XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

CITA

El que se pierde es el que encuentra las nuevas sendas”.

Nils Kjaer, escritor noruego (1870–1924)

San Agustín: «El Verbo mismo clama que vuelvas, porque sólo hallarás lugar de descanso imperturbable donde el amor no es abandonado» (Confesiones ,IV, 11).

Tomás de Aquino «a Dios no podemos ofenderlo a menos que actuemos contra nuestro bien».

San Bernardo ¡Que dulce eres Señor para los que buscan !, ¡qué serás para los que te encuentran!.

San Juan María Vianney ¡Qué suerte para nosotros saber que la misericordia de Dios es infinita! ¡Qué intenso deseo debemos sentir nacer en nosotros, que nos llevará a arrodillarnos a los pies de un Dios que nos recibirá con tanta alegría! Sermón para el III domingo después de Pentecostés, 1º sobre la misericordia

Pedro Crisólogo Cristo nos buscó en la tierra: busquémosle nosotros en el cielo; él nos condujo a la gloria de su divinidad: llevémosle nosotros en nuestro cuerpo con toda santidad Sermón 168 :PL 52, 639-641

Santa Teresa de Lisieux, El sol ilumina al mismo tiempo los cedros y cada florecita, como si estuvieran sola en la tierra; nuestro Señor se interesa también por cada alma en particular, como si no existieran otras iguales (Manuscritos autobiográficos).

San. J. Escrivá de Balaguer, Considerad conmigo esta maravilla del amor de Dios: el Señor que sale al encuentro, que espera, que se coloca a la vera del camino, para que no tengamos más remedio que verle. Y nos llama personalmente, hablándonos de nuestras cosas, que son también las suyas, moviendo nuestra conciencia a la compunción, abriéndola a la generosidad, imprimiendo en nuestras almas la ilusión de ser fieles, de podernos llamar sus discípulos. (Es Cristo que pasa, 59).

San Juan Pablo II Todo hombre y la entera humanidad pueden levantarse conjuntamente e ir al Padre. Esta es la verdad que está en el núcleo de la Buena Nueva… “Me levantaré e iré a mi padre”. Un programa de nuestra esperanza, más profundo y simple que el cual no puede imaginarse otro (cfr. “Dives in Misericordia” 5 y 6). Homilía en el Parque del Danubio, Viena el día 11 de septiembre de 1983

Benedicto XVI Cuando «habla del pastor que va tras la oveja perdida, de la mujer que busca la dracma, del padre que sale al encuentro del hijo pródigo y lo abraza, no se trata sólo de meras palabras, sino que es la explicación de su propio ser y actuar» (Deus caritas est, 12)

Francisco Dios es alegre. Interesante esto: ¡Dios es alegre! ¿Y cuál es la alegría de Dios? La alegría de Dios es perdonar, ¡la alegría de Dios es perdonar! Ángelus (15-09-2013)

Martín Buber “en cada hombre hay algo precioso que no está en ningún otro”.

Charles Péguy «Por donde quiera que vayas iré yo, ya lo verás, y conmigo no tendrás paz, no te dejaré en paz».

Miguel Torga, «El hijo pródigo es el primer sublevado contra la paja carcomida del tugurio donde la vida nos mete». («El Señor Ventura»)

CONTO

EN CASO DE ACCIDENTE

“Una mañana cuando me dirigía al trabajo en mi coche recién estrenado fui golpeado levemente en el parachoques por otro automóvil. Los dos vehículos se detuvieron y el chico que conducía el otro coche bajó para ver los daños. Yo estaba asustado, reconocía que la culpa había sido mía. Me daba terror tener que contarle a mi padre lo que me había sucedido, sabiendo que sólo hacía dos días que mi padre lo había comprado. El otro chico se mostró muy comprensivo tras intercambiar los datos relativos a las licencias y el número de matrícula de ambos vehículos. Cuando abrí la guantera para sacar los documentos me encontré que con un sobre donde vi una nota de puño y letra de mi padre, que decía: “hijo, en caso de accidente, recuerda que a quien quiero es a ti, no al coche”.

Tomado de José María Martín OSA

BILLETE DE 100 EUROS

Un famoso predicador comenzó su sermón enseñando un billete de 100 euros. Y preguntó a los asistentes: “¿Quién de ustedes quiere este billete de 100 euros?

Las manos empezaron a alzarse.

Les dijo: “Voy a dar este billete a uno de ustedes, pero antes déjenme hacer esto”. Y empezó a estrujar el billete. Siguió preguntado; “¿Todavía lo quieren?” La gente levantó las manos.

Bien, les dijo: “¿Y si hago esto?” Dejó caer el billete al suelo y comenzó a pisarlo y ensuciarlo con sus zapatos.

Lo recogió, ahora arrugado y sucio. “¿Todavía lo quiere alguien?”.

Las manos seguían levantándose.

Amigos, han aprendido una valiosa lección. Hiciera lo que hiciera al billete, ustedes seguían deseándolo porque, a pesar de su aspecto cada vez más feo, sabían que su valor seguía siendo el mismo. Seguía valiendo 100 euros.

Tomado de P. Félix Jiménez

Amor verdadero

Un hombre de cierta edad vino a la clínica donde trabajo para hacerse curar una herida en la mano.

Tenía bastante prisa, y mientras se curaba le pregunté, qué era eso tan urgente que tenía que hacer. Me dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí.

Me contó que ella, llevaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un Alzheimer muy avanzado.

Mientras acababa de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.

-No- me dijo -Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.

Entonces le pregunté extrañada -Y si ella, ya no sabe quién es usted, ¿Por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?

Me sonrió y dándome una palmadita en la mano me dijo:

“Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella”.

Así hace Dios con nosotros, siempre se acuerda y nos ama, por más que nosotros lo hayamos olvidado a Él.

Tomado de MSC

EL HIJO MAYOR

El tema del sermón era el del hijo pródigo. El predicador hablaba con honda emoción del increíble amor del Padre. Pero ¿qué había de asombroso en el amor del Padre? Hay miles de padres humanos (y probablemente más madres aún) capaces de amar de semejante modo.

La parábola realmente pretendía ser una indirecta dirigida a los fariseos: Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a El para oírle; y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». Entonces les dijo esta parábola… (Lc 15, 1-2)

¡El protestón! ¡El fariseo! ¡El hijo mayor! Ahí está la finalidad de la parábola.

Estaba Dios un día paseando por el cielo cuando, para su sorpresa, se encontró con que todo el mundo se hallaba allí. Ni una sola alma había sido enviada al infierno. Esto le inquietó, porque ¿acaso no tenía obligación para consigo mismo de ser justo? Además, ¿para qué había sido creado el infierno, si no se iba a usar?

De modo que dijo al ángel Gabriel: «Reúne a todo el mundo ante mi trono y léeles los Diez Mandamientos».

Todo el mundo acudió y leyó Gabriel el primer mandamiento.

Entonces dijo Dios: «Todo el que haya pecado contra este mandamiento deberá trasladarse al infierno inmediatamente». Algunas personas se separaron de la multitud y se fueron llenas de tristeza al infierno.

Lo mismo se hizo con el segundo mandamiento, con el tercero, el cuarto, el quinto… Para entonces, la población del cielo había decrecido considerablemente. Tras ser leído el sexto mandamiento, todo el mundo se fue al infierno, a excepción de un solo individuo gordo, viejo y calvo.

Le miró Dios y dijo a Gabriel: «¿Es ésta la única persona que ha quedado en el cielo?». «Sí», respondió Gabriel.

«¡Vaya!», dijo Dios, «se ha quedado bastante solo, ¿no es verdad?

Anda y di a todos que vuelvan».

Cuando el gordo, viejo y calvo individuo oyó que todos iban a ser perdonados, se indignó y gritó a Dios: «¡Eso es injusto! ¿Por qué no me lo dijiste antes?».

¡Ajá! ¡Otro fariseo a la vista! ¡Otro hijo mayor! ¡El hombre que cree en recompensas y castigos y que es un fanático de la más estricta justicia!

Tomado de Antony de Mello, El canto del pájaro

El creyente a Dios:

– No te acuerdes, Señor, de mis pecados.

Dios al creyente:

– ¿Qué pecados? Como tú no me los recuerdes, yo los he olvidado para siempre

(Anthony de Mello).

ANÉCDOTA

LOS RESULTADOS DE LA TERQUEDAD HUMANA

León Jaworski, quien fue fiscal especial en el escándalo del caso Watergate que llevó al presidente Nixon a abandonar la presidencia, dijo que él creía que el pueblo norteamericano habría perdonado a Nixon si éste hubiera sido capaz de admitir sus errores.

“Si Richard Nixon hubiera manifestado señales de remordimiento y de dolor por lo sucedido y se hubiera acercado a su pueblo con arrepentimiento y con sencillez de corazón, otro hubiera sido su destino final. Pero jamás quiso hacerlo.”

No sólo Nixon rehusó admitir sus errores sino que procuró por todos los medios el obstruir la justicia y ocultar los hechos. La naturaleza humana se resiste a confesar el pecado, a arrepentirse y a buscar el perdón de Dios y de los hombres. El hijo pródigo también pecó, pero “volvió en sí” y otro fue el final de su vida

Tomado de 501 ilustraciones

En un diario de Ontario, Canadá, apareció el siguiente aviso:

“El lector quizá encuentre algunas erratas de imprenta en este diario. Tenga en cuenta que son intencionadas. Este diario trata de imprimir algo para todo el mundo y hay personas que siempre buscan las faltas.

Tomado de “La Biblia en la América Latina”.

EL TAXISTA DE BARCELONA Y SU HIJA PRÓDIGA

Leí la noticia hace años, creo que en 1997, y me impresionó por el enorme parecido de la historia con la parábola del hijo pródigo. En Barcelona, una muchacha decide irse de su casa y vivir con su novio. Hasta aquí, nada raro. Pero poco después organizan un viaje a la India, con fines no puramente turísticos; al intentar volver a España, los detienen por tráfico de drogas y los encarcelan. El padre, que es el gran protagonista del relato, no la madre, en vez de maldecir a la hija por haberlos abandonado para vivir con un camello y por ser tan estúpida como para confiar en él, convencido de que es inocente hace todo lo posible para sacarla de la cárcel. Afronta grandes gastos, pierde poco a poco todos sus bienes y termina vendiendo el taxi para pagar a los abogados y los trámites. Pero consigue recuperar a su hija y se reencuentran en el aeropuerto de Barcelona.

Tomado de José Luis Sicre

CHISTE

EL HIJO PRÓDIGO

He aquí una versión moderna de la parábola del hijo pródigo.

Un chico le pide a su padre que le preste cierta cantidad de dinero y, al recibirlo, se marcha de casa. Cuando lo gasta todo, va a una iglesia, se confiesa de lo que ha hecho y pide ayuda.

El sacerdote le aconseja que vuelva al hogar. Y añade: Seguro que tu padre sacrificará un becerro cebado para festejar tu regreso.

El chico le hace caso y regresa a su casa. Un par de semanas después, durante una visita casual a la parroquia de donde era feligrés el «hijo pródigo», el sacerdote vio que éste salía de la iglesia y se acercó a él:

¡Bueno! le preguntó con gran interés , ¿mató tu padre el becerro cebado?

No respondió evasivo el pródigo , por poco me mata a mí.

Tomado de Anécdonet

POEMA

El pastor que regresa con su oveja, díscola, a hombros. La mujer que barre la casa buscando la moneda extraviada de sus arras de novia. Y, en medio, con los pies descalzos, “con tres heridas viene: la de la vida, la de la muerte, la del amor”, el hijo que está de vuelta… No repares más que en el muchacho pródigo, en la cicatriz de su corazón, en ese perro que le muerde la sandalia para que no deje de avanzar… Pon toda tu atención en el hijo que regresa a su casa hasta identificarte con él.

“Había una gran procesión

y en cabeza iban las tres semejanzas:

la parábola de la oveja perdida,

la parábola de la dracma perdida,

la parábola del hijo perdido.

Todas las parábolas son bellas, hijo mío,

todas son grandes y todas son queridas,

todas ellas son la Palabra y el Verbo,

todas ellas vienen del corazón y van al corazón.

Pero, entre todas, destacan las tres parábolas de la esperanza,

las más cercanas y las más queridas al corazón del hombre…

Y, desde que hay cristianos, estas tres parábolas

ocupan un lugar secreto en el corazón

y, en tanto que haya cristianos, es decir: eternamente,

por los siglos de los siglos, habrá para estas tres parábolas

un lugar secreto en el corazón…

Y las tres son las parábolas de le esperanza.

Juntas.

Igualmente jóvenes, igualmente queridas.

Pero entre todas; entre estas tres es la tercera parábola la que se adelanta.

Desde hace mil cuatrocientos,

Desde hace dos mil años

Es como si fuese la primera vez que la escuchara.

”Un hombre tenía dos hijos”. Es bella en Lucas.

Es bella en todas partes.

No está sino en Lucas, está en todas partes.

Es bella en la tierra y en el cielo. Es bella en todas partes.

De sólo pensar en ella, un sollozo os sube por la garganta.

Es la palabra de Jesús que ha tenido la mayor resonancia en el mundo.

Ha encontrado la resonancia más profunda

En el mundo y en el hombre.

En el corazón del hombre.

Qué punto sensible ha encontrado

Que nadie había encontrado antes de ella,

Que nadie ha encontrado, (igualmente), después.

Qué punto único,

Insospechado aún,

No obtenido después.

Punto de dolor, punto de angustia, punto de esperanza.

Punto doloroso, punto de inquietud.

Punto de magulladura en el corazón del hombre.

Punto en el que no se debe uno apoyar, punto de cicatriz,

Punto de costura y de cicatrización.

Donde no se debe uno apoyar.

Punto único, fortuna única, fuerza única de apego.

Atadura única, lazo del corazón fiel.

Y del corazón infiel.

Todas las parábolas son bellas, hija mía, todas las parábolas son grandes.

Y sobre todo las tres parábolas de la esperanza…

Pero hay una palabra de Dios que nunca arrojará.

Sobre la que todo hombre ha llorado tantas veces.

Sobre la que, por el poder de la que. Por la que

Y él es como los otros, ha llorado también…

Es un perro fiel

que muerde y que lame

y los dos retienen al corazón inconstante…

No hay que ocuparse de ella, y llevarla. Ella misma

Se ocupa de vosotros y de llevarse y de hacerse llevar…

Tiene agarrado al hombre por el corazón, por un punto

Que ella sabe, y no lo suelta”.

Charles Péguy

Como en la novela homónima de Bradbury, y que Truffaut filmó en la película Farenheit 451, si mandaran quemar todos los libros del mundo… Y se te diera la oportunidad de salvar uno solo, aprendiéndolo de memoria, comiéndotelo, convirtiéndolo en carne de tu vida, ¿no valdría la pena que fuera esta parábola del hijo pródigo?

ORACIÓN

VEN PASTOR

Ven, pastor.

Deja las noventa y nueve

y busca la oveja que se ha perdido…

Búscame, encuéntrame, acógeme, llévame.

Tú puedes encontrar al que buscas,

Tomarlo en brazos y llevártelo contigo.

Ven, Señor a buscar tu oveja.

No envíes siervos ni mercenarios, ven Tú mismo.

S. Ambrosio, Obispo de Milán (340-397)

ME LLAMAS

Cristo Jesús,

Tú eres el que me ama

hasta la vida que no se acaba.

Esperas de mí no algunas migas,

sino toda mi vida.

Eres el que, día y noche, ora en mí.

Mis balbuceos son oración:

pronunciar tu solo Nombre, Jesús,

colma de comunión.

Eres el que cada mañana pone en mi dedo

el anillo de pródigo, anillo de fiesta.

¿Habré cambiado el resplandor de Dios

por un fulgor cualquiera?

¿Habré abandonado

la fuente del agua de vida

para construirme aljibes agrietados

que no retienen el agua?

Tú, Cristo, me buscaste incansablemente.

¿Por qué he vacilado pidiendo

que se me diera tiempo

para ocuparme de mis asuntos?

¿Por qué he mirado hacia atrás

cuando mi mano estaba ya en el arado?

Sin embargo, sin haberte visto te amaba,

tal vez como no lo hubiera querido,

pero te amaba.

Cristo Jesús, Tú me sugerías:

vive lo poco que hayas comprendido

del Evangelio,

anuncia mi vida entre los hombres,

ven y sígueme…

Y un día, de vuelta a la fuente,

lo comprendí:

me llamabas

a una resolución sin retorno.

Hno. Roger de Taizé. Amor a todo amor. PPC

VOLVERÉ, SEÑOR, PERO EMPÚJAME

VOLVERÉ, SEÑOR, PERO EMPÚJAME

De mis miedos y temores, hacia la seguridad en tus brazos

De mis angustias y ansiedades, al descanso de tu Palabra

De mis tristezas, a la alegría de saber que estás conmigo

VOLVERE, SEÑOR, PERO EMPÚJAME

Porque tengo miedo de intentarlo, y quedarme a mitad del camino

Porque tengo miedo de verte, y nunca encontrarte

Porque tengo miedo de volver, y mirar hacia atrás

Porque tengo miedo de pensar, y arrepentirme

VOLVERÉ, SEÑOR, PERO EMPÚJAME

Para dar con tu casa donde siempre hay una fiesta

Para entrar en tu jardín donde siempre es primavera

Para acostarme en tu pecho en el que siempre uno se siente reconocido

Para adentrarme en tu hogar y saber que siempre hay sitio

VOLVERÉ, SEÑOR, PERO EMPÚJAME

Para que no vacile y supere mis propios errores

Para que no malgaste los muchos talentos que me regalaste

Para que no exija más de lo que pueda ofrecer

Para que regrese y sea feliz de poder de nuevo verte

VOLVERÉ, SEÑOR, PERO EMPÚJAME

Y si por lo que sea dudo, dame fortaleza para triunfar

Y si por lo que sea caigo, levántame con tu Espíritu

Y si por lo que sea digo “imposible”, toca con tu mano mi mente pesimista

VOLVERÉ, SEÑOR, PERO… EMPÚJAME PARA LLEGAR HASTA TU HOGAR

Tomado de Javier Leoz

Volver cada día a tu regazo.

Marchar y volver, volver y marchar.

Nuestra vida es un continuo abandono de tu casa

y de tu compañía.

Tomamos la hacienda y nos vamos,

y la malgastamos en mil formas de prostituciones.

Malgastamos el tiempo y la vida,

la inteligencia, las fuerzas, el dinero.

Malgastamos el amor…

y no labramos tus campos,

y no cultivamos la hacienda, tuya y nuestra,

y pasamos hambre.

El hambre nos trae tu recuerdo.

¡Qué vergüenza que sea precisamente el hambre, la soledad,

la falta de dinero para volver a malgastarlo!

Estómago, corazón y cartera…

¡Qué vergüenza que no seas tú!

Pero volvemos y te damos un abrazo apretado.

Y tú estás contento, muy contento,

aunque sepas que volvemos por hambre.

Y pones música.

Y una buena cena,

y la fiesta de la familia,

eucaristía de retornos, abrazos y aleluyas.

¿Mañana nos iremos otra vez?

(Pachi Loídí)

Mañana le abriremos, respondía… para lo mismo responder mañana”, decía aquel gran pecador y gran creyente, Lope de Vega.

Tomado de P. Juan Jáuregui

Ven, Señor Jesús, a buscar a tu servidor, a buscar a tu oveja errante y extenuada. Ven, Esposo de la Iglesia, a buscar la dracma perdida. Ven, Padre de misericordia, a recibir al hijo pródigo que vuelve a ti. Ven pues, Señor, porque sólo tú puedes llamar de nuevo a la oveja que se extravía, encontrar la dracma perdida, reconciliar al hijo fugitivo. ¡Ven, a fin de que haya salvación en la tierra y gozo en el cielo! Conviérteme a ti y dame poder llevar una verdadera penitencia para que yo sea ocasión de gozo para los ángeles. ¡Dulcísimo Jesús, te lo ruego, por la inmensidad de tu amor hacia mí, pecador, que te ame sólo a ti, por encima de todo, que sólo sea consolado por ti, mi dulcísimo Dios!

Ludolfo de Sajonia

CANTO

Alegraos conmigo (Ain Karem)

A PESAR DE TODO TERE LARRAIN

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela