I Domingo de Adviento

CITA

Ya, pero todavía no”.

«Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti,

que hiciera tanto por el que espera en él.»

(Is 64,3)

San Agustín, «Pero, ¿cómo podremos alegrarnos en el Señor si El está tan lejos de nosotros? ¿Lejos? No. El no está lejos, a menos que tú mismo le obligues a alejarse de ti. Ama y lo sentirás cercano. Ama y El vendrá a habitar en ti» (Serm. 21, 1-4; CCL 41, 278).

Voy a declararte, como hombre santo de Dios y sincerísimo hermanó, mi opinión sobre este punto. Hay que evitar dos errores en cuanto el hombre puede evitarlos: creer que el Señor vendrá más pronto o más tarde de cuando en realidad vendrá. Me parece que yerra, no el que reconoce su ignorancia, sino el que se imagina saber lo que no sabe.

Adhiérete, ¡oh hombre!, a Dios, por quien fue hecho el hombre; adhiérete a él; presume de él, invócale, sea él tu fuerza. (Sermones (2º) (t. X). Sobre los Evangelios Sinópticos, Sermón 97, 1-4, BAC Madrid 1983, 646-50)

san Benito, “Levantémonos de una vez, ya que la Escritura nos exhorta y nos dice: Ya es hora de levantarnos del sueño (Rm 13,11). Abramos los ojos a la luz divina, y oigamos con oído atento lo que diariamente nos amonesta la voz de Dios…” (Regla, Prólogo, 8-9).

San Gregorio Magno «Vela el que tiene los ojos abiertos en presencia de la verdadera luz; vela el que observa en sus obras lo que cree; vela el que ahuyenta de sí las tinieblas de la indolencia y de la ignorancia». ().

San Basilio: “¿Qué es lo propio del cristiano? Vigilar cada día y cada hora, y estar pronto para cumplir perfectamente lo que es agradable a Dios, sabiendo que a la hora en que no pensamos llegará el Señor” (Regole Morali, LXXX 22,869).

San Bernardo: “Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquellas son visibles, pero ésta no… Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última”.

Santo Tomás: «El Señor viene de dos maneras. En el fin del mundo vendrá para todos en general. Pero vendrá para cada uno en particular en el fin de su propia vida, es decir, en su muerte. (…) Por lo tanto, su venida es doble: en el fin del mundo y, también, en la muerte, y ambas quiso que fueran inciertas» Super Evangelium S. Matthaei lectura, caput 24, lectio 4

«De tal modo te hallarás en la Segunda Venida, cual te hallares en la primera» Ibid.

Santa Teresa de Jesús que habla del sueño, de velar y orar, descansando en el pecho del Señor: «Nunca te acuestes en la cama soñoliento, sino muy despierto en el deseo del Señor; y, a ejemplo de la esposa, busca a Dios de noche en tu cama.

Tomás de Kempis No hay felicidad, Señor, si Tú nos dejas de tu mano. No hay saber alguno si Tú no nos guías, ninguna fuerza es válida si Tú no la proteges. Ningún desvelo por nuestra parte vale para nada si no está con nosotros tu santa vigilancia. Si nos abandonas, nos hundimos, perecemos; pero si estás con nosotros, nos salvamos y vivimos».()

Vaticano II: «Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía» (Dei Verbum, 2).

Catecismo n.524 Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida. ().

John Henry Newman: “Vigilar con Cristo es mirar adelante sin olvidar el pasado. Es no olvidar que Él ha sufrido por nosotros; es perdernos en la contemplación atraídos por la grandeza de la redención. Es renovar continuamente en el propio ser la pasión y la agonía de Cristo; es revestirnos con alegría de aquel manto de aflicción con el que Cristo quiso primero vestirse y después dejarlo para irse al cielo. Es despegarse del mundo sensible y vivir en el no sensible. Así Cristo vendrá y lo hará en el modo en que lo dijo que lo hará» (Diario spirituale e meditazione, 93).

San Josemaría Escrivá Perseveraréis si sois piadosos, si rezáis jaculatorias, si estáis pendientes del Señor. La vida interior, la piedad es necesaria para la perseverancia: seréis piadosos si tratáis al Corazón de Cristo y al Corazón de nuestra Madre con una oración continua.

San Juan Pablo II, La vigilancia no es otra cosa que el esfuerzo sistemático para quedar cercanos a Dios y no permitir su alejamiento. Significa estar constantemente dispuestos al encuentro. (29-11-1981)

Benedicto XVI, Podríamos decir que el Adviento es el tiempo en el que los cristianos deben despertar en su corazón la esperanza de renovar el mundo, con la ayuda de Dios. (27-11-2005)

«Dios viene». Si prestamos atención, se trata de un presente continuo, es decir, de una acción que siempre tiene lugar: está ocurriendo, ocurre ahora y ocurrirá una vez más. En cualquier momento, «Dios viene». Anunciar que «Dios viene» significa, por lo tanto, anunciar simplemente al mismo Dios, a través de uno de sus rasgos esenciales y significativos: es el «Dios-que-viene». (Domingo I de Adviento, 4 de diciembre 2006).

«…Adviento invita a los creyentes a tomar conciencia de esta verdad y a actuar coherentemente. Resuena como un llamamiento provechoso que tiene lugar con el pasar de los días, de las semanas, de los meses: ¡Despierta! ¡Recuerda que Dios viene! ¡No vino ayer, no vendrá mañana, sino hoy, ahora! El único verdadero Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y Jacob, no es un Dios que está en el cielo, desinteresándose de nosotros y de nuestra historia, sino que es el Dios-que-viene…» (Sentido del Adviento, 17 de diciembre de 2003).

Rainer María Rilke, «Todo lo que es frenético pasará pronto», (Sonetos a Orfeo).

José Luis Sicre ¿En qué consiste la vigilancia? Se sugiere con muy pocas palabras: «dio a cada uno de sus criados su tarea».

Víctor Frankl: “Todo hombre es hijo de su Pasado, no su esclavo, y padre de su futuro”.

B. Maggioni «Vigilar significa estar constantemente alertas, despiertos, a la espera. Significa vivir una actitud de servicio, a disposición del amo que puede volver en cualquier momento. Implica lucha, esfuerzo, renuncia. No es en modo alguno falta de compromiso o indiferencia» ().

Alessandro Pronzato Con la primera venida de Cristo, el Reino de Dios ha llegado YA, está presente aquí, ahora, en medio de nosotros, en la tierra. Por tanto, hay algo peor que estar dormidos. Y es el no darse cuenta de una presencia. El Pan Del Domingo Ciclo B

R. Schnackenburg Puede ser antes de lo que uno espere, pero también más tarde de lo que se cree. «De repente» se presta a las dos hipótesis.

J. Aldazabal El Adviento significa despertar. Abrir los ojos para descubrir a ese Dios cercano: a ese Jesús, el Mesías, que está en lo más íntimo de nosotros mismos, en la historia de cada día, en los nuevos rumbos de la Iglesia… No es que Xto tenga que «venir». Él «está» siempre ahí. Los que «no estamos» somos nosotros, distraídos por mil cosas. Misa Dominical 1978/22

Felipe Borau El auténtico Adviento procede del interior. Dabar/93/01

Mario Santana Bueno, La persona que no sabe esperar desespera y se desespera…

CONTO

RECUÉRDAMELO

En las zonas ricas de la ciudad los ricos contrataban vigilantes nocturnos para que vigilaran sus propiedades. Un día, al anochecer, un rabino, salió a dar un paseo por el bosque. Cuando volvió a casa atravesó la zona rica y un vigilante le echó el alto.

Lo siento, rabino, no le reconocí en la oscuridad. El rabino sonrió y le preguntó: ¿para quién trabajas?

El vigilante se lo dijo y luego le preguntó y ¿usted para quién trabaja esta noche?

Sorprendido, el rabino tartamudeó: «En este momento no estoy trabajando para nadie».

Conversaron durante un rato y de pronto el rabino se paró y mirando fijamente al vigilante le dijo: «quiero contratarte».

¿A mí? Yo sólo soy un vigilante. No sé nada de rabinos ni de religión. Yo sólo vigilo las cosas de mi amo. ¿Qué es lo que yo podría hacer por usted?

Exactamente lo mismo, dijo el rabino. Lo que a mí me importa es mi alma y para protegerla debo trabajar para Dios.

Pero ¿cuál sería exactamente mi trabajo?

«Recordármelo», le dijo el rabino.

Tomado de P, Félix Jiménez

ANÉCDOTA

ADVENTUS

Palabra latina que podría traducirse por «llegada», «venida», «presencia». En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico que indicaba la llegada de un funcionario, en particular la visita de reyes o emperadores a las provincias, pero también podía utilizarse para la aparición de una divinidad, que salía de su morada oculta y así manifestaba su poder divino: su presencia se celebraba solemnemente en el culto.

Los cristianos, al adoptar el término «Adviento», quisieron expresar la relación especial que los unía a Cristo crucificado y resucitado. Él es el Rey que, al entrar en esta pobre provincia llamada tierra, nos ha hecho el don de su visita y, después de su resurrección y ascensión al cielo, ha querido permanecer siempre con nosotros: percibimos su misteriosa presencia en la asamblea litúrgica.

Tomado de Benedicto XVI, (30-11-2008)

“MARANATHÁ”,

Que aparece en 1 Co 16, 22; también en Didajé (X, 6) escrito hacia los años 65-80. “Sí, vengo pronto. Amén. Ven, Se￱or Jesús”, que leemos en Apocalipsis (22, 20). “El Se￱or est£ cerca” (Filipenses 4,5). Y Santiago (5, 8) dice: “la venida del Se￱or se acerca”. Esta expresi￳n “Maranath¢” formada por dos palabras arameas, era muy frecuente en la primitiva comunidad cristiana. Según como se pronuncie, se puede entender como una invocaci￳n de súplica: “¡Ven, Se￱or!”; o como una certeza de fe: “el Se￱or viene, el Se￱or est£ cerca”. Con ella los primeros cristianos recordaban al Señor Jesús que vino en el pasado, imploraba su salvación en el presente; y, teniendo a Cristo como guía y como meta, encaminaba su esperanza hacia la plenitud final.

Tomado de Mariano Esteban Caro

. VAMPIROS

Hay una característica del sueño que no se aplica a la vida, la ausencia de responsabilidad. Puedes haber matado o robado en sueños; te despiertas y no hay rastro de culpa; tu certificado de antecedentes penales está sin mancha. No así en la vida; bien lo sabemos. Lo que uno hace en la vida deja huella, ¡y qué huella! Está escrito de hecho que «Dios dará a cada cual según sus obras» (Romanos 2,6).

En el plano físico hay sustancias que «inducen» y ayudan a conciliar el sueño; se llaman somníferos y son bien conocidos por una generación como la nuestra, enferma de insomnio. También en el plano moral existe un terrible somnífero. Se llama hábito. El hábito es como un vampiro. El vampiro –al menos según cuanto se cree– ataca a las personas que duermen y, mientras les chupa la sangre, a la vez les inyecta una sustancia soporífera que hace experimentar aún más dulce el dormir, de modo que el desafortunado se hunde cada vez más en el sueño y el vampiro le puede chupar toda la sangre que quiera. También el hábito en el vicio adormece la conciencia, por lo que uno ya no siente ni siquiera remordimiento; cree estar muy bien y no se percata de que está muriendo espiritualmente.

La única salvación, cuando este «vampiro» se te ha pegado encima, es que llegue algo de improviso para despertarte del sueño. Esto es lo que se determina a hacer con nosotros la palabra de Dios con esos gritos de despertar que nos hace oír tan frecuentemente en Adviento: «¡Velad!».

Tomado de Rainiero Cantalamessa

MANTENER LA POSICIÓN

En las antiguas Ordenanzas del ejército español estaba este breve artículo: El Oficial que recibiere la orden de mantener su posición, a toda costa lo hará. Tampoco caben vacilaciones en los hombres de Dios.

Tomado de Anecdotas y catequesis

PERSEVERANCIA

San Josemaría Escrivá al hablar de perseverancia trae la imagen del borrico de noria: ¡Bendita perseverancia, llena de fecundidad, del pobre borrico de noria!: siempre lo mismo, monótna mente, escondido y despreciado, a su paso humilde…, sin querer saber que son sus sudores el aroma de la flor, la hermosura del fruto en sazón, fresca sombra de los árboles en el estío: la lozanía toda del huerto, y todo el encanto del jardín.

Ésta es la historia del borrico de noria. Empieza una jornada de trabajo. La misma noria de todos los días, la misma presión de los arreos, el mismo trayecto circular. El borrico conoce ya hasta los menores declives del terreno que pisa, porque día tras día, desde el alba hasta la noche, sus vueltas a la noria son iguales. La tierra cambia de aspecto, crecen las flores, se renueva el follaje de los árboles. Y el trabajo del borrico es siempre el mismo: ayer, hoy, mañana… Hay para él un tiempo único: el de consumir su esfuerzo junto a la noria. Quizá la hora de la muerte le encuentre así, en medio de una vuelta que será idéntica a todas las demás. Pero el borrico sabe que lo importante no es la novedad o el brillo de su trabajo; lo importante es la canción del agua que riega las plantas, y el huerto que reverdece mientras el borrico, día tras día, año tras año, va dejando su vida en las vueltas de la noria.

SAN DAMIÁN DE VEUSTER fue a Molokai, la isla maldita del archipiélago Hawii, para evangelizar a los leprosos. Al poco tiempo de estar en aquel infierno de la tierra escribe: Comenzar no es difícil, la dificultad es perseverar. Y persevera aun reconociendo que le cuesta. La vista de mis queridos leprosos resulta repugnante… Un día, durante la Misa solemne estuve a punto de abandonar el altar para respirar aire puro; el recuerdo de Nuestro Señor al abrir la tumba de Lázaro me retuvo.

Tomado de Anecdotas y catequesis

TUMBA DE ESCOTO ERÍGENA

Hay una interesante inscripción en la tumba de Escoto Erígena en Colonia, que dice: Semel sepultus bis mortuus : una doble muerte precedió su entierro. No hay un viajero sobre cien que entienda el misterio de amor que ocultan estas palabras.

Después de la muerte no hay remedio para una vida malvada. Pero antes de la muerte hay remedio; consiste en morir para nosotros mismos, con lo cual seguimos la ley de la inmolación que es la ley del universo entero. No hay otra forma de penetrar en una vida superior, salvo morir en la inferior; no hay posibilidad de que el hombre goce de una existencia ennoblecida en Cristo, a menos que se arranque a sí mismo de su antiguo Adán. Para aquel que vive una vida de mortificación en Cristo, la muerte no llega nunca como un ladrón subrepticio en la noche, porque es él el que la toma de sorpresa. Morimos diariamente para aprender a morir, y también para poder morir.

Nos guste o no, no hay forma de eludir esta verdad, «así como fue sentenciado a los hombres morir una sola vez, después de lo cual viene el juicio» (Hebreos 9, 27). Así como nuestros parientes y amigos se reúnen alrededor de nuestro ataúd y se preguntan: «¿Cuánto dinero dejó?», se preguntarán los ángeles: «¿Cuánto se llevó consigo?»

Tres destinos posibles nos esperan al morir:

El Infierno: Dolor sin Amor.

El Purgatorio: Dolor con Amor.

El Paraíso: Amor sin Dolor.

(Mons. F. Sheen “Conozca la Religión”, Emecé Editores-Buenos Aires, pág. 123 y ss.)

“CARTAS DEL DIABLO A SU SOBRINO”

C. S. Lewis, el famoso escritor irlandés converso de comienzos del siglo pasado y gran amigo de J. R. R. Tolkien, es el autor de la ingeniosas “Cartas del Diablo a su Sobrino” en las cuales el viejo demonio Escrutopo da consejos a su sobrino Orugario acerca de cómo tentar a los hombres y así mejor llevarlos por el camino del mal. Citemos un fragmento de la Carta I: “Mi querido Orugario: (…) ¿no estarás pecando de ingenuo? Parece como si creyeses que los razonamientos son el mejor medio de librarle (al hombre) de las garras del Enemigo (…) Incluso si una determinada línea de pensamiento se puede retorcer hasta que acabe por favorecernos, te encontrarás con que has estado reforzando en tu paciente la funesta costumbre de ocuparse de cuestiones generales y de dejar de atender exclusivamente al flujo de sus experiencias sensoriales inmediatas. Tu trabajo consiste en fijar su atención en este flujo. Enséñale a llamarlo «vida real», y no le dejes preguntarse qué entiende por «real». Recuerda que no es, como tú, un espíritu puro. Al no haber sido nunca un ser humano (¡oh, esa abominable ventaja del Enemigo!), no te puedes hacer idea de hasta qué punto son esclavos de lo ordinario (…) ¿Empiezas a captar la idea? Gracias a ciertos procesos que pusimos en marcha en su interior hace siglos, les resulta totalmente imposible creer en lo extraordinario mientras tienen algo conocido a la vista. No dejes de insistir acerca de la normalidad de las cosas (…) Acuérdate de que estás ahí para embarullarle…Tu cariñoso tío, Escrutopo”

(Lewis, C. S, Cartas del Diablo a su Sobrino, Ed. Rialp, Madrid, 1998).

El demonio, en efecto, busca tentarnos en lo ordinario, en el ámbito de “la normalidad de las cosas”. Sabe perfectamente que somos “esclavos de lo ordinario” No buscará manifestaciones visibles estridentes, sabe que no le conviene. Buscará “embrollarnos” en el trajín de los eventos cotidianos, que seamos personas “ocupadísimas” y “preocupadísimas” para no dar lugar así a la necesaria pausa interior que nos permita re-encontrar a Dios que habita en en nuestro corazón. Y sin embargo, el Señor sigue insistiendo, sigue golpeando la puerta de nuestro corazón aunque nuestro ruido tape aquellos golpes. Como dice aquel hermoso fragmento del Apocalipsis en su carta a la Iglesia de Laodicea: “Yo estoy junto a la puerta y llamo, si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Ap 3, 20). De alguna manera, el tiempo del Adviento busca crear en nosotros esa “pausa” inerior, ese “dejar de hacer ruido”, para escuchar al Señor que viene y golpea nuestra puerta.

Tomado de Domingo Alberto Soria en Mercaba

LA SOBRIEDAD O “VIGILANCIA DEL CORAZÓN”.

Hay una virtud propia que consiste en ese “estar prevenidos”, en ese “estar atentos” a la voz del Señor que nos está llamando, en esa “huída” del embarullamiento de las cosas ordinarias (cfr. Lewis) para entrar en la celda de nuestro propio corazón. Se trata de una virtud o más bien de una actitud interior tomada de la espiritualidad oriental: la sobriedad (nepsis) o “vigilancia del corazón”. ¿En qué consiste? Uno podría pensar en el sentido cotidiano que se da al término “sobriedad”, en cuanto a lo opuesto a la ebriedad. Sobria sería entonces la persona que está en estado de lucidez, por oposición al ebrio o beodo. Ciertamente que es así. Pero la sobriedad tiene también un significado espiritual más profundo y para entenderlo será preciso recurrir al inagotable tesoro de la espiritualidad de los Padres del Desierto.

El movimiento monástico nace en Egipto y Palestina previamente a la paz de Constantino. Se considera a San Antonio Abad el padre de los monjes. Ya a finales del s. III hay testimonio de hombres que se retiraban a la soledad del desierto para llevar una vida de oración y penitencia. Los llamados “anacoretas” se establecieron primeramente cerca de Alejandría en el desierto de Libia, al sudoeste en Nitria, y más lejos en Escete. Hacia el sur, por el curso del Nilo, San Pacomio (346) había establecido las primeras comunidades cenobíticas. Asimismo se comenzaron a poblar de monjes las regiones que van del Nilo al Mar Rojo, la costa mediterránea, desde Alejandría hasta Gaza, la península del Sinaí y Palestina. Algunos de los grandes exponentes de la espiritualidad oriental fueron Antonio Abad, como dijimos, Pacomio, Basilio, Juan Casiano, Evagrio Póntico, Macario, entre otros.

A grandes rasgos podríamos decir que la espiritualidad de los padres del desierto concibe la vida interior del monje como un combate interior entre la carne (sarx) y el espíritu (pneuma). Para ganar este combate, primeramente hay que combatir los hábitos del hombre viejo y destruir el desorden de las pasiones; en segundo lugar hay que combatir contra los llamados “demonios”. Y puesto que los enemigos son invisibles, se trata de un combate invisible, interior y, por lo tanto, audaz y peligroso.

El arma que usan los demonios son los “logismoi”, es decir los “malos pensamientos”, las “tentaciones”, que por lo general al principio se presentan bajo una “buena apariencia”. Allí está precisamente la astucia del enemigo que se presenta de un modo solapado. Los maestros han distinguidos entre ocho logismoi o “vicios capitales”, como los llamará Casiano.

Uno de los puntos principales de este combate consiste en la posibilidad de distinguir los malos espíritus de los buenos. En saber qué realmente proviene de Dios y qué proviene del enemigo. Pues los demonios buscarán tentar de modo que la tentación no sea manifiestamente mala sino que se presente bajo una buena apariencia (de allí lo de la carta de Lewis citada más arriba). Para poder hacer esa necesaria distinción existe un arma fundamental: el “discernimiento de los espíritus”. Dicho discernimiento o “discreción” (diakrisis) es ante todo de carácter espiritual. Ya San Pablo lo había mencionado: “Ruego que vuestra caridad crezca en conocimiento y en toda discreción, para que sepáis discernir lo mejor”.

Pero ciertamente que alcanzar el don del discernimiento conlleva tiempo y esfuerzo, por eso lo monjes jóvenes que aún no lo poseen deben acudir a aquellos maestros que ya cuentan con él, y aquí aparece otra arma fundamental: la dirección espiritual. Es preciso manifestarle al director no sólo los pecados sino los “logismoi”, es decir los pensamientos, las inclinaciones, los impulsos y las sugestiones.

Junto al discernimiento espiritual y a la dirección espiritual tenemos entonces para este combate espiritual la tercer arma mencionada: la sobriedad (nepsis) o “vigilancia del corazón”.

¿En qué consiste esta sobriedad? El término “nepsis” pertenece al vocabulario técnico de la espiritualidad oriental, proviene del verbo “nephein” y alude, como hemos dicho, al estado de sobriedad, por oposición al “methyein” que designa al estado de embriaguez. Esta doctrina está presente entre los padres del desierto desde los primeros tiempos y consiste precisamente en ese “estar atentos” a los movimientos del enemigo ya desde su inicio para evitar que nos tome por sorpresa.

Dicha vigilancia vendría a ser también como un ayuno o abstinencia espiritual. Es decir, el contenerse de alimentar el espíritu con elementos ajenos al crecimiento espiritual para permanecer espiritualmente libres y despejados ante la aparición de los pensamientos y tentaciones y para poder distinguir los buenos de los malos pensamientos, cosa propia del discernimiento espiritual como hemos visto. Así como nadie puede conducir estando ebrio, en el orden espiritual, sería imposible conducir nuestra vida por un camino de conversión si estamos “llenos” de cosas mundanas, si solo vivimos para este mundo en medio de la superficialidad de lo que implica la actitud del meramente “pasarla bien”.

Vemos entonces que la sobriedad alude al estar atentos a los movimientos del enemigo. Pero este combate no debe consistir en un mero ejercicio (ascesis) de auto-superación personal sino que tiene como fin disponer el espíritu para que tomemos conciencia de la inhabitación de Dios en él. En vivir aquella actitud propia de todo cristiano que debe siempre estar en oración (1 Pe 4, 7) para así poder “permanecer en Cristo” (Jn 15, 4). Por eso también la sobriedad tiene una connotación propia para el tiempo del Adviento. En efecto, el Evangelio de este domingo pronuncia tres veces la misma frase: “Estén prevenidos”, que es lo mismo que decir “estén atentos”, “estén vigilantes”, “no se duerman”, (como en la parábola de las vírgenes necias y prudentes), porque viene el Señor, ya está ahí, a la puerta. El Señor ha venido en el tiempo en la humildad de la carne y vendrá en la Parusía en gloria y majestad. Pero entre ambas venidas el Señor viene a nuestro interior, quiere habitar en nosotros. Viene ante todo en el Sacramento Eucarístico y nos va configurando con El. Es ese Cristo que como dijo el papa Benedicto XVI: “No quita nada y lo da todo”.

Por eso será propio de este tiempo vivir aquella sobriedad enseñada por los antiguos maestros de espiritualidad. ¿Cómo vivirlas? Acaso uno corre la tentación de compararse con aquellos padres del desierto y verse muy lejos de su estado. Pero no nos apuremos. Hay que ir despacio. Sepamos ver que también en nosotros se da el combate interior que ellos describían. Pensemos además que en su época no existían todos los elementos de distracción que hoy existen como la televisión, la computadora, el mp3, las revistas, etc. Dios no espera de nosotros que seamos San Antonio Abad (¿por qué lo vamos a esperar nosotros entonces?) pero sí que, en la medida de nuestras propias capacidades, utilicemos los medios que San Antonio Abad utilizó para santificarse con la gracia de Dios. Y uno de esos medios es la sobriedad descripta. Cada uno puede preguntarse: ¿Qué cosas acaparan hoy mi atención? ¿Qué cosas son la fuente de mis preocupaciones e inquietudes? ¿Cuáles son las cosas que me quitan la paz interior, que me “embarullan”? Y en las respuestas que con absoluta franqueza demos a esas preguntas hallaremos la clave (difícil) para comenzar a practicar la sobriedad espiritual.

Tomado de Domingo Alberto Soria en Mercaba

«NOCH NICHT SEIN»

Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» -que eso significa la palabra-, el «noch nicht Sein» que diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»… Ateo como era, Bloch construyó toda su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza… Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real no es la realidad misma, sino sus posibilidades»…

“NO HAY SANTO SIN PASADO, NI PECADOR SIN FUTURO”

Esta frase es a veces atribuida a San Agustín, pero en realidad pertenece al libro Persian Rosary (1929) del autor persa estadounidense Ahmad Sohrab.

Tomado de Aciprensa

CHISTE

ASI NO HAY QUIEN DUERMA

– ¡Pepe, Pepe, despierta!

– ¡Qué! ¡Qué quieres!

Y dice la mujer:

– ¡Que se te han olvidado las pastillas para dormir!

POEMA

«Buscando mis Amores

iré por esos montes y riberas;

ni cogeré las flores,

ni temeré las fieras,

y pasaré los puentes y fronteras».

San Juan de la Cruz

HIMNO AL MESÍAS VENIDERO

Baja otra vez al mundo,

baja otra vez, ¡Mesías!

De nuevo son los días

de tu alta vocación;

y en su dolor profundo

la humanidad entera

el nuevo oriente espera

de un sol de redención .(…)

Baja, ¡oh Señor!; no en vano

siglos y siglos vuelan (…)

¿Quién dijo, Dios clemente,

que Tú no volverías? (…)

Sí, Tú vendrás. Vencidos

serán con nuevo ejemplo

los que del santo templo

apartan a tu grey.

Vendrás, y confundidos

caerán con los ateos

los nuevos fariseos

de la caduca ley. (…)

Ya pasarán los siglos

de la tremenda prueba;

¡ya nacerás, luz nueva

de la futura edad!…

Ya volverás, ¡Mesías!

en gloria y majestad.

Gabriel García Tassara (1817-1875)

ORACIÓN

DIOS DEL ADVIENTO

Dios de los imposibles posibles,

te damos gracias

porque nos anuncias un año más

realidades que parecen sueños:

habitar el lobo con el cordero,

convivir todos los pueblos en paz,

brotar un renuevo del tronco casi seco…

Dios de los imposibles posibles,

despierta nuestro corazón

para que se abra a esta palabra de esperanza y futuro

que llega de muy lejos y de muy cerca:

de tu corazón, al lado del mío, Dios de la vida.

Dios de los imposibles posibles,

te damos gracias porque nos pones por tarea

hacer nuevo el corazón

para así hacer nueva la creación.

En tu Hijo Jesús, que viene, que llega,

ya está todo lo nuevo inaugurado y cumplido.

Te damos gracias porque podemos escuchar

ésta tu llamada de Adviento:

lo imposible es posible…

Tomado de Iglesia de Navarra

«Jesús,

hazme hablar siempre

como si fuese la última

palabra que digo.

Hazme actuar siempre

como si fuese la última

acción que hago.

Hazme sufrir siempre

como si fuese el último

sufrimiento que tengo

para ofrecerte.

Hazme rezar siempre

como si fuese la última

posibilidad

que tengo aquí en la tierra

de hablar contigo.»

José María Martín OSA

www.betania.es

MEDITACIÓN

VIGILANCIA. VIGILA TUS PENSAMIENTOS

Vigila tus PENSAMIENTOS, pues éstos se convierten en

PALABRAS

Vigila tus PALABRAS, pues éstas se convierten en

ACCIONES.

Vigila tus ACCIONES, pues éstas se convierten en

HÁBITOS

Vigila tus HÁBITOS, pues éstos conforman tu CARÁCTER,

Vigila tu CARÁCTER, pues éste se convierte en tu

destino.

Tomado de Anecdonet

Me despojo de mis vestidos (mis ambiciones),

me quito el reloj (mi horario),

me saco la pluma del bolsillo (mis planes),

dejo también mis llaves (mi seguridad),

para estar sólo contigo, el único verdadero Dios.

Y después de estar contigo….

me visto mi ropa para andar por tus caminos,

me coloco el reloj para vivir al compás de tu tiempo,

me pongo los lentes para ver el mundo a tu modo,

vuelvo a tomar la pluma para escribir tus pensamientos

y tomo mis llaves para poder abrir tus puertas.

Graham Kings

Tomado de Angel Calvo, ·En otras palabras

CANTO

Restáuranos, Señor del Universo (Salmo 79) | Athenas

Kairoi – No Durmáis

NO DURMAIS (Antonio Alcalde)

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela