La parroquia San Xoán Bautista se llenó para acompañar al sacerdote en una celebración marcada por la gratitud, la memoria compartida y el reconocimiento a una vida dedicada al servicio del Evangelio y de la comunidad carballesa.
Sesenta años después de su ordenación, José García Gondar repasó su trayectoria vital y pastoral, en la que puso en el centro el agradecimiento, el perdón y la renovación del compromiso sacerdotal.

La tarde del 18 de diciembre quedó marcada en la vida parroquial de Carballo como una jornada de especial significado. A las ocho, y bajo una lluvia persistente, la iglesia de San Xoán Bautista acogió a numerosos fieles, amigos y sacerdotes que se acercaron para acompañar a don José García Gondar en la celebración de sus Bodas de Diamante Sacerdotales, justo cuando se cumplían sesenta años de su ordenación como presbítero de manos del cardenal Fernando Quiroga Palacios.
La Eucaristía fue presidida por el propio García Gondar, y concelebrada por sacerdotes de la Unidad Pastoral y del arciprestazgo de Bergantiños. La celebración se vivió como algo más que una conmemoración puntual, fue un gesto coral de reconocimiento a una vocación sostenida durante seis décadas por la entrega diaria, el servicio discreto y la constante proximidad al pueblo, rasgos que han definido su manera de vivir y ejercer el ministerio sacerdotal.
Una vida sacerdotal contada desde la gratitud
En la homilía, el párroco quiso resumir sus sesenta años de ministerio en tres actitudes fundamentales: dar gracias, pedir perdón y renovar el “sí” pronunciado el día de su ordenación.
A lo largo de su reflexión, García Gondar fue desgranando un amplio y sentido agradecimiento. Dio gracias a Dios por la vida, la fe y la vocación recibida, consciente de haber sido llamado a pesar de sus fragilidades. Agradeció de manera especial a sus padres, Carmen y Manuel, recordando con emoción su sacrificio y su ejemplo, así como a su familia y a su hermano en el sacerdocio, Ricardo, por quien pidió oración en un momento especialmente delicado.
El recuerdo se extendió también a quienes marcaron su formación y su camino pastoral: los formadores del seminario, los sacerdotes que lo acompañaron en sus primeros destinos y los obispos que confiaron en él a lo largo de los años. Entre ellos, evocó con especial cariño al cardenal Fernando Quiroga Palacios, quien lo ordenó sacerdote en 1965, y a los prelados que posteriormente le encomendaron diversas responsabilidades en la diócesis, entre ellas la de vicario episcopal de A Coruña.
La homilía fue, además, un ejercicio de memoria agradecida hacia los numerosos sacerdotes que compartieron con él ministerio y amistad en Carballo y en el arciprestazgo, así como hacia los colaboradores laicos que, desde ámbitos muy diversos, contribuyeron durante décadas a construir una Iglesia viva y comprometida. Catequistas, voluntarios de Cáritas, miembros de consejos parroquiales, coros, cofradías y tantas personas anónimas encontraron un lugar en sus palabras, pronunciadas con el convencimiento de que la Iglesia se edifica siempre en comunidad.
Renovar el “sí” y mirar al futuro
Junto al agradecimiento, el párroco quiso reservar un espacio para el perdón. Reconoció con sencillez las limitaciones propias de una vida larga y exigente, pidió disculpas por los errores y omisiones que pudieron darse a lo largo de los años y por no haber estado siempre a la altura de las circunstancias.
El tramo final de su intervención estuvo marcado por la renovación explícita de las promesas sacerdotales. García expresó su deseo de seguir sirviendo a la Iglesia con la serenidad de la madurez, reafirmando su vinculación con la parroquia de Carballo, a la que definió como su casa y su familia. Recordó que llegó a la villa en agosto de 1972 y que, desde aquel primer momento ante la imagen de la Virgen de la Milagrosa, Carballo dejó de ser un destino para convertirse en un hogar definitivo.
En una de las frases más significativas de la tarde, subrayó su manera de entender el ministerio afirmando que el sacerdocio es una entrega para toda la vida, y renovó su disponibilidad para seguir sirviendo mientras la salud se lo permitiera. “Aquí me tes”, afirmó, reiterando su fidelidad a una vocación vivida sin estridencias, pero con profundidad.
Carballo agradece una presencia fiel
Al finalizar la celebración, la comunidad parroquial quiso expresar públicamente su gratitud con un mensaje que recorrió la vida y el ministerio de don José García Gondar. Se recordó su llegada a Carballo en 1972, inicio de una relación que hoy suma más de cinco décadas.
Se destacó su forma de entender la parroquia como casa abierta y mesa compartida, su cercanía en los momentos decisivos de la vida de las personas y su compromiso social a través de Cáritas, siempre orientado a la dignidad y la esperanza. También se subrayó su apuesta por el trabajo en equipo, por una Iglesia que camina unida y por una pastoral enraizada en la realidad cotidiana.
La celebración de las Bodas de Diamante de José García Gondar se cerró así como un acto de gratitud colectiva. Carballo reconoció en su párroco a un pastor cercano, a un servidor constante y a un testigo de fe que, sesenta años después de su ordenación, continúa sembrando esperanza.








