
Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo mío, comprenderéis que soy el Señor.
(Ezequiel 37,13).
«Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe»
(1Cor 15,14).
“No tengáis miedo, soy yo, el que vive. Estuve muerto pero
ahora estoy vivo por los siglos de los siglos”
(Ap 1,17-18).
«El “había de”y ellos no “acababan de”»
S.Son
San Ignacio de Antioquía: «A Él quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento se acerca… ( Rm 6,1- 2)».
San Ireneo de Lyon “nuestros cuerpos, tras su disolución en la sepultura, resucitarán a su tiempo por el poder del Verbo de Dios para la gloria del Padre, que revestirá de inmortalidad nuestra carne corruptible, pues la omnipotencia de Dios se manifiesta perfecta en lo que es débil y caduco”.
San Máximo de Turín La resurrección de Cristo es vida para los difuntos, perdón para los pecadores, gloria para los santos.
El hombre viejo nos llevó a la muerte; Él nos ha resucitado con la fuerza de su hoy. Sermón 36; PL 57, 605
San Gregorio Nacianceno: “Ha aparecido otra generación, otra vida, otra manera de vivir, un cambio en nuestra misma naturaleza”.
S. Agustín, «Qui non zelat non amat» Quien no tiene celo es porque no ama
San León Magno, “Jesús se apresuró a resucitar cuanto antes porque tenía prisa en consolar a su Madre y a los discípulos: estuvo en el sepulcro el tiempo estrictamente necesario para cumplirlos tres días profetizados. Resucitó al tercer día, pero lo antes que pudo, al amanecer, cuando aún estaba oscuro, anticipando el amanecer con su propia luz”. Sermón 71, 2.
San Gregorio Magno, « La resurrección de nuestro Redentor fue y es nuestra fiesta, porque nos concedió la gracia de volver a la inmortalidad».
San Bernardo: «No se busca a Dios moviéndonos, sino deseándolo.» ()
San Antonio de Padua «El gozo que experimentaron los apóstoles por la resurrección de Cristo, superó cualquier otro gozo que ellos tuvieron, cuando Jesús estaba todavía con ellos en su cuerpo mortal».
Santo Tomás de Aquino, «cada uno de los argumentos de por sí no bastaría para demostrar la resurrección, pero, tomados en conjunto, la manifiestan suficientemente; sobre todo por el testimonio de la Sagrada Escritura (cfr especialmente Lc 24,25-27), el anuncio de los ángeles (cfr Lc 24,4-7) y la palabra de Cristo confirmada con milagros» (Summa theologiae 3,55,6 ad 1).
La Pasión de Cristo obró nuestra salvación en cuanto a remoción de los males; mas la resurrección, en cuanto a la incoación y modelo de los bienes (3a, p. q. LIII, a. 1)
San Josemaría Escriva de Balaguer, “Cristo vive. Ésta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió en la cruz, ha resucitado, ha triunfado de la muerte, del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia”.
Hermano Roger de Taizé Frente a la resurrección se hallan nuestras respuestas.
Concilio Vaticano II: Por el Bautismo los hombres son efectivamente injertados en el misterio pascual de Cristo: mueren con Él, son sepultados con Él y resucitan con Él (Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, n. 6).
Él hoy «manifiesta plenamente el hombre al mismo hombre y le descubre su altísima vocación» (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes 22).
«Los cristianos, peregrinando hacia la ciudad celeste, deben buscar y gustar las cosas de arriba (cfr vv. 1-2), lo cual en nada disminuye la importancia de la obligación que les incumbe de trabajar con todos los hombres en la construcción de un mundo más humano» (Conc. Vaticano II, Gaudium et spes, n. 57).
Catecismo, 638 «Os anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús (Hch 13, 32-33). La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz:
Cristo ha resucitado de los muertos,
con su muerte ha vencido a la muerte.
Y a los muertos ha dado la vida.
(Liturgia bizantina: Tropario del día de Pascua)
I. El acontecimiento histórico y transcendente
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: «Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: «(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío
640 «¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). «El discípulo que Jesús amaba» (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir «las vendas en el suelo»(Jn 20, 6) «vio y creyó» (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).
Las apariciones del Resucitado
641 María Magdalena y las santas mujeres, que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús (cf. Mc 16,1; Lc 24, 1) enterrado a prisa en la tarde del Viernes Santo por la llegada del Sábado (cf. Jn 19, 31. 42) fueron las primeras en encontrar al Resucitado (cf. Mt 28, 9-10; Jn 20, 11-18). Así las mujeres fueron las primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para los propios Apóstoles (cf. Lc 24, 9-10). Jesús se apareció en seguida a ellos, primero a Pedro, después a los Doce (cf. 1 Co 15, 5). Pedro, llamado a confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22, 31-32), ve por tanto al Resucitado antes que los demás y sobre su testimonio es sobre el que la comunidad exclama: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» (Lc 24, 34).
642 Todo lo que sucedió en estas jornadas pascuales compromete a cada uno de los Apóstoles —y a Pedro en particular— en la construcción de la era nueva que comenzó en la mañana de Pascua. Como testigos del Resucitado, los Apóstoles son las piedras de fundación de su Iglesia. La fe de la primera comunidad de creyentes se funda en el testimonio de hombres concretos, conocidos de los cristianos y de los que la mayor parte aún vivían entre ellos. Estos «testigos de la Resurrección de Cristo» (cf. Hch 1, 22) son ante todo Pedro y los Doce, pero no solamente ellos: Pablo habla claramente de más de quinientas personas a las que se apareció Jesús en una sola vez, además de Santiago y de todos los Apóstoles (cf. 1 Co 15, 4-8).
643 Ante estos testimonios es imposible interpretar la Resurrección de Cristo fuera del orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico. Sabemos por los hechos que la fe de los discípulos fue sometida a la prueba radical de la pasión y de la muerte en cruz de su Maestro, anunciada por Él de antemano (cf. Lc 22, 31-32). La sacudida provocada por la pasión fue tan grande que los discípulos (por lo menos, algunos de ellos) no creyeron tan pronto en la noticia de la resurrección. Los evangelios, lejos de mostrarnos una comunidad arrobada por una exaltación mística, nos presentan a los discípulos abatidos («la cara sombría»: Lc 24, 17) y asustados (cf. Jn 20, 19). Por eso no creyeron a las santas mujeres que regresaban del sepulcro y «sus palabras les parecían como desatinos» (Lc 24, 11; cf. Mc 16, 11. 13). Cuando Jesús se manifiesta a los once en la tarde de Pascua «les echó en cara su incredulidad y su dureza de cabeza por no haber creído a quienes le habían visto resucitado» (Mc 16, 14).
644 Tan imposible les parece la cosa que, incluso puestos ante la realidad de Jesús resucitado, los discípulos dudan todavía (cf. Lc 24, 38): creen ver un espíritu (cf. Lc 24, 39). «No acaban de creerlo a causa de la alegría y estaban asombrados» (Lc 24, 41). Tomás conocerá la misma prueba de la duda (cf. Jn 20, 24-27) y, en su última aparición en Galilea referida por Mateo, «algunos sin embargo dudaron» (Mt 28, 17). Por esto la hipótesis según la cual la resurrección habría sido un «producto» de la fe (o de la credulidad) de los apóstoles no tiene consistencia. Muy al contrario, su fe en la Resurrección nació —bajo la acción de la gracia divina— de la experiencia directa de la realidad de Jesús resucitado.
Pablo VI, “La plenitud de la alegría surge de la victoria del crucificado… y esclarece las tinieblas de las almas”
San Juan Pablo II “Hoy el cielo y la tierra cantan „el nombre‟ inefable y sublime del Crucificado resucitado. Todo parece como antes, pero, en realidad, nada es ya como antes”. (Mensaje de Pascua para el Nuevo Milenio)
Benedicto XVI En la última cena, Él anticipó la muerte y la transformó en el don de sí mismo. Su comunión existencial con Dios era concretamente una comunión existencial con el amor de Dios, y este amor es la verdadera potencia contra la muerte, es más fuerte que la muerte” (Homilía, 15 de abril de 2006).
Papa Francisco, “Dejemos que el asombro gozoso del Domingo de Pascua se irradie en los pensamientos, en las miradas, en las actitudes, en los gestos y en las palabras… ¡Ojalá fuésemos así de luminosos! Pero esto no es maquillaje. Viene de dentro, de un corazón inmerso en la fuente de este gozo” (21.IV.2014).
“Ya en esta vida nosotros participamos de la resurrección de Cristo. Si es verdad que Jesús nos resucitará al final de los tiempos, es también verdad que, en un aspecto, ya estamos resucitados con Él. ¡La Vida Eterna comienza ya en este momento! Comienza durante toda la vida hacia aquel momento de la resurrección final ¡Ya estamos resucitados!” Audiencia general del 4 de diciembre de 2013
“No privemos al mundo del gozoso anuncio de la Resurrección”.
Rainiero Cantalamessa, sólo los cristianos creen que también ha resucitado, y no se es cristiano si no se cree esto.
Boecio Con la resurrección de Cristo nos llega toda la Vida, no sólo que durará, sino que se tiene toda a la vez: «Tota simul et perfecta possesio» ().
CONTO
ALMUERZO CON DIOS
Un niño pequeño quería conocer a Dios; sabia que era un largo viaje hasta donde Dios vive, así que empacó su maleta con pastelillos y refrescos, y empezó su jornada.
Cuando había caminado como tres manzanas, se encontró con una mujer anciana. Ella estaba sentada en el parque, sola contemplando algunas palomas.
El niño se sentó junto a ella y abrió su maleta. Estaba a punto de beber su refresco, cuando notó que la anciana parecía hambrienta, así que le ofreció un pastelillo.
Ella agradecida aceptó el pastelillo y sonrió al niño. Su sonrisa era muy bella, tanto que el niño quería verla de nuevo, así que le ofreció uno de sus refrescos.
De nuevo ella le sonrió. ¡El niño estaba encantado!
El se quedó toda la tarde comiendo y sonriendo, pero ninguno de los dos dijo nunca una sola palabra, mientras oscurecía, el niño se percató de lo cansado que estaba, se levantó para irse, pero antes de seguir sobre sus pasos, dio vuelta atrás, corrió hacia la anciana y le dio un abrazo.
Ella, después de abrazarlo le dio la más grande sonrisa de su vida.
Cuando el niño llegó a su casa, abrió la puerta. Su madre estaba sorprendida por la cara de felicidad. Entonces le preguntó: -Hijo, ¿qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?
El niño contestó:
-¡Hoy almorcé con Dios!…
Y antes de que su madre contestara algo, añadió:
-¿Y sabes qué? ¡Tiene la sonrisa más hermosa que he visto!
Mientras tanto, la anciana, también radiante de felicidad, regresó a su casa. Su hijo se quedó sorprendido por la expresión de paz en su cara, y preguntó:
-Mamá, ¿qué hiciste hoy que te ha puesto tan feliz?
La anciana contestó:
-¡Comí con Dios en el parque!… Y antes de que su hijo respondiera, añadió:
-¿Y sabes? ¡Es más joven de lo que pensaba!
Tomado de P. Diego Millán
VISITA AL CEMENTERIO
-¿Por qué vas siempre al cementerio, mamá? -preguntó una niña.
-Para visitar a la abuelita y llevarle flores, mi cielo -explicó cariñosamente la madre.
-¿Abuelita está en el cementerio?
-siguió preguntando la pequeña.
-Sí, mi hijita -respondió tristemente la mamá.
¿y por qué no te la traes a casa entonces? -dijo la niña.
-Bueno, porque está muerta y enterrada -dijo la madre.
-¡Ah! ¡Cómo me engañaste! -respondió la chiquilla.
-¿Por qué te engañé? -preguntó la madre.
-Porque cuando la abuelita se fue, me dijiste que estaba con Dios en el cielo -contestó la niña.
-Bueno, en el cielo está la abuelita viva y en el cementerio está la abuelita muerta -intentó explicar un tanto acorralada la madre.
¡Era una abuelita y ahora son dos abuelitas! -pensó extrañada la niña-. Las personas grandes no se aclaran. Y siguió pidiendo explicaciones…
-y tú, a quién quieres más, mamá? ¿A la abuelita muerta del cementerio o a la abuelita viva del cielo?
Pero la mamá ya no sabía qué decir. Y terminaba diciendo:
-Después hablaremos, mi amor.
Tomado de Juan Jáuregui
ANÉCDOTA
¿POR QUÉ ESPERA EL DISCÍPULO AMADO A PEDRO?
Es frecuente interpretar este hecho de la siguiente manera. El discípulo amado (sea Juan o quien fuere) fundó una comunidad cristiana bastante peculiar, que corría el peligro de considerarse superior a las demás iglesias y terminar separada de ellas. De hecho, el cuarto evangelio deja clara la enorme intuición religiosa del fundador, superior a la de Pedro: le basta ver para creer, igual que más adelante, cuando Jesús se aparezca en el lago de Galilea, inmediatamente sabe que “es el Señor”. Sin embargo, su intuición especial no lo sitúa por encima de Pedro, al que espera a la entrada de la tumba en señal de respeto. La comunidad del discípulo amado, imitando a su fundador, debe sentirse unida a la iglesia total, de la que Pedro es responsable.
Tomado de J.L.Sicre
QUE ES UNA LITURGIA BIEN CELEBRADA
Una instrucción que se publicó en 1964, ínter Oecumenici, para la recta aplicación de la reforma litúrgica, daba una feliz definición de lo que es una liturgia bien celebrada, sobre todo de la liturgia pascual: «ut Mysterium Paschale vivendo exprimatur», que el misterio pascual lo expresemos con nuestra vida, con nuestra alegría, nuestra entrega por los demás, nuestra energía para el bien, nuestra valentía en la lucha contra el mal y contra toda injusticia, nuestra esperanza y novedad de vida.
Tomado de José Aldazábal
SECUENCIA
El texto latino de la secuencia de hoy, que es del siglo Xl, no tiene especial valor, pero incluye un diálogo lleno de lirismo e ingenuidad con María Magdalena. La traducción oficial española lo versifica con dignidad: «¿Qué has visto de camino, María en la mañana?». Y María responde: «A mi Señor glorioso, la tumba abandonada, los ángeles testigos, sudarios y mortaja. ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! Venid a Galilea, allí el Señor aguarda; allí veréis los suyos la gloria de la pascua».
Tomado de Javier Gafo
Dios a la vista Homilías ciclo C. Madris 1994.Pág. 107 ss
LOS CRISTIANOS ORIENTALES
Tienen una manera muy bella y teológica de hablar de la resurrección. Dicen que el ateísmo es no creer en la resurrección. Sólo se puede creer en Dios si hay resurrección: la de Jesús y la nuestra. Porque si Dios permanece impasible e impotente en su bienaventuranza celeste, contemplando la historia de las injusticias, opresiones y asesinatos que es la historia humana, si ve cómo los injustos y malvados casi siempre triunfan, mientras que los justos e inocentes padecen en sus manos, y no hace nada, este Dios no es creíble.
Cristo no posee el pleno gozo de la resurrección mientras haya alguien que sufra.
Tomado de Josep Vives
Creer El Credo Edit. Sal Terrae Col. Alcance 37
Santander 1986.Págs. 137-152
¿QUÉ SABEMOS DE LA TUMBA DE JESÚS?
Existen en los alrededores de Jerusalén tumbas del tiempo de Jesús. Las de los personajes ricos y pudientes, que eran excavadas sobre roca viva, han perdurado hasta nuestros días. Los pobres eran inhumados en tierra. Las tumbas halladas poseen los nombres de las personas enterradas en ellas. Todas ellas han sido estudiadas con profusión. El Santo Sepulcro que se venera actualmente responde a la descripción del evangelio. Sobre él se construyó una basílica en tiempos del emperador Constantino, hacia el año 334 d.C. Ha llegado hasta nuestros días.
Tomado de Tiempo Interior
MARÍA MAGDALENA
María Magdalena era natural de una pequeña población ribereña del Mar de Galilea (Magdala) de donde recibe el nombre. El evangelio de Lucas la cita como una de las mujeres venidas desde Galilea siguiendo a Jesús. No hay que confundir a María Magdalena con otras mujeres. De ella no se dice que fuera prostituta o pecadora. Tan solo se menciona que de ella «habían salido siete demonios» (Lucas 8,2). Según el lenguaje de la época equivaldría a decir que Jesús le había curado de una enfermedad mental.
Gregorio I fue el Papa que afirmó que María Magdalena era una prostituta. En una homilía del año 591, fusionó erróneamente a varias fi guras de los Evangelios en una sola persona:
– María Magdalena, de quien Jesús expulsó siete demonios, según Lucas 8,2.
– La pecadora anónima que unge los pies de Jesús en Lucas 7,36-50.
– María de Betania, hermana de Lázaro y Marta.
A partir de esta interpretación, se difundió que María Magdalena había sido una prostituta arrepentida, aunque los Evangelios nunca lo dicen. Esta confusión se mantuvo en la Iglesia Occidental por siglos hasta que, en 1969, el Vaticano corrigió oficialmente el error en el Calendario Romano General.
María Magdalena ocupa un lugar privilegiado en la crucifixión, junto con María la Madre de Jesús. Está también presente en los relatos de la resurrección, siendo la primera persona que vivió la resurrección. Ella fue la encargada de anunciar la resurrección de Jesús a los demás discípulos. Textos antiguos la denominan: «apóstol de los apóstoles». En ella se vislumbra que la resurrección no es sólo una evidencia física, sino también una experiencia interior. De su vivencia se desprende que a Jesús Resucitado no se le reconoce sólo con los ojos físicos, sino mediante una experiencia de fe personal y comunitaria; mediante compromiso en su seguimiento.
Tomado de Tiempo Interior
CHISTE
¿Porque Juan llego primero que pedro a la tumba vacía del Señor Jesús?
Porque Juan tiene 1ª, 2ª y 3ª; y Pedro solo tiene 1ª y 2ª…
POEMA
«lucharon vida y muerte
en singular batalla
y, muerto el que es Vida,
triunfante se levanta».
(Secuencia de Pascua)
ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:
El sepulcro está vacío
y removida la piedra.
Tú vives «RESUCITADO»
en una existencia nueva.
Tu Resurrección, Señor,
no es objeto de la ciencia.
Sólo quien con fe te busca
con tu persona se encuentra.
Cree en tu Resurrección
quien de corazón apuesta
seguir la vida de amor,
que Tú viviste en la tierra.
Vivimos resucitados,
si sentimos tu presencia
en tu Palabra, en el Pan,
en el hogar de tu Iglesia.
Resucitar es amar,
saborear la experiencia
de vivir con los hermanos,
compartiendo casa y mesa.
Al resucitar, Señor,
nos regalaste una estrella,
una fuente de alegría,
una flor de primavera.
La resurrección, Señor,
será también nuestra meta.
Ven, camina con nosotros
para llegar a tu Fiesta.
Javier Pérez Benedí
Tomado de alforjas depastoral
ORACIÓN
¡YO SI SÉ, DÓNDE TE HAN PUESTO!
En la vida que triunfa sobre la muerte;
en los que apuestan por Ti,
cuando asomándose a tanto sepulcro abierto
salen de él dispuestos a sembrarlo todo de alegría.
En la esperanza que cree contra toda desesperanza
En aquellos que, desenrollando tanta venda que ata
las dejan a un lado para que, la libertad,
sea posible para todo hombre que la busca
¡YO SI SÉ, DONDE TE HAN PUESTO!
En todo aquel que lucha por la vida
en los que indagan en tu historia y en tu muerte
en los que desean que, Tú, seas razón y norte
en los que, marchando hacia tu tumba,
saben que, fuera, vives y reinas inmortal y glorioso
¡YO SI SÉ, DONDE TE HAN PUESTO!
En el que sufre, pero se levanta
En el que llora con los que sufren
En los que no han alejado de sus corazones
sentimientos, misericordia e ilusiones
¡YO SI SÉ, DÓNDE TE HAN PUESTO!
En aquellos que luchan sin desmayo
En los que mirando hacia el cielo
quieren hacerlo presente en la tierra
En los que siendo crucificados en un madero
son conscientes de que tu voz y tu mirada
se transmiten a través de aquellos
que Tú empujas, defiendes y amas
¡YO SI SÉ, DÓNDE TE HAN PUESTO!
En la PASCUA que no acaba
En la PASCUA que nos anima
En la PASCUA que nos ilumina
En la PASCUA que nos lava
En la PASCUA que nos eleva
En la PASCUA que nos alegra
En la PASCUA que nos vivifica
En la PASCUA que nos regenera
En la PASCUA que nos resucita
¡YO SI SÉ, DÓNDE TE HAN PUESTO!
En la mañana de luz
radiante y llena de vida como ninguna
¡ALELUYA! ¡ALELUYA!
Javier Leoz
MEDITACIÓN
¿CÓMO SE EXPLICA LA RESURRECCIÓN DE JESÚS?
La resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas. Los Apóstoles dieron testimonio de lo que habían visto y oído. Hacia el año 57 San Pablo escribe a los Corintios: «Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los doce» (1 Co 15,3-5).
Cuando, actualmente, uno se acerca a esos hechos para buscar lo más objetivamente posible la verdad de lo que sucedió, puede surgir una pregunta: ¿de dónde procede la afirmación de que Jesús ha resucitado? ¿Es una manipulación de la realidad que ha tenido un eco extraordinario en la historia humana, o es un hecho real que sigue resultando tan sorprendente e inesperable ahora como resultaba entonces para sus aturdidos discípulos?
A esas cuestiones sólo es posible buscar una solución razonable investigando cuáles podían ser las creencias de aquellos hombres sobre la vida después de la muerte, para valorar si la idea de una resurrección como la que narraban es una ocurrencia lógica en sus esquemas mentales.
De entrada, en el mundo griego hay referencias a una vida tras la muerte, pero con unas características singulares. El Hades, motivo recurrente ya desde los poemas homéricos, es el domicilio de la muerte, un mundo de sombras que es como un vago recuerdo de la morada de los vivientes. Pero Homero jamás imaginó que en la realidad fuese posible un regreso desde el Hades. Platón, desde una perspectiva diversa había especulado acerca de la reencarnación, pero no pensó como algo real en una revitalización del propio cuerpo, una vez muerto. Es decir, aunque se hablaba a veces de vida tras la muerte, nunca venía a la mente la idea de resurrección, es decir, de un regreso a la vida corporal en el mundo presente por parte de individuo alguno.
En el judaísmo la situación es en parte distinta y en parte común. El sheol del que habla el Antiguo Testamento y otros textos judíos antiguos no es muy distinto del Hades homérico. Allí la gente está como dormida. Pero, a diferencia de la concepción griega, hay puertas abiertas a la esperanza. El Señor es el único Dios, tanto de los vivos como de los muertos, con poder tanto en el mundo de arriba como en el sheol. Es posible un triunfo sobre la muerte. En la tradición judía, aunque se manifiestan unas creencias en cierta resurrección, al menos por parte de algunos. También se espera la llegada del Mesías, pero ambos acontecimientos no aparecen ligados.
Para cualquier judío contemporáneo de Jesús se trata, al menos de entrada, de dos cuestiones teológicas que se mueven en ámbitos muy diversos. Se confía en que el Mesías derrotará a los enemigos del Señor, restablecerá en todo su esplendor y pureza el culto del templo, establecerá el dominio del Señor sobre el mundo, pero nunca se piensa que resucitará después de su muerte: es algo que no pasaba de ordinario por la imaginación de un judío piadoso e instruido.
Robar su cuerpo e inventar el bulo de que había resucitado con ese cuerpo, como argumento para mostrar que era el Mesías, resulta impensable. En el día de Pentecostés, según refieren los Hechos de los Apóstoles, Pedro afirma que «Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte», y en consecuencia concluye: «Sepa con seguridad toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis» (Hch 2,36).
La explicación de tales afirmaciones es que los Apóstoles habían contemplado algo que jamás habrían imaginado y que, a pesar de su perplejidad y de las burlas que con razón suponían que iba a suscitar, se veían en el deber de testimoniar.
BIBLIOGRAFÍA:
N. Tom WRIGHT, «Jesus’ Resurrection and Christian Origins»: Gregorianum 83,4 (2002) 615-635;
Francisco VARO, Rabí Jesús de Nazaret (B.A.C., Madrid, 2005) 202-204.
Tomado de Anecdonet
CANTO
Vive Jesús – Verónica Sanfilippo
VIDEO
La pasión, muerte y resurrección explicadas por niños
Delegación para el Clero de Santiago de Compostela







