
Santa Teresa de Jesús: Que no perdamos tan buena razón y que nos lleguemos a El; pues si cuando andaba en el mundo de sólo tocar su ropa sanaba los enfermos, ¿qué hay que dudar que hará milagros estando dentro de mí-si tenemos fe-y nos dará lo que le pidiéremos, pues está en nuestra casa? Y no suele Su Majestad pagar mal la posada si le hacen buen hospedaje (Camino de perfección,34,8)
San J.H. Newman Creer significa ser capaz de soportar la duda.
A mi entender, diez mil dificultades no hacen una duda; dificultad y duda son cantidades inconmensurables (Apología «pro vita sua», p. 187).
Santa Faustina “Quédate tranquila, Hija Mía, precisamente a través de tal miseria quiero mostrar el poder de Mi misericordia.” (Diario 133)
“Proclama que la misericordia es el atributo más grande de Dios. Todas las obras de Mis manos están coronadas por la misericordia.” (Diario 301)
“Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera – la acción; la segunda – la palabra; la tercera – la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia.” (Diario 742)
Verá salir dos haces de luz que iluminan el mundo: «Estos dos haces -le explicó un día Jesús mismo- representan la sangre y el agua» (Diario, Librería Editrice Vaticana, p. 132).
«Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona», pedirá Jesús a sor Faustina (Diario, p. 374).
«La humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina» (Diario, p. 132).
«Experimento un dolor tremendo cuando observo los sufrimientos del prójimo. Todos los dolores del prójimo repercuten en mi corazón; llevo en mi corazón sus angustias, de modo que me destruyen también físicamente. Desearía que todos los dolores recayeran sobre mí, para aliviar al prójimo» (p. 365).
San Josemaría Escriva de Balaguer, ¡cuántas contrariedades desaparecen, cuando interior- mente nos colocamos bien próximos a ese Dios nuestro, que nunca abandona! Se renueva, con distintos matices, ese amor de Jesús por los suyos, por los enfermos, por los tullidos, que pregunta: ¿qué te pasa? Me pasa. . . Y, en seguida, luz o, al menos, aceptación y paz (Amigos de Dios,249).
Santa Teresa de Calcuta El que cree de verdad, predica sin predicar.
«El peor mal es la indiferencia».
Concilio Vaticano II: “Solamente con la luz de la fe y con la meditación de la palabra divina es posible reconocer siempre y en todo lugar a Dios, en quien nos movemos y existimos (Hech 17, 28); buscar su voluntad en todos los acontecimientos, contemplar a Cristo en todos los hombres, próximos o extraños, y juzgar con rectitud sobre el verdadero sentido y valor de las realidades temporales, tanto en sí mismas como en orden al fin del hombre” Decr. Apostolicam actuositatem, 4.
Dives in misericordia, “El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo” (nº, 7).
Catecismo, 643 Ante estos testimonios es imposible interpretar la Resurrección de Cristo fuera del orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico. Sabemos por los hechos que la fe de los discípulos fue sometida a la prueba radical de la pasión y de la muerte en cruz de su Maestro, anunciada por Él de antemano (cf. Lc 22, 31-32). La sacudida provocada por la pasión fue tan grande que los discípulos (por lo menos, algunos de ellos) no creyeron tan pronto en la noticia de la resurrección. Los evangelios, lejos de mostrarnos una comunidad arrobada por una exaltación mística, nos presentan a los discípulos abatidos («la cara sombría»: Lc 24, 17) y asustados (cf. Jn 20, 19). Por eso no creyeron a las santas mujeres que regresaban del sepulcro y «sus palabras les parecían como desatinos» (Lc 24, 11; cf. Mc 16, 11. 13). Cuando Jesús se manifiesta a los once en la tarde de Pascua «les echó en cara su incredulidad y su dureza de cabeza por no haber creído a quienes le habían visto resucitado» (Mc 16, 14).
644 Tan imposible les parece la cosa que, incluso puestos ante la realidad de Jesús resucitado, los discípulos dudan todavía (cf. Lc 24, 38): creen ver un espíritu (cf. Lc 24, 39). «No acaban de creerlo a causa de la alegría y estaban asombrados» (Lc 24, 41). Tomás conocerá la misma prueba de la duda (cf. Jn 20, 24-27) y, en su última aparición en Galilea referida por Mateo, «algunos sin embargo dudaron» (Mt 28, 17). Por esto la hipótesis según la cual la resurrección habría sido un «producto» de la fe (o de la credulidad) de los apóstoles no tiene consistencia. Muy al contrario, su fe en la Resurrección nació —bajo la acción de la gracia divina— de la experiencia directa de la realidad de Jesús resucitado.
645 Jesús resucitado establece con sus discípulos relaciones directas mediante el tacto (cf. Lc 24, 39; Jn 20, 27) y el compartir la comida (cf. Lc 24, 30. 41-43; Jn 21, 9. 13-15). Les invita así a reconocer que él no es un espíritu (cf. Lc 24, 39), pero sobre todo a que comprueben que el cuerpo resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo que ha sido martirizado y crucificado, ya que sigue llevando las huellas de su pasión (cf Lc 24, 40; Jn 20, 20. 27). Este cuerpo auténtico y real posee sin embargo al mismo tiempo, las propiedades nuevas de un cuerpo glorioso: no está situado en el espacio ni en el tiempo, pero puede hacerse presente a su voluntad donde quiere y cuando quiere (cf. Mt 28, 9. 16-17; Lc 24, 15. 36; Jn 20, 14. 19. 26; 21, 4) porque su humanidad ya no puede ser retenida en la tierra y no pertenece ya más que al dominio divino del Padre (cf. Jn 20, 17). Por esta razón también Jesús resucitado es soberanamente libre de aparecer como quiere: bajo la apariencia de un jardinero (cf. Jn 20, 14-15) o «bajo otra figura» (Mc 16, 12) distinta de la que les era familiar a los discípulos, y eso para suscitar su fe (cf. Jn 20, 14. 16; 21, 4. 7).
646 La Resurrección de Cristo no fue un retorno a la vida terrena como en el caso de las resurrecciones que él había realizado antes de Pascua: la hija de Jairo, el joven de Naím, Lázaro. Estos hechos eran acontecimientos milagrosos, pero las personas afectadas por el milagro volvían a tener, por el poder de Jesús, una vida terrena «ordinaria». En cierto momento, volverán a morir. La Resurrección de Cristo es esencialmente diferente. En su cuerpo resucitado, pasa del estado de muerte a otra vida más allá del tiempo y del espacio. En la Resurrección, el cuerpo de Jesús se llena del poder del Espíritu Santo; participa de la vida divina en el estado de su gloria, tanto que san Pablo puede decir de Cristo que es «el hombre celestial» (cf. 1 Co 15, 35-50).
Pablo VI, «La Iglesia se renovará de verdad cuando vuelva de verdad su mirada a Cristo». Ecclesiam suam
San Juan Pablo II El temor que se había apoderado del corazón de los Apóstoles, tenía sus raíces más profundas en esta muerte: fue el temor nacido, por decirlo así, de la muerte de Dios. El temor atormenta también a la generación contemporánea de los hombres, quizá lo sienten más profundamente aquellos que han aceptado la muerte de Dios en el mundo humano. Homilía en la Catedral de Turín (13-IV-1980)
Que Dios os dé su paz, no como una posesión para retener, sino como un tesoro que poseéis sólo cuando lo compartís con los demás. (mensaje para el día de la paz del año 1985).
Benedicto XVI “Aunque el cielo esté gris, en el corazón llevamos la alegría de la Pascua, la certeza de la Resurrección de Cristo, que triunfó definitivamente sobre la muerte.
Nosotros podemos tocar sus heridas en la historia de nuestro tiempo, pues se deja herir continuamente por nosotros. ¡Qué certeza de su misericordia nos dan sus heridas y qué consuelo significan para nosotros! ¡Y qué seguridad nos dan sobre lo que es él: “Señor mío y Dios mío”! Nosotros debemos dejarnos herir por él.
Cristo resucitado necesita testigos que se hayan encontrado con Él, hombres que lo hayan conocido íntimamente a través de la fuerza del Espíritu Santo (Homilía, 7 de mayo).
Papa Francisco, Jesús nos invita a mirar sus llagas, nos invita a tocarlas, como a Tomás, para sanar nuestra incredulidad. Nos invita, sobre todo, a entrar en el misterio de sus llagas, que es el misterio de su amor misericordioso. 12 de marzo de 2015
«Creemos a» Jesús cuando aceptamos su Palabra, su testimonio, porque él es veraz « Creemos en » Jesús cuando lo acogemos personalmente en nuestra vida y nos confiamos a él, uniéndonos a él mediante el amor y siguiéndolo a lo largo del camino (Lumen Fidei)
Quien cree, ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso. (Lumen Fidei)
“Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los doctores de la letra y no del espíritu, de la muerte y no de la vida, que en vez de enseñar la misericordia y la vida, amenazan con el castigo y la muerte y condenan al justo”. (oración -Oh Cruz de Cristo- frente al Coliseo romano.)
Después ellos, al verlo resucitado, «se alegraron» (Jn 20,20). El libro de los Hechos de los Apóstoles cuenta que en la primera comunidad «tomaban el alimento con alegría» (Ac 2,46). Por donde los discípulos pasaban, había «una gran alegría» (Ac 8,8), y ellos, en medio de la persecución, «se llenaban de gozo» (13,52). Un eunuco, apenas bautizado, «siguió gozoso su camino» (Ac 8,39), y el carcelero «se alegró con toda su familia por haber creído en Dios» (Ac 16,34). ¿Por qué no entrar también nosotros en ese río de alegría? (Evangelii gaudium 5)
« Creemos a » Jesús cuando aceptamos su Palabra, su testimonio, porque él es veraz « Creemos en » Jesús cuando lo acogemos personalmente en nuestra vida y nos confiamos a él, uniéndonos a él mediante el amor y siguiéndolo a lo largo del camino (Lumen Fidei)
El creyente es transformado por el Amor, al que se abre por la fe, y al abrirse a este Amor que se le ofrece, su existencia se dilata más allá de sí mismo. (Lumen Fidei)
Quien cree, ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso. SS. Francisco (Lumen Fidei)
Autor desconocido Creo en Dios, como el ciego cree en el sol no porque lo vea sino porque lo siente.
G. K. Chesterton Cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa.
Puedo creer lo imposible, pero no lo improbable.
Martín Lutero Es tiempo de Pascua, de celebrar el amor, de celebrar la Paz.
Ricoeur Los signos de las puertas cerradas por miedo a los judíos y cómo Jesús las atraviesa, «dan que pensar»
Pagola, “¿Para qué creer? Para situar las cosas en su verdadera dimensión; para vivir incluso los acontecimientos que parecen pequeños e insignificantes con más hondura; para tener más fuerza para amar más a las personas(…) ¿Para qué creer? Para no vivir a medias; para no contentarme con “ir tirando”; para no ser un vividor; para vivir de una manera digna y gratificante; para no estancarme en la vida; para ir aprendiendo desde el Evangelio maneras nuevas y más humanas de trabajar y de disfrutar, de sufrir y de vivir” (Creer
Robert Sarah, “Nos han hablado mucho de ir a misa, de rezar, de pedir cosas y señales; pero poco a poco empezamos a sentir la grandeza divina en nuestra vida, de una forma mágica, milagrosa y perfecta; y poco a poco empezamos a entender dichas señales”.
William Shakespeare Nuestras dudas son traidoras, y nos hacen perder el bien que podríamos ganar, por temor a intentar.
T. Merton El verdadero encuentro con Cristo libera algo en nosotros, un poder que no conocíamos y que teníamos, una esperanza, una aptitud para la vida, una capacidad de adaptación, una habilidad para recuperarnos cuando pensábamos estar completamente derrotados, una capacidad para crecer y cambiar, un poder de creativa transformación.
José Luis Sicre “DICHOSOS LOS QUE CREEN A PESAR DE LO QUE VEN”
CONTO
EL SALTO DE LA FE
Érase una vez una familia feliz que vivía en una casita de los suburbios.
Pero una noche se declaró un incendio en la cocina de la casa, un terrible incendio. Mientras las llamas se extendían, padres e hijos salieron corriendo a la calle. Entonces se llevaron un susto aún mayor: se dieron cuenta de que faltaba el más pequeño, un niño de cinco años. Al momento de salir, asustado por el crepitar de las llamas y por el acre olor del humo, había dado marcha atrás y había subido al piso de arriba.
¿Qué hacer?. El padre y la madre se miraron desesperados, las dos hermanas se pusieron a gritar. Aventurarse en aquel horno, todo llamas y humo, era ya imposible…Y los bomberos tardaban.
Pero de pronto, arriba de todo, se abrió la ventana de la buhardilla y el niño
se asomó gritando de desesperación:
– ¡Papá! ¡Papá
El padre corrió y gritó:
– ¡Salta! ¡Tírate!
Mirando abajo, el niño sólo veía fuego y humo negro, pero sintió la voz y respondió:
– Papá, no te veo
– Te veo yo, y basta. ¡Tírate!
El niño saltó y se encontró sano y salvo en los brazos robustos de su padre, que le cogió al vuelo. Y todos se sintieron felices.
Tomado de P. Diego Millán
EL JAPONÉS QUE QUERÍA CREER
Reflexión sobre cómo apreciamos lo que creemos… da qué pensar…
Ocurrió en un pueblecito turístico de España, alrededor de los años setenta. Era sábado por la tarde y en la ermita del pueblo, un monaguillo preparaba la Sta. Misa. De pronto, apareció por allí un turista oriental, cámara en ristre y con el aire un poco despistado que es típico en estos visitantes. Se quedó durante un rato observando las hermosas pinturas románicas de la iglesia, sacó un par de fotos y, al cabo de un rato, reparó en el monaguillo. Le llamó especialmente la atención como, cada vez que pasaba delante del altar, el pequeño hacía una genuflexión.
-¿Por qué haces eso? – preguntó al fin.
-¿Por qué hago, el qué? –preguntó el chaval, sin saber a lo que se refería el turista…
-Pues… porque, cada vez que pasas por aquí, te arrodillas.
-Ah… ¡Hombre, pues porque ahí-señalando al Sagrario- está Dios…!-contestó el monaguillo, como la cosa más evidente del mundo.
-¿Dios…? El turista se quedó pensando por un momento, mirando el Tabernáculo con los ojos entrecerrados.
Al fin, dijo:
-Si yo creyese que mi Dios está ahí, no solamente me arrodillaría al pasar delante de él, sino que entraría de rodillas en la iglesia, sin levantar la cara del suelo.
Y nunca más volvería a salir de aquí.
Tomado de Anecdonet
ANÉCDOTA
PHOTISMOS
«La vida [de Jesús] es la luz de los hombres» (Jn 1,4): no solamente el bautismo, si no también los demás sacramentos pueden ser llamados (como en la Iglesia antigua) photismos, iluminación. Dispensar vida y dar luz a una existencia oscura, es en la Iglesia una misma y única acción.
Hans Urs von Balthasar
LUZ DE LA PALABRA Comentarios a las lecturas dominicales A-B-C
“TRANCADAS” LAS PUERTAS
El evangelista alude a dos situaciones distintas: en primer lugar, al miedo de los discípulos, que se encuentran en una casa con las puertas cerradas, algo más que cerradas, atrancadas (en griego, kekleismenôn); en segundo lugar, a la presencia de Jesús en medio de ellos; el evangelista no se detiene en describir cómo entró el resucitado. Se limita a constatar que «entró, haciéndose presente en medio de ellos». De esta frase no podemos deducir el modo como entró: si por la puerta, una vez abierta por los discípulos, o a través de ella, estando cerrada, como se ha afirmado con frecuencia en la predicación. En todo caso, y mientras no se demuestre lo contrario, hemos de suponer lo primero.
Tomado de Jesús Peláez,
Laotra lectura de los evangelios II, Ciclo C, Ediciones El Almendro,
AQUELLA COMUNIDAD Y LAS NUESTRAS
Cuando se escribe el cuarto Evangelio, en torno al año 100, han cesado las «apariciones pascuales». Y la fe no podía depender de una experiencia como aquellas, que por otro lado, no muchos tuvieron. Aquella comunidad, inmersa en una cultura filosófica griega que exigía comprobaciones, razonamientos, pruebas y evidencias no podía simplemente invitar a «creer» porque otros lo dijeran. Eso podría más bien llamarse «credulidad», o lo que antes se llamaba «la fe del carbonero».
Aquella situación no es muy diferente de la nuestra: No es suficiente «creer» porque nos lo digan otros o nos lo cuenten los evangelios. Pero tampoco podemos aportar pruebas concluyentes sobre aquel acontecimiento de la Resurrección de Jesús. ¿Entonces?
Por una parte hace falta una mínima «confianza» en la veracidad de lo que la Comunidad cristiana nos cuenta (su testimonio). Y por otra parte, necesitamos una experiencia personalde que el Resucitado está vivo y afecta a mi vida. ¿Cómo es esto?
Si la desconfianza y la incredulidad o el rechazo son mi punto de partida… es muy improbable llegar a la fe. Algunas pocas veces ha ocurrido en nuestra historia. Por eso se vuelve indispensable más que las palabras, el testimonio de vida de los actuales seguidores de Jesús, cómo viven, transformados por la presencia del Señor Resucitado. Las lecturas de hoy nos ofrecen claves importantes sobre cómo ha de ser la Comunidad del Resucitado:
§ La cercanía a los «heridos» y crucificados de hoy, «tocar sus llagas» en los sufrientes y crucificados de hoy. Eso que el Papa llama una Iglesia «hospital de campaña», una «Iglesia samaritana», una Iglesia que se va a buscar a los descartados.
§ Una Iglesia comunidad de hermanos que comparten y reparten lo que tienen, y se aman entre sí. El libro de los Hechos de los Apóstoles lo explica suficientemente.
§ Una Iglesia «misericordiosa», que quiere, procura y sabe reconciliar y perdonar; que pone la compasión y la misericordia por encima de las leyes, y al servicio de las personas.
§ Una Iglesia instrumento de Paz (Francisco de Asís), que sabe dialogar, acoger, comprender, acompañar, hacerse presente en los conflictos para tender puentes.
§ Una Iglesia que no se encierra en sí misma, que sale a las periferias, que pone en el centro al Señor, y no a sí misma; que huye del clericalismo para ser Pueblo de Dios, comunidad fraterna y de servicio mutuo. Una Iglesia valiente, en la que no faltan los mártires.
Tomado de Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
TOMÁS
Parece ser que no formaba parte del grupo de pescadores. Debió tener otro oficio. El nombre de Tomás es arameo, pero siempre se cita con su traducción griega, «Dídimo» (Mellizo). Este dato nos indica que probablemente poseía una formación griega, lo que le haría más dado a reflexionar desde la lógica y el racionalismo que caracterizó al pensamiento helenístico. Por las veces que aparece en el evangelio de Juan, gozaba de un cierto prestigio en el grupo de discípulos por su actitud realista y por la cautela en no aceptar sin más las afirmaciones.
Jesús le tenía en gran estima, puesto que le dedica una aparición en exclusiva a él, mostrándolo como símbolo de lo que podía ocurrir con muchos cristianos de épocas posteriores.
Es muy interesante la expresión que dice Tomás para reconocer a Jesús como Señor Resucitado: «¡Señor mío y Dios mío!» Esta expresión nos ha llegado cargada de resonancias religiosas. Es fácil entender que, tras introducir los dedos en las llagas de las manos y en las heridas del costado, Tomás se convence de que Jesús en persona ha resucitado. Sin embargo esta expresión cumple también una segunda misión: la de afirmar que el único Señor es Jesús. Y esto es así porque la frase puesta en labios de Tomás, es la misma frase con la que exigía ser saludado y reconocido Domiciano, emperador de Roma, atribuyéndose rasgos divinos. Los primeros cristianos, al poner esta frase están reivindicando que el único Señor es Jesús resucitado… y no el emperador. A fin de cuantas los gobernantes -tanto los de antes como los de ahora- siguen siendo hombres y mujeres limitados, aunque los actuales se endiosen manejando los medios de comunicación y las redes sociales. La tradición dice que este apóstol extendió el evangelio en Oriente, concretamente en Madrás (India), donde ya existían comunidades cristianas hacia el siglo II.
La redacción del evangelio trasciende la fi gura histórica de Tomás… Tomás está ahí para que el evangelista subraye una «bienaventuranza» dicha para el futuro: «Dichosos los que crean sin haber visto». Esta frase es una nueva «bienaventuranza» para todos aquellos cristianos que no habían conocido Jesús de Nazareth, y sin embargo creían en él. Unas palabras que tienen honda resonancia en nosotros que hemos creído en Jesús sin haberle conocido físicamente.
Tomado de Tiempo Interior
«DOMINGO II DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA».
La tercera edición oficial del Misal Romano (año 2002) le da a este domingo el nombre de «Domingo II de Pascua o de la divina misericordia». Lo cual no significa ninguna fiesta nueva, ni ningún cambio en los textos del domingo. Es antigua tradición en diversas liturgias (como en la hispánica) distinguir los domingos con un título que alude a sus contenidos: «el domingo de Lázaro», o «de la samaritana», o «del Buen Pastor». A este mismo domingo otros le llaman «domingo de Tomás». Desde muy antiguo, se le ha llamado también «dominica in albis», porque en Roma, durante toda esta octava, los neófitos conservaban el vestido blanco que habían recibido en el Bautismo de la Noche pascual, y el domingo de la octava se despojaban de él: por eso se llamaba a este domingo «in albis», o sea, «in albis deponendis», «el domingo en que se despojan ya de los vestidos blancos». Por influencia de una santa polaca, Faustina Kowalska, se ha generalizado en Polonia, y después en otras partes, esta «devoción a la divina misericordia». Pero el decreto con que se estableció el nuevo nombre de este domingo, el año 2000, indica claramente que seguimos celebrando la Pascua del Señor, precisamente en su día octavo, y que no cambian los textos bíblicos ni las oraciones de este domingo.
La donación del Espíritu y la misión tienen un contenido muy importante: «a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (este es el motivo por el que desde la Iglesia de Polonia se ha pedido que este domingo se llame también «de la misericordia divina»).
Tomado de Aldazabal
A NIVEL DE USUARIO
La tecnología y la informática forman parte de nuestra vida: ordenadores, móviles, tabletas, aplicaciones, altavoces inteligentes… Nos hemos acostumbrado a todo eso y lo utilizamos, pero la gran mayoría de nosotros lo hacemos a nivel de usuario; si tuviéramos que explicar cómo funciona esa tecnología, no sabríamos y, aunque nos lo expliquen, tampoco lo acabamos de comprender. Sin embargo, esa falta de comprensión no significa que rechacemos la tecnología y la informática; al contrario, aunque no la comprendamos, la utilizamos con normalidad en nuestro día a día.
Tomado de ACG
MIRAR A JESÚS
Cierto día, el Cardenal Weisman discutía con un inglés utilitarista sobre la existencia de
Dios. A los argumentos del religioso, respondía el inglés con mucha flema: “No lo veo, no lo veo”.
Entonces, el Cardenal tuvo un rasgo ingenioso. Escribió en un papel la palabra “Dios” y
colocó sobre ella una moneda. Le preguntó:
– ¿Qué ves?
– Una moneda.
– ¿Nada más?
Muy tranquilo, el Cardenal quitó la moneda, y le preguntó de nuevo:
– Y ahora, ¿qué ves?
– Veo a Dios.
– Entonces, ¿qué es lo que te impide ver a Dios?
El inglés se calló como un muerto. El dinero, a veces, nos impide ver a Dios y a Jesús.
Tomado de Parábolas.org
CHISTE
ME LLAMO LIPE
¿Cómo te llamas? Preguntó el cura
- Lipe
¿Lipe de Felipe?
Si padre, Felipe era mi nombre pero me cansé de pedir a Dios hasta que perdí la Fe.
Ahora soy Lipe
POEMA
QUIERO CREER
Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver
quiero creer.
Te vi, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé
y, limpio de culpa vieja,
sin velos te pude ver.
Quiero creer.
Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire fiel,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.
Quiero creer.
Limpia mis ojos cansados,
deslumbrados del cimbel,
lastra de plomo mis párpados
y oscurécemelos bien.
Quiero creer.
Ya todo es sombra y olvido
y abandono de mi ser.
Ponme la venda en los ojos.
Ponme tus manos también.
Quiero creer.
Tú que pusiste en las flores
rocío, y debato miel.
filtra en mis secas pupilas
dos golas, frescas de fe.
Quiero crece
Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ser,
creo en Ti y quiero creer.
Gerardo Diego
Tomado de Motivaciones.org
ORACIÓN
DAME DE TU PAZ, SEÑOR
Aquella que viene del cielo, que es azul y sólida
que me recuerda que es posible un orden nuevo
con unas metas y miras más altas.
DAME DE TU PAZ, SEÑOR
La que nace de un costado
que, traspasado por una lanza,
me enseña que –la paz- es consecuencia
de una vida entregada, con renuncias,
con valor y con un corazón regalándose
DAME DE TU PAZ, SEÑOR
La paz que, en manos traspasadas por clavos,
me insinúa que, la fraternidad,
sólo será posible cuando existan brazos abiertos
ojos que miren con mirada de hermanos
con pisadas que ayuden e indiquen el camino
a la gente que se encuentra perdida.
DAME DE TU PAZ, SEÑOR
No me des la paz que anuncia la televisión
No me des la paz que se confunde con una tregua
No me des la paz en la que siempre pierden los mismos
No me des la paz que orquesta el mundo.
Yo, Señor, quiero tu paz:
La paz que respeta a todos
La paz que nace desde lo más profundo del cielo
La paz que es consecuencia del amor
La paz que es fuente del calor del corazón
La paz que es alegría de tu ser resucitado
DAME DE TU PAZ, SEÑOR
Esa paz que, todavía, muchos no conocen
Esa paz que, algunos, no desean porque les viene grande
Esa paz que, por ser celestial, sólo la puedes ofrecer Tú
desde la cruz y por tu Resurrección
DAME DE TU PAZ, SEÑOR
Tan diferente de la que ofrecen los pacifistas
Tan gigante que deja diminuta a la de la tierra
Tan inalcanzable que sólo Tú la puedes ofrecer
Tan duradera que sólo Dios la puede firmar
Tan necesaria que, por nosotros mismos,
nunca la podremos conquistar
DAME DE TU PAZ, SEÑOR
Y, si no puedes dármela Señor,
reina en mis entrañas
Vive en mi corazón y….sé que entonces
yo seré artífice de tu paz.
Amén.
Javier Leoz
MEDITACIÓN
RAZONES PARA RESUCITAR
Sólo Dios puede crear,
pero nosotros podemos revalorizar lo creado
¡Aleluya!
Sólo Dios puede dar la vida,
pero nosotros podemos transmitirla
y defenderla
¡Aleluya!
Sólo Dios puede dar la fe,
pero nosotros podemos dar testimonio de ella.
¡Aleluya!
Sólo Dios puede infundirnos esperanza,
pero nosotros podemos devolverle confianza.
¡Aleluya!
Sólo Dios puede dar el amor,
pero nosotros podemos demostrárselo
a nuestros hermanos.
¡Aleluya!
Sólo Dios es plenamente alegre,
pero nosotros podemos sonreír.
¡Aleluya!
Sólo Dios puede otorgarnos la paz,
pero nosotros podemos vivir unidos
¡Aleluya!
Sólo Dios puede dar fortaleza,
pero nosotros podemos ser el apoyo y consuelo de muchos
¡Aleluya!
Sólo Dios es el camino,
pero nosotros podemos enseñárselo a otros.
¡Aleluya!
Sólo Dios es la luz,
pero nosotros podemos ser su lámpara
¡Aleluya!
Sólo Dios puede hacer milagros
pero nosotros podemos llevar los cinco panes y dos peces.
¡Aleluya!
Sólo Dios puede hacer lo imposible,
pero nosotros podemos hacer todo lo posible.
¡Aleluya!
Sólo Dios puede bastarse a sí mismo.
pero ha preferido necesitarnos a nosotros
¡Aleluya!
Tomado de Alforjas de Pastoral
CANTO
Aleluya pascual nicomontero
Cree en Mí P. Pedro Pablo Celis
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela








