El segundo acto de la visita del Papa a Génova, tras su encuentro con los trabajadores en la empresa ILVA, fue un encuentro en la catedral de San Lorenzo con los obispos, clero y seminaristas de la Liguria, donde hizo una profunda reflexión sobre la vida del sacerdote.
“Cuanto más imitemos el estilo de Jesús, mejor haremos
nuestro trabajo de pastores», señaló, antes de afirmar que «Jesús
siempre estaba en camino, en medio de la gente, de las multitudes. Esto
significa cercanía a la gente, cercanía a los problemas: no se
escondía”.
Pero también rezaba: «Luego, por la tarde, muchas veces se recogía para
orar, para estar con el Padre. Estas dos cosas, este modo de ver a Jesús
en la calle y rezando, nos ayuda mucho en nuestra vida cotidiana”, destacó como programa para los sacerdotes.
“No debemos tener miedo al movimiento, a la dispersión de nuestro
tiempo”, insistió: «El miedo más grande en el cual debemos pensar, el
que debemos imaginar, es el de una vida estática: el miedo a una vida de
sacerdote que lo tiene todo bien resuelto, bien en orden, estructurado,
todo en su lugar, en hora. Yo tengo miedo de esos sacerdotes estáticos, que incluso permanecen estáticos en la oración, ‘yo rezo de tal hora a tal hora’”.
Agotados por los fieles
Francisco advirtió que “una vida así, tan estructurada, no es una vida
cristiana»: “Jesús siempre fue un hombre de calle, un hombre de camino,
un hombre abierto a las sorpresas de Dios. En cambio, el sacerdote que
lo tiene todo planificado, todo estructurado, que permanece generalmente
cerrado a las sorpresas de Dios y que se pierde esa alegría de la sorpresa del encuentro”, no sigue el ejemplo del Señor.
El Papa destacó que “la mayor parte de las personas con las que se encuentra Jesús en el Evangelio eran necesitados, enfermos, endemoniados, pecadores, gente marginada, leprosos.
Luego estaba el encuentro con el Padre y el encuentro con sus hermanos.
Todo se debe vivir en esa clave del encuentro. Tú, sacerdote, ¿te
encuentras con Dios, con el Padre, con Jesús en la Eucaristía, con los
fieles?”.
Otro ejemplo de cómo imitar a Cristo es la oración, que hay que hacer
bien: «Puedes estar una hora delante del Sagrario, pero rezando sin
encontrar al Señor, rezando como un papagayo. ¡Pero pierdes el
tiempo! Si rezas, déjate mirar por el Señor, dile una palabra al Señor, pídele algo, escucha lo que dice. Y con la gente lo mismo. Nosotros, sacerdotes, sabemos cuánto sufre la gente cuando viene a pedirnos un consejo o algo”.
El Papa aconsejó a los sacerdotes que se desprendan de sus egos, que sean humildes, porque “uno de los signos que indican que no se va bien por el camino es cuando el sacerdote habla demasiado de sí mismo,
de las cosas que hace, de lo que le gusta hacer…, es un signo de que no
es un hombre de encuentro, como mucho es un hombre del ‘espejo’, le
gusta mirarse, verse reflejado”.
Y animó: “Vosotros, sacerdotes, debéis examinaros y preguntaros: ¿soy un hombre de encuentro? ¿Soy un hombre de sagrario? ¿Soy un hombre de calle? ¿Soy un hombre de ‘oreja’ que sabe escuchar?”.
En este sentido, exhortó a dejarse “agotar” por la gente:
“¿Me dejo ‘agotar’ por la gente? Eso era Jesús. Jesús tenía una clara
conciencia de que su vida era para los demás: para el Padre y para la
gente, no para sí mismo. Se daba, se entregaba: se daba a la gente, se
entregaba al Padre en la oración”.
Fraternidad sacerdotal
El Papa también habló de fraternidad entre sacerdotes. “Es tan difícil
la fraternidad entre nosotros… Es un trabajo de todos los días, la
fraternidad presbiteral. Acogerse, rezar juntos…, y luego una buena comida en común,
hacer una fiesta juntos. Los sacerdotes jóvenes: un partido de fútbol
juntos. ¡Eso hace bien! Hermanos, la fraternidad es muy humana. Debemos
recuperar el sentido de la fraternidad”.
“Cuando no hay fraternidad sacerdotal, hay traición. Se traiciona al hermano. Se vende al hermano. El mayor enemigo de la fraternidad sacerdotal es la murmuración
por envidia, por celos o porque no me cae bien, o porque piensa de otra
manera, o quizás porque se ve más importante la ideología que la
fraternidad”.
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