VI Domingo del Tiempo Ordinario

CITA

Isaías 58,6-7 Este es el ayuno que yo quiero: | soltar las cadenas injustas, | desatar las correas del yugo, | liberar a los oprimidos, | quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, | hospedar a los pobres sin techo, | cubrir a quien ves desnudo | y no desentenderte de los tuyos.

Didajé: « Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos caminos. Ahora bien, el camino de la vida es éste: en primer lugar amarás a Dios, que te ha creado; en segundo lugar, a tu prójimo como a ti mismo. Y todo aquello que no quieras que se haga contigo, no lo hagas tú tampoco a otro». (1,1-2: BAC 65,77).

San Ignacio de Antioquía: “Mejor es mantenerse en silencio y ser, que decir y no ser. Es hermoso enseñar si se hace lo que se dice. Uno solo es el Maestro que dijo e hizo, y lo que hizo, permaneciendo en silencio, es digno del Padre. Quien posee verdaderamente la palabra de Jesús puede también percibir su silencio, sea por ser perfecto, sea por obrar mediante su palabra y ser conocido por su mantenerse en la palabra”. Carta a los Efesios

«Lo único que para mí habéis de pedir es que tenga fortaleza interior y exterior, para que no sólo hable, sino que esté también interiormente decidido, a fin de que sea cristiano no sólo de nombre, sino también de hecho. Si me porto como cristiano, tendré también derecho a este nombre y, entonces, seré de verdad fiel a Cristo, cuando haya desaparecido ya del mundo. (…) Lo que necesita el cristianismo, cuando es odiado por el mundo, no son palabras persuasivas, sino grandeza de alma» (S. Ignacio de Antioquía, Ad Romanos 5,2).

San Juan Crisóstomo, “Nada soy, y nada valgo, todo a Tí te lo debo, sólo a Tí he de servir Señor Dios mío.”

San Agustín nos recuerda refiriéndose a la compunción de los pobres de espíritu, que “… lo que ayuda no es sufrir estos males, sino soportarlos por el nombre de Jesús, no sólo con espíritu sereno, sino incluso con alegría.» (De sermone Domini in monte, I, 5, 13: CCL 35, 13).

«Ciertamente todos nosotros queremos vivir felices, y en el género humano no hay nadie que no dé su asentimiento a esta proposición incluso antes de que sea plenamente enunciada» (De moribus Ecclesiae catholicae, 1, 3, 4).

«¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti» (Confessiones, 10, 20, 29).

san Bernardo: Fíate enteramente de Dios, encomiéndate a Él, descarga en su providencia todos tus cuidados. Y Él te sustentará, de modo que confiadamente puedas decir: “el Señor anda solícito por mí” (Sal 39, 18).

San Cirilo: «Sigue a la pobreza, no sólo la falta de las cosas deleitables, sino también la depresión del semblante por la tristeza. Por lo que sigue: “Bienaventurados los que lloráis”. Considera como bienaventurados, no precisamente a los que derraman lágrimas —porque esto es propio de todos, tanto fieles como infieles, cuando experimentan alguna contrariedad— sino solamente a aquellos que hacen una vida mortificada, se preservan de los vicios y de las afecciones carnales.»

San Beda: «Es bienaventurado el que por las riquezas de la herencia celestial, por el pan de la vida eterna, por la esperanza de las alegrías celestiales, desea sufrir el llanto, el hambre y la pobreza, y aun mucho más bienaventurado aquel que no teme guardar estas virtudes en medio de la adversidad. Por ello sigue: “Seréis bienaventurados, cuando os aborreciesen los hombres”. Aun cuando aborrezcan los hombres con un corazón malvado, no pueden hacer daño al que es amado por Cristo. Prosigue: “Y cuando os apartaren de sí, apartarán también al Hijo del hombre”. Porque Él resucita para sí a los que mueren con Él, y les hace descansar en la eterna bienaventuranza. Prosigue: “Y cuando desecharen vuestro nombre como malo”. En esto se refiere al nombre de cristiano, que fue tan ultrajado por los judíos y por los gentiles, cuantas veces se acordaron de Él, y también fue despreciado por los hombres, sin que para ello hubiese otro motivo que el odio que tenían al Hijo de Dios, a saber, porque los fieles quisieron tomar su nombre de Cristo. Luego enseña que habrán de ser perseguidos por los hombres, pero que serán bienaventurados, como más que hombres. De aquí prosigue: “Gozaos en aquel día y regocijaos: porque vuestro galardón grande es en el Cielo.”»

San Beda: «Los que dicen la verdad son ordinariamente perseguidos; no obstante, los antiguos profetas no dejaban de predicar la verdad por temor a la persecución.»

San Ambrosio: «Aun cuando en la abundancia de las riquezas hay muchos alicientes para pecar, también hay muchos medios para practicar la virtud. Aunque la virtud no necesita opulencia, y la largueza del pobre es más laudable que la liberalidad del rico, sin embargo, la autoridad de la sentencia celeste no condena a los que tienen riquezas, sino a los que no saben usar de ellas. Porque, así como el pobre es tanto más laudable cuanto más pronto es el afecto con que da, así es tanto más culpable el rico que tarda en dar gracias a Dios por lo que ha recibido, y se reserva sin utilidad la fortuna que le ha sido dada para el uso de todos. Luego no es la fortuna, sino el afecto a la fortuna, el que es criminal; y aunque no hay mayor tormento que amontonar con inquietud lo que ha de aprovechar a los herederos, sin embargo, como los deseos de amontonar de la avaricia se alimentan de cierta complacencia, los que tienen el consuelo de la vida presente pierden el premio eterno.»

San Beda: «Si son bienaventurados aquellos que tienen hambre de obras justas, deben por el contrario considerarse como desgraciados aquellos que, satisfaciendo todos sus deseos, no padecen hambre del verdadero bien.»

santo Tomás de Aquino: «Sólo Dios sacia» (In Symbolum Apostolorumscilicet «Credo in Deum» expositio, c. 15).

San Bernardo de Claraval ¿Qué es la avaricia? Un continuo vivir en la pobreza por temor a ser pobre.

San Francisco “Es feliz quien nada retiene para sí”.

Recuerda que cuando dejes este mundo, no puedes llevarte nada que hayas recibido; solo lo que has dado.

Es en el dar que recibimos.

San Antonio de Padua “La naturaleza nos engendra pobres: desnudos nacemos y desnudos morimos. La malicia humana ha creado a los ricos y el que quiere serlo cae en la red tendida por el diablo.”

Ignacio de Loyola: «Es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás»

santa Teresa de Lisieux «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades»

San Pablo VI, El gozo de permanecer en el amor de Dios comienza ya aquí abajo. Es el del Reino de Dios. Pero se concede dentro de un camino escarpado, que pide una total confianza en el Padre y en el Hijo, una preferencia por el Reino. El mensaje de Jesucristo promete ante todo el gozo, este gozo exigente; ¿no se abre con las bienaventuranzas? (Exhortación apostólica sobre el gozo cristiano « Gaudete in Domino »)

san Josemaría Escrivá: ¡Es una locura confiar en Dios…!, dicen. -¿Y no es más locura confiar en sí mismo, o en los demás hombres?

«Todo cristiano corriente tiene que hacer compatibles, en su vida, dos aspectos que pueden parecer a primera vista contradictorios. Pobreza real, que se note y se toque — hecha de cosas concretas — , que sea una profesión de fe en Dios, una manifestación de que el corazón no se satisface con las cosas creadas. (…) Y, al mismo tiempo, ser uno más entre sus hermanos los hombres, de cuya vida participa, con quienes se alegra, con los que colabora, amando el mundo y todas las cosas buenas que hay en el mundo, utilizando todas las cosas creadas para resolver los problemas de la vida humana, y para establecer el ambiente espiritual y material que facilita el desarrollo de las personas y de las comunidades» (S. Josemaría Escrivá, Conversaciones , n. 110).

Santa Teresa de Calcuta “Cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible, pero no lo es. Esa es la lógica del amor.”

“La pobreza, el desprendimiento de todo lo que nos ata y nos aleja de Dios, sea o no material, nos deja “vacíos”, para que Dios puede entrar plenamente en nuestro corazón.”

“La falta de amor es la mayor pobreza.”

‘Que nadie se acerque a ti sin que al marchar se sienta mejor y más feliz’

san Juan Pablo II. En su testamento escribió: “Expreso la más profunda confianza en que, a pesar de toda mi debilidad, el Señor me concederá toda la gracia necesaria para afrontar según su Voluntad cualquier tarea, prueba y sufrimiento que quiera pedir a su siervo, en el transcurso de la vida”.

Benedicto XVI, La pobreza, en el sentido que le da Jesús -el sentido de los profetas-, presupone sobre todo estar libres interiormente de la avidez de posesión y del afán de poder. Se trata de una realidad mayor que una simple repartición diferente de los bienes, que se limitaría al campo material y más bien endurecería los corazones. Ante todo, se trata de la purificación del corazón, gracias a la cual se reconoce la posesión como responsabilidad, como tarea con respecto a los demás, poniéndose bajo la mirada de Dios y dejándose guiar por Cristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros (Homilía 9.IV.2006).

Las Bienaventuranzas son una paradoja: se invierten los criterios del mundo apenas se ven las cosas en la perspectiva correcta, esto es, desde la escala de valores de Dios, que es distinta de la del mundo. Precisamente los que según los criterios del mundo son considerados pobres y perdidos son los realmente felices, los bendecidos, y pueden alegrarse y regocijarse, no obstante todos sus sufrimientos. Las Bienaventuranzas son promesas en las que resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que Jesús inaugura, y en las que “se invierten los valores”. Son promesas escatológicas, pero no debe entenderse como si el júbilo que anuncian deba trasladarse a un futuro infinitamente lejano o sólo al más allá. Cuando el hombre empieza a mirar y a vivir a través de Dios, cuando camina con Jesús, entonces vive con nuevos criterios y, por tanto, ya ahora algo del éschaton, de lo que está por venir, está presente. (Jesús de Nazaret, primera parte, pág. 35).

Si un papa no recibiera más que aplausos, debería preguntarse qué es lo que no está haciendo bien.

Catecismo de la Iglesia Católica , 1718. Las bienaventuranzas responden al deseo natural de felicidad.

n. 1723 «la bienaventuranza prometida nos coloca ante opciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus malvados instintos y a buscar el amor de Dios por encima de todo. Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o en el bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea, como las ciencias, las técnicas y las artes, ni en ninguna criatura, sino sólo en Dios, fuente de todo bien y de todo amor»

1723 «El dinero es el ídolo de nuestro tiempo. A él rinde homenaje institivo la multitud, la masa de los hombres… y la notoriedad es otro…, el hecho de ser reconocido y de hacer ruido en el mundo» (Newman).

1726. «Las bienaventuranzas nos enseñan el fin último al que Dios llama: el Reino, la visión de Dios, la participación en la naturaleza divina, la vida eterna, la filiación, el descanso en Dios»

2545. “Todos los cristianos han de intentar orientar rectamente sus deseos para que el uso de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en contra del espíritu de pobreza evangélica, buscar el amor perfecto” (LG 42).

FRANCISCO – Se rinde un culto idolátrico al dinero. Porque se ha globalizado la indiferencia!, se ha globalizado la indiferencia: a mí ¿qué me importa lo que les pasa a otros mientras yo defienda lo mío? Porque el mundo se ha olvidado de Dios, que es Padre; se ha vuelto huérfano porque dejó a Dios de lado. (Discurso de S.S. Francisco a los participantes del Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, octubre de 2014).

Las riquezas tienen la capacidad de hacerte esclavo. Por eso, animo a hacer un poco más de oración y un poco más de penitencia, no a los pobres sino a los ricos. No eres libre ante las riquezas. Para serlo, debes tomar distancia y rezar al Señor. Si el Señor te ha dado riquezas es para darlas a los demás, para hacer en su nombre tantas cosas buenas por los demás. Pero las riquezas tienen esa capacidad de seducirnos, y si caemos en esa seducción, somos esclavos de las riquezas. Homilía del 24.V.18

Ex. Ap. Gaudete et exultate, 65. Aunque las palabras de Jesús puedan parecernos poéticas, sin embargo van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad; y, si bien este mensaje de Jesús nos atrae, en realidad el mundo nos lleva hacia otro estilo de vida. Las bienaventuranzas de ninguna manera son algo liviano o superficial; al contrario, ya que solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo.

Ser pobre en el corazón, esto es santidad. nn. 70

Séneca No es pobre el que tiene poco, sino el que mucho desea.

El pobre carece de muchas cosas, pero el avaro carece de todo.

Jon Sobrino: «A eso es a lo que tenemos miedo; a ser felices a lo cristiano».

José Enrique Galarreta “No estás en esta vida para disfrutar sino para hacerla útil para siempre, para ti y para todos”.

Mahatma Gandhi Todo lo que se come sin necesidad se roba al estómago de los pobres.

Jean-Paul Sartre Hay dos clases de pobres: los que son pobres juntos y los que lo son solos. Los primeros son los verdaderos, los otros son ricos que no han tenido suerte.

Nietzsche “El que poco posee es tanto menos poseído. Bendita sea la pobreza moderada”.

CONTO

«El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.

“¿Por qué no has salido a pescar?” le preguntó el industrial.

“Porque ya he pescado bastante por hoy” respondió el pescador.

“¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?”, insistió el industrial.

“¿Y qué iba a hacer con ello?”, preguntó a su vez el pescador.

“Ganarías más dinero”, fue la respuesta. “De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces.

Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, como yo”.

“¿Y qué haría entonces?”, preguntó de nuevo el pescador.

“Podrías sentarte y disfrutar de la vida”, respondió el industrial.

“¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?”, respondió el satisfecho pescador».

Anthony de Mello El canto del pájaro.

Dos mulos volvían del mercado, seguidos a pie por su amo. Uno estaba atiborrado de esponjas y el otro de sal. El cargado de sal avanzaba fatigosamente, lleno de sudor, a causa del peso de la sal; el que llevaba las esponjas, trotaba ligeramente y tomaba a risa al desdichado compañero. Llegan a un río; ambos entran en el agua; y ¿qué sucede? El cargado de esponjas comienza a sentirse siempre cada vez más agobiado, hasta que se ahoga bajo el peso de las esponjas, que se han rellenado de agua; el cargado de sal se siente cada vez más ligero, porque el agua va disolviendo la sal, hasta que con un brinco está a buen seguro sobre la otra orilla, libre de todo peso.

Supongamos que una persona se hubiese entrecruzado con aquella comitiva antes de alcanzar el río y hubiese exclamado dirigiéndose al mulo cargado de sal: «¡Dichoso tú que estás fatigado y gimes!»; y, entonces, dirigiéndose al otro mulo, hubiese dicho: «¡ Desventurado tú que ríes y te diviertes!» Un observador externo habría dicho que aquello era un insulto o una tomadura de pelo. El hecho es que, yendo hacia la dirección del río, aquel hombre sabía qué les esperaba a los dos.

También, Jesús sabe qué tenemos por delante y por eso dice: «Dichosos los pobres… Ay de vosotros los ricos».

Tomado del P. Rainiero Cantalamesa

EL ERROR

Un viajero contó sus peripecias y aventuras y mencionó que un día había estado buscando raíces para comer y hojas para hacer un té cuando encontró un montoncito de piedras de muchos colores. Describió cómo brillaban en el sol y cómo era un espectáculo maravilloso. Un amigo trajo un libro con fotografías de todo tipo de piedras y le pidió que señalara las piedras que había visto. El viajero se lo indicó en las láminas y eran todas piedras preciosas. Los demás exclamaron: “Eres un todo. Si te hubieras traído estas piedras serías ahora un hombre riquísimo”. El viajero no se inmutó: “Yo tenía que llevar todo cargado a cuestas. Y lo que necesitaba era comida y no piedras. Para sobrevivir no podía llevar las dos cosas”.

El hombre sabía, pues, lo que era necesario y lo que no lo era.

EL HOMBRE MÁS RICO

Érase una vez un hombre muy rico que vivía en una mansión que dominaba un fértil valle. Pero había un gran vacío en su vida. No tenía fe y vivía solo con sus muchas riquezas.

Juan, el vaquero del hombre más rico del valle, vivía con su familia en una casa muy humilde. Juan era creyente, oraba en familia y todos juntos iban a la iglesia.

Una mañana, el hombre más rico del valle contemplaba sus tierras y se decía: Todo esto es mío.

En ese momento llegó su vaquero y le dijo: anoche tuve un sueño y el Señor me dijo que el hombre más rico del valle iba a morir a medianoche. Tenía necesidad de decírselo, espero no se enfade.

No te preocupes, no creo en los sueños, vuelve a tu trabajo y olvídalo.

El hombre más rico empezó a inquietarse y se fue a su médico para hacerse un chequeo. Éste le dijo que estaba como un roble y que le quedaban muchos años de vida.

Aliviado pero roído por la duda invitó al médico a cenar y le invitó a quedarse hasta medianoche.

Pasada la medianoche despidió al médico y se dijo: este estúpido de Juan ha arruinado mi día, él y sus malditos sueños.

Acababa de acostarse cuando sonó el timbre de la casa. Eran las 12:30. Bajó y encontró a la hija de Juan en la puerta.

Señor, le dijo llorando, mi mamá me envía a decirle que papá ha muerto a medianoche.

El señor se quedó helado y comprendió súbitamente que el hombre más rico del valle no era él sino su vaquero.

¿Quién es el hombre más rico y más feliz entre nosotros?

NACIDOS PARA VOLAR

Un pato volaba en primavera hacia el norte a través de Europa. Durante el vuelo descendió en un corral danés donde había patos mansos. Disfrutó un poco de su maíz. Se quedó una hora, luego un día, luego una semana, luego un mes y, finalmente, porque le gustaba la buena comida y la seguridad del corral, se quedó todo el verano. Pero un día de otoño, cuando la bandada de patos salvajes volaba de nuevo hacia el sur, pasaron por encima del corral y su compañero escuchó sus gritos. Fue conmovido por un extraño escalofrío de alegría y deleite, y con un gran batir de alas se elevó en el aire para unirse a sus viejos amigos en su vuelo. Pero descubrió que su buena comida lo había hecho tan blando y pesado que no podía subir más alto que el techo del granero. Así que volvió a caer en el corral y se dijo a sí mismo: “Oh, bueno, mi vida está a salvo aquí y la comida es buena. Cada primavera y otoño, cuando escuchaba el canto de los patos salvajes, sus ojos brillaban por un momento y comenzaba a batir sus alas. Pero finalmente llegó el día en que los patos silvestres volaron sobre él y emitieron su grito, pero él no les prestó la menor atención.

Soren Kierkegaard.

ANÉCDOTA

En 1975, seis hombres armados irrumpieron en las cajas de seguridad de un banco de Londres y robaron objetos de valor por valor de más de siete millones de dólares. Una señora, cuyas joyas robadas fueron valuadas en medio millón de dólares, gritó: “Todo lo que tenía estaba aquí”. Toda mi vida estuvo en esa caja. Ella no era dueña de esa caja, era propiedad de la caja.

George W. Truett, pastor de mucho tiempo de la Primera Iglesia Bautista, Dallas, Texas, fue invitado a cenar en la casa de un hombre rico. Después de la comida, su anfitrión lo llevó a un lugar donde podían tener una buena vista de los alrededores.

Señalando los pozos de petróleo, el anfitrión se jactó: “Hace veinticinco años no tenía nada. Ahora, hasta donde puedes ver, es todo mío”.

Mirando en la dirección opuesta a sus extensos campos de grano, dijo: “Eso es todo mío”.

Volviéndose hacia el este hacia enormes rebaños de ganado, dijo: “Todos son míos”.

Luego, señalando hacia el oeste y un hermoso bosque, exclamó: “Eso también es todo mío”.

Hizo una pausa, esperando que Truett lo felicitara por su gran éxito. Truett, colocando una mano sobre el hombro del hombre y señalando hacia el cielo, simplemente dijo: “¿Cuánto tienes en esa dirección?

El hombre bajó la cabeza y confesó: “Nunca pensé en eso”.

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En la segunda mitad del siglo XX, el obispo de una diócesis caía muy bien a los enemigos de la Iglesia. Un día recibió una breve carta, cuyo contenido era: Señor obispo, ¿no se ha parado usted en pensar porque cae tan bien a personas alejadas de la fe y a los enemigos de la Iglesia ? Pues, medítelo.

Un periodista inglés, que se declara no creyente, ha escrito un artículo titulado: La vida es un gran enigma y no hay bastante tiempo, desgraciadamente, para descubrir su sentido. Decía entre otras cosas: «¿Tendré tiempo, antes de morir, de descubrir por qué he nacido? Todavía no he conseguido responder a la pregunta y por cuántos años puedo tenerla ante mí; ciertamente, son menos que los años que ya tengo detrás. No puedo creer que he nacido por casualidad y, si no he nacido por casualidad, debe haber un sentido.

Países como el nuestro están llenos de gente que tienen todas las comodidades. Y, sin embargo, viven una vida de tranquilidad o, según los casos, de violenta desesperación. Todo lo que saben es que hay un vacío dentro de ellos; y por muchas comidas, bebidas, automóviles o televisores que establezcan para sí, por cuantos hermosos hijos y amigos leales pongan como muestra sobre el borde de este pozo, aquel vacío continúa sintiéndose».

Tomado de P. Rainiero Cantalamesa

CANTO

El árbol del arroyo (Brotes de olivo)

Bienaventuranzas – Kairoi

Feliz el que pone en el Señor toda su confianza (Salmo 1) Athenas

“Bienaventurados los misericordiosos” JMJ Cracovia 2016

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela