
Oración en el huerto de los Olivos
“Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba. En medio de su angustia, oraba con más intensidad. Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas de sangre. (Lc 22, 42-44).





Delegación para el Clero de Santiago de Compostela







