Solemnidad de Pentecostés

CITA

«El Espíritu lo sondea todo, incluso las profundidades de Dios»

(1Cor 2,10).

«Los que son guiados por el Espíritu de Dios,

éstos son hijos de Dios»

(Rm 8,8-17)

«Convertiré su tristeza en gozo»

(Jeremías 31, 13).

«Santo Espíritu, anima mi ánima»

S.Son

Proverbio: “Echa leña, sopla y el fuego jamás se apagará”.

Filón de Alejandría: Según él: En el Sinaí el fuego se transformó en lengua…y en la interpretación rabínica de la Alianza sinaítica, la voz de Dios en el Sinaí se había dividido en 70 voces, en 70 lenguas, cuantos eran los pueblos conocidos, para que todas las naciones del mundo pudieran escuchar y comprender la ley.

San Ignacio de Antioquía: describió la fuerza del Espíritu Santo como una fuente de agua viva que surge en su corazón y susurra: Ven, ven al Padre.

San Ireneo de Lyon, le gustaba llamar a la ‘carne poseída por el Espíritu de Dios y poseedora de la calidad del Espíritu’

La gente -dice San Ireneo- forma un coro maravilloso para celebrar en distintas lenguas la alabanza de Dios, mientras el Espíritu conduce de nuevo hacia la unidad a las tribus dispersas y ofrece al Padre las primicias de todos los pueblos (Adv. Haer . III, 17, 2).

El Señor prometió que nos enviaria aquel Abogado que nos haría capaces de Dios. (Trat. contra las herejias,3).

Orígenes, en una de sus homilías sobre Jeremías, refiere un dicho atribuido a Jesús, que las Sagradas Escrituras no recogen, pero que quizá sea auténtico; reza así: «Quien está cerca de mí está cerca del fuego» (Homilía sobre Jeremías L. I [III]).

«También cada uno debe probar si tiene en sí el Espíritu de Cristo. (…) Quien posee [la sabiduría, la justicia, la paz, la caridad, la santificación] está seguro de tener en sí el Espíritu de Cristo y puede esperar que su cuerpo mortal sea vivificado por la inhabitación en él del Espíritu de Cristo» (Commentarii in Romanos 6,13).

Efrén de Siria “Estaban ahí, dispuestos como antorchas, a la espera de ser encendidas por el Espíritu Santo para iluminar toda la creación a través de su enseñanza”. Sobre la efusión del Espíritu Santo [fr]

S. Basilio, ¿Piensas en la creación ?, exclama san Basilio; ella tuvo lugar en el Espíritu Santo que consolidaba y adornaba los cielos. ¿Piensas en la venida de Cristo? El Espíritu la preparó y luego, en la plenitud de los tiempos, la realizó al descender sobre María. ¿Piensas en la formación de la Iglesia ? Es obra del Espíritu Santo. ¿Piensas en la parusía ? El Espíritu no estará ausente ni siquiera en ese momento, cuando los muertos se levantarán de la tierra y se revelará desde el cielo nuestro Salvador (De Spiritu Sancto , 16 y 19).

“Toda la actividad de Cristo se realizó en la presencia del Espíritu” (“De Spiritu Sancto”, 16, 39)

San Gregorio Nacianceno: Avergoncémonos de abandonar este don precioso de la paz que nos dejó Cristo al salir de este mundo. La paz es nombre y cosa dulce: es de Dios (Phil. 4, 7)

San Juan Crisóstomo «Es necesario someterse al Espíritu —comenta San Juan Crisóstomo—, entregarnos de corazón y esforzarnos por mantener la carne en el puesto que le corresponde. De esta forma nuestra carne se volverá espiritual. Por el contrario, si cedemos a la vida cómoda, ésta haría descender nuestra alma al nivel de la carne y la volvería carnal (…). Con el Espíritu se pertenece a Cristo, se le posee (…). Con el Espíritu se crucifica la carne, se gusta el encanto de una vida inmortal» (In Romanos 13).

S. Agustín, «unitas in varietate», la unidad de la variedad.

“… Reconoce también al Espíritu que escribe no sobre la piedra sino en el corazón. ‟ (Sermón 155, 5-6).

“Eran odres nuevos a la espera del vino nuevo que llegó del cielo. El gran racimo ya había sido pisado y glorificado” (Sermón 267, 1)

« Pues toda la Iglesia, formada por la reunión de los fieles —porque todos los fieles son miembros de Cristo—, posee a Cristo por Cabeza, que gobierna su cuerpo desde el Cielo. Y, aunque esta Cabeza se halle fuera de la vista del cuerpo, sin embargo, está unida por el amor» (S. Agustín, Enarrationes in Psalmos 56,1).

San Gregorio de Agrigento, un obispo siciliano del S. VII.“Si alguien te dice: Has recibido el Espíritu Santo, ¿por qué entonces no hablas en todas las lenguas?, debes responder: Claro que hablo en todas las lenguas; de hecho, estoy inserto en aquel cuerpo de Cristo que es la Iglesia, que habla todas las lenguas” (en PL 65, 743s.).

San Cirilo de Alejandría, «Todos nosotros que hemos recibido el mismo y único espíritu, a saber, el Espíritu Santo, nos hemos fundido entre nosotros y con Dios. Ya que por mucho que nosotros seamos numerosos separadamente y que Cristo haga que el Espíritu del Padre y suyo habite en cada uno de nosotros, este Espíritu único e indivisible lleva por sí mismo a la unidad a aquellos que son distintos entre síl» (Commentarius in Iohanem, 11, 11: PG 74, 561).

Vemos la transformación que obra el Espíritu en aquellos en cuyo corazón habita. Fácilmente los hace pasar del gusto de las cosas terrenas a la sola esperanza de las celestiales, y del temor y la pusilanimidad a una decidida y generosa fortaleza de alma. (Coment. Evang. S. Juan,10).

El Espíritu Santo, que habita en los que estan bien dis- puestos, les inspira como doctor lo que deben decir (en Catena Aurea, vol. III, p. 77).

San Beda La verdadera, la única paz de las almas en este mundo consiste en estar llenos de amor de Dios y en estar animados por la esperanza del cielo hasta el punto de considerar poca cosa los éxitos o reveses de este mundo. . . (Hom. 12 sobre la Vigilia de Pentecostés).

Teofilacto, «En efecto, el Espíritu Santo enseñó y recordó: enseñó todo aquello que Cristo no había dicho por superar nuestras fuerzas, y recordó lo que el Señor había enseñado y que, bien por la oscuridad de las cosas, bien por la torpeza de su entendimiento, ellos no habían podido conservar en la memoria» (Enarratio in Evangelium Ioannis, ad loc.).

Santo Tomás de Aquino, «Toda verdad, sea dicha por quien sea, viene del Espíritu Santo»

Sin la gracia santificante no puede existir la verdadera paz, sino sólo la aparente»

El Espíritu Santo se sirve de la palabra del hombre como de un instrumento. Pero es El el que interiormente perfecciona la obra (Suma Teológica,2-2, q. 177, a. I c).

Guido II, describía en estos términos su estado espiritual (¡y pensar que se trata de un monje cartujo, que vivía en la más alta contemplación!): «Me doy cuenta, Señor, que la tierra de mi espíritu está todavía endeble y vacía, que las tinieblas recubren la superficie del abismo… Ella, de hecho, está en la confusión, como en una especie de caos espantoso y oscuro, ignorando tanto su fin como su origen y el modo de su naturaleza… Así es mi alma, Dios mío, así es mi alma. Una tierra desierta y vacía, ciega e informe, y las tinieblas están sobre la superficie del abismo… Pero, el abismo de mi espíritu te invoca, Señor, hasta que tú crees, también en mí, los cielos nuevos y la tierra nueva».

Santa Teresa de Jesús «El Espíritu Santo como fuerte huracán hace adelantar más en una hora la navecilla de nuestra alma hacia la santidad, que lo que nosotros habíamos conseguido en meses y años remando con nuestras solas fuerzas»

El Espíritu Santo te ama ().

San Juan de la Cruz «la dolencia de amor se cura solo con la presencia y la figura».

San Francisco de Sales, Retírate, aquilón, y ven tú, viento del austro; sopla sobre mi jardín y derrámense sus aromas. ¡Ah! ¡Cuánto deseo este gracioso viento, que viene del mediodía del amor divino, este Espíritu Santo, que nos concede la gracia de aspirar a Él y de respirar para; Él! (Tomado de “La Sólida Piedad” Cuarta parte: Reflexiones y avisos sobre las principales fiestas del año)

Santo Cura de Ars, Los santos no deben su felicidad mas que a su fidelidad en seguir los movimientos que el Espíritu Santo les envia (Sermón sobre la perseverancia).

Santa Isabel de la Trinidad «Ha sido el hermoso sueño que ha iluminado toda mi vida, convirtiéndola en un paraíso anticipado» (Epistula 1906).

San Josemaría Escriva de Balaguer, «Por grandes que sean nuestras limitaciones, los hombres podemos mirar con confianza a los cielos y sentirnos llenos de alegría: Dios nos ama y nos libra de nuestros pecados. La presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia son la prenda y la anticipación de la felicidad eterna, de esa alegría y de esa paz que Dios nos depara» (Es Cristo que pasa, n. 128).

El Espíritu Santo es fruto de la Cruz, de la entrega total a Dios, de buscar exclusivamente su gloria y de renunciar por entero a nosotros mismos” SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, 135-137

Concilio Vaticano II, El día de Pentecostés la Iglesia se manifestó públicamente delante de la multitud, empezó la difusión del Evangelio entre las gentes por la predicación, y quedó presignificada la unión de los pueblos en la catolicidad de la fe, por la Iglesia de la Nueva Alianza, que habla todas las lenguas, entiende y abraza todas las lenguas en la caridad y supera de esta forma la dispersión de Babel (Decreto Ad gentes, n. 4).

“Este pueblo mesiánico…, aunque no excluya a todos los hombres actualmente y con frecuencia parezca una grey pequeña, es, sin embargo, para todo el género humano, un germen segurísimo de unidad, de esperanza de salvación” (LG 9).

“La Iglesia es en Cristo como un sacramento… de la unión íntima con Dios” (LG 1).

«Y para que nos renováramos incesantemente en Él (cfr Ef 4,23) nos concedió participar de su Espíritu, quien, siendo uno solo en la Cabeza y en los miembros, de tal modo vivifica todo el cuerpo, lo une y lo mueve, que su oficio puede ser comparado por los Santos Padres con la función que ejerce el principio de vida o alma en el cuerpo humano» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 7).

«Con diversos dones jerárquicos y carismáticos, dice el Vaticano Il, dirige y enriquece con todos sus frutos a la Iglesia…, enriqueciéndola con todos sus frutos (L.G. 4,12). «hay que recibirlos con agradecimiento y consuelo» (L.G. 12).

«El mismo Espíritu Santo no solamente santifica y dirige al Pueblo de Dios por los Sacramentos y los ministerios y lo enriquece con las virtudes, sino que “distribuye sus dones a cada uno según quiere” (1 Co 12,11), reparte entre los fieles de cualquier condición incluso gracias especiales, con que las dispone y prepara para realizar variedad de obras y de oficios provechosos para la renovación y para una más amplia edificación de la Iglesia según aquellas palabras: “A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad” (1 Co 12,7). Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más sencillos y comunes, por el hecho de que son muy conformes y útiles a las necesidades de la Iglesia, hay que recibirlos con agradecimiento y consuelo. Los dones extraordinarios no hay que pedirlos temerariamente, ni hay que esperar de ellos con presunción los frutos de los trabajos apostólicos» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 12).

«Los Apóstoles comunicaron a sus oyentes los dichos y los hechos de Jesús con aquella mayor comprensión que les daban los acontecimientos gloriosos de Cristo (cfr 2,22) y la enseñanza del Espíritu de la Verdad» (Dei Verbum, n. 18).

Catecismo, 702 Desde el comienzo y hasta «la plenitud de los tiempos» (Ga 4, 4), la Misión conjunta del Verbo y del Espíritu del Padre permanece oculta pero activa. El Espíritu de Dios preparaba entonces el tiempo del Mesías, y ambos, sin estar todavía plenamente revelados, ya han sido prometidos a fin de ser esperados y aceptados cuando se manifiesten. Por eso, cuando la Iglesia lee el Antiguo Testamento (cf. 2 Co 3, 14), investiga en él (cf. Jn 5, 39-46) lo que el Espíritu, «que habló por los profetas» (Símbolo Niceno-Constantinopolitano: DS 150), quiere decirnos acerca de Cristo.

Por «profetas», la fe de la Iglesia entiende aquí a todos los que fueron inspirados por el Espíritu Santo en el vivo anuncio y en la redacción de los Libros Santos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. La tradición judía distingue la Ley [los cinco primeros libros o Pentateuco], los Profetas [que nosotros llamamos los libros históricos y proféticos] y los Escritos [sobre todo sapienciales, en particular los Salmos] (cf. Lc 24, 44).

El Espíritu Santo y la Iglesia

737 La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Esta misión conjunta asocia desde ahora a los fieles de Cristo en su comunión con el Padre en el Espíritu Santo: El Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y su Resurrección. Les hace presente el misterio de Cristo, sobre todo en la Eucaristía para reconciliarlos, para conducirlos a la comunión con Dios, para que den «mucho fruto» (Jn 15, 5. 8. 16).

738 Así, la misión de la Iglesia no se añade a la de Cristo y del Espíritu Santo, sino que es su sacramento: con todo su ser y en todos sus miembros ha sido enviada para anunciar y dar testimonio, para actualizar y extender el Misterio de la Comunión de la Santísima Trinidad (esto será el objeto del próximo artículo):

«Todos nosotros que hemos recibido el mismo y único espíritu, a saber, el Espíritu Santo, nos hemos fundido entre nosotros y con Dios. Ya que por mucho que nosotros seamos numerosos separadamente y que Cristo haga que el Espíritu del Padre y suyo habite en cada uno de nosotros, este Espíritu único e indivisible lleva por sí mismo a la unidad a aquellos que son distintos entre sí […] y hace que todos aparezcan como una sola cosa en él . Y de la misma manera que el poder de la santa humanidad de Cristo hace que todos aquellos en los que ella se encuentra formen un solo cuerpo, pienso que también de la misma manera el Espíritu de Dios que habita en todos, único e indivisible, los lleva a todos a la unidad espiritual» (San Cirilo de Alejandría, Commentarius in Iohannem, 11, 11: PG 74, 561).

739 Puesto que el Espíritu Santo es la Unción de Cristo, es Cristo, Cabeza del Cuerpo, quien lo distribuye entre sus miembros para alimentarlos, sanarlos, organizarlos en sus funciones mutuas, vivificarlos, enviarlos a dar testimonio, asociarlos a su ofrenda al Padre y a su intercesión por el mundo entero. Por medio de los sacramentos de la Iglesia, Cristo comunica su Espíritu, Santo y Santificador, a los miembros de su Cuerpo (esto será el objeto de la Segunda parte del Catecismo).

740 Estas «maravillas de Dios», ofrecidas a los creyentes en los Sacramentos de la Iglesia, producen sus frutos en la vida nueva, en Cristo, según el Espíritu (esto será el objeto de la Tercera parte del Catecismo).

741 «El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rm 8, 26). El Espíritu Santo, artífice de las obras de Dios, es el Maestro de la oración (esto será el objeto de la Cuarta parte del Catecismo).

976 «El Símbolo de los Apóstoles vincula la fe en el perdón de los pecados a la fe en el Espíritu Santo, pero también a la fe en la Iglesia y en la comunión de los santos. Al dar el Espíritu Santo a sus apóstoles, Cristo resucitado les confirió su propio poder divino de perdonar los pecados»

San Pablo VI «el Espíritu Santo, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por Él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar».

«Hay que corregir el falso concepto de creyente como un reaccionario obligado, un inmovilista de profesión, un extraño a la vida moderna, un insensible a los signos de los tiempos, un hombre privado de esperanza».

San Juan XXIII, Cada uno de los Santos es una obra maestra del Espíritu Santo (Aloc. 5-VI-1960).

Pío XII, El Espíritu Santo es “el principio de toda acción vital y verdaderamente saludable en todas las partes del cuerpo” (Mystici Corporis: DS 3808).

San Juan Pablo II: Cristo no ha dejado a sus seguidores sin guía en la tarea de comprender y vivir el Evangelio. (Homilía 30.IX.1979).

En Pentecostés se cumple el proyecto de Dios, revelado a Abraham, de dar vida a un pueblo nuevo. Domingo 30 de mayo de 2004.

Benedicto XVI El Espíritu Santo es la fuerza a través de la cual Cristo nos hace experimentar su cercanía (Homilía, 7 de mayo 2005).

El Espíritu es el guía necesario de la oración, el alma de nuestra esperanza y el manantial de la genuina alegría (Discurso, 12 de septiembre 2008).

El Espíritu Santo nos guía hacia las alturas de Dios, para que podamos vivir ya en esta tierra el germen de una vida divina que está en nosotros (Homilía, 27 de mayo 2011).

Pero Jesús sabe que en los suyos hay aún mucho miedo, siempre. Por eso realiza el gesto de soplar sobre ellos y los regenera en su Espíritu. Este gesto es el signo de la nueva creación. Con el don del Espíritu Santo que proviene de Cristo resucitado comienza de hecho un mundo nuevo”. Audiencia General (11-04-2012)

La fe en él transforma nuestra vida: la libra del miedo, le da una firme esperanza, la hace animada por lo que da pleno sentido a la existencia, el amor de Dios. ”. Audiencia General (11-04-2012)

La fuerza del Espíritu Santo jamás cesa de llenar de vida a la Iglesia. A través de la gracia de los Sacramentos de la Iglesia, esta fuerza fluye también en nuestro interior, como un río subterráneo que nutre el espíritu y nos atrae cada vez más cerca de la fuente de nuestra verdadera vida, que es Cristo.

Papa Francisco ¡Pentecostés es el cumpleaños de la Iglesia y nos regala la esperanza! Audiencia general 2017

«Este es otro efecto del Espíritu Santo: el coraje, para anunciar la noticia del Evangelio de Jesús a todos, con confianza en sí mismo (parresía), en voz alta, en todo tiempo y en todo lugar»

Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua. Evangelii gaudium 5.

Papa León XIV: « Renuevo mi llamamiento a los responsables: ¡que cese el fuego, que sean liberados todos los rehenes, que se respete íntegramente el derecho humanitario!» 28 de mayo 2025,

Patriarca metropolitano oriental: “Sin el Espíritu Santo Dios es lejano. El Evangelio es letra muerta. La autoridad de la Iglesia es una dominación. La liturgia es pura evocación. El actuar de los cristianos es una moral de esclavos. Pero cuando el Espíritu Dios está presente, el Evangelio es Espíritu y Vida, la autoridad de la Iglesia es servicio, la liturgia es conmemoración y anticipación de lo esperado, y el actuar cristiano es deificado”. En una reunión ecuménica en Upsala

Carlos G. Vallés Las lágrimas, son «la tarjeta de visita del Espíritu» ().

Fulton Sheen le gustaba explicar que el Espíritu Santo es el «alma» de ese cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

William Shakespeare El hombre que en su interior no tiene Música ni llega a conmoverse con acordes de armoniosos sonidos, es capaz de traición, de engaños y rapiñas; los instintos de su espíritu son lóbregos (confusos, sombríos que inspiran temor) como la noche, y sus sentimientos, como el Érebo (Dios griego de la oscuridad), oscuros. No os fiéis jamás de un hombre así. Y oíd la Música. (El Mercader de Venecia.)

F. Moreno Muguruza Orar es afinar la sensibilidad con el diapasón del corazón de Dios. Lo más importante es oír el sonido de Dios para poner nuestro corazón en sintonía con él. Dejar a Dios, a la Vida, al Amor, a la Naturaleza, al Universo, al Silencio… que suenen dentro de nosotros, haciendo vibrar las fibras más íntimas de nuestra sensibilidad ().

Youcat Sin Pentecostés, la Encarnación de Cristo difícilmente tendría sentido. La venida del Espíritu Santo, que marca el cumpleaños de la Iglesia, revela el motivo de la salvación: Dios quiere reunir a toda la humanidad en una sola familia derramando su Espíritu sobre ella. La Iglesia ha sido el plan de Dios para la humanidad desde el inicio de la creación (cf. Efesios 1). Desde todos los orígenes el deseo y plan de Dios ha sido crear una familia.

Javier Echevarría, El Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo a nuestras almas, para que seamos hijos de Dios y corredentores con Cristo, para que participemos continuamente de la vida divina (Carta 14.II.1997, n. 12).

K. Rahner El hombre es absoluta apertura, el hombre es espíritu. La transcendencia hacia el ser, hacia el horizonte absoluto es la estructura fundamental del hombre. (Oyente de la. Palabra, 73)

José Antonio Pagola, “El Espíritu de Dios es de todos, porque el amor inmenso de Dios no puede olvidar ninguna lágrima, ningún gemido ni anhelo que brota del corazón de sus hijos”.

Bergson-H La humanidad actual tiene «una cabeza demasiado grande para su alma»

Jean Rostand– escritor no creyente – “Con frecuencia me pregunto si los que creen en Dios le buscan tan apasionadamente como nosotros, que no creemos, pensamos en su ausencia”.

Ángel Moreno de Buenafuente El Espíritu ama en lo más íntimo de nuestra propia intimidad.

CONTO

CON TODO EL CORAZÓN DE JESÚS

Le preguntó el cura párroco a Juanito: «Juanito ¿amas a Dios nuestro Señor? ¡Oh sí, padre. ¿Y lo amas con todo tu corazón? Y Juanito se quedó pensativo. Pero de pronto se iluminó y dio esta respuesta: «No, padre, Mi corazón es demasiado pequeño para amar a Dios. Yo amo a Dios con todo el corazón de Jesús».

¡Estupenda respuesta! En realidad sólo podemos amar a Dios y a nuestros hermanos con el «Amor» que Dios Padre nos infundió enviándonos el Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo que nos hace llamar a Dios Abbà, es decir, papá y que nos da también la posibilidad de amar a nuestros hermanos como hijos del mismo padre: Dios. Todo el amor que hay en el mundo proviene del amor del Padre. Por eso, la expresión tradicional, amar al prójimo por amor de Dios, mejor se podría expresar así: amar a Dios CON el amor que Dios nos da.

Tomado de P. Chinaglia

EL ESPÍRITU DE LA IGLESIA

Un negrito contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria, quien, en un determinado momento, soltó varios globos: rojo, azul, amarillo, blanco… Todos remontaron el vuelo hasta que desaparecieron.

El niño, sin embargo, no dejaba de mirar un globo negro que el vendedor no soltaba en ningún momento. Finalmente, le preguntó: “Señor, si soltara usted el globo negro, ¿subiría tan alto como los demás?”.

El vendedor sonrió, soltó el cordel con que tenía sujeto el globo negro y, mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: “No es el color lo que le hace subir, hijo. Es lo que hay dentro”.

Lo que hay dentro, el Espíritu, es el que nos da vida y fortifica.

Dios sopló en el rostro del ser humano un aliento de vida. La persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. La tradición de la Iglesia oriental y occidental es unánime al afirmar que aquel que imprime en el ser humano la imagen de Dios es el Espíritu Santo. Sin el Espíritu no hay vida.

El Espíritu ha estado siempre presente. Jesús, desde su nacimiento hasta su muerte, estuvo asistido siempre por el Espíritu (Mt 1,20). Lo recibió de modo único en su concepción virginal (Mt 1,18-20), en su bautismo (Mc 1,10), en su actividad pública, en la cruz (Hb 9,14) y en su resurrección, que fue por el poder del Espíritu (Rm 1,4). Jesús, “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (Hch 10,38).

Toda la vida de María fue vivida bajo la acción del Espíritu Santo. Así se lo anunció el ángel: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1,35). María comunica el Espíritu con su presencia. Apenas escuchó Isabel la voz de María, ella y su hijo quedaron llenos del Espíritu Santo.

El Espíritu ha estado y está muy presente en la Iglesia. Cuando Jesús muere, “entrega su Espíritu” a Dios y lo transmite a su Iglesia (Jn 19,30). En el Nuevo Testamento la presencia del Espíritu se expresa de muchas maneras: por las diferentes manifestaciones de Pentecostés (Hch 4, 31), por los profetas, doctores… Tanto Jesús como los apóstoles evangelizan con la fuerza del Espíritu. Él es quien, en definitiva, “hace la Iglesia”, quien hace posible la comunión superando las distancias, barreras y divisiones. Gracias al Espíritu, la Comunidad cristiana crece y se desarrolla. “Hemos sido bautizados en un solo Espíritu para ser un solo cuerpo” (1Co 12,13). El Espíritu nos hace hijos en el Hijo.

Padre Eusebio Gómez Navarro OCD

Tomado de Motivaciones.org

PARÁBOLA DEL ESPÍRITU

Maestro, quisiera exponerte en esta mañana, mis anhelos y mis preocupaciones. Me he levantado pensando en la fuerza que tú ejerces sobre mi persona de discípulo. He encontrado el sentido a mi vida y, en medio de las dificultades, me ayudas a superar todos los obstáculos. Hoy estoy haciendo mi oración sobre el Espíritu.

– ¿ Quieres indicarme un texto para hacerla mejor?

– No hay, amigo discípulo, inconveniente para ello.

– Vete a Romanos 8,26.

– ¿ Y qué dice?

– «El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables».

– ¿Os dais cuenta?

– Acudid a mi Espíritu para que sepáis lo que tenéis que hacer en cada momento.

– Lo que os ocurre es que vais a él sólo para cuatro cosillas que os pasan.

– No tengáis reparos en acudir a él frecuentemente para que ilumine vuestros actos y pensamientos como es debido.

– Lo tenéis en paro y, sin embargo, es la actividad personificada.

¿ Cultivas el auxilio del Espíritu?

Padre Felipe Santos Campaña SDB

Tomado de Motivaciones.org

UN ADELANTO DEL CIELO

Ocurrió durante un mes de voluntariado en las vacaciones de verano.

Cuando llegamos a Nairobi (Kenya), nos preguntábamos cómo nosotros, inexpertos universitarios, podríamos ayudar en aquella África sucia, polvorienta y calurosa.

Quizá arreglando tejados, pero no teníamos experiencia en construcción. Quizá pintando un colegio, pero no sabíamos de pintura.

Lo que sí teníamos claro era nuestra intención de darnos totalmente a los demás. Sin embargo, recibiríamos mucho más de lo que logramos dar: tuvimos la suerte de entrar en contacto con el Tercer Mundo, a través de un alojamiento para niños moribundos de las Hermanas de la Caridad en Nairobi.

Todos entramos en aquella casucha, un tugurio sin muebles, con poca luz. Contrastaban las hamacas llenas de niños enfermos y lloriqueando con los limpísimos trajes talares blancos y azules de las Hermanas de la Caridad, que rebosaban alegría. Yo me quedé bloqueado, en mitad de la habitación.

Nunca había visto nada así. Mis compañeros universitarios se esparcieron por las estancias, siguiendo a distintas monjas, que requerían su asistencia.

Una hermana me preguntó en inglés: -¿Has venido a mirar o quieres ayudar? Sorprendido por tan directa pregunta y en estado de sopor, balbuceé: -A ayudar… -¿Ves a ese niño de allí, el del fondo que llora? Lloraba desconsoladamente, pero sin fuerza. -Sí, ése (le dije señalándolo).

-Bien: tómalo con cuidado y tráelo. Lo bautizamos ayer. Lo noté con una fiebre altísima. El niño tendría un par de años. -Ahora tómalo y dale todo el amor que puedas… -No entiendo… -me excusé. -Que le des todo el cariño de que seas capaz, a tu manera. -Y me dejó con el niño.

Le canté, lo besé, lo arrullé… dejó de llorar, me sonrió, se durmió. Al cabo de un rato, busqué llorando a la hermana: -Hermana: no respira.

La monja certificó su muerte: -Ha muerto en tus brazos… Y tú le has adelantado quince minutos con tu cariño el amor que Dios le va a dar por toda la eternidad.

Entonces entendí tantas cosas: el cielo, el amor de mis padres, el amor de Jesús, los detalles de afecto de mis amigos… Mi viaje a Kenya supuso un antes y un después en mi vida. Ahora sé que todos tenemos “Kenyas” a nuestro alrededor para dar amor cada día.

Voy a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa buena que yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda hacer a algún humano, debo hacerlo ahora, porque no pasaré de nuevo por ahí”.

Madre Teresa de Calcuta

Tomado de Alejandro Illescas, Los cuentos de mis homilías

ANÉCDOTA

«PINTOR ENTRE LOS EVANGELISTAS».

Una primitiva tradición lo llama «pintor entre los evangelistas». Porque presenta un misterio profundo -no con palabras- sino de manera intuitiva en cuadros impresionantes. Gran Director de cine.

Una cosa tan misteriosa, que no está al alcance de los sentidos, como es la venida del Espíritu Santo, la describe acompañada de unos fenómenos sensibles realmente necesarios para que podamos hacernos una idea de aquel acontecimiento.

Tomado de JM Alemany

CLAUSURA CONCILIO

El 8 de diciembre de 1962, Juan XXIII, en la sesión solemne de clausura de la primera etapa del Concilio, decía que este sería «el nuevo Pentecostés», que hará que «florezca en la Iglesia su riqueza interior y su extensión a todos los campos de la actividad humana». Y Pablo VI: «El Espíritu está aquí, para iluminar y guiar nuestra obra en provecho de la iglesia y de la humanidad entera» (14 de septiembre de 1964).

Tomado de J. Marti Ballester

«FIESTA DE LAS SEMANAS»

Pentecostés era una fiesta judía, en realidad la «Fiesta de las Semanas» o «Hag Shabu’ot» o de las primicias de la recolección. El nombre de Pentecostés se traduce por «quincuagésimo,» (cf Hch 2,1; 20,16; 1Cor 16,8). La fiesta se describe en Ex 23,16 como «la fiesta de la cosecha,» y en Ex 34,22 como «el día de las primicias o los primeros frutos» (Num 28,26). Son siete semanas completas desde la pascua; es decir, cuarenta y nueve días y en el quincuagésimo, el día es la fiesta (Hag Shabu´ot). La manera en que ésta se guarda se describe en Lev 23,15-19; Num 28,27-29. Además de los sacrificios prescritos para la ocasión, en cada uno está el traerle al Señor el «tributo de su libre ofrenda» (Dt 16,9-11). Es verdad que no existe unanimidad entre los investigadores sobre el sentido propio de la fiesta, al menos en el tiempo en que se redacta este capítulo. Las antiguas versiones litúrgicas, los «targumin» y los comentarios rabínicos señalaban estos aspectos teológicos en el sentido de poner de manifiesto la acogida del don de la Ley en el Sinaí, como condición de vida para la comunidad renovada y santa. Y después del año 70 d. C., prevaleció en la liturgia el cómputo farisaico que fijaba la celebración de Pentecostés 50 días después de la Pascua. En ese caso, una tradición anterior a Lucas, muy probablemente, habría cristianizado el calendario litúrgico judío.

Tomado de Miguel de Burgos, OP

EL DON DE LENGUAS, O GLOSOLALIA

Es un carisma para alabar a Dios (cf 1 Cor 10, 14). Como en estado extático cantan los Apóstoles la Gloria de Dios en todas las lenguas. Los oyentes, a su vez, a la luz del Espíritu Santo los comprenden y se unen a ellos. Este fenómeno sobrenatural quiere demostrar que han cesado las disgregaciones (de lengua, raza, cultura, religión) que pesaban como maldición sobre los hombres (Gn 11, 1-9). El Espíritu Santo hará de todos los redimidos por Cristo un único Pueblo de Dios. La única condición para ser beneficiarios de esa gracia, en esa nueva creación, es la conversión y la fe: «Convertíos y recibid el Bautismo en el nombre de Jesucristo, en remisión de vuestros pecados. Y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hch 2, 38). Si el orgullo produjo discordia y frustración, la fe nos da armonía y salvación.

“Ministro de la palabra, ciclo A”, Ed. Herder, Barcelona1979, pags.133 -136

Tomado de Mercaba

SECUENCIA AL ESPÍRITU SANTO

El texto se atribuye a Stephen Langton (alrededor de 1150-1228), Arzobispo de Canterbury, aunque también fueron considerados sus autores tanto el rey de Francia Roberto II el Piadoso (970-1031) como el Papa Inocencio III (ha. 1161-1216).

Tomado de Gladys Garcete

ANDRÉS SEGOVIA

Convirtió la guitarra española de ser simplemente un instrumento «popular, en un instrumento de conciertos. Dio un memorable recital de guitarra en «La Herradura», un pueblo de la costa granadina (España), donde residió los últimos años de su vida. Antes de comenzar, relató con gracejo cómo nació su vocación, su despertar a la música. Se remontó a los años de su infancia. En Linares (Jaén, España), su pueblo natal, pasaba de vez en cuando un curioso personaje, que llevaba los utensilios más variopintos y traía ilusión especialmente para los niños. Toda una cacharrería ambulante: libros exóticos, cromos de todos los colores, mariposas disecadas, juguetes para los críos, muñecas vestidas de azul para niñas… Los iba sacando con manos de prestidigitador, ante los ojos maravillados de los más pequeños. De pronto, aquel hombre sacó una guitarra y empezó a tocarla. Aquel niño que era entonces Andrés Segovia nunca había visto una guitarra, nunca había oído su armonía. “Entonces -contó Andrés Segovia- yo recordé la música”.

La música estaba dentro de aquel niño llamado Andrés. Alguien la había sembrado allí generosamente, pero la música dormitaba escondida, expectante, aunque circulando con la sangre de sus venas. Aguardaba que «algo» o «alguien» pudiera arrancarla, hacerla salir.

Repasando y leyendo estas confidencias de Andrés Segovia, entendí mejor quién era y qué hacía el Espíritu Santo.

El Evangelio de hoy afirma que el “el Espíritu Santo os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14, 26).

Tomado de Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf.

HE VISTO AL ESPÍRITU SANTO

El cardenal Jean-Marie Lustiger, arzobispo de París, fue entrevistado por un periodista en la televisión. Le preguntó:

– ¿Cree en la existencia del demonio?

– Sí, sí creo.

– Pero, en una época de tantos progresos científicos y tecnológicos, ¿sigue creyendo en la existencia del demonio?

– Sí, sigo creyendo en él.

– ¿Ha visto al demonio?

– Sí, lo he visto.

– ¿Dónde?

– En Dachau, en Auschwitz, en Birkenau…

Entonces el periodista enmudeció.

Si alguien me preguntara: “¿Ha visto usted al Espíritu Santo?”, yo también respondería sin titubeos: “Sí, lo he visto en la Iglesia y fuera de ella”.

Existe el mal y existe el bien. En el mundo hay hambre, miseria, guerra, violencia, falta el amor. Sin embargo, existe también el bien: madres que hacen lo indecible por sacar a sus hijos adelante, gente que ama desinteresadamente… Hay acuerdos de paz, de cooperación…

El Espíritu Santo sigue soplando fuerte. Lo que sucedió en Jerusalén hace dos mil años se repite cada día. Él sigue repartiendo sus gracias y dones. Siempre que interviene y lo acogemos, nos deja atónitos, nos cambia radicalmente. Todo lo bueno, “todo lo verdadero, no importa quien lo diga, viene del Espíritu Santo” (Santo Tomás).

Ignazios Hazim, ortodoxo de Antioquia, a propósito de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, decía: “Sin el Espíritu, Dios está lejos, Cristo está en el pasado, el Evangelio es letra muerta; la Iglesia, una simple organización; la autoridad, una dominación; la misión es propaganda; el culto, una evocación, y el obrar cristiano, una moral de esclavos. Pero en Él… Cristo resucitado está aquí, el Evangelio es fuerza de vida, la Iglesia quiere decir comunión trinitaria, la autoridad es un servicio liberador, la misión es un Pentecostés, la liturgia es memorial y anticipación, el obrar humano está deificado”.

S. Pablo VI habla de un modo espléndido del Espíritu Santo como alma de la Iglesia: “El Espíritu Santo es el animador y santificador de la Iglesia, su aliento divino, el viento de sus velas, su principio unificador, su apoyo y su consolador, su fuente de carismas, su paz y su gozo, su premio y preludio de la vida bienaventurada y eterna. La Iglesia necesita su perenne Pentecostés; necesita fuego en el corazón, palabras en los labios, profecía en la mirada”.

El Espíritu Santo, Amor eterno, inabarcable e incomprensible, existe allí donde brota el amor y florece todo lo bueno.

Padre Eusebio Gómez Navarro OCD

Tomado de Motivaciones.org

CHISTE

«¿Qué le dice un espagueti a otro?

¡El cuerpo me pide salsa!»

Mi homilía tiene dos partes, una que preparo yo esmeradamente y otra que le dejo al Espíritu Santo y me hace decir lo que me viene a la mente.

Ay Don José pois a nos gústanos máis a parte que prepara usted

POEMA

PENTECOSTÉS

Tú te has ido. Con la primavera. 

Pero aún nos guía tu Presencia ausente, 

Cristo, por el camino 

de la esperanza, verde.

Hacia el maduro Otoño y la Vendimia…

Tú te has ido, pero refloreces 

en nosotros ¡oh Vid 

cosechada y perenne!

En nosotros que vamos—y Tú vienes— 

bajo el estío del Amor 

por el camino luminoso y verde…

(Pedro Casaldáliga)

Tomado de Pastoral sj

“LLAMA DE AMOR VIVA”

¡Oh llama de amor viva,

que tiernamente hieres

de mi alma en el más profundo centro!

pues ya no eres esquiva,

acaba ya si quieres;

rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!

¡Oh regalada llaga!

¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,

que a vida eterna sabe

y toda deuda paga!,

matando muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego

en cuyos resplandores

las profundas cavernas del sentido

que estaba oscuro y ciego

con extraños primores

calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso

recuerdas en mi seno

donde secretamente solo moras

y en tu aspirar sabroso

de bien y gloria lleno

cuán delicadamente me enamoras!

San Juan de la Cruz:, Llama de amor viva

ORACIÓN

“VEN, OH ESPÍRITU SANTO,

y danos un corazón grande, abierto a tu silenciosa y potente palabra inspiradora;

(un corazón) hermético ante cualquier ambición mezquina;

un corazón grande para amar a todos, para servir a todos, para sufrir con todos;

un corazón grande, fuerte para resistir en cualquier tentación, cualquier prueba, cualquier desilusión, cualquier ofensa;

un corazón feliz de poder palpitar al ritmo del corazón de Cristo y cumplir humildemente, fielmente, virilmente, la divina voluntad”

S, Pablo VI, el 17 de mayo de 1970.

Tomado de Padre Fidel Oñoro CJM

MEDITACIÓN

PISTAS DE SU PRESENCIA MISTERIOSA PERO REAL

«Cuando el vivir diario, amargo, decepcionante y aniquilador se vive con perseverancia hasta el final, con una fuerza cuyo origen no podemos abarcar ni dominar…

Cuando uno corre el riesgo de orar en medio de las tinieblas silenciosas sabiendo que siempre somos escuchados, aunque no percibimos una respuesta que se pueda razonar o disputar…

Cuando uno acepta y lleva libremente una responsabilidad sin tener claras perspectivas de éxito y de utilidad…

Cuando se experimenta la desesperación y misteriosamente se siente uno consolado sin consuelo fácil…

Cuando se da una esperanza total que prevalece sobre las demás esperanzas particulares y abarca con su suavidad y silenciosa promesa todos los crecimientos y todas las caídas…

Entonces el Espíritu de Dios está trabajando. Allí está Dios. Allí es Pentecostés».

Rahner-K

CANTO

Ven, Espíritu de Dios – LETRAS – Kairy Marquez – Música Católica

Derrama tu Espíritu / Sofía Giraldo – Música Católica

Nico Cabrera – Ruge (ft. Verónica Sanfilippo)

CONSUELO DE MI ALMA Athenas

COMO BRISA SUAVE Athenas

ENVUÉLVENOS – Mariana Valongo

Vale Montes – Ven Espíritu de Dios

VIDEO

Catecismo 2671. «Ven, Espíritu Santo» III. Secuencia Pentecostés I Mons. Munilla

Equipo Quiero Ver: Esa chispa

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela