Mercedarias

Solemnidad de la Santísima Trinidad

Mercedarias

CITA

San Ambrosio«Tú has sido bautizado en nombre de la Trinidad. Has profesado -no lo olvides- tu fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Vive conforme a lo que has hecho. Por esta fe has muerto para el mundo y has resucitado para Dios… Descendiste a la piscina bautismal. Recuerda tu profesión de fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. No significa esto que creas en uno que es el más grande, en otro que es menor, en otro que es el último, sino que el mismo tenor de tu profesión de fe te induce a que creas en el Hijo igual que en el Padre, en el Espíritu igual que en el Hijo, con la sola excepción de que profesas que tu fe en la Cruz se refiere únicamente a la Persona del Señor» (Sobre los Misterios 21 y 38).

San Agustín “Cualquier cosa que sea lo que Dios es, esto o lo otro, créase piadosamente, medítese santamente, y en la medida que se nos conceda, en la medida que sea posible, compréndase, aunque no sea posible expresarlo. Cesen las palabras, calle la lengua; despiértese y levántese hacia allí el corazón.”  Sermón 53. La Trinidad

«Si lo comprendes no es Dios».Sermón 117

Sor Isabel de la Trinidad «Que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de Vos, ¡oh mi Inmutable! sino que cada minuto me lleve más lejos en la profundidad de vuestro misterio».

San Juan Pablo II “Por el bautismo hemos sido injertados en la comunión trinitaria. Todo cristiano es bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; es inmerso en la vida de Dios. ¡Qué gran don y gran misterio!”Homilía (25-05-1997)

Benedicto XVI, La prueba más fuerte de que hemos sido creados a imagen de la Trinidad es esta: sólo el amor nos hace felices, porque vivimos en relación, y vivimos para amar y ser amados. Utilizando una analogía sugerida por la biología, diríamos que el ser humano lleva en su «genoma» la huella profunda de la Trinidad, de Dios-Amor.Ángelus

san Josemaría Escrivá: Querría deciros pocas cosas, pero muy claras. Y una de éstas es que para llegar a la Trinidad Beatísima paso por María, y por María llego hasta Jesús.

CONTONOSOTROS SOMOS TRES, TÚ ERES TRES.

Cuando el barco del obispo se detuvo durante un día en una isla remota, decidió emplear la jornada del modo más provechoso posible. Deambulaba por la playa cuando se encontró con tres pescadores que estaban reparando sus redes y que, tratando de hacerse entender, le explicaron cómo habían sido evangelizados siglos atrás por los misioneros.

– “Nosotros ser cristianos” le dijeron, señalándose orgullosamente a sí mismos.

El obispo quedó impresionado. Al preguntarles si conocían la Oración del Señor, le respondieron que jamás la habían oído. El obispo sintió una auténtica conmoción.

¿Cómo podían llamarse cristianos si no sabían algo tan elemental como el Padrenuestro?

– Entonces, ¿qué decís cuando rezáis?

– Nosotros levantar los ojos al cielo. Nosotros decir: “Nosotros somos tres, Tú eres tres, ten piedad de nosotros.”

Al obispo le horrorizó el carácter primitivo y hasta herético de su oración. De manera que empleó el resto del día en enseñarles el Padrenuestro. Los pescadores tardaban en aprender, pero pusieron todo su empeño y, antes de que el obispo zarpara al día siguiente, tuvo la satisfacción de oír de sus labios toda la oración sin un solo fallo.

Meses más tarde el barco del obispo acertó a pasar por aquellas islas y, mientras el obispo paseaba por la cubierta rezando sus oraciones vespertinas, recordó con agrado que en aquella isla remota había tres hombres que, gracias a pacientes esfuerzos, podían ahora rezar como era debido. Mientras pensaba esto, sucedió que levantó los ojos y divisó un punto de luz en el este. La luz se acercaba al barco y, para su asombro, vio tres figuras que caminaban hacia él sobre el agua. El capitán detuvo el barco y todos los marineros se asomaron por la borda a observar aquel asombroso espectáculo.

Cuando se hallaban a una distancia desde donde podían hablar, el obispo reconoció a sus tres amigos, los pescadores.

– ¡Obispo! – exclamaron- nosotros alegrarnos de verte. Nosotros oír tu barco pasar cerca de la isla y correr a verte.

– ¿Qué deseáis?, les preguntó el obispo con cierto recelo.

– Obispo -le dijeron- nosotros tristes. Nosotros olvidar bonita oración. Nosotros decir: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino…”. Después olvidar. Por favor, decirnos otra vez toda la oración.

El obispo se sintió humillado.

– Volved a vuestras casas, mis buenos amigos -les dijo- y cuando recéis, decid: Nosotros somos tres, Tú eres tres, ten piedad de nosotros.

Anthony de Mello.

ANÉCDOTA

«Un día –dijo un pedagogo inglés– visitando una escuela vi a una niña de seis años concentradísima dibujando, me acerqué a ella y le pregunté: “¿Qué dibujas?” Y me contestó: “La cara de Dios” ¡…! “Nadie sabe cómo es” observé. “Mejor -dijo ella, sin dejar de dibujar-, ahora lo sabrán». 

CANTO

HIMNO A LA TRINIDAD Cristobal Fones

GLORIA Martín Valverde

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela