
CITA
No te asuste naufragar que el tesoro que buscamos, capitán, no está en el seno del puerto sino en el fondo del mar.
León Felipe
«La fe es saber que hay un océano
porque has visto un arroyo».
William Arthur Ward
S. Agustín, «Llégate tú también a Cristo… No pienses en largas caminatas… A él, el omnipresente, se accede por vía de amor, no por vía marítima. Pero dado que en este viaje son frecuentes las olas y las tormentas de múltiples tentaciones, cree en el Crucificado para que tu fe pueda subir al madero. Entonces no te hundirás». (Sermón 131)
Considerad al mundo como si fuera el mar: viento huracanado, tempestad violenta. Para cada uno de nosotros, sus pasiones son su tempestad. Amas a Dios: andas sobre el mar, bajo tus pies ruge el oleaje del mundo. Amas al mundo: te engullirá. Sabe devorar, que no soportar, a sus adoradores. Pero cuando al soplo de la concupiscencia fluctúa tu corazón, para vencer tu sensualidad invoca su divinidad. Y si tu pie vacila, si titubeas, si hay algo que no logras superar, si empiezas a hundirte, di: ¡Señor, sálvame, que me hundo! Pues sólo te libra de la muerte de la carne, el que en la carne murió por ti. Sermón 76 (1.4.5.6.8.9: PL 38, 479-483)
No mira donde pondrá sus pies; no ve más que el rastro de los pasos de aquel que ama. Desde la barca, donde estaba seguro, ha visto a su Maestro y, guiado por su amor, se pone en el mar. Ya no ve el mar, ve tan sólo a Jesús. Sermón (atribuido), Apéndice n. 192 : PL 39, 2100
“La Iglesia camina entre las persecuciones de los mundanos y los consuelos de Dios”.
«Estos son los fuertes en la Iglesia. Atended, escuchad, entended, obrad. Porque no hay que tratar aquí con los fuertes, para que sean débiles, sino con los débiles para que sean fuertes. A muchos les impide ser fuertes su presunción de firmeza. Nadie logra de Dios la firmeza, sino quien en sí mismo reconoce su flaqueza… Contemplad el siglo como un mar, lo que cae bajo tus pies. Si amas al siglo, te engullirá. Sabe devorar a sus amadores, no soportarlos. Pero, cuando tu corazón fluctúa invoca la divinidad de Cristo… Dí: «¡Señor, perezco, sálvame!». Dí: «perezco», para que no perezcas. Porque solo te libra de la carne quien murió por ti en la carne» (Sermón 76,5-6).
Despierta a Cristo, recupera la fe. Cristo duerme en ti si te has olvidado de los padecimientos de Cristo; Cristo vela en ti cuando te acuerdas de ellos. Y cuando hayas contemplado con todo el corazón lo que sufrió, ¿acaso no soportarás también tú de buen ánimo -y hasta alegrándote- tus dolores, al encontrar cierta semejanza entre lo que sufres tú y lo que tuvo que sufrir tu rey? Así pues, cuando empieces a consolarte y a alegrarte con estos pensamientos, será serial de que él se ha despertado, de que ha dado órdenes a los vientos y se ha producido la bonanza (Comentarios a los Salmos, 54, 10).
San Isaac, el Sirio, El que tiene el corazón fundamentado en la esperanza de la fe no le falta nunca nada. No tiene nada, pero la fe hace que lo posea todo, tal como está escrito: «Todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis» y «El Señor está cerca, que nada os preocupe» (Mt 21,22; Flp 4,5-6). Sermones ascéticos, 1ª serie, nº 62
Santo Tomás Moro, Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor. Carta escrita en la prisión a su hija, 1534
S. Juan Crisóstomo, ¿POR QUÉ sube al monte? Para enseñarnos que para orar a Dios es cómoda la soledad y el desierto. Por esto con frecuencia se retira a sitios desiertos, y ahí pasa la noche en oración. Nos amonesta así que es necesario buscar sitio y tiempo oportuno para orar con tranquilidad. La soledad es madre de la tranquilidad y puerto de la quietud, que nos libra de todo alboroto. Hom. 50 sobre San Mateo
S. Tomás de Aquino, «la certeza que da la luz divina es mayor que la que da la luz de la razón natural» (s.th. 2-2, 171,5, obj.3).
San Josemaría Escrivá, “Cuando Dios Nuestro Señor concede a los hombres su gracia, cuando les llama con una vocación específica, es como si les tendiera una mano, una mano paterna llena de fortaleza, repleta sobre todo de amor, porque nos busca uno a uno, como a hijas e hijos suyos, y porque conoce nuestra debilidad. Espera el Señor que hagamos el esfuerzo de coger su mano, esa mano que Él nos acerca: Dios nos pide un esfuerzo, prueba de nuestra libertad” (Es Cristo que pasa n. 17).
“Reza seguro con el Salmista: ‘¡Señor, Tú eres mi refugio y mi fortaleza, confío en Ti!’ … Te garantizo que Él te preservará de las insidias del «demonio meridiano» ‑en las tentaciones y… ¡en las caídas!‑, cuando la edad y las virtudes tendrían que ser maduras, cuando deberías saber de memoria que sólo Él es la Fortaleza” (Forja, n.307).
Cc. Vaticano I: «A pesar de que la fe esté por encima de la razón, jamás puede haber desacuerdo entre ellas. Puesto que el mismo Dios que revela los misterios y comunica la fe ha hecho descender en el espíritu humano la luz de la razón, Dios no podría negarse a sí mismo ni lo verdadero contradecir jamás a lo verdadero» (DS 3017).
«Por eso, la investigación metódica en todas las disciplinas, si se procede de un modo realmente científico y según las normas morales, nuca estará realmente en oposición con la fe, porque las realidades profanas y las realidades de fe tienen su origen en el mismo Dios. Más aún, quien con espíritu humilde y ánimo constante se esfuerza por escrutar lo escondido de las cosas, aun sin saberlo, está como guiado por la mano de Dios, que, sosteniendo todas las cosas, hace que sean lo que son» (GS 36,2).
Catecismo, «Olvide el hombre a su Creador o se esconda lejos de su Faz, corra detrás de sus ídolos o acuse a la divinidad de haberle abandonado, el Dios vivo y verdadero llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración. Esta iniciativa del amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, la iniciativa del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela y revela al hombre a sí mismo, la oración aparece como un llamamiento recíproco, un hondo acontecimiento de Alianza. A través de palabras y acciones tiene lugar un trance que compromete el corazón humano…» (2567).
«La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra parte. Supone siempre un esfuerzo. Los grandes orantes de la Antigua Alianza antes de Cristo, así como la Madre de Dios y los santos con Él nos enseñan que la oración es un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador que hace todo lo posible para separar al hombre de la oración, de la unión con su Dios. Se ora como se vive, porque se vive como se ora. El que no quiere actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo, tampoco podrá habitualmente orar en su Nombre. El «combate espiritual» de la vida nueva del cristiano es inseparable del combate de la oración» (2725).
Congregación para el Clero, Es por la fe que tenemos que estar seguros de que el Señor está cerca, está presente, está con nosotros y nos repite: «¡Ánimo!, soy yo; no temáis». Estas palabras de Jesús deberían ser suficientes para avanzar en el camino de la vida con seguridad y decisión.
John Henry Cardenal Newman Haced, al menos, lo que hicieron los discípulos. Tenían sólo una fe débil, temían, no tenían una gran confianza ni paz, pero, por lo menos, no se separaban de Cristo. No se quedaban tranquilamente sentados y tristes, sino que iban a El. (Sermones Católicos, NEBLI Clásicos de Espiritualidad, Ed. RIALP, Pág. 63 y ss.)
«Diez mil dificultades no hacen una sola duda» (apol.)
SanJuan Pablo II, La tempestad calmada en el lago de Genesaret puede releerse como “señal” de una presencia constante de Cristo en la “barca” de la Iglesia, que, muchas veces, en el discurrir de la historia, está sometida a la furia de los vientos en los momentos de tempestad.
Papa Francisco: «Cada cristiano y cada comunidad debe discernir el camino que el Señor le indica, pero a todos se nos pide que obedezcamos su llamado a salir de nuestra zona de confort para alcanzar las periferias necesitadas de la luz del Evangelio». Evangelii Gaudium
Es necesario aprender a encontrar el camino hacia nuestro corazón, recuperar el valor de la intimidad y del silencio, porque es ahí que Dios nos encuentra y nos habla. Solamente a partir de ahí podemos nosotros encontrar a los demás y hablar con ellos.
L. Boros «la fe genuina sólo puede aparecer como duda superada» ().
Benjamin Oltra Colomer La vida es riesgo, es un quehacer que a golpes de esperanza y confianza vamos sacando adelante. El que no arriesga porque no confía pierde el tren de la historia.
Bastin-Pinckers-Teheux, Una barca sacudida por los vientos… A la Iglesia no le falta humor para reconocerse en esa cascara de nuez a la deriva. ¿Quiénes somos nosotros, en efecto, sino hombres y mujeres dominados por el miedo? ¡Dios existe! Por supuesto que sí, pero la duda puede anidar en lacerantes problemas que brotan en el fondo de nosotros mismos: el sufrimiento y la injusticia que afectan a tantos hombres, la desesperanza que renace siempre en nuestro mundo, seres desgarrados por la vida, abrumados por la existencia, tantas protestas de Dios, tantos testimonios aportados por la acusación en el tribunal de la vida… ¿Acaso Dios ha muerto? Siguiendo el Leccionario Ferial (4). Semanas X-XXI T.O.
E. M. Ronchi, El milagro primero no es la tempestad calmada; el milagro es la fuerza para continuar remando en medio de la borrasca, con el viento en contra, escrutando lo que falta para que acabe la noche (Dietro i mormorii dell’arpa, Sollo il Monte – Bérgamo 1999, 243, passim).
G. Zevini, El verdadero problema de los discípulos y también el nuestro es precisamente el de ser capaces de postrarnos ante Jesús y decirle con todas nuestras fuerzas: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios. Si, verdaderamente, tu eres el Señor de lo imposible, que has venido a hacerte nuestro imprevisible compañero de camino en el arduo viaje de la vida. Dios Altísimo y, sin embargo, sumamente próximo».Lectio Divina (Mateo): Jesús camina sobre las aguas y las curaciones Verbo Divino (2008), pp. 253-259.
Raniero Cantalamessa, Cuántas veces nuestra vida se parece a esa barca «zarandeada por las olas a causa del viento contrario». La barca zarandeada puede ser el propio matrimonio, los negocios, la salud… El viento contrario puede ser la hostilidad y la incomprensión de las personas, los reveses continuos de la vida, la dificultad para encontrar casa o trabajo. Quizá al inicio hemos afrontado con valentía las dificultades, decididos a no perder la fe, a confiar en Dios. Durante un tiempo nosotros también hemos caminado sobre las aguas, es decir, confiando únicamente en la ayuda de Dios. Pero después, al ver que nuestra prueba era cada vez más larga y dura, hemos pensado que no podíamos más, que nos hundíamos. Hemos perdido la valentía.
José Antonio Pagola No olvidemos que la fe es «caminar sobre agua», pero con la posibilidad de encontrar siempre esa mano que nos salva del hundimiento total.
Fernández Carvajal, A veces a nosotros nos puede suceder lo que a Pedro, que dejamos de mirar a Jesús, que nuestra vida de piedad se ha relajado, que nuestra oración es menos atenta, que somos menos exigentes con nosotros mismos. Para salir a flote, Pedro tuvo que asir la mano del Señor, y eso haremos nosotros, porque junto a Cristo se ganan todas las batallas.Hablar con Dios
CONTO
Cuenta una antigua leyenda noruega, acerca de un
hombre llamado Haakon, quien cuidaba una Ermita.
A ella acudía la gente a orar con mucha devoción.
En esta ermita había una cruz antigua. Muchos
acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.
Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor.
Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se
arrodilló ante la cruz y dijo: «Señor, quiero
padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero
reemplazarte en la cruz». Y se quedó fijo con la
mirada puesta en el Cristo, como esperando la
respuesta. El Señor abrió sus labios y habló. Sus
palabras cayeron de lo alto, susurrantes y
amonestadoras: «Siervo mío, accedo a tu deseo,
pero ha de ser con una condición». «¿Cuál,
Señor?», preguntó con acento suplicante Haakon,
«¡Es una condición difícil!», le dijo Cristo.
«¡Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda,
Señor!», respondió el viejo ermitaño. «Escucha:
suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de
guardarte en silencio siempre». Haakon contestó:
«Os, lo prometo, Señor!» y se efectuó el cambio.
Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al
ermitaño, colgado con los clavos en la cruz. El
Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste por
largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo
nada.
Pero un día, llegó un hombre rico, después de
haber orado, dejó allí olvidada su cartera.
Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando
un hombre pobre, que vino dos horas después, se
apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo
nada cuando un muchacho se postró ante él poco
después para pedirle su gracia antes de emprender
un largo viaje. Pero en ese momento volvió a
entrar el rico en busca de la cartera. Al no
hallarla, pensó que el muchacho se la había
apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo
iracundo: «¡dame la cartera que te me has
robado!». El joven sorprendido, replicó: «¡No he
robado ninguna cartera!». «¡No mientas,
devuélvemela enseguida!». «Le repito que no he
cogido ninguna cartera», afirmó el muchacho. El
rico arremetió, furioso contra él. Sonó entonces
una voz fuerte: «¡Deténte!». El rico miró hacia
arriba y vio que la imagen hablaba.
Haakon, que no pudo permanecer en silencio,
gritó, defendió al joven, increpó al rico por la
falsa acusación. Este quedó anonadado y salió de
la ermita. El joven salió también porque tenía
prisa para emprender su viaje.
Cuando la ermita quedó a solas, Cristo se dirigió
a su siervo y le dijo: «Baja de la cruz. No
sirves para ocupar mi puesto. No has sabido
guardar silencio.» «Señor», dijo Haakon, «¿Cómo
iba a permitir esa injusticia?». En ese momento
se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la Cruz de
nuevo y el ermitaño se quedó ante la Cruz. El
Señor, siguió hablando: «Tú no sabías que al rico
le convenía perder la cartera, pues llevaba en
ella el precio de la virginidad de una joven
mujer. El pobre, por el contrario, tenía
necesidad de ese dinero e hizo bien en
llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser
golpeado, sus heridas le hubiesen impedido
realizar el viaje que para él resultaría fatal.
Ahora, hace unos minutos, acaba de hundirse el
barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada.
Yo si sé. Por eso callo.»
Y el Señor nuevamente guardó silencio.
Muchas veces nos preguntamos por qué razón Dios
no nos contesta… ¿Por qué razón se queda
callado Dios? Muchos de nosotros quisiéramos que
Él nos respondiera lo que deseamos oír… pero
Dios no es así; Dios nos responde aún con el
silencio… Debemos aprender a escuchar Su Divino
Silencio, son palabras destinadas a convencernos
de que Él sabe lo que está haciendo. En Su
silencio nos dice con amor: ¡CONFIAD EN MÍ, QUE
SÉ BIEN LO QUE DEBO HACER!
Tomado de Anecdonet
CONFÍA, DIOS VA CONTIGO
Una noche tuve un sueño: Soñé que con el Señor caminaba por la playa, y a través del cielo, escenas de mi vida pasaban. Por cada escena que pasaba percibí que quedaron dos pares de pisadas en la arena. Unas eran las mías y las otras las del Señor. Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena, y noté que muchas veces en el camino de mi vida había sólo una par de pisadas en la arena. Noté también que esto sucedió en los momentos más difíciles de mi vida. Esto me perturbó y, entonces, pregunté al Señor: “Señor, tú me dijiste, cuando yo resolví seguirte, que andarías conmigo a lo largo de todo el camino, pero he notado que durante los peores momentos de mi vida se divisan en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo por qué me dejaste en las horas que más te necesitaba”. Entonces El, clavando en mí su mirada infinita de amor, me contestó: “Mi hijo querido, yo siempre te he amado y jamás te dejaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena un solo par de pisadas, fue justamente allí donde yo te cargué en mis hombros”.
Tomado de P. Diego Millán
ANÉCDOTA
Los océanos cubren casi tres cuartas partes de la Tierra y contienen el 97% del agua de nuestro planeta.
«Muy lejos de tierra», lit. «muchos estadios»; el estadio medía unos 185 metros. «Andar sobre el agua» era atributo propio de Dios (cf. Job 9,8; 38,16). La reacción de los discípulos es de incredulidad. No reconocen en Jesús al «Dios entre nosotros» (1,23). De ahí que quiten toda realidad a su presencia, considerándolo un fantasma. Rechazan la posibilidad de un hombre-Dios.
«La barca» de los discípulos es figura de la comunidad. Jesús los envía «a la otra orilla», adonde habían ido con él (cf. 8,28), es decir, a país pagano. La misión debe hacerse repartiendo el pan con todos los pueblos, como acaban de hacer en país judío. «El viento» contrario, que les impide llevar a cabo el encargo de Jesús, representa la resistencia de los discípulos a alejarse del lugar donde está la esperanza de un triunfo, de que Jesús se convierta en el líder de la multitud. Consideran lo sucedido en el reparto de los panes como una acción extraordinaria exclusiva de Jesús, no como el efecto de la entrega personal, norma de vida para el discípulo.
TRIUNFAR O MORIR
Hernán Cortés hizo famosa la frase «Quemar las naves» al expresar su determinación de salir victorioso a como diera lugar, sin punto de retorno.
Uno de los hechos de la historia de Hernán Cortés que han tenido singular importancia debido a que se han vuelto elementos clásicos en la vida cotidiana es, sin lugar a dudas, el episodio de la quema de las naves.
La quema de las naves se usa como una frase que expresa una decisión que se mantendrá suceda lo que suceda debido a que no hay vuelta atrás.
Lo mismo le ocurrió a Hernán Cortés cuando envuelto en el conflicto de la conquista y ante una posible sublevación por parte de algunos soldados de su ejército que veían la posibilidad de regresar a Cuba, decide eliminar cualquier duda y posible medio de escape: Cortés quema o «barrena»(hunde) los barcos en los que había llegado.
De esta manera la expedición de Cortés adquiere un nuevo matiz: triunfar o morir.
Sin embargo, encontramos a Bernal Díaz, historiador de la expedición, quien nos cuenta que Cortés no las quemó sino que las hizo hundir sacando primero de ellas cualquier tipo de provisión.
No obstante, era claro que no se podrían usar de inmediato y el hecho mantiene su poder simbólico de total compromiso con la victoria.
Cualquiera que haya sido el método, la frase de quemar las naves se ha quedado para la posteridad.
La conspiración
La causa principal de esta medida fue la conspiración que tramaba un grupo simpatizante de Diego Velázquez que planeaba robar un barco para ir a Cuba, informar de la situación y de ahí enviar a los procuradores de Velázquez y el tesoro a España.
El hecho fue informado a Cortés, afortunadamente para él, por un miembro arrepentido de la conspiración y decidió hundir las naves para remover cualquier tipo de tentación similar.
Cabe también decir que ahora que proyectaba internarse en el mismo corazón del imperio Azteca era mejor tener la espalda segura y no arriesgarse a encontrar una rebelión en el puerto.
El incidente según Cortés, en sus cartas de relación, escribe:
«So color que los dichos navíos no estaban para navegar, los eché a la costa por donde todos perdieron la esperanza de salir a la tierra y yo hice mi camino más seguro…»
Grandes biografías. Hernán Cortés.
«¡ÁNIMO!, QUE SOY YO; NO TEMÁIS».
Es famosa la frase con la que el sacerdote Abundio, en Los novios (I promessi sposi), justifica su miedo y cobardía: «Quien no tiene valentía no se la puede dar». Tenemos que desterrar precisamente esta convicción. ¡Quien no tiene valentía se la puede dar! ¿Cómo? Con la fe en Dios, con la oración, basándose en la promesa de Cristo.
Alguno dirá que esta valentía, basada en la fe en Dios y en la oración, es un pretexto, una huida de las propias posibilidades y responsabilidades. Una manera de descargar en Dios los propios deberes. Es la tesis de fondo de la obra de teatro de Bertolt Brecht, ambientada en Alemania en tiempos de la guerra de los Treinta Años, que tiene como protagonista a una mujer del pueblo llamada, por su capacidad de decisión y valor, «Madre Coraje». En plena noche, las tropas imperiales, tras haber matado a los guardias, avanzan contra la ciudad protestante de Halle para quemarla. En los alrededores de la ciudad, una familia de campesinos, que acoge a la Madre Coraje con la hija muda, Kattrin, sabe que lo único que puede hacer para salvar a la ciudad de la ruina es rezar. Pero Kattrin, en lugar de ponerse a rezar, sube al techo de la casa, y se pone a tocar desesperadamente el tambor hasta que ve que los habitantes se han despertado y están de pie. Es asesinada por los soldados, pero la ciudad se salva.
Tomado de Rainiero Cantalamessa
Son cuarenta y ocho las citas que en los cuatro evangelios hacen referencia a la vida de oración de Jesús: en la sinagoga, en el templo, antes de iniciar su vida pública, cantando salmos, en bendiciones y acciones de gracias, en curaciones, en las Fiestas de su pueblo, en la fuerza que recibe ante el poder del mal, antes de la Transfiguración, antes de resucitar a Lázaro, enseñando a orar, en la cruz, al morir… y de ellas, en cerca de quince ocasiones lo hace retirándose a orar a solas.
JESÚS VIENE DE NOCHE
Camina sobre las olas y viene a nuestro encuentro en medio de la tormenta. ¿Habéis observado cuánto le gusta a Dios venir de noche? Por ejemplo, la noche del Éxodo: Yahvé liberaba de noche a su pueblo de la servidumbre egipcia. O la noche del nacimiento en Belén, ante el asombro de los pastores. O la noche que cayó sobre el Gólgota cuando el Hijo puso su vida en manos del Padre. O la noche del sepulcro, cuando el grano arrojado en tierra echó sus raíces para mover la pesada piedra… » ¡Soy yo!»… Jesús no da ninguna señal de reconocimiento, no pronuncia ningún nombre; él sólo puede decirlo de esa manera: «¡Soy yo!». Jesús viene en medio de la tempestad para arrastrar a los suyos hacia la orilla y la paz.
Tomado de Bastin-Pinckers-Teheux
¿Leíste sobre el hombre jubilado en California? Un día, comenzó a atar globos llenos de helio a su silla de jardín. Quería dar un paseo. Después de atar algunos globos a su silla, comenzó a levantarse del suelo. Así que llamó a sus vecinos para que sujetaran la silla. Ató más, cincuenta, sesenta globos llenos de helio. Mientras los vecinos aún sostenían la silla, el hombre se amarró y les dijo: «suéltense».
Esperaba flotar en el aire 10 pies. Tenía un palo puntiagudo para reventar los globos y volver a bajar suavemente. Se soltaron y la silla se elevó con el hombre justo encima de la casa y los árboles y fuera de la vista. En el aeropuerto de Los Ángeles, el controlador de tráfico aéreo recibió un informe. «Este es el Capitán Jones, vuelo 411. Me gustaría informar que acabo de pasar a un hombre en una silla de jardín a 3000 pies.
El hombre bajó sano y salvo y los reporteros le preguntaron: «¿Por qué hiciste tal cosa?». Él dijo: «Tienes que hacer algo». No puedes sentarte aquí en el bote para siempre. ¿Por qué? Porque el lugar seguro no está en el barco. El lugar seguro está en el mar porque ahí es donde está Jesús y donde está la vida de Jesús. «Y a la cuarta vigilia de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el mar».
Tomado de P. Félix Jiménez
“IN SITU”
La depresión de la cuenca del Jordán en 200 metros bajo el nivel del Mediterráneo fácilmente trae estas marejadas y tormentas. Cristo, desde el montículo en que oró, los veía. Esta visión es perfectamente natural, pues a la luz de la luna — acaso estaba en el cuarto creciente de la luna del 15 de Nisán (Pascua) — podía divisarlo bien.
Cuando los apóstoles habían avanzado sólo unos 25 ó 30 “estadios,” que son unos cuatro y medio o cinco kilómetros, y el lago tenía en su dirección de este-oeste unos 11 kilómetros, vino Cristo a ellos “caminando sobre las aguas” cuando era “sobre (Mc) la cuarta vigilia de la noche.” Los judíos de la época de Cristo habían aceptado la división de la noche en cuatro “vigilias,” aunque los antiguos judíos sólo conocían tres. Comenzaban en la puesta del sol, sobre las seis de la tarde, nueve de la noche, medianoche y tres de la mañana; a ésta llamaban “mañana,” que se extendía hasta el orto.
Fue en esta cuarta vigilia cuando vieron a Jesús “caminando sobre el mar” y que “venía hacia ellos” (Mc), se “aproximaba a la barca” (Jn), pero “hizo ademán de pasar de largo” (Mc).
Biblia Nácar-Colunga Comentada
CHISTE
Una mujer caminaba por una calle de la ciudad cuando escuchó una voz en su oído que le decía: «PARA». Sorprendida, lo hizo y un ladrillo cayó del techo y cayó justo en frente de ella. Podría haber sido asesinada. Unos días más tarde, estaba caminando de nuevo por una calle muy transitada y escuchó la voz nuevamente, «ALTO». Lo hizo justo cuando un coche pasó zumbando y no la alcanzó. La voz le había salvado la vida dos veces. Curiosa, le habló a la voz preguntando quién era. La voz dijo: «Soy tu ángel guardián y quiero mantenerte a salvo». Enojada, la mujer respondió: «Bueno, ¿dónde estabas el día que me casé?» (por bruce ball)
Tomado de P. Félix Jiménez
ORACIÓN
La Santísima Virgen María, mujer de fe y abandono total de confianza, nos obtenga «un corazón sencillo, que no disfrute de sus penas, un corazón magnánimo, lleno de compasión, un corazón fiel y generoso, que no se olvide de ningún bien y no conserve rencor de ningún mal» .
Oración del Padre de Grandmaison
Tomado de Dei Verbum,
Concédele a tu Iglesia, Dios Todopoderoso,
que busque sin cesar tu rostro.
Que se arriesgue a andar sobre las olas
y se atreva a pronunciar el nombre que engendra la paz:
«¡Eres tú, el Señor!»
Concédele a nuestro mundo, Dios y Padre nuestro,
que sepa resistir en la tempestad.
¡Que se arriesgue a inventar su futuro
y que no sucumba a la fatalidad!
¡Concede a nuestra asamblea, Padre de ternura,
que viva la aventura de la fe!
¡Que cesen en ella el temor de la noche,
el temor de la duda, y la huida del silencio!
Bastin-Pinckers-Teheux
Tomado de Dei Verbum,
MEDITACIÓN
Condúceme a lo secreto, Señor, allí donde habitaremos juntos. Al lugar de la desnudez y el despojo, a la intemperie de mis miedos y ansiedades, a la tristeza de mis noches frías, a la soledad del corazón herido, a la incertidumbre de mis frustraciones, al silencio de mis palabras censuradas. Condúceme a lo secreto, allí donde habitaremos juntos. Al desierto de mil manantiales escondidos, al cobijo del sol que me alienta, a la raíz de la vida escondida, al fuego de los hondos deseos, a la ternura del afecto que cura, al silencio de la oración confiada. Condúceme a lo secreto, allí desde donde resucitaremos juntos.
Matías Hardoy, sj
Tomado de Sobrado 2020
Tú no eres un Dios que salva con facilidad.
Sino que, como el guía de montaña,
nos das seguridad…
Porque Tú eres el Amor
Señor, cuando los vientos son contrarios
y sobre el mar cae ya la noche…
Que tu voz llegue hasta nosotros:
«Soy yo, no tengáis miedo»
Señor, a cada uno de nosotros
dinos: «Ven a mí»
Alza un poco tu voz
cuando nos mandes ir a ti
P. Talec:
POEMA
Yo no supe dónde entraba,
pero, cuando allí me vi,
sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí;
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo
….
Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado
de un entender no entendiendo
toda ciencia trascendiendo.
San Juan de la Cruz
CANTO
MANDAME IR A TI / MAURICIO ALEN https://youtu.be/xMOzTQsbVuc
No Tengo Miedo-Letra (Himno Effetá)
¡Animo! Soy Yo Ain Karem
¡No temas! Ain Karem
No Tengas Miedo Ain Karem
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela





