«Vergüenza»: la oración de desagravio que rezó el Papa tras el Via Crucis empieza a hacerse viral

Otros años fue más breve, pero en este Viernes Santo de 2017 el Papa Francisco, hizo consistir sus palabras al finalizar el Via Crucis del Coliseo en una oración en torno a la palabra «Vergüenza» a modo de compunción y arrepentimiento
de nuestros pecados ante la Cruz que los redime. La oración de
desagravio del Papa ha comenzado a compartirse de forma muy intensa en
las redes sociales como uno de los momentos clave de esta Semana Santa en el Vaticano.

Oracion de desagravio

Oh Cristo, dejado solo y traicionado también por los tuyos. Oh Cristo,
juzgado por los pecadores y condenado por los jefes. Oh Cristo, golpeado
en tu carne, coronado de espinas, vestido de púrpura. Oh Cristo,
atrozmente clavado. Oh Cristo, atravesado por la lanza que ha partido tu
corazón. Oh Cristo, muerto y sepultado. Tú que eres el Dios de
la vida y de la existencia. Oh Cristo, nuestro único Salvador, volvemos
otra vez a ti este año con los ojos bajados de vergüenza y con el corazón lleno de esperanza.

Qué vergüenza por todas las imágenes de devastación y de destrucción, de
naufragios, que se han convertido en ordinarias para nosotros.
Vergüenza por la sangre inocente que cotidianamente se derrama de
mujeres, de niños, de emigrantes, de personas perseguidas por el color
de su piel, o por su pertenencia étnica, social o por su fe en ti.

Vergüenza por las demasiadas veces que, como Judas y como Pedro, te
hemos vendido y traicionado, y abandonado, para morir por nuestros
pecados, escapando como cobardes de nuestras responsabilidades.

Vergüenza por nuestro silencio frente a la injusticia, por nuestras
manos vagas para dar y ávidas para quitar y confiscar, por nuestra voz
que defiende nuestros intereses y tímida para hablar de los intereses de
los otros, por nuestros pies veloces sobre el camino del mal y paralizados sobre el del bien.

Vergüenza por todas las veces que nosotros, obispos, sacerdotes,
consagrados y consagradas, hemos escandalizado y herido tu cuerpo,
la Iglesia, y hemos olvidado nuestro primer amor, nuestro primer
entusiasmo, nuestra total disponibilidad, dejando arruinado nuestro corazón y nuestra vocación.

Tanta vergüenza, Señor… Pero nuestro corazón también está nostálgico de
la esperanza confiada en que tú nos tratas no según nuestros méritos,
sino según la abundancia de tu misericordia; que nuestras traiciones no
hacen venir a menos la inmensidad de tu amor; que tu corazón materno y
paterno no nos olvida por la dureza de nuestras vísceras.

La esperanza segura de que nuestros nombres están escritos en tu corazón y que estamos colocados en la pupila de tus ojos. La esperanza de que tu cruz transforma nuestros corazones endurecidos en
corazones de carne capaces de soñar, de perdonar y de amar; que
transforma esta tenebrosa noche de tu cruz en alba fulgurante de tu
resurrección.

La esperanza de que tu fidelidad no se basa en la nuestra,
la esperanza de que la lista de hombres y mujeres fieles a la cruz
continua y continuará a vivir fiel como la levadura que da sabor, y como
la luz que abre nuevos horizontes en el cuerpo de nuestra humanidad
herida.

La esperanza de que tu Iglesia buscará ser la voz que grita en el
desierto de la humanidad para preparar el camino de tu regreso triunfal
cuando vengas a juzgar a los vivos y a los muertos. La esperanza de que el bien vencerá a pesar de su aparente fracaso.

Señor Jesús, hijo de Dios, víctima inocente de nuestro rescate, delante
de tu misterio de muerte y de gloria, ante tu patíbulo nos arrodillamos
avergonzados y esperanzados, y te pedimos que nos laves en el lavatorio
de la sangre y del agua que brotaron de tu corazón abierto.

Perdona nuestros pecados y nuestras culpas. Te pedimos que te acuerdes
de nuestros hermanos arrancados por la indiferencia de la guerra y de la
violencia.

Te pedimos romper las cadenas que nos tienen prisioneros en nuestro
egoísmo, en nuestra ceguera voluntaria y en la vanidad de nuestros
cálculos mundanos.

Oh Cristo, te pedimos que nos enseñes a no avergonzarnos jamás de tu cruz, a no instrumentalizarla, sino que la honremos y la adoremos porque en ella tú nos has manifestado la monstruosidad de nuestros pecados, la grandeza de tu amor, la injusticia de nuestros juicios y la potencia de tu misericordia.

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