
CITA
“Amaras al Señor tu Dios”…Deuteronomio 6,5y “Amaras a tu prójimo”…Levítico 19,18
San Agustín, «Un ala es “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Pero no te quedes con un ala; pues si crees tener un ala sola, no tienes ninguna. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. “Si no amas a tu hermano a quien ves, ¿cómo puedes amar a Dios a quien no ves?” (1 Jn 4,20). Busca, pues, otra ala, y así volarás, así te despegarás de la codicia de lo terreno y fijarás tu amor en lo celeste. Y mientras te apoyas en ambas alas, tendrás arriba el corazón, para que el corazón elevado arrastre arriba a su carne a su debido tiempo» (Sermón 68,13).
«El amor es una perla preciosa que, si no se posee, de nada sirven el resto de las cosas, y si se posee, sobra todo lo demás». Sermón sobre Epístola de San Juan.
«Cuanto más amo, me siento todavía más deudor» (Epístola 192)
«Conocemos en la medida en que amamos».
S. Ireneo, Las palabras del Decálogo persisten también entre nosotros (cristianos). Lejos de ser abolidas, han recibido amplificación y desarrollo por el hecho de la venida del Señor en la carne. (haer. 4, 16, 3-4).
«Desde el comienzo, Dios había puesto en el corazón de los hombres los preceptos de la ley natural. Primeramente se contentó con recordárselos. Esto fue el Decálogo, el cual, si alguien no lo guarda, no tendrá la salvación, y no les exigió nada más» (Adversus haereses, 4, 15, 1).
Bernardo de Claraval, La frase en cuestión, la escribió no Agustín de Hipona, y está en el prólogo del primer capítulo del tratado De diligendo Deo (sobre el deber de amar a Dios), compuesto después de 1126 y no antes de los años 30 del siglo XII. La frase completa es así:
Quieres que te diga por qué y cómo debemos amar a Dios. En una palabra: el motivo de amar a Dios es Dios. ¿Cuánto? Amarle sin medida. ¿Así de sencillo? Sí, para el sabio.
San Bernardo «encontrar el corazón del prójimo en el propio corazón».
San Basilio Magno, «Digamos en primer lugar que Dios nos ha dado previamente la fuerza necesaria para cumplir todos los mandamientos que él nos ha impuesto, de manera que no hemos de apenarnos como si se nos exigiese algo extraordinario, ni hemos de enorgullecernos como si devolviésemos a cambio más de lo que hemos recibido. Si usamos adecuada y rectamente de estas energías que se nos han otorgado, entonces llevaremos con amor una vida llena de virtudes; en cambio, si no las usamos debidamente, habremos viciado su finalidad». (de la Regla monástica mayor)
San Francisco de Asís, Amemos todos con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con toda la fuerza y poder, con todo el entendimiento, con todas las energías, con todo el empeño, con todo el afecto, con todas las entrañas, con todos los deseos y quereres, al Señor Dios… Primera regla, § 23
San Buenaventura, «En el estado de pecado, una explicación plena de los mandamientos del Decálogo resultó necesaria a causa del oscurecimiento de la luz de la razón y de la desviación de la voluntad» (In quattuor libros Sententiarum, 3, 37, 1, 3).
San Antonio de Padua «Ámate tal cual. Aquel que te ha amado te ha hecho. Despréciate tal como tú te has hecho. Sométete a Aquel que está por encima de ti. Desprecia lo que está por debajo de ti. Ámate de la misma manera que te ha amado Aquel que se entregó por ti. Despréciate por haber despreciado eso que Dios ha hecho y ha amado en ti… ¿Quieres tener siempre a Dios en tu espíritu? Mírate tal como Dios te ha hecho. No busques ser otro que tú mismo, no quieras ser otro que ese que Dios te ha hecho. De esta manera tendrás siempre a Dios en tu espíritu».
San Ignacio: «Dame sólo tu amor y tu gracia, eso me basta».
San Alfonso María de Ligorio, Para poder amar mucho a Dios en el cielo, es necesario, en primer lugar, amarlo mucho en la tierra. Octavo Discurso para la Novena de Navidad
Haz que te ame y que yo sea amado por Ti; no deseo ni desearé otra cosa.
Santo Tomás de Aquino, Cuando es amado el hombre, es amado Dios ya que el hombre es imagen de Dios.
San Juan de la Cruz: «A la tarde nos examinarán en el amor»
Santa. Teresa, «Amémonos mucho»
“Acá, solas estas dos cosas nos pide el Señor: amor de su Majestad y del prójimo; es en lo que hemos de trabajar. Guardándolas con perfección es como hacemos su voluntad… La más cierta señal que, a mi parecer, hay de si guardamos estas dos cosas, es guardando bien la del amor del prójimo; porque si amamos a Dios, no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender que le amamos; más el amor del prójimo, sí. Y estad ciertas que mientras más en éste os viereis aprovechadas, más lo estáis en el amor de Dios; porque es tan grande el que su Majestad nos tiene, que en pago del que tenemos al prójimo, hará que crezca el que tenemos a su Majestad por mil maneras: en esto yo no puedo dudar.” (Moradas, V)
S. Francisco de Sales, «Algunos cifran la perfección en la austeridad de la vida; otros, en la oración; quiénes, en la frecuencia de sacramentos y quiénes, en el reparto de limosnas; más todos se engañan, porque la perfección estriba en amar a Dios de todo corazón, pues las restantes virtudes, sin caridad, son solamente montón de escombros. Y si en este santo amor no somos perfectos, culpa nuestra es, pues no acabamos de entregarnos por completo a Dios». (citado por S. Alfonso Mª. de Ligorio en «Práctica del amor a Jesucristo»)
Don Bosco: «Mi pedagogía es hija del amor. ¿Queréis que os amen? Pues, entonces, tenéis que amar. Y eso solo no basta, debéis ir un paso más allá. No sólo debéis amar a vuestros alumnos, sino que ellos deben también darse cuenta de ello. ¿Cómo se dará eso? Preguntad a vuestro corazón, que él lo sabe».
Sto. Cura de Ars, “Sí, nuestra única ocupación acá en la tierra es la de amar a Dios: es decir, comenzar a practicar lo que haremos durante toda la eternidad. ¿Porqué hemos de amar a Dios? Pues porque nuestra felicidad consiste, y no puede consistir en otra cosa, que en el amor de Dios. De manera que si no amamos a Dios, seremos constantemente desgraciados; y si queremos disfrutar de algún consuelo y de alguna suavidad en nuestras penas, solamente lo lograremos recurriendo al amor de Dios. Si queréis convenceros de ello, id a buscar al hombre más feliz según el mundo; si no ama a Dios, veréis cómo en realidad no deja de ser un gran desgraciado. Y, por el contrario, si os encontráis con el hombre más infeliz a los ojos del mundo, veréis cómo, amando a Dios, resulta dichoso en todos conceptos. ¡Dios mío! ¡Abridnos los ojos del alma! Y así buscaremos nuestra felicidad donde realmente podemos hallarla.” (“Sermones Escogidos” domingo XII después de Pentecostés)
D. Bonhoeffer, «¿Has vivido en el amor a Dios y a los hombres, o bien has vivido sólo para ti mismo?» (Memoria e fedelta, Qiqajon, Magnano 1995, 226-230, passim).
Simone Weil «la plenitud del amor al prójimo estriba simplemente en ser capaz de preguntarle: “¿cuál es tu tormento?” (…)
Rahner-K escribía que cuando amamos de verdad al prójimo, no sólo estamos cumpliendo un mandamiento, sino que «sucede realmente aquel acontecimiento último y verdaderamente único en nuestra vida en el que el hombre llega de forma realmente inmediata a Dios mismo… Allí donde el hombre se libera verdaderamente de sí mismo y ama al prójimo en un absoluto desinterés, se ha topado verdaderamente con el misterio silencioso e indecible de Dios».
Monloubou «El que se sabe amado, está muy cerca de amar él mismo»
Hans Urs Von Balthasar El primer amor que Dios me ha demostrado: la gracia de haber sido creado por él, de ser hijo suyo, me obliga no sólo a proclamar esta prueba del amor divino, no solamente a «decir» este amor al más humilde de mis hermanos, sino también, en la medida de lo posible, a demostrárselo. LUZ DE LA PALABRA Comentarios a las lecturas dominicales A-B-C Ediciones ENCUENTRO.MADRID-1994.Pág. 113 s.
San Josemaría Escrivá: «Hemos de portarnos como hijos de Dios con los hijos de Dios» Es Cristo que pasa, 36.
Catecismo de la Iglesia Católica, El Decálogo debe ser interpretado a la luz de este doble y único mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley. (2055)
«La culminación de todas nuestras obras es el amor. Ese es el fin; para conseguirlo, corremos; hacia él corremos; una vez llegados, en él reposamos (S. Agustín)» (1829).
«O nos apartamos del mal por temor del castigo y estamos en la disposición del esclavo, o buscamos el incentivo de la recompensa y nos parecemos a mercenarios, o finalmente obedecemos por el bien mismo del amor del que manda…y entonces estamos en la disposición de hijos (S. Basilio, reg. fus. prol.3)»
Juan Pablo I Debemos amar “a Dios y al hombre”. Pero nunca al hombre más que a Dios, contra Dios o tanto como a Dios. En estos términos, el amor de Dios es superior, pero no exclusivo ().
San Juan Pablo II, “Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen […] Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión” (FC 11).
Benedicto XVI, Los santos –pongamos por ejemplo a la beata Teresa de Calcuta- en su encuentro con el Señor en la Eucaristía, han sacado toda su capacidad de amar al prójimo de manera siempre nueva y, recíprocamente, este encuentro ha adquirido todo su realismo y toda su profundidad precisamente gracias a su servicio a los otros.
El amor crece con el amor. El amor es «divino» porque viene de Dios y nos une a Dios y, a través de este proceso de unificación, nos transforma en un Nosotros, que sobrepasa nuestras divisiones y nos hace llegar a ser uno hasta que, al final, Dios sea «todo en todos». Carta Encíclica «Deus caritas est» n. 18.
Papa Francisco, Amar a Dios en los hermanos es amar a los hermanos en Dios.
No se puede amar a Dios sin amar al prójimo y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios. Ángelus(26-10-2014)
¿Cómo es tu fe? Mi fe es como yo amo. (Ibid)
“Si quieres llegar al corazón de Dios, toma el camino de la misericordia”
«Quien ama, no sólo evita hablar demasiado de sí mismo, sino que además, porque está centrado en los demás, sabe ubicarse en su lugar sin pretender ser el centro». Exhortación Amoris Laetitia
P. Raniero Cantalamessa, Jesús nos ha puesto delante de un espejo al que no podemos mentir; nos ha dado una medida infalible para descubrir si amamos o no al prójimo. Sabemos muy bien, en cada circunstancia, qué significa amarnos a nosotros mismos y qué querríamos que los otros hicieran por nosotros.
Louis Evely el verdadero templo de Dios es el hombre. El verdadero culto es el servicio del hombre
Tony de Mello «Debes comprender que, al igual que la música, la vida está hecha de sentimiento y de instinto, más que de normas». ()
Javier Gafo A esto estamos llamados los cristianos: a vivir en el amor. No a amar a éste o a aquél, sino a vivir en un amor que penetre todas nuestras actitudes y relaciones humanas. El que vive en el amor no puede amar a uno y odiar a otro, sino que el amor moldea todas sus relaciones. Palabras en el corazon/a Mensajero/burgos 1992.pág. 243 ss.
Pagola “Jesús establece una estrecha conexión entre el amor a Dios y el amor al prójimo. Son inseparables. No es posible amar a Dios y desatenderse del hermano”.
F. Jalics «La única forma de reconocer con seguridad nuestra relación con Dios es reunir y revisar todas nuestras relaciones humanas. Lo que existe en estas relaciones, también existe en nuestra relación con Dios. (…) Mientras menosprecie a una sola persona, desprecio también a Dios. (…) Mientras ignore o envidie a una sola persona, ignoro o envidio también a Dios. (…) Esta identificación de las relaciones entre los hombres y Dios es la única forma de saber cómo la fe está o no plenamente arraigada en la vida.» ()
El amor al prójimo como a sí mismo es inseparable del amor a Dios, porque el prójimo es mi hermano al ser hijo del mismo Padre, que lo ama como a mí. No podemos no amar a quien Dios ama. P. Félix Castro Morales
El amor de Dios y el amor al prójimo son dos hojas de una puerta que sólo pueden abrirse y cerrarse juntas. Sören Kierkegaard
El camino del amor a Dios y a los demás, es la senda auténtica de la vida feliz. P. Llucià Pou Sabaté
El cristiano entra en la iglesia para amar a Dios y sale para amar al prójimo. Autor desconocido
Si alguno dice ‘amo a Dios’ y odia a su hermano, es un mentiroso; porque quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve (1 Jn 4,20)
Si Dios es amor…, ama a Dios el que ama el amor…, y ama al amor el que ama al hermano… Cuando amamos al hermano con amor verdadero…, le amamos con un amor que viene de Dios… Y el que no ama al hermano, no está en el amor…, y el que no está en el amor no está en Dios porque Dios es amor… San Agustín de Hipona
Si quieres amar a Cristo…, extiende tu amor a todo el mundo…, porque los miembros de Cristo están por todo el mundo… San Agustín de Hipona
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Amor y Amar
«El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente. Por esto precisamente, Cristo Redentor (…) revela plenamente el hombre al mismo hombre.» (Papa San Juan Pablo II, Encíclica Redemptor hominis, n. 10, 4 de marzo de 1979).
Amar a Dios, al prójimo e incluso a los enemigos
«En respuesta a la pregunta que le hacen sobre cuál es el primero de los mandamientos, Jesús responde: «El primero es: “Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No existe otro mandamiento mayor que éstos» (Mc 12, 29-31).» (Catecismo de la Iglesia Católica, n.2196)
«Como el Padre ha entregado al Hijo por amor, y el Hijo se entregó por el mismo amor, también nosotros podemos amar a los demás como Dios nos ha amado, dando la vida por nuestros hermanos. La fe en el Dios bueno se convierte en bondad, la fe en Cristo Crucificado se convierte en fuerza para amar hasta el final y hasta a los enemigos. La prueba de la fe auténtica en Cristo es el don de sí, el difundirse del amor por el prójimo, especialmente por el que no lo merece, por el que sufre, por el que está marginado.» (Papa Francisco, Mensaje para XXII Jornada Mundial del Enfermo, 2014)
«“Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos” (Mt 5, 11-12). También hoy amar “hasta el extremo” quiere decir estar dispuestos a afrontar esfuerzos y dificultades por Cristo. Significa no temer ni insultos ni persecuciones, y estar dispuestos a “amar a nuestros enemigos y rogar por los que nos persigan” (cf. Mt 5, 44). Todo esto es don de Cristo, que por todos los hombres se ofreció a sí mismo como víctima en el altar de la cruz.» (Papa San Juan Pablo II, Audiencia general, 11-4-2001)
Amar es… / Mas allá de la muerte
«“Amar es desear el bien a alguien” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 1-2, q. 26, a. 4, c)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1766).
“Poder amar es un don de Dios, y debemos pedirlo” (Papa Francisco, Audiencia general, 15-3-2017).
“Amar la vida es ocuparse siempre del otro, querer su bien, cultivar y respetar su dignidad trascendente” (Papa Francisco, Discurso a los participantes en el Encuentro organizado por la Asociación Ciencia y Vida, 30-5-2015).
“Porque amar no es sólo un sentimiento; es un acto de voluntad que consiste en preferir de manera constante, por encima del propio el bien, el bien de los demás: “Nadie tiene mayor amor, que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15,13).” (Papa San Juan Pablo II, XIX Jornada Mundial de la Juventud, 2004, n. 5).
«En efecto, pensamos justamente que amar hasta el fin signifique hasta la muerte, hasta el último aliento. Sin embargo, la última Cena nos muestra que, para Jesús, “hasta el fin” significa más allá del último aliento. Mas allá de la muerte.» (Papa San Juan Pablo II, Homilía en la Misa «In Cena Domini», 12-4-1979)
Dios es amor / El Espíritu Santo, Amor-Persona
«Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16)
“El amor es la esencia de Dios mismo, es el sentido de la creación y de la historia, es la luz que da bondad y belleza a la existencia de cada hombre. Al mismo tiempo, el amor es, por decir así, el «estilo» de Dios y del creyente; es el comportamiento de quien, respondiendo al amor de Dios, plantea su propia vida como don de sí mismo a Dios y al prójimo. En Jesucristo estos dos aspectos forman una unidad perfecta: él es el Amor encarnado. Este Amor se nos reveló plenamente en Cristo crucificado. Al contemplarlo, podemos confesar con el apóstol san Juan: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él» (cf. 1 Jn 4, 16; Deus caritas est, 1).” (Papa Benedicto XVI, Ángelus, 31-1-2010).
«Al estar en el origen de todos los demás dones concedidos a las creaturas, el Espíritu Santo, Amor-Persona, Don increado, es como una fuente (fons vivus), de la que deriva todo en la creación; es como un fuego de amor (ignis caritas), que lanza destellos de realidad y de bondad a todas las cosas (dona creata). Se trata del don de la existencia concedida, mediante el acto de la creación y de la gracia, a los ángeles y a los hombres en la economía de la salvación. Por esto, el apóstol Pablo escribe: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5, 5).» (Papa San Juan Pablo II, Audiencia general, 21-11-1990)
«Esa es la doctrina de Oriente y de Occidente, que el Papa León XIII tomaba de la tradición y sintetizaba en su encíclica sobre el Espíritu Santo, donde se lee que el Espíritu Santo “es la divina bondad y el recíproco Amor del Padre y del Hijo” (cf. DS 3326). Pero, para concluir, volvamos una vez más a san Agustín: “El Amor es de Dios y es Dios: por tanto, propiamente es el Espíritu Santo, por el que se derrama la caridad de Dios en nuestros corazones, haciendo morar en nosotros a la Trinidad… El Espíritu Santo es llamado con propiedad Don, por causa del Amor” (De Trinitate, XV, 18, 32: PL 42, 1082 – 1083). Por ser Amor, el Espíritu Santo es Don.» (Papa San Juan Pablo II, Audiencia general 14-11-1990).
“Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen […] Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión” (Papa San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiris consortio, n. 11).
Él nos amó primero. Un amor que nos precede, nos busca, nos alcanza, nos desafía, nos introduce en el misterio de Dios y nos transforma
«Jesús desea que el Espíritu Santo estalle como el fuego en nuestro corazón, porque sólo partiendo del corazón el incendio del amor divino podrá extenderse y hacer progresar el Reino de Dios.» (Papa Francisco, Ángelus, 14-8-2016)
«Cristo nos amó primero, nos amó a pesar de nuestro pecado y nuestra debilidad humana. Él nos hizo dignos de su amor, que no tiene límites y no acaba jamás. Es un amor definitivo y perfectísimo, pues Cristo nos redimió con su preciosísima sangre.» (Papa San Juan Pablo II, Homilía, 10-6-1999)
«Efectivamente, el amor es don y es mandamiento: es un don de Dios, porque El nos amó primero (cf. 1 Jn 4, 10) y es también el mandamiento fundamental de todo el orden moral. Como dije en la homilía de la Misa para las familias, el 12 de octubre del año pasado: «Cumplir el mandamiento del amor significa realizar todos los deberes de la familia cristiana: la fidelidad y la honestidad conyugal, la paternidad responsable y la educación. La ‘pequeña iglesia’ —la iglesia doméstica— significa la familia que vive en el espíritu del mandamiento del amor: su verdad interior, su esfuerzo diario, su belleza espiritual y su fuerza». Mas para vivir de tal modo este poema de amor y do unidad, tenéis necesidad absolutamente de orar.» (Papa San Juan Pablo II, Discurso al Movimiento Nuevas Familias, 3 de mayo de 1981)
«Queridos hermanos y hermanas, la misericordia nunca puede dejarnos tranquilos. Es el amor de Cristo que nos “inquieta” hasta que no hayamos alcanzado el objetivo; que nos empuja a abrazar y estrechar a nosotros, a involucrar, a quienes tienen necesidad de misericordia para permitir que todos sean reconciliados con el Padre (cf. 2 Co 5,14-20). No debemos tener miedo, es un amor que nos alcanza y envuelve hasta el punto de ir más allá de nosotros mismos, para darnos la posibilidad de reconocer su rostro en los hermanos. Dejémonos guiar dócilmente por este amor y llegaremos a ser misericordiosos como el Padre.»
El amor es la vocación fundamental
«“El amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano” (FC 11)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2392).
El arte de amar
«Cada día se debe aprender el arte de amar. Escuchad: Cada día se debe aprender el arte de amar, cada día se debe seguir con paciencia la escuela de Cristo, cada día se debe perdonar y mirar a Jesús, y ello con la ayuda de este «Abogado», de este Consolador que Jesús nos ha enviado que es el Espíritu Santo.» (Papa Francisco, Regina Coeli, 21-5-2017)
«Los cristianos admiramos la belleza y cada momento familiar como el lugar donde de manera gradual aprendemos el significado y el valor de las relaciones humanas. «Aprendemos que amar a alguien no es meramente un sentimiento poderoso, es una decisión, es un juicio, es una promesa» (Erich Fromm, El arte de amar).» (Papa Francisco, Viaje apostólico – Estados Unidos de América: Discurso en la Fiesta de las familias y víspera de oración en el B. Franklin Parkway, Filadelfia, 26 de septiembre de 2015)
«María es la imagen ejemplar de todas las madres, de su gran misión como guardianas de la vida, de su misión de enseñar el arte de vivir, el arte de amar.» (Papa Benedicto XVI, Homilía en la Santa Misa en Valencia durante el V Encuentro Mundial de las Familias, 9 de julio 2006)
No se puede amar a Dios sin amar al prójimo y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios
Catecismo de la Iglesia Católica
«El Decálogo forma un todo indisociable. Cada una de las “diez palabras” remite a cada una de las demás y al conjunto; se condicionan recíprocamente. Las dos tablas se iluminan mutuamente; forman una unidad orgánica. Transgredir un mandamiento es quebrantar todos los otros (cf St 2, 10-11). No se puede honrar a otro sin bendecir a Dios su Creador. No se podría adorar a Dios sin amar a todos los hombres, que son sus creaturas. El Decálogo unifica la vida teologal y la vida social del hombre.» (n. 2069)
Papa Francisco
«Dios, que es amor, nos ha creado por amor y para que podamos amar a los otros permaneciendo unidos a Él. Sería ilusorio pretender amar al prójimo sin amar a Dios y sería también ilusorio pretender amar a Dios sin amar al prójimo. Las dos dimensiones, por Dios y por el prójimo, en su unidad caracterizan al discípulo de Cristo. Que la Virgen María nos ayude a acoger y testimoniar en la vida de todos los días esta luminosa enseñanza.» (Ángelus, 4-11-2018)
«No se puede amar a Dios sin amar al prójimo y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios. El Papa Benedicto nos dejó un bellísimo comentario al respecto en su primera encíclica Deus caritas est, (nn. 16-18).» (Ángelus, 26-10-2014).
«No se puede amar a Dios sin amar a los hermanos, no se puede amar a Dios fuera de la Iglesia; no se puede estar en comunión con Dios sin estarlo en la Iglesia, y no podemos ser buenos cristianos si no es junto a todos aquellos que buscan seguir al Señor Jesús, como un único pueblo, un único cuerpo, y esto es la Iglesia.» (Audiencia general, 25-6-2014)
Papa Benedicto XVI
«Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables y se encuentran en relación recíproca. Jesús no inventó ni el uno ni el otro, sino que reveló que, en el fondo, son un único mandamiento, y lo hizo no sólo con la palabra, sino sobre todo con su testimonio: la persona misma de Jesús y todo su misterio encarnan la unidad del amor a Dios y al prójimo, como los dos brazos de la Cruz, vertical y horizontal. En la Eucaristía Él nos dona este doble amor, donándose Él mismo, a fin de que, alimentados de este Pan, nos amemos los unos a los otros como Él nos amó.» (Ángelus, 4-11-2012)
Encíclica Deus Caritas est, nn. 16-18
Papa San Juan Pablo II
«Toda la tradición cristiana testimonia que no existe auténtico culto a Dios sin amor efectivo a los hermanos.» (Carta al Arzobispo de Lanciano-Ortona con motivo del Congreso Eucarístico Regional, 6 de agosto de 1999)
Papa San Pablo VI
«No es posible amar a Dios sin amar a los hermanos con toda el alma y todas las fuerzas.» (Mensaje a la Federación Mundial de las Asociaciones de las Naciones Unidas, 4 de mayo de 1971)
Sin amor no…
«Sin amor, no puedes dar tu vida por otra persona» (Papa Francisco, Conexión con la Estación Espacial Internacional, 26-10-2017)
«Sin amor no se puede vivir como hijos de Dios, como cónyuges, padres y hermanos.» (Papa Francisco, Carta al Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida para la preparación del IX Encuentro Mundial de las Familias (Dublín 21-26 agosto 2018), 25-3-2017)
«Quien vive la fe sin amor no está preparado para la boda y es arrojado fuera» (Papa Benedicto XVI, Homilía en la Santa Misa «in cena Domini», 21 de abril de 2011)
«Sólo el amor puede transformar los corazones, y sin amor no puede haber una reforma adecuada de las estructuras de la sociedad.» (Papa Sam Juan Pablo II, Viaje apostólico a Filipinas: Encuentro con las Religiosas en el Santuario nacional de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Baclaran, 7 de febrero de 1981)
El hombre no puede vivir sin amor
Papa Francisco
«Podremos tener todo, pero, queridos jóvenes, si falta la pasión del amor, faltará todo. ¡La pasión del amor hoy! ¡Dejemos que el Señor nos enamore y nos lleve hasta el mañana!» (Viaje apostólico a Panamá: Homilía en la Santa Misa para la Jornada Mundial de la Juventud, Campo San Juan Pablo II – Metro Park, 27 de enero de 2019)
«Nadie puede vivir sin amor. En cierto modo, detrás de muchas reacciones de odio y violencia se esconde un gran vacío interior, un corazón que no ha sido amado verdaderamente. Lo único que puede hacer feliz a una persona es la experiencia de amar y de ser amado.
El primer paso que da Dios hacia nosotros es su amor anticipado e incondicionado. Dios nos ama antes de que nosotros hayamos hecho algo para merecerlo. Él es amor, y el amor tiende por naturaleza a difundirse, a donarse. Como una madre, que no deja nunca de amar a su hijo, aunque haya cometido un error y deba cumplir con la justicia, así Dios nunca deja de amarnos, porque somos sus hijos queridos.
El amor llama al amor. Para cambiar el corazón de una persona, en primer lugar hay que abrazarla, que sienta que es importante para nosotros y que es querida. Así comenzará a despuntar también en ella el don de la esperanza.» (Audiencia general, 14-6-2017)
«El amor de Dios es su «sí» a toda la creación y al corazón de la misma, que es el hombre. Es el «sí» de Dios a la unión entre el hombre y la mujer, abierta a la vida y al servicio de ella en todas sus fases; es el «sí» y el compromiso de Dios con una humanidad a menudo herida, maltratada y dominada por la falta de amor. La familia, por lo tanto, es el «sí» del Dios Amor. Sólo partiendo del amor la familia puede manifestar, difundir y regenerar el amor de Dios en el mundo. Sin amor no se puede vivir como hijos de Dios, como cónyuges, padres y hermanos.» (Carta del Santo Padre al Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida para la preparación del IX Encuentro Mundial de las Familias, Dublín 21-26 agosto 2018, 30-3-2017)
«Sin amor, en efecto, incluso los dones más extraordinarios son vanos.» (Audiencia general, 6-11-2013)
Papa Benedicto XVI
«Una vida sin amor y sin verdad no sería vida» (Ángelus, 8-2-2009)
«En el interior de una persona sin amor reina la oscuridad.» (Homilía en la Santa Misa crismal, 5-4-2007)
«Una vida sin amor no es vida» (Homilía en la Santa Misa de la Fiesta del Bautismo del Señor, 8-1-2006)
Papa San Juan Pablo II
«Ningún niño puede vivir o formarse sin amor» (Discurso al séptimo grupo de obispos franceses en visita «ad Limina Apostolorum», 13-2-2004)
«La visión cristiana del matrimonio debe presentarse en toda su grandeza, subrayando que sin amor la familia no puede vivir, crecer y perfeccionarse como comunidad de personas, y que los esposos están llamados a crecer sin cesar en su comunión a través de la fidelidad diaria a la promesa de entrega mutua, total, única y exclusiva que conlleva el matrimonio. Por tanto, es necesario que la solicitud de la Iglesia se manifieste también mediante un acompañamiento discreto y delicado de las familias, que será una ayuda eficaz para afrontar y resolver los problemas de la vida conyugal.» (Discurso a los Obispos de la Conferencia Episcopal de Benin en visita «ad limina Apostolorum», 16 de junio de 2001)
«El hombre no puede vivir sin amor. Está llamado a amar a Dios y al prójimo, pero para amar verdaderamente debe tener la certeza de que Dios lo quiere.» (13-12-1994)
«El sentido de la vida, os dirá El, está en el amor. Sólo quien sabe amar hasta olvidarse de sí mismo para darse al hermano realiza plenamente la propia vida y expresa en el grado máximo el valor de la propia existencia terrena. Es la paradoja evangélica de la vida que se rescata perdiéndose (cf. Jn 12, 25), una paradoja que halla su luz plena en el misterio de Cristo muerto y resucitado por nosotros.» (Viaje apostólico a España: Discurso en la Vigilia con los jóvenes en el Monte del Gozo, n. 3.1, Santiago de Compostela, 19 de agosto de 1989)
[El cristiano] Sabe que, sin amor, una civilización va a su ruina. (Discurso al «grupo de espiritualidad» de las asambleas parlamentarias francesas, 3 de marzo de 1981)
«Sólo el amor puede transformar los corazones, y sin amor no puede haber una reforma adecuada de las estructuras de la sociedad. » (Viaje apostólico a Filipinas: Discurso en el Encuentro con las Religiosas en el Santuario nacional de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Baclaran, 17-2-1981)
«No podemos vivir sin amor. Si no encontramos amor, si no lo experimentamos y lo hacemos nuestro, y si no participamos íntimamente en él, nuestra vida carece de significado. Sin amor somos incomprensibles para nosotros mismos (cf.Redemptor hominis, 10).).» (Viaje apostólico a Estados Unidos: Alocución a las Religiosas en el Santuario de la Inmaculada Concepción de Washington, 7-10-1979)
«Sin amor, sin el verdadero gran Amor, no hay casa para el hombre sobre la tierra.» (Homilía en la Visita al Santuario de Loreto, 8-9-1979)
«El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente» (Encíclica Redemptor hominis, 10)
San Agustín
«Un conocimiento sin amor no nos salva» (In 1 Ep. Io. Tr. 2, núm. 8)
Necesitamos amar y ser amados
Papa Francisco
«Todos somos “mendicantes de amor” y experimentamos un gran deseo de amar y ser amados; pero al mismo tiempo encontramos que nuestro amor humano es débil e inconstante; es una promesa difícil de mantener, un intento que se seca rápido y se evapora, «como una nube mañanera, como el rocío que al alba desaparece», dice el profeta Oseas.
En cambio, el amor de Dios, nuestro Padre que está en los cielos, es diferente. Es un amor cercano, total y fiel; destinado a todos y a cada uno. Y aunque todos nuestros afectos terrenos se esfumaran, incluso el amor de nuestros padres, el amor de Dios permanece siempre. Es un amor del que no podemos dudar, porque la experiencia fundamental del cristiano es la certeza de saber que somos sus hijos amados.» (Audiencia general, 20-2-2019)
«Toda vocación cristiana, en este sentido, -ahora podemos ampliar un poco la perspectiva y decir que toda vocación cristiana, en este sentido-, es conyugal. El sacerdocio lo es porque es la llamada, en Cristo y en la Iglesia, a servir a la comunidad con todo el afecto, el cuidado concreto y la sabiduría que el Señor da. La Iglesia no necesita aspirantes al papel de sacerdotes, – no, no sirven, mejor que se queden en casa- sino que le sirven a hombres a quienes el Espíritu Santo toca el corazón con un amor incondicional por la Esposa de Cristo. En el sacerdocio se ama al pueblo de Dios con toda la paternidad, la ternura y la fuerza de un esposo y de un padre. Así también, la virginidad consagrada en Cristo se vive con fidelidad y alegría como una relación conyugal y fecunda de maternidad y la paternidad.
Repito: toda vocación cristiana es conyugal, porque es fruto del vínculo de amor en el que todos somos regenerados, el vínculo de amor con Cristo, como nos ha recordado el pasaje de san Pablo leído al principio. Partiendo de su fidelidad, de su ternura, de su generosidad, miramos con fe al matrimonio y a cada vocación, y entendemos el significado completo de la sexualidad.
La criatura humana, en su inseparable unidad de espíritu y cuerpo, y en su polaridad masculina y femenina, es una realidad muy buena, destinada a amar y ser amada. El cuerpo humano no es un instrumento de placer, sino el lugar de nuestra llamada al amor, y en el amor auténtico no hay espacio para la lujuria y para su superficialidad. ¡Los hombres y las mujeres merecen más que esto!» (Audiencia general, 31-10-2018)
«Hemos sido creados para amar y ser amados. Dios, que es amor, nos ha creado para hacernos partícipes de su vida, para ser amados por Él y para amarlo y para amar con Él a todas las demás personas. Este es el «sueño» de Dios para el hombre. Y para realizarlo necesitamos de su gracia, necesitamos recibir en nosotros la capacidad de amar que proviene de Dios mismo. Jesús se ofrece a nosotros en la Eucaristía precisamente por esto. En ella nosotros recibimos a Jesús en la expresión máxima de su amor, cuando Él se ofreció a sí mismo al Padre para nuestra salvación. Que la Virgen Santa nos ayude a acoger en nuestra vida el «gran mandamiento» del amor de Dios y del prójimo. De hecho, incluso si lo conocemos desde que éramos niños, no terminaremos nunca de convertirnos a ello y de ponerlo en práctica en las diversas situaciones en las que nos encontramos.» (Ángelus, 29-10-2017)
«Él [Cristo, el Señor] nos pide siempre dar un paso decidido y seguro hacia los hermanos, renunciando a la pretensión de ser perdonados sin perdonar, de ser amados sin amar.» (Viaje apostólico a Colombia: Homilía en la Santa Misa, Área portual del Contecar, Cartagena de Indias, 10 de septiembre de 2017)
«Cuando en la vida sucede que apuntamos bajo en vez de a lo alto, nos puede ser de ayuda esta gran verdad: Dios es fiel en su amor, y hasta obstinado. Nos ayudará pensar que nos ama más de lo que nosotros nos amamos, que cree en nosotros más que nosotros mismos, que está siempre de nuestra parte, como el más acérrimo de los «hinchas». Siempre nos espera con esperanza, incluso cuando nos encerramos en nuestras tristezas, rumiando continuamente los males sufridos y el pasado. Pero complacerse en la tristeza no es digno de nuestra estatura espiritual. Es más, es un virus que infecta y paraliza todo, que cierra cualquier puerta, que impide enderezar la vida, que recomience. Dios, sin embargo, es obstinadamente esperanzado: siempre cree que podemos levantarnos y no se resigna a vernos apagados y sin alegría. Es triste ver a un joven sin alegría. Porque somos siempre sus hijos amados. Recordemos esto al comienzo de cada día. Nos hará bien decir todas las mañanas en la oración: «Señor, te doy gracias porque me amas; estoy seguro de que me amas; haz que me enamore de mi vida». No de mis defectos, que hay que corregir, sino de la vida, que es un gran regalo: es el tiempo para amar y ser amado.» (Viaje apostólico a Polonia: Homilía en la Santa Misa para la Jornada Mundial de la Juventud en el Campus Misericordia, Cracovia, 31 de julio de 2016)
«No basta pasar por las «calles» digitales, es decir simplemente estar conectados: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura.» (Mensaje para la XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2014 – La comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro)
Papa Benedicto XVI
«Confiemos en que los deseos fundamentales del hombre de amar y ser amado, de encontrar significado y verdad ―que Dios mismo ha colocado en el corazón del ser humano― hagan que los hombres y mujeres de nuestro tiempo estén siempre abiertos a lo que el beato cardenal Newman llamaba la «luz amable» de la fe.» (Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2013 – Redes Sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización)
«Todo lo esencial de nuestra existencia nos ha sido donado sin nuestra aportación. El hecho de que yo viva no depende de mí; el hecho de que haya habido personas que me introdujeron en la vida, que me enseñaron qué es amar y ser amados, que me transmitieron la fe y me abrieron la mirada a Dios: todo es gracia; no es «fabricación propia». Por nosotros mismos nada habríamos podido hacer si no hubiera sido donado: Dios nos precede siempre y en cada vida existe lo bello y lo bueno que podemos reconocer fácilmente como su gracia, como rayo de luz de su bondad. Por esto debemos estar atentos, tener siempre abiertos los «ojos interiores», los de nuestro corazón. Y si aprendemos a conocer a Dios en su bondad infinita, entonces también seremos capaces de ver, con estupor, en nuestra vida —como los santos— los signos de ese Dios que está siempre cerca, que siempre es bueno con nosotros, que nos dice: «¡Ten fe en mí!».» (Visita pastoral a Sulmona – Homilía en la concelebración Eucarística en la Plaza Garibaldi, 4-7-2010)
«La prueba más fuerte de que hemos sido creados a imagen de la Trinidad es esta: sólo el amor nos hace felices, porque vivimos en relación, y vivimos para amar y ser amados. Utilizando una analogía sugerida por la biología, diríamos que el ser humano lleva en su «genoma» la huella profunda de la Trinidad, de Dios-Amor.» (Ángelus, 7-6-2009)
«Todos buscáis amar y ser amados. Tenéis que volver a Dios para aprender a amar y para tener la fuerza de amar. El Espíritu, que es Amor, puede abrir vuestros corazones para recibir el don del amor auténtico. Todos buscáis la verdad y queréis vivir de ella. Cristo es esta verdad. Él es el único Camino, la única Verdad y la verdadera Vida. Seguir a Cristo significa realmente “remar mar a dentro”, como dicen varias veces los Salmos. El camino de la Verdad es uno y al mismo tiempo múltiple, según los diversos carismas, como la Verdad es una y al mismo tiempo de una riqueza inagotable. Confiad en el Espíritu Santo para descubrir a Cristo. El Espíritu es el guía necesario de la oración, el alma de nuestra esperanza y el manantial de la genuina alegría.» (Viaje Apostólico a Francia: Discurso en la Vigilia de oración con los jóvenes en la plaza de la Catedral de Notre-Dame, París, 12 de septiembre de 2008).
«Queridos muchachos y muchachas, aprendamos de María a pronunciar nuestro «sí», porque ella sabe de verdad lo que significa responder con generosidad a lo que pide el Señor. María, queridos jóvenes, conoce vuestras aspiraciones más nobles y profundas. Conoce bien, sobre todo, vuestro gran anhelo de amor, vuestra necesidad de amar y ser amados. Mirándola a ella, siguiéndola dócilmente, descubriréis la belleza del amor, pero no de un amor que se usa y se tira, pasajero y engañoso, prisionero de una mentalidad egoísta y materialista, sino del amor verdadero y profundo.» (Visita pastoral a Loreto: Discurso en la Vigilia de oración con los jóvenes en la explanada de Montorso, 1 de septiembre de 2007)
Papa San Juan Pablo II
««Os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 40). Este pasaje evangélico, tan fundamental para comprender el servicio de la madre Teresa a los pobres, fue la base de su convicción llena de fe de que al tocar los cuerpos quebrantados de los pobres, estaba tocando el cuerpo de Cristo. A Jesús mismo, oculto bajo el rostro doloroso del más pobre de entre los pobres, se dirigió su servicio. La madre Teresa pone de relieve el significado más profundo del servicio: un acto de amor hecho por los hambrientos, los sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los prisioneros (cf. Mt 25, 34-36), es un acto de amor hecho a Jesús mismo.
Lo reconoció y lo sirvió con devoción incondicional, expresando la delicadeza de su amor esponsal. Así, en la entrega total de sí misma a Dios y al prójimo, la madre Teresa encontró su mayor realización y vivió las cualidades más nobles de su feminidad. Buscó ser un signo del «amor, de la presencia y de la compasión de Dios», y así recordar a todos el valor y la dignidad de cada hijo de Dios, «creado para amar y ser amado». De este modo, la madre Teresa «llevó las almas a Dios y Dios a las almas» y sació la sed de Cristo, especialmente de aquellos más necesitados, aquellos cuya visión de Dios se había ofuscado a causa del sufrimiento y del dolor.» (Homilía en la Misa de Beatificación de madre Teresa de Calcuta, 19 de octubre de 2003)
«¡Libres para amar! Queridos jóvenes, ¿quién no desea amar y ser amado? Pero para experimentar el amor sincero es preciso abrir la puerta del corazón a Jesús y recorrer la senda que él ha trazado con su vida misma: es la senda de la entrega de sí mismo. Aquí radica el secreto del éxito de toda verdadera llamada al amor, en particular de la llamada que nace de modo sorprendente en el corazón de un adolescente y lleva al matrimonio, al sacerdocio o a la vida consagrada.
Cuando un chico o una chica reconocen que el amor auténtico es un tesoro precioso, son capaces de vivir también su sexualidad según el proyecto divino, evitando seguir falsos modelos, lamentablemente con frecuencia promovidos y ampliamente difundidos.
Desde luego, se trata de una opción exigente, pero es la única que hace realmente libres y felices, porque realiza el deseo profundo que el Señor ha puesto en lo más íntimo de todo hombre y de toda mujer. Hay libertad verdadera donde habita el Espíritu de Cristo (cf. 2 Co 3, 17): ésta es la perenne juventud del Evangelio, que renueva a las personas, a las culturas y al mundo.» (Carta a los jóvenes de Roma con ocasión de la Misión ciudadana y del Jubileo de los jóvenes en el año 2000, n. 5, 8 de septiembre de 1997)
«Quiero recordaros las palabras que la madre Teresa de Calcuta dirigió a los participantes en la Conferencia internacional sobre «Población y desarrollo », convocada por la Organización de las Naciones Unidas en el Cairo, en 1994: «Os hablo desde lo más íntimo de mi corazón; hablo a cada hombre en todos los países del mundo: a las madres, a los padres y a los hijos en las ciudades, en los pueblos y en las aldeas. Cada uno de nosotros hoy se encuentra aquí gracias al amor de Dios que nos ha creado, y gracias a nuestros padres, que nos acogieron y quisieron darnos la vida. La vida es el mayor don de Dios. Por esto es triste ver lo que acontece hoy en tantas partes del mundo: la vida es deliberadamente destruida por la guerra, por la violencia, por el aborto. Y nosotros hemos sido creados por Dios para cosas más grandes: amar y ser amados. A menudo he afirmado, y estoy segura de ello, que el mayor destructor de la paz en el mundo de hoy es el aborto. Si una madre puede matar a su propio hijo, ¿qué podrá impedirnos a ti y a mí matarnos recíprocamente? El único que tiene derecho a quitar la vida es Aquel que la creó. Nadie más tiene ese derecho; ni la madre, ni el padre, ni el doctor, ni una agencia, ni una conferencia, ni un gobierno. (…) Me aterra el pensamiento de todos los que matan su propia conciencia, para poder cometer el aborto. Después de la muerte nos encontraremos cara a cara con Dios, Dador de la vida. ¿Quién asumirá la responsabilidad ante Dios por los millones y millones de niños a los que no se les dio la posibilidad de vivir, de amar y de ser amados? (…) Un niño es el don más grande para la familia, y para la nación. No rechacemos jamás este don de Dios».» (Viaje apostólico a Polonia: Homilía en la Misa en el santuario de San José, Kalisz, 4 de junio de 1997)
Pontificio Consejo para la Familia
«La persona es, sin duda, capaz de un tipo de amor superior: no el de concupiscencia, que sólo ve objetos con los cuales satisfacer sus propios apetitos, sino el de amistad y entrega, capaz de conocer y amar a las personas por sí mismas. Un amor capaz de generosidad, a semejanza del amor de Dios: se ama al otro porque se le reconoce como digno de ser amado. Un amor que genera la comunión entre personas, ya que cada uno considera el bien del otro como propio. Es el don de sí hecho a quien se ama, en lo que se descubre, y se actualiza la propia bondad, mediante la comunión de personas y donde se aprende el valor de amar y ser amado.» (Sexualidad Humana: Verdad y Significado, 8-12-1995)
Sólo el amor salva
«Sólo el amor es más fuerte que la muerte»
(Papa Francisco, Encuentro con los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas en la iglesia de Getsemaní, Jerusalén, 26-5-2014)
«Necesitamos el fuego del Espíritu Santo, porque sólo el Amor redime»
(Papa Benedicto XVI, Homilía en la Solemnidad de Pentecostés, 23-5-2010)
«Sólo el amor salva»
(Papa San Juan Pablo II, Audiencia general, 26-3-1980)
Tomado de Diócesis de Alcalá
CONTO
LOS DIEZ MANDAMIENTOS
…Y sucedió que un día en las puertas del cielo, se juntaron algunos cientos de almas, que eran las que anidaban en los hombres y mujeres que habían muerto ese día…
San Pedro, supuesto guardián de las puertas de entrada al paraíso, ordenaba el tráfico:
—Por indicación del “Capo” vamos a formar tres grandes grupos de huéspedes, a partir de la observancia de los diez mandamientos.
El primer grupo, con aquellos que hayan violado todos los mandamientos por lo menos una vez.
El segundo grupo, con aquellos que hayan violado por lo menos uno de los mandamientos alguna vez.. Y el último grupo, que suponemos el más numeroso, compuesto por aquellos que nunca en sus vidas hayan violado ni uno de los diez mandamientos.
—Bien –siguió San Pedro—. Los que hayan violado todos los mandamientos, córranse a la derecha.
Más de la mitad de las almas se corrieron a la derecha.
—Ahora –proclamó—, de los que quedan, aquellos que hayan violado alguno de los mandamientos, córranse hacia la izquierda.
Todas las almas que quedaban se desplazaron a la izquierda…Casi todas…De hecho todas, menos una.
Quedó en el centro el alma que había sido de un buen hombre, que vivió toda su vida en el camino de los buenos sentimientos, de los buenos pensamientos y de las buenas acciones.
San Pedro se sorprendió, solamente un alma quedaba en el grupo de las mejores almas.
De inmediato, llamó a Dios para notificarlo.
—Mira, el asunto es así: si seguimos el plan original ese pobre tipo que quedó en el centro, en lugar de beneficiarse por su beatitud, se va a aburrir como una ostra en la soledad más extrema. Me parece que debemos hacer algo al respecto.
Dios se paró frente al grupo y les dijo:
—Aquellos que se arrepientan ahora serán perdonados y sus fallas olvidadas. Los que se arrepientan pueden volver a reunirse en el centro, con las almas puras e inmaculadas.
Poco a poco, todos empezaron a moverse hacia el centro.
—¡Alto! ¡Injusticia! ¡Traición! –se escuchó una voz.
Era la voz del que no había pecado.
—¡Así no vale! ¡Si hubieran avisado que iban a perdonar, yo no me cagaba la vida!…
Tomado de Una de cuentos
MI HERMANO EL POZO
Alháquime – decía Abul Beka – se asomó un día a un pozo y dijo: Allá abajo hay alguien que viste igual que yo. Cada vez que me asomo, él también se asoma; y cuando levanto la mano para saludarle, él rápidamente, y al mismo tiempo, levanta también la mano para saludarme.
Parece como si leyera mis pensamientos; porque, cuando lo miro fijamente a los ojos, me responde con el lenguaje del silencio.
Cuando estoy triste, él está triste. Cuando estoy lleno de alegría, él está lleno de alegría.
Y Alháquime se pasaba las horas asomado a la boca del pozo y algunos días se olvidaba hasta de comer. Cincuenta lunas cambiaron y Alháquime iba todos los días al mismo lugar.
Y era considerado todo un sabio porque en todo aquello que aconsejaba era la Sabiduría. Y venían de todas partes para pedirle consejo. Y muchos le preguntaban: Maestro, dónde adquiriste tanto Conocimiento?
Y Alháquime siempre le respondía: Mi hermano el pozo me desveló todo cuanto os transmito… Y su boca enmudecía y no decía más.
Entonces muchos, por curiosidad, se asomaban al pozo, pero lo más que veían eran sus rostros reflejados en el agua, más no se veían a sí mismos.
Y Abul Beka reflexionaba: Mirad que el amigo más cercano que tenéis sois vosotros mismos. Aprended a amarlo y a conocerlo. Porque, ¿cómo si no sabríais amar y comprender y ayudar a aquellos que están a más distancia de vosotros?.
Tomado de Misioneros claretianos
DE DIOS SE HABLA A TRAVÉS DEL AMOR
Cuentan que un sacerdote se aproximó a un herido en medio del fragor de la batalla y le preguntó:
– ¿Quieres que te hable de Dios?
– Primero dame agua que tengo sed – dijo el herido.
El sacerdote le entregó el último trago de su cantimplora, aunque sabía que no había más agua en kilómetros a la redonda.
– ¿Ahora puedo?, preguntó de nuevo.
– Primero, dame de comer – suplicó el herido.
El sacerdote le dio el último mendrugo de pan que atesoraba en su mochila
– Tengo frío – fue el siguiente clamor y el hombre de Dios se despojó de su abrigo pese al frío y cubrió al lesionado.
– Ahora sí – le dijo al sacerdote – ahora puedes hablarme de ese Dios que te hizo darme tu última agua, tu último pedazo de pan y tu único abrigo. Ahora sí quiero conocer a tu Dios.
Tomado de P. Diego Millán
ANÉCDOTA
Federico II (1194-1250), emperador del Sacro Imperio Romano y rey de Sicilia, mandó a algunas nodrizas educar a unos niños sin permitirles que hablasen con ellos, con el fin de saber qué idioma hablarían. Como resultado de este «experimento», que impidió una relación afectiva normal, los niños murieron. Le dieron todo lo necesario menos Amor.
Tomado de D, Juan Figueiras
¿1.752 MANDAMIENTOS?
Los cristianos no deberíamos olvidarnos de esto, no sea que nos sorprendamos cualquier día al descubrir que estamos discutiendo de nuevo cuál es el más importante de los 1.752 mandamientos de la Iglesia.
Tomado de Mercaba
En la manija interior de la puerta de mi cuarto, hay una tirita de papel, colgada de un trozo de lana roja, que tiene escritas dos frases. Por un lado, dice: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Y por el otro, dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Ya está un poco deteriorada, pero me ha acompañado por los lugares donde he vivido en los últimos años.
Recordando la sugerencia del libro del Deuteronomio que decía: “Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente como señales, y escríbelos también en los postes y en las puertas de tu casa” (Dt. 6, 8-9), le propuse, hace algunos años, a los niños y niñas de Mejorada del Campo, una pequeña población a las afueras de Madrid, España, que ataran estos lazos de lana con la tirita de papel en sus muñecas y que luego la colocaran en las puertas de sus cuartos. Los niños salieron felices de la misa con sus pulseras de lana y, estoy seguro de que compartieron con sus familias lo que habían descubierto en la Eucaristía ese día.
Tomado de P. Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
RABINOS SHAMMAY Y HILLEL,
vivieron pocos años antes de Jesús.
Una vez llegó un pagano a Shammay y le dijo: «Me haré prosélito con la condición de que me enseñes toda la Torá mientras aguanto a pata coja». Shammay, que era sastre, lo despidió amenazándolo con la vara de medir que tenía en la mano. El pagano acudió entonces a Hillel, que le dijo: «Lo que no te gusta, no se lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la Ley, lo demás es interpretación» (Schabat 31a). También el Rabí Aquiba (+ hacia 135 d.C.) sintetizó toda la Ley en una sola frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo; este es un gran principio general en la Torá».
Tomado de José Luis Sicre
JUDAÍSMO, ISLAMISMO y CRISTIANISMO
Una vez escuché o leí que el judaísmo es la religión de la esperanza; el islamismo la religión de la fe; y el cristianismo la religión del amor. No sé si esta división es correcta del todo, pues judaísmo, islamismo y cristianismo cultivan en ellas tanto la fe, como la esperanza y el amor. Pero en todo caso me gustó que se definiera al cristianismo como la religión del amor, pues para mí ése es el meollo del mensaje de Jesús y el resumen del Evangelio, como se nos dice en la lectura de hoy.
Tomado de P. Diego Millán
DISCUSIÓN ENTRE RABINOS
Arthur Green en su libro “Las 10 mejores ideas del judaísmo” nos cuenta la discusión entre el rabino Akiva y el rabino Ben Azzai, la pregunta fue: “¿Cuál es la enseñanza más importante del judaísmo”?
Rabí Akiva tenía una respuesta preparada: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19,18) es la regla básica.
Su amigo Simeón Ben Azzai no está de acuerdo: “Conozco una regla más básica que ésta”, dijo.
“El día que Dios creó al hombre, lo creó a imagen de Dios (tzelem elohim), varón y mujer”.
Akiva busca el judaísmo basado en el amor. Él es quien insistió en que si bien toda la Escritura es santa, el Cantar de los Cantares es el Lugar Santísimo. Y cuando fue ejecutado por los romanos, gritó a sus discípulos: “Hasta ahora nunca entendí por qué la Escritura nos dice que amemos a Dios con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma. ¿No es suficiente todo el corazón? Pero ahora entiendo que aunque Él te quite el alma, tú lo amas”. Con estas palabras, devolvió su alma a Dios.
El rabino Ben Azzai preguntó: ¿Cómo se me puede ordenar que ame a alguien? Hay muchas personas que no son dignas de ser amadas en el mundo. No es necesario nombrarlos en ella. Estoy seguro de que tienes tu propia lista.
No, no se requiere amor, dice, pero recuerda, son creados a imagen de Dios. Trátelos como iconos de Dios, son imágenes de Dios. Trátalos de esa manera si no puedes amarlos.
Tomado de P. Félix Jiménez
613 MANDATOS
¡El estudio de la ley de Moisés había llevado a encontrar en ella 365 prohibiciones, tantas como los días del año, y 248 mandamientos, tantos como los componentes del cuerpo humano! Todo ello tenía que regir la vida de un judío piadoso, y los rabinos se esforzaban en demostrar con toda minuciosidad la importancia de cada mandamiento y de cada prohibición. La pregunta era comprometida y, cuando se le plantea a Jesús, es «para ponerlo a prueba».
Tomado de Bastin-Pinckers-Teheux, Dios cada día: La ley de la vida
Siguiendo el Leccionario Ferial (4). Semanas X-XXI T.O. Evangelio de Mateo.
Sal Terrae (1990), pp. 219-221.
TODOS TIENEN EL MISMO VALOR
Para los escribas, todos los mandamientos tienen en sí el mismo valor. Tienen la misma dignidad y la misma fuerza obligatoria, porque proceden de Dios y de Moisés. No obstante se distinguía entre los mandamientos graves y los leves, por cuanto algunos exigían un esfuerzo mayor y otros un esfuerzo menor. También se intentó compendiar el contenido de los distintos mandamientos. En este sentido la pregunta del doctor de la ley es legítima y se ha formulado con seriedad. Es probable que se la hubiesen planteado ya en círculos especializados.
Tomado de W. Trilling, El Nuevo Testamento y su Mensaje (Mt):
Herder (1980), Tomo II, Cf. pp. pp. 229-232.
LA RECOMPENSA: UNA LARGA VIDA
Se distinguían ordinariamente 613 mandatos: 248 eran positivos y 365 negativos. De ellos, en las listas que se elaboraban, a unos se los califica de graves, y a otros, de leves. Aunque en la época de Cristo este número no hubiese estado cerrado y fijo, existían ya listas, clasificaciones y discusiones en torno a ello. Frecuentemente se buscaba cuál fuese el primero de estos mandamientos. Se lee en una parábola sobre el Deuteronomio 22:7: “El Santo (Dios) no ha revelado qué recompensa guarda sino sólo a dos preceptos, el más importante entre los importantes: Honra a tus padres (Ex 20:22), y el más pequeño entre los pequeños: Deja libre a la madre cuando cojas a los pajaritos (Dt 22:7). Para estos dos mandamientos ha fijado la recompensa: una larga vida.”
En Mc la respuesta de Cristo está hecha conforme al Shemá, que todo israelita varón, no esclavo, debía recitar dos veces al día, y que debía de estar ya en uso en tiempo de Cristo. Toma su nombre del comienzo de la misma: “Oye, Israel” (Dt 6:4.5). Todas estas expresiones: “corazón,” “alma” y “fuerza” (Mc), más que expresar cosas distintas, son formas semíticas, pleonásticas, de decir globalmente lo mismo. Esto es lo que constituía originaría y fundamentalmente la oración diaria del Shemá. Para los judíos, este mandato del amor de Dios sobre todo era fundamental. Pero también se vinieron a mixtificar o yuxtaponer a él otros, en los que, dándole una importancia excesiva a otras cosas muy secundarias de la misma legislación, tales como la recomendación de pensar siempre en estas palabras, lo que dio lugar a las ”filacterias” (Dt 6:8; Núm 15:38), o los premios temporales que se pusieron anejos al primer mandamiento para mejor cumplirlo (Dt 11,13ss), vinieron a derivar en utilitarismo el mismo precepto del amor de Dios. Y era frecuente en muchos rabinos poner por encima de todos los preceptos el mandamiento de sacrificar diariamente dos corderos de un año a Yahvé. Hasta el mismo precepto del amor a Dios venía a quedar así desvirtuado por el precepto de sus mismos ritos.
En el Testamento de los doce patriarcas se lee: “Amad al Señor durante toda vuestra vida y amaos los unos a los otros de corazón”. Y rabí Aqiba, sobre 130, decía: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo; es el principio fundamental.”
Jesucristo lo anuncia con las palabras del Levítico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19:18). Pero en su mismo contexto se ve que este prójimo de un judío es sólo otro judío, y a lo más el “peregrino” (ger) que morase con ellos. Los samaritanos, los publícanos y las gentes de mala vida no eran para ellos prójimo; los samaritanos y los publícanos eran positivamente odiados (Eclo 50:27.28).
Hay algunas sentencias de rabinos que ponen el amor a Dios y al prójimo por encima de los ritos y ceremonias. Tal, en el siglo II después de Cristo, el rabino Ben Zoma. Lo cual no era más que situarse en la enseñanza de los profetas (Os 6:6; Jer 7:21-23; cf. Prov 21:3).
Hillel, sobre el 20 antes de Cristo, decía: “Lo que te desagrade no lo hagas a otro. Esto es toda la Ley; el resto no es más que el comentario.”
Biblia Nácar-Colunga, Comentada
248, UNO POR CADA PARTE DEL CUERPO
Fariseos y escribas recopilaron todas las leyes contenidas en los antiguos escritos de la Ley de Dios (Torá). A estas leyes escritas añadieron los preceptos que se habían incorporado según tradiciones. Así elaboraron 613 mandatos. 365: uno por cada día del año; más 248, uno por cada parte del cuerpo humano según la anatomía de la época. Tal cantidad de leyes religiosas era imposible de ser comprendida por la gente sencilla, que se veía agobiada por tantos preceptos.
Pepe Gómez, Tiempo Interior
EL AMOR DE DIOS
«Su constante anulación de sí misma era un continuo desafío para mis reacciones egoístas. Según decía ella, todo lo hacía por amor a Dios.
Un día, exasperada, le pregunté cómo era posible sentir amor por un Ser que nunca había visto. Su respuesta me dejó perpleja. Me contempló asombrada, como si yo fuera un ente de otro planeta: «Hija mía, ¿de dónde has sacado tú que yo siento amor por Dios? –me dijo. Y golpeó con suavidad mi frente, como si yo durmiese y ella quisiera despertarme-. Apréndelo ya de una vez: el amor a Dios raramente se siente. El amor a Dios se practica».»
(Mercedes Salisachs, “El volumen de la ausencia”, p. 239. Alusión de la protagonista a las cualidades de su madre)
Tomado de anecdonet
SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS.
La pequeña Teresita era una joven religiosa. Al leer en la Biblia el relato del buen samaritano, se preguntaba como se podría cumplir las palabras de Jesús en su convento, porque no había nadie allí que había sido atracado por los ladrones. De repente se dio cuenta que podía hacer algo. Entre las religiosas del convento había una hermana que era muy antipática y muy orgullosa. «Tenía un talento especial para desagradar a todos», escribía Santa Teresita en su diario. Comenzó con hacer todo lo que hubiera hecho por la persona más querida del mundo. Aquella hermana le preguntó una vez: «Querida, ¿qué es lo que le atrae en mi persona porque siempre me sonríe?». La santa le replicó: «Es Jesús a quien veo en el fondo de su alma». Sólo al publicarse después de la muerte el diario de Santa Teresita, ella se enteró de todas las circunstancias. Por si acaso, la santa le siguió favoreciendo aun después de muerta. La religiosa en cuestión sufría de unas jaquecas terribles. Al rezar ante el féretro de la Teresa que acababa de fallecer, apoyó su cabeza en los pies de la santa y le pidió que intercediera a Dios a que le quite los terribles dolores. Fue escuchada en el acto y liberada para siempre. (Nota. Tendrá en casa revistas y libros. ¿Tendrá también en casa libros con vidas de los santos?).
«DIOS LO VE».
En Alemania, en la ciudad de Colonia, hay una catedral hermosísima con torres muy muy altas. Han tardado varios siglos para terminarla. Un día una turista recibió el permiso de subir a una de las torres y arriba encontró a un picapedrero que con el mayor esmero estaba cincelando una flor en la piedra. «Pero, buen hombre,-le dijo el turista, ¿por qué tanto trabajo, nadie ve lo que usted hace?». El artista continuaba imperturbable su labor contestando:» Dios lo ve».
Tomado de MSC
CHISTE
LOS 10 MANDAMIENTOS
Dios le preguntó a los romanos:
– ¿ Ustedes quieren un mandamiento?
– ¿Cuál sería el mandamiento, Señor?
– ¡No matarás!
– No, gracias. Eso interrumpiría nuestras continuas conquistas.
Entonces Dios le preguntó a los egipcios:
– ¿Ustedes quieren un mandamiento?
– ¿Cuál sería el mandamiento, Señor?
– ¡No cometerás adulterio!
– No, gracias. Eso arruinaría nuestros fines de semana.
Dios entonces les preguntó a los sirios:
– ¿Ustedes quieren un mandamiento?
– ¿Cuál sería el mandamiento, Señor?
– ¡No robarás! No, gracias. Eso arruinaría nuestra economía.
Y así Dios fue preguntando a todos los pueblos hasta llegar a los judíos:
– ¿Ustedes quieren un mandamiento?
– ¿Cuánto costaría?
– Es gratis.
– Entonces mándanos diez…
Tomado de chistes21
POEMA
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
* * * * *
Han sido muchos los intentos de atribución de este soneto a uno u otro autor, sin que la crítica se haya sentido suficientemente comprometida a corroborar una autoría, falta de argumentos probatorios suficientes. San Juan de la Cruz, santa Teresa, el P. Torres, capuchino, y el P. Antonio Panes, franciscano perteneciente a la Provincia de Valencia, figuran entre otros de probabilidad más dudosa. La atribución a los dos carmelitas responde al tema del amor desinteresado, que anticipa la mística franciscana, de donde bebe santa Teresa, al menos. El estilo que muestra el soneto, rico en juegos formales, no nos recuerda la riqueza imaginativa que singulariza al de Fontiveros, ni el más simple y llano de la santa abulense. Consta, además, en cartas que conserva la Orden, que antes de las fechas en que vive el P. Torres, los misioneros franciscanos enseñaban este soneto y el Bendita sea tu pureza, del P. Panes, a sus indios americanos, como oraciones cotidianas de la propia devoción seráfica.
El soneto, por su perfecta factura, figura como modélico en todas las antologías que se precien, desde que lo incluyó en la suya de las Cien Mejores Poesías de la lengua castellana don Marcelino Menéndez Pelayo.
Tomado de Franciscanos.org
“Soy la misma relación en todo encuentro.
Si en verdad soy contigo fuego,
con sólo abrir los ojos y dar un paso,
no seré con el hermano, hielo”.
Benjamín González Buelta, S.J.
ORACIÓN
Señor, tú me complicas seriamente la vida.
Tu mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas
hubiera sido fácil de seguir,
sin tener que dar cuenta a nadie, sino a ti
Pero lo has unido al segundo
y nos has mandado amar al prójimo,
amar al otro, a todos los otros,
amarlos siempre
y amarlos como a nosotros mismos.
Y eso no es fácil, Señor.
Es difícil amar al prójimo que veo,
más difícil es amar a los que no veo,
comprometerme con ellos y por ellos,
luchar contra las estructuras hostiles,
empeñarme en la imposible igualdad.
Hubiera sido más fácil dar limosnas,
desprenderme de lo que me sobra,
regalar lo que tengo a medio uso,
prescindir de ciertas cosas superfluas,
repartir aguinaldos,
hacer beneficencia.
Pero nos mandas amar.
Y pones por medida amar como a nosotros mismos.
Y eso ya es demasiado para mi egoísmo.
¿Cómo cobrar todos los mismo o parecido?
¿Cómo disponer de viviendas dignas para todos?
¿Cómo acabar con las clases y las desigualdades?
Pero quiero seguirte, Señor,
y estoy dispuesto al amor,
dispuesto a amar a los demás como a mí mismo,
dispuesto a luchar por la igualdad,
dispuesto, al menos, a luchar contra las desigualdades.
Todos iguales, Señor, todos iguales,
porque todos somos hermanos,
porque todos somos tus hijos,
porque todos hemos recibido de ti lo mismo.
EUCARISTÍA 1990/49
MEDITACIÓN
SIN AMOR…
El hogar sin amor es una pensión. . .
La sinceridad sin amor es una crueldad. . .
La riqueza sin amor es egoísmo. . .
La religión sin amor es superstición. . .
La verdad sin amor es lacerante. . .
El sexo sin amor es gimnasia o prostitución. . .
La amistad sin amor es manipulación o coincidencia de egoísmos. . .
La autoridad sin amor es tiranía. . .
La fe sin amor es radicalismo fundamentalista. . .
La prudencia sin amor es cobardía. . .
La política sin amor es cinismo. . .
La maternidad sin amor es aborto. . .
La profecía sin amor es insulto o falta de respeto. . .
La educación sin amor es adiestramiento. . .
La libertad sin amor es libertinaje y así hasta el infinito.
El amor es la actitud fundamental que se necesita para que la historia, con sus acontecimientos o anécdotas, sea leída como una armonía salvífica, como un canto de alabanza al Creador. El amor es la actitud fundamental para ser ciudadano del Reino, para ser como Dios manda.
Benjamin Oltra Colomer Ser Como Dios Manda
EDICEP. VALENCIA-1995. Págs. 123-125
COMO A TI MISMO (reflexiones de Charles Chaplin)
Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.
Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.
Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.
Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!
No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.
Si a estas reflexiones de Charles Chaplin, le añadimos la recomendación de poner en manos de Dios nuestras vidas y de encomendarnos al Espíritu Santo para tomar las decisiones adecuadas en nuestras acciones de cada día, habremos aprendido a vivir mucho mejor.
Índice de Web Católico de Javier
CANTO
Amar a Dios al Prójimo Luis Alfredo Díaz
AMARTE A TI, SEÑOR Cristóbal Fones
BROTES DE OLIVO AMAR A DIOS
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela





