VII Domingo de Pascua

Solemnidad de Ascensión del Señor

CITA

Cuando alguien te enseñe las estrellas,

no te quedes mirando el dedo

« Del “¡Venid!” al “Id”»

S.Son

Ireneo de Lyon La Iglesia, pues, diseminada, como hemos dicho, por el mundo entero, guarda diligentemente la predicación y la fe recibida, habitando como en una única casa; y su fe es igual en todas partes, como si tuviera una sola alma y un solo corazón, y cuanto predica, enseña y transmite, lo hace al unísono, como si tuviera una sola boca. Libro 1,10,1-3: PG 7, 550-554 (Liturgia de las Horas, 25 de abril)

San Agustín: del mismo modo que él subió sin alejarse por ello de nosotros, así también nosotros estamos ya con él allí, aunque todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que se nos promete. (Sermón 98, Sobre la Ascensión del Señor, 1-2: PLS 2, 494-495).

“Él no abandonó el cielo al bajar hasta nosotros, ni tampoco se alejó de nosotros cuando de nuevo subió al cielo” (Raniero Cantalamessa, La Palabra y la Vida-Ciclo B , Ed. Claretiana, Bs. As., 1994, Pág. 124-127).

«Aquí la esperanza, allí la realidad».

«Cumplimos lo que nos mandaste, danos lo que nos prometiste» (Sermón 395).

San Juan Crisóstomo Les dijeron: ¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? Estas palabras están llenas de solicitud y sin embargo no anuncian como próxima la segunda venida del Salvador. Los ángeles afirman sólo lo más importante, es decir, la certeza de que Jesucristo vendrá de nuevo y la confianza con la que hemos de esperar su retorno (Homilía sobre los Hechos de los Apóstoles 2).

San León Magno explica que con este misterio «no solamente se proclama la inmortalidad del alma, sino también la de la carne. De hecho, hoy no solamente se nos confirma como poseedores del paraíso, sino que también penetramos en Cristo en las alturas del cielo» (De Ascensione Domini, Tractatus 73, 2.4: ccl 138 a, 451.453).

San Gregorio de Nisa «El que por nosotros se hizo hombre, siendo el Hijo único, quiere hacernos hermanos suyos y, para ello, hace llegar hasta el Padre verdadero su propia humanidad, llevando en ella consigo a todos los de su misma raza»

San Gregorio Magno, En cuanto Nuestro Señor subió a los Cielos, su Santa Iglesia desafió al mundo y, confortada con su Ascensión, predicó abiertamente lo que creia a ocultas (Hom. 29 sobre los Evang. ).

San Benito, que en su Regla recomienda no anteponer nada a Cristo: “Christo nihil omnino praeponere” (LXII, 11).

Doroteo de Gaza, Los santos, cuanto más se aproximan a Dios, tanto más pecadores se sienten.

Isaac de Nínive: La humildad es el adorno de Dios. Haciéndose hom­bre, el Verbo de Dios la revistió. Por eso, el que se cubre con el mismo vestido con que se vistió el Creador, está revestido de Cristo mismo.

Santo Tomás, No era conveniente que Cristo permaneciese en la tierra después de la Resurrección, sino que convenia que subiese al Cielo (Suma Teológica,3, q 57, a. 1).

San Juan Damaceno, Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios ante de todos los siglos, como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada (Exposición de la fe 75).

Juan Taulero, Aunque todos los maestros hayan muerto y todos los libros quemados, encontraremos siempre, en su vida santa, una enseñanza suficiente, porque él mismo es el camino y no otro (Jn 14,6). Sigámoslo pues. (Sermón 20, 3º para la Ascensión )

San Juan de la Cruz, «para alcanzar las peticiones que tenemos en nuestro corazón, no hay mejor medio que poner la fuerza de nuestra oración en aquella cosa que es más gusto de Dios; porque entonces no sólo dará lo que le pedimos, que es la salvación, sino aun lo que él ve que nos conviene y nos es bueno, aunque no se lo pidamos» (Subida del Monte Carmelo Libro III, cap. 44, 2, Roma 1991, 335).

San Francisco Javier «Muchos cristianos se dejan de hacer, en estas partes, por no haber personas que en tan pías y santas cosas se ocupen. Muchas veces me mueven pensamientos de ir a los estudios de esas partes, dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio… diciendo a los que tienen más letras que voluntad: ¡Cuántas ánimas dejan de ir a la gloria… por la negligencia de ellos!…» (San Francisco Javier, Carta 5 a San Ignacio de Loyola, de 1544. H. Tursellini, Vita Francisci Xaverii, Romae, 1956, lib. IV; citado según el Libro de las Horas, Oficio de lectura del 3 de diciembre).

San J. Escrivá De Balaguer, La fiesta de la Ascensión del Señor nos sugiere también otra realidad; el Cristo que nos anima a esta tarea en el mundo, nos espera en el Cielo. En otras palabras: la vida en la tierra, que amamos, no es lo definitivo; pues no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos en basca de la futura (He 13,14), ciudad inmutable (. . . ). Cristo nos espera. Vivimos ya como ciudadanos del cielo (F1p 3,20), siendo plenamente ciudadanos de la tierra, en medio de dificultades, de injusticias, de incomprensiones, pero también en medio de la alegría y de la serenidad que da el saberse hijo amado de Dios (Es Cristo que pasa,126).

Hay que difundir las maravillas del Señor. Es necesario que llegue a todas partes la verdad de Dios: con la prensa y con otras publicaciones, con el cine, la radio y la televisión… Y esto es una labor vuestra ().

Concilio Vaticano II: «La Iglesia peregrinante es, por naturaleza, misionera, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el propósito de Dios Padre» (Ad gentes, 2).

“Prosigue su peregrinación en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que vuelva” (Lumen gentium , 8).

«El Evangelio es, en todos los tiempos, el principio de toda su vida para la Iglesia». (G. S., nº. 16).

Catecismo, 659 «Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios» (Mc 16, 19). El Cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su Resurrección como lo prueban las propiedades nuevas y sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo disfruta para siempre (cf. Lc 24, 31; Jn 20, 19. 26). Pero durante los cuarenta días en los que él come y bebe familiarmente con sus discípulos (cf. Hch 10, 41) y les instruye sobre el Reino (cf. Hch 1, 3), su gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria (cf. Mc 16,12; Lc 24, 15; Jn 20, 14-15; 21, 4). La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube (cf. Hch 1, 9; cf. también Lc 9, 34-35; Ex 13, 22) y por el cielo (cf. Lc 24, 51) donde él se sienta para siempre a la derecha de Dios (cf. Mc 16, 19; Hch 2, 33; 7, 56; cf. también Sal 110, 1). Sólo de manera completamente excepcional y única, se muestra a Pablo «como un abortivo» (1 Co 15, 8) en una última aparición que constituye a éste en apóstol (cf. 1 Co 9, 1; Ga 1, 16).

660 El carácter velado de la gloria del Resucitado durante este tiempo se transparenta en sus palabras misteriosas a María Magdalena: «Todavía […] no he subido al Padre. Vete donde los hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios» (Jn 20, 17). Esto indica una diferencia de manifestación entre la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre. El acontecimiento a la vez histórico y transcendente de la Ascensión marca la transición de una a otra.

661 Esta última etapa permanece estrechamente unida a la primera es decir, a la bajada desde el cielo realizada en la Encarnación. Solo el que «salió del Padre» puede «volver al Padre»: Cristo (cf. Jn 16,28). «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre» (Jn 3, 13; cf, Ef 4, 8-10). Dejada a sus fuerzas naturales, la humanidad no tiene acceso a la «Casa del Padre» (Jn 14, 2), a la vida y a la felicidad de Dios. Sólo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, «ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino» (Prefacio de la Ascensión del Señor, I: Misa Romano).

662 «Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí»(Jn 12, 32). La elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Ascensión al cielo. Es su comienzo. Jesucristo, el único Sacerdote de la Alianza nueva y eterna, «no […] penetró en un Santuario hecho por mano de hombre […], sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro» (Hb 9, 24). En el cielo, Cristo ejerce permanentemente su sacerdocio. «De ahí que pueda salvar perfectamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor»(Hb 7, 25). Como «Sumo Sacerdote de los bienes futuros»(Hb 9, 11), es el centro y el oficiante principal de la liturgia que honra al Padre en los cielos (cf. Ap 4, 6-11).

663 Cristo, desde entonces, está sentado a la derecha del Padre: «Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada» (San Juan Damasceno, Expositio fidei, 75 [De fide orthodoxa, 4, 2]: PG 94, 1104).

664 Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del Hijo del hombre: «A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás» (Dn 7, 14). A partir de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del «Reino que no tendrá fin» (Símbolo de Niceno-Constantinopolitano: DS 150).

668: La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos y en la tierra. Él está «por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación» porque el Padre «bajo sus pies sometió todas las cosas» (Ef 1, 20-22). Cristo es el Señor del cosmos y de la historia. En él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación, su cumplimiento trascendente.

849-850: «“La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser ‘sacramento universal de salvación’, por exigencia íntima de su misma catolicidad, obedeciendo al mandato de su Fundador se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres” (AG, 1): “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 19-20)».

863 “La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado”. Se llama “apostolado” a “toda la actividad del Cuerpo Místico” que tiende a “propagar el Reino de Cristo por toda la tierra”

1.253 «El Bautismo es el sacramento de la fe. Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. Sólo en la fe de la Iglesia puede creer cada uno de los fieles. La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse. Al catecúmeno, o a su padrino, se le pregunta: ‘¿Qué pides a la Iglesia de Dios?’ y él responde: ‘¡La fe!’»

Pablo VI «El hombre actual escucha a los que dan testimonio más gustosamente que a los maestros, o si escucha a los maestros es porque dan testimonio» (Pablo VI, discurso a los miembros del Consilium de Laicis, 2 de octubre de 1974; AAS 66, 1974, pág. 568; cf. Evangelii nuntiandi, 41; AAS 68, 1976, pág. 31).

“La evangelización comprende además la predicación de la esperanza en las promesas hechas por Dios mediante la nueva alianza en Jesucristo; la predicación del amor de Dios para con nosotros y de nuestro amor hacia Dios, la predicación del amor fraterno para con todos los hombres —capacidad de donación y de perdón, de renuncia, de ayuda al hermano— que por descender del amor de Dios, es el núcleo del Evangelio; la predicación del misterio del mal y de la búsqueda activa del bien” (Evangelium nuntiandi n.28).

San Juan Pablo II “Así pues, la Ascensión es una epifanía trinitaria, que indica la meta hacia la que se dirige la flecha de la historia personal y universal. Aunque nuestro cuerpo mortal pasa por la disolución en el polvo de la tierra, todo nuestro yo redimido está orientado hacia las alturas y hacia Dios, siguiendo a Cristo como guía”. Catequesis: Audiencia General, 24-05-2000

En la Ascensión, Jesucristo “sube” a fin de completar todas las cosas: el mundo entero, todas las criaturas, y la historia del hombre. (12-V-1991)

Anunciar y testimoniar a Cristo es la misión de todo bautizado. 4-06-2000

Benedecto XVI “El «cielo», la palabra cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más osado y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y para siempre a la humanidad, Aquel en quien Dios y el hombre están inseparablemente unidos para siempre. El estar el hombre en Dios es el cielo. Y nosotros nos acercamos al cielo, más aún, entramos en el cielo en la medida en que nos acercamos a Jesús y entramos en comunión con él. Por tanto, la solemnidad de la Ascensión nos invita a una comunión profunda con Jesús muerto y resucitado, invisiblemente presente en la vida de cada uno de nosotros”.

“En el Cristo elevado al cielo el ser humano ha entrado de modo inaudito y nuevo en la intimidad de Dios; el hombre encuentra, ya para siempre, espacio en Dios”. ()

Papa Francisco, Hoy, en este “id” de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva “salida” misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio. (EG 20)

«En nuestra vida nunca estamos solos: tenemos este abogado que nos espera, que nos defiende. El Señor crucificado y resucitado nos guía» ()

K. Rahner la llamaba “la fiesta del porvenir del mundo”

Pagola, El filósofo norteamericano Herbert Marcuse decía que «la esperanza solo se la merecen los que caminan». Yo diría que la esperanza cristiana solo la conocen los que caminan tras los pasos de Jesús. Son ellos quienes pueden «proclamar el evangelio a toda la creación».

Aldazabal, Lo importante es que cada uno de nosotros, miembros de la comunidad de Jesús y del Espíritu, realicemos esa misión, en medio de circunstancias favorables o desfavorables, en el ambiente familiar y en el profesional, con alegría y esperanza.

Fray José Fernández Moratiel Nos envía a anunciar el evangelio a todos, ser como el sol que a todos ilumina y no dice: “A esta ladera no la voy a alumbrar”, o “a este charco le voy a dejar sin reflejos”. Nuestro anuncio es así, a todos y sencillo, humilde, el anuncio que humildemente hace nuestra presencia cristiana.

APOSTOLADO

 Así como el clamor del océano se compone del ruido de cada una de las olas, así la santidad de vuestro apostolado se compone de las virtudes personales de cada uno de vosotros.  Josemaría Escrivá de Balaguer

Con la oración y el sacrificio se prepara la acción. San Juan Bosco 

El deseo de “enseñar”, y “enseñar de corazón”, crea en los alumnos un agradecimiento, que constituye terreno idóneo para el apostolado. San Josemaría Escrivá de Balaguer

El celo apostólico «viene del conocimiento de Jesucristo». SS. Francisco

Es preciso que seas “hombre de Dios”, hombre de vida interior, hombre de oración y de sacrificio. —Tu apostolado debe ser una superabundancia de tu vida “para adentro”. San Josemaría Escrivá de Balaguer

Es inútil que te afanes en tantas obras exteriores si te falta Amor. —Es como coser con una aguja sin hilo.
     ¡Qué pena, si al final hubieras hecho “tu” apostolado y no “su” Apostolado! San Josemaría Escrivá de Balaguer

Hay quienes con mucha facilidad se sienten inclinados a creer que lo más importante hoy es hacer apostolado, y que por lo mismo la oración queda desplazada a un segundo plano. Pedro Finkler

«La formación de un apóstol del Reino dura lo que dura su vida» Regnum Christi

La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado. Apostolicam actuositatem

No olvidemos nunca que es el Señor el que guía a la Iglesia y hace fecundo nuestro apostolado. SS. Francisco

«Un apostolado que no brote de una fuente caudalosa de oración y vida interior, está llamado al fracaso» Regnum Christi

CONTO

ELEFANTE ATADO

Un día un niño vio cómo un elefante del circo, después de la función, era amarrado con una cadena a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Se asombró de que tan corpulento animal no fuera capaz de liberarse de aquella pequeña estaca, y que de hecho no hiciera el más mínimo esfuerzo por conseguirlo.

Decidió preguntarle al hombre del circo, el cual le respondió: “Es muy sencillo, desde pequeño ha estado amarrado a una estaca como ésa, y como entonces no era capaz de liberarse, ahora no sabe que esa estaca es muy poca cosa para él. Lo único que recuerda es que no podía escaparse y por eso ni siquiera lo intenta”.

Tomado de P, Diego Millán

LA ESTATUA LA VERÁN LOS OJOS DE DIOS.”

Un escultor estaba cincelando con mucho cuidado y dedicación un grueso bloque de mármol. Un visitante, después de contemplar con ojos extasiados la belleza perfecta que iba logrando el escultor, le preguntó: ” ¿adónde se va a colocar esta estatua?” La vamos a colocar allá, arriba de esa torre”, contestó el escultor. “¿Cómo? ¿Allá arriba, tan lejos del suelo? ¿Y para qué elaborar con tanto detalle una estatua cuya belleza nadie podrá apreciar a esa altura?” Y el escultor respondió con una sonrisa: “La verán los ojos de Dios”.

Lo que cuenta, en nuestra vida, es lo que vale a los ojos de Dios y no tanto lo que piensa la gente. Jesús nos invita a hacer el bien no para gloria nuestra sino del Padre que está en los cielos: “Así debe brillar su luz antes los hombres para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre de ustedes que está en los cielos.” (Mt 5,16).

No hay que preocuparse de lo que dirá la gente, tampoco esconder el bien que estamos haciendo, sino estar seguros de que estamos haciendo la voluntad del Padre.

Tomado de P. Chinaglia

ANÉCDOTA

«FUE ELEVADO»?

El sentido de esta expresión no se comprende a partir de un solo texto, ni siquiera de un solo libro del Nuevo Testamento, sino en la escucha atenta de toda la Sagrada Escritura. En efecto, el uso del verbo «elevar» tiene su origen en el Antiguo Testamento, y se refiere a la toma de posesión de la realeza. Por tanto, la Ascensión de Cristo significa, en primer lugar, la toma de posesión del Hijo del hombre crucificado y resucitado de la realeza de Dios sobre el mundo.

Pero hay un sentido más profundo, que no se percibe en un primer momento. En la página de los Hechos de los Apóstoles se dice ante todo que Jesús «fue elevado» (Hch 1, 9), y luego se añade que «ha sido llevado» (Hch 1, 11). El acontecimiento no se describe como un viaje hacia lo alto, sino como una acción del poder de Dios, que introduce a Jesús en el espacio de la proximidad divina. La presencia de la nube que «lo ocultó a sus ojos» (Hch 1, 9) hace referencia a una antiquísima imagen de la teología del Antiguo Testamento, e inserta el relato de la Ascensión en la historia de Dios con Israel, desde la nube del Sinaí y sobre la tienda de la Alianza en el desierto, hasta la nube luminosa sobre el monte de la Transfiguración. Presentar al Señor envuelto en la nube evoca, en definitiva, el mismo misterio expresado por el simbolismo de «sentarse a la derecha de Dios».

En el Cristo elevado al cielo el ser humano ha entrado de modo inaudito y nuevo en la intimidad de Dios; el hombre encuentra, ya para siempre, espacio en Dios. El «cielo», la palabra cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más osado y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y para siempre a la humanidad, Aquel en quien Dios y el hombre están inseparablemente unidos para siempre. El estar el hombre en Dios es el cielo. Y nosotros nos acercamos al cielo, más aún, entramos en el cielo en la medida en que nos acercamos a Jesús y entramos en comunión con él. Por tanto, la solemnidad de la Ascensión nos invita a una comunión profunda con Jesús muerto y resucitado, invisiblemente presente en la vida de cada uno de nosotros.

Tomado de Benedicto XVI, Homilía, 24-05-2009

CANCIONES DEL CIELO

Eric Clapton, en su canción Tears in Heaven, canta con un amor paternal enorme a su hijo fallecido: «¿Me tomarías de la mano si te viese en el cielo?/ Más allá de la puerta, hay paz, estoy seguro». Acá la experiencia del cielo hace conectarse al ser humano con aquella persona que lo hace sentirse vivo, pleno, completo.

Led Zeppelin en Stairway to Heaven, termina hablando del cielo en estas palabras: «y si escuchas muy atento,/ la melodía vendrá al fin a ti,/ cuando todos sean uno y uno sean todo».

Tomado de Pastoral sj

LOS CUARENTA DÍAS.

El evangelio de Lucas y los otros evangelistas no dice nada de este período de 40 días entre la resurrección y la ascensión. ¿Por qué lo introduce Lucas en el libro de los Hechos? ¿Qué quiere decirnos? El número 40 se usa en la Biblia para indicar plenitud, sobre todo cuando se refiere a un período de tiempo. El diluvio dura 40 días y 40 noches; la marcha de los israelitas por el desierto, 40 años; el ayuno de Jesús, 40 días… Se podrían citar otros muchos ejemplos. En este caso, lo que pretende decir Lucas es que los discípulos necesitaron más de un día para convencerse de la resurrección de Jesús, y que este se les hizo especialmente presente durante el tiempo que consideró necesario, para terminar también de instruirlos sobre el Reino de Dios.

Tomado de José Luis Sicre

EL QUE CREA SE SALVARÁ

El emperador Aureliano – 213-275 -, favorecía por sus méritos al oficial Mario. Era insigne ya, y de alta graduación. Pensaba ascenderle aún; pero uno de los émulos de Mario, reveló al emperador que Mario, era un cristiano acérrimo

Aureliano llamó al oficial, poniéndole esta disyuntiva: “O renuncias a tu cristianismo para ascenderte; o en caso contrario, morirás. Tienes dos días para elegir”. Mario quedó entre la espada y la pared.

Se presentó más que de prisa al obispo a pedir consejo; fue introducido en el templo. Arrodillado ante el ara. En el altar estaba el Evangelio y la espada del militar. Allí Mario había jurado fidelidad eterna a Dios, el día de su Bautismo.

El obispo le dijo: “Mario, eliges tú”. Sin titubear eligió el Evangelio, prefiriéndolo a la espada. Desde el templo se presentó al emperador; de este a la cárcel; y de aquí al glorioso martirio. Muchos recuerdan y honran a San Mario; al contrincante nadie le recuerda en el mundo

Cuántas veces nos pone la vida en la disyuntiva de Dios o el pecado. Nuestro proceder y obras dan testimonio de lo que somos: si cristianos o todo lo contrario.

(Rosalio Rey Garrido, Anécdotas y reflexiones , Ed. Don Bosco, Bs. As., 1962, n° 69)

TEOFILO

En la fiesta de la Ascensión todos hemos recibido una carta. Es la carta de Lucas, un testigo de primera hora, dirigida a Teófilo. Es curioso que este misterioso Teófilo no haya pasado a la devoción popular: no se celebra su fiesta, ni se le dedican parroquias, tampoco, al parecer, se conservan reliquias suyas. Sólo hemos conservado de él esta carta que le escribió Lucas: una carta larga, en dos partes. La primera, todo un Evangelio (el tercero, tal como se suele presentar en las Biblias), la segunda es algo así como el quinto evangelio, el evangelio de la misión, de la transmisión de la Buena Noticia a todo el mundo entonces conocido. Se ve que desde los primeros tiempos los cristianos comprendieron que Teófilo (el amigo de Dios) somos cada uno de nosotros (por tanto, también se llama Teófila) y que para cada uno de los que se interesan por Jesús, por el Evangelio, se ha escrito y enviado esta carta. Así que, sintiéndonos personalmente concernidos por lo que Lucas nos envía, nos aprestamos a leer con atención lo que nos quiere decir. Y nos encontramos, en primer lugar, con la Ascensión de Jesús a los cielos. Lucas lo presenta como una cierta culminación del camino terrestre de Jesús y como el comienzo de una nueva etapa, precisamente la de la misión universal de la Iglesia: desde Jerusalén, por Judea y Samaria y hasta los confines del mundo, que para Lucas significan Roma, la ciudad en la que termina la narración, pero no la historia, pues la de Lucas es una narración abierta.

Tomado de José María Vegas, cmf

ABBA

Jesús habla del Padre con infinita ternura, y también con añoranza. Sólo habría que contar, por ejemplo, las veces que pronuncia esta palabra en cuarto Evangelio: ¡115 veces!

Tomado de Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

TEXTOS CLÁSICOS SOBRE LA SUBIDA AL CIELO

A propósito de Hércules escribe Apolodoro en su Biblioteca Mitológica: “Hércules… se fue al monte Eta, que pertenece a los traquinios, y allí, luego de hacer una pira, subió y ordenó que la encendiesen (…) Mientras se consumía la pira cuenta que una nube se puso debajo, y tronando lo llevó al cielo. Desde entonces alcanzó la inmortalidad…” (II, 159-160).

Suetonio cuenta sobre Augusto: “No faltó tampoco en esta ocasión un antiguo pretor que declaró bajo juramento que había visto que la sombra de Augusto, después de la incineración, subía a los cielos” (Vida de los Doce Césares, Augusto, 100).

Drusila, hermana de Calígula, pero tomada por éste como esposa, murió hacia el año 40. Entonces Calígula consagró a su memoria una estatua de oro en el Foro; mandó que la adorasen con el nombre de Pantea y le tributasen los mismos honores que a Venus. El senador Livio Geminio, que afirmó haber presenciado la subida de Drusila al cielo, recibió en premio un millón de sestercios.

De Alejandro Magno escribe el Pseudo Calístenes: “Mientras decía estas y otras muchas cosas Alejandro, se extendió por el aire la tiniebla y apareció una gran estrella descendente del cielo hasta el mar acompañada por un águila, y la estatua de Babilonia, que llaman de Zeus, se movió. La estrella ascendió de nuevo al cielo y la acompañó el águila. Y al ocultarse la estrella en el cielo, en ese momento se durmió Alejandro en un sueño eterno” (Libro III, 33).

Con respecto a Apolonio de Tiana, cuenta Filóstrato que, según una tradición, fue encadenado en un templo por los guardianes. “Pero él, a medianoche se desató y, tras llamar a quienes lo habían atado, para que no quedara sin testigos su acción, echó a correr hacia las puertas del templo y éstas se abrieron y, al entrar él, las puertas volvieron a su sitio, como si las hubiesen cerrado, y que se oyó un griterío de muchachas que cantaban, y su canto era: Marcha de la tierra, marcha al cielo, marcha” (Vida de Apolonio de Tiana VIII, 30).

Sobre la nube véase también Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma I,77,2: “Y después de decirle esto, [el dios] se envolvió en una nube y, elevándose de la tierra, fue transportado hacia arriba por el aire”.

CHISTE

ID AL MUNDO ENTERO

Un padre que daba una misión en una pequeña parroquia. La congregación participaba con entusiasmo, especialmente un hombre en la primera banca. El primero habló en contra de todos los pecados sexuales: el adulterio, la fornicación, la pornografía. Y cada vez el hombre decía, “Bien dicho, padre.” Luego predicó en contra de ellos que van a los casinos para malgastar el dinero familiar en juegos. Otra vez, “bien dicho, padre.” Finalmente el sacerdote habló de los peligros de alcohol, como destruye a muchas personas y les abre a todos los otros pecados. El hombre se calló. Finalmente se paró y gritó, “Basta, padre. Ahora estás imponiendo.”

Tomado de Padre Felipe Bloom

POEMA

LA ODA A LA ASCENSIÓN

“¿Y dejas, Pastor santo,

tu grey en este valle hondo, escuro,

con soledad y llanto;

y tú, rompiendo el puro

aire, ¿te vas al inmortal seguro?

Los antes bienhadados,

y los agora tristes y afligidos,

a tus pechos criados,

de ti desposeídos,

¿a dó convertirán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos

que vieron de tu rostro la hermosura,

que no les sea enojos?

Quien oyó tu dulzura,

¿qué no tendrá por sordo y desventura?

Aqueste mar turbado,

¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto

al viento fiero, airado?

Estando tú encubierto,

¿qué norte guiará la nave al puerto?

¡Ay!, nube, envidiosa

aun deste breve gozo, ¿qué te aquejas?

¿Dó vuelas presurosa?

¡Cuán rica tú te alejas!

¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!”

Fray Luis de León, Oda XVIII

ORACIÓN

FELICITACIÓN

Enhorabuena, Señor, por tu triunfo.

Has ascendido y eres lo más alto que existe.

Has batido el record absoluto

de amor a la humanidad.

También a mí me gusta el triunfo,

el hacer carrera y el éxito,

pero soy muy diferente a Ti.

Cuando yo gano, otros pierden.

Cuando ganas Tú, ganamos todos.

Lo mío suele ser un éxito

frente a otros hombres.

Lo tuyo es una victoria para todos los hombres.

Enséñame, Señor, a no subir a costa de los demás.

Enséñame a servir a todos deportivamente.

Mercaba

CANTO

Alma Misionera ATHENAS

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela