No solo reformó la Iglesia: «Cómo ejerció Cisneros la política es un ejemplo para nuestros días»

El 8 de noviembre se cumplirán quinientos años de la muerte del cardenal Francisco Ximénez de Cisneros
(1436-1517), arzobispo de Toledo (1495) y una de las figuras más
relevantes en la historia de la Iglesia en España (llevó a cabo una
profunda reforma que nos inmunizó contra el luteranismo), y de la
historia de España misma, en cuanto confesor y consejero de la Reina Católica y dos veces regente (1506, a la muerte de Felipe el Hermoso, y 1516, a la muerte de Fernando), e impulsor de una profunda renovación cultural, que abarca desde la fundación de la Universidad de Alcalá (1499) a la publicación de la Biblia Políglota (1514-1517).


A lo largo del año se están sucediendo los actos conmemorativos, buena parte de ellos impulsados por la diócesis de Alcalá de Henares.
En octubre tendrá lugar en la ciudad complutense un congreso sobre la
labor de Cisneros como reformador y en la evangelización de América, con
la participación del arzobispado de Toledo y varias universidades y la
diócesis de Alcalá.




Cuando le preguntamos por la figura de Cisneros, el sacerdote Juan Miguel Prim, vicario episcopal de cultura y coordinador del Año Cisneros, no duda de su santidad y le considera un modelo político para hoy mismo.





-¿Quién fue el “descubridor” de Cisneros?

-La figura que avaló y apoyó a Cisneros en todo momento fue el cardenal Pedro González de Mendoza
(1428-1495). Siendo él obispo de Sigüenza le nombró vicario general y
provisor de la diócesis. Luego sugiere su nombre a la Reina como
confesor para que orientase su conciencia en las tareas de reforma que
estaban emprendiendo Isabel y Fernando. Y cuando Mendoza se está
muriendo y le visitan los Reyes Católicos, le propone como su sucesor en
Toledo, una diócesis que entonces abarcaba más de media España.




-Le convirtió, así, en el gran reformador de la Iglesia en España…


-Sí, pero los Reyes Católicos ya habían empezado ese
camino. Cisneros se suma a lo que ya hacen Isabel y Fernando y a los
movimientos de observancia que habían nacido años antes.




-¿Y en el seno de su orden franciscana?


-Tras ser nombrado confesor de la Reina, Cisneros adquiere un
reconocimiento público que mueve a los franciscanos a elegirle como su provincial en Castilla.
Aunque Cisneros siempre se resistió a los nombramientos, pues su deseo
era dedicarse lo más posible a la contemplación y el estudio, en este
caso aceptó con prontitud, pensando que de este modo estaría más alejado
de la corte, pero no fue así. Hubo de compatibilizar su tarea de
confesor real con una intensa actividad de visita a los conventos
franciscanos.




-¿Cuál era la situación de esos conventos?


-A raíz de la epidemia de peste a mediados del siglo XIV y la gran
mortandad que produjo, muchos conventos habían relajado sus criterios de
admisión, aceptando a personas poco preparadas, lo que daba lugar a una gran relajación
y abusos de la regla. Además, la situación general de la Iglesia en la
Baja Edad Media había afectado también a la orden franciscana, que en
gran parte había perdido su original espíritu de pobreza.



-¿Fue Cisneros un pionero en la reforma?

–Pedro de Villacreces (1350-1422), acompañado de Pedro Regalado (1390-1456), había salido del convento de La Salceda (Guadalajara) para fundar el eremitorio de Domus Dei en
La Aguilera (Burgos) con la intención de reformar la vida conventual
franciscana. Cisneros, que había estado retirado varios años en
eremitorios y en La Salceda (1484-1492), impulsa el movimiento de la estricta observancia entre los franciscanos, y luego lo extiende a las demás órdenes.




-¿Por qué había llegado él a La Salceda?


-Este es el gran misterio interior de la vida de Cisneros, como una
conversión. Siendo ya sacerdote, tras haber estado preso en Uceda y
Santorcaz por orden del arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo de Acuña,
Cisneros llega a la diócesis de Sigüenza como Capellán Mayor de la
Catedral, es nombrado Vicario General, está haciendo carrera
eclesiástica… y de repente decide dejarlo todo y ocultarse en la vida
religiosa en el monasterio de La Salceda. Cambia incluso de nombre: de
Gonzalo a Francisco.




-¿Por qué dice que es un misterio?


-Cisneros es un gigante del espíritu de quien conocemos todas las cosas
que hizo… pero muy poco sobre sus motivaciones y su vida interior.
Durante toda su vida intenta ocultarse del mundo, vivir discretamente y
no abrazar las formas externas del poder, más que por obediencia. En su
retirada a La Salceda puede que influyese que su deseo de unión con Dios
y de estudiar se veía alterado por los innumerables asuntos
administrativos que implicaba un cargo eclesiástico en aquella época de
gran poder de la Iglesia. Y ve que en medio de todo eso su alma se está perdiendo.



-Y cuando sale de La Salceda, ¿qué reformas ve necesarias en la Iglesia?

-En general, la santidad de vida de los bautizados. En particular, la de
los consagrados: que practicasen la vida comunitaria, respetasen la regla fundacional
y viviesen en continencia, pobreza y obediencia. Su reforma puede
resumirse en una expresión suya que sirve de lema a nuestra diócesis de
Alcalá: «El servicio de Dios primeramente».



-¿Tan mala era la situación?

-¡Hay que pensar que Mendoza o Carrillo tenían hijos! Pero no solo es
eso. También las riquezas constituían un problema. La Iglesia vivía de
rentas y beneficios, pero muchos prelados y sacerdotes no residían en
sus sedes o parroquias y eran auténticos señores temporales. Se
descuidaba la formación y la atención pastoral de los fieles. La reforma
emprendida por los Reyes Católicos y por el propio Cisneros busca repristinar las órdenes religiosas y corregir los abusos de los hombres y mujeres de Iglesia.



-Cisneros es, además, un impulsor de la cultura…

-Sí. Su formación comienza en Torrelaguna, en el seno de una buena
familia cristiana, y continúa en el Estudio General franciscano de
Alcalá y en la Universidad de Salamanca, donde conoce a grandes
maestros. También va a Roma. Durante toda su vida siente un gran interés
por las Sagradas Escrituras, interpretadas por los Padres de la
Iglesia. En Alcalá hará editar obras de Raimundo Lulio y de Jerónimo Savonarola,  la Vita Christi de Ludolfo de Sajonia,
traducciones de las obras de Santa Catalina de Siena y otros autores
espirituales… Son obras que envía, a sus expensas, a monasterios y
laicos, para mejorar la formación y la vida espiritual.



-¿Qué alcance tiene su obra escrita?

-No nos han llegado escritos propios de Cisneros, salvo numerosas
cartas, tanto a sus secretarios como al Cabildo de Toledo, muchas de
ellas publicadas por su hermano de orden, el padre Juan Meseguer Fernández.



-Cisneros murió poco después de la mítica escena de Lutero en el palacio de Wittemberg. ¿Llegó a conocer el hecho?

-Cisneros estuvo siempre muy bien informado, pero no tengo constancia de
que llegara a saberlo. Pero sin duda conocía los movimientos previos
que en Europa fueron preparando la Reforma luterana.



-¿Por eso editó la Biblia Políglota?

-Uno de sus biógrafos, Pedro de Aranda Quintanilla y Mendoza,
explica que Cisneros era un firme partidario de la Vulgata de San
Jerónimo, la versión latina utilizada por la Iglesia, y precisamente
quiso editar la Políglota para demostrar que la Biblia de la tradición
católica era fiel a los textos originales. Por eso utiliza las versiones
hebreas del Antiguo Testamento que consigue localizar, la Septuaginta o
versión griega de los LXX, y otros manuscritos y códices, en una empresa filológica y científica que no tiene parangón. Todo ello, antes de Lutero, del Concilio de Trento y de los grandes santos de la Contrarreforma.



-¿Cómo influyó Cisneros en la evangelización de América?

-Cuando Colón llega a Barcelona con los primeros indígenas es Cisneros
quien los bautiza. Y cuando llegan noticias de las primeras rebeliones y
del modo en que son esclavizados los indios, la Reina Isabel le
consulta. Cisneros responde –la cita es de Quintanilla– que “la causa de
esta miseria provenía de haber errado desde el principio la conquista,
pues no se había tratado de ganar las almas de los indios, sino el oro, la plata, perlas y sus haciendas».



-¿Qué hizo él al respecto?

-Ya en 1502 Cisneros envía a las Indias Occidentales a tres frailes franciscanos, entre ellos a Francisco Ruiz, su compañero y secretario personal,
con poderes espirituales y temporales para procurar la evangelización
de los indígenas. Durante su primera regencia Cisneros envía nuevos
religiosos, esta vez dominicos y en la segunda regencia a tres religiosos jerónimos.
También se entrevistó con Bartolomé de las Casas. Recordemos que las
Leyes de Burgos de 1512 establecieron la libertad de los indios,
súbditos de la Corona, pero también su obligación de trabajar a cambio
de un salario justo. El problema era el sistema de «encomiendas» del que
algunos colonizadores se aprovechaban para la esclavización de los
nativos. Cisneros, como ya había hecho en Granada, procuró ganarse a los
jefes indígenas, para facilitar la conversión, y ordenó que se les
tratara bien y se les enseñara la doctrina cristiana.



-¿Cómo fueron las relaciones de Cisneros con otros confesores de la Reina?

-Él sucedió a fray Hernando de Talavera, jerónimo, como
confesor de Isabel. Tras la conquista de Granada, a Talavera le habían
nombrado arzobispo de Granada y le encomendaron la evangelización de los
musulmanes de la ciudad recién conquistada. Él intenta ganárselos:
estudia árabe, frecuenta a sus líderes, busca un acercamiento más lento
pero más duradero… hasta el punto de ser llamado “el santo Alfaquí”.
Pero cuando en 1499 los Reyes Católicos regresan a Granada ven que en
gran medida la ciudad sigue siendo musulmana. Entonces llaman a
Cisneros, para que apoye la evangelización.



-Pero con métodos menos complacientes…

-¡Hay que entender cómo eran las cosas en aquellos tiempos! Por un lado,
había más relación entre cristianos y musulmanes de lo que hoy
podríamos pensar. Boabdil, por ejemplo, tenía una hija, Aixa, que fue religiosa con el nombre de Sor Isabel de Granada.
Las Capitulaciones de Granada fueron muy generosas y establecieron que
no se debía forzar a los musulmanes a convertirse al cristianismo. Pero
después de tantos siglos de dominación musulmana la Corona deseaba la
conversión. Era en gran parte una cuestión de estado. Por otra parte, Cisneros y Talavera no eran tan distintos como se suele decir.
Ambos, como todos los cristianos de su tiempo, veían la religión
musulmana como una herejía, porque niega la Trinidad y la Encarnación.
Por eso procuraban trabajar por la conversión de quienes estaban en el
error, para salvar sus almas. En los métodos es cierto que Cisneros fue
más expeditivo. Llamó misioneros, se reunió con los dirigentes
musulmanes, los intentó ganar con halagos y en algunas ocasiones no tuvo
más remedio que permitir el uso de la fuerza para sofocar rebeliones y
sediciones. Recordemos los levantamientos del Albaicín y las Alpujarras.
Es aquí también donde se sitúa la famosa quema de Coranes en Granada.
Hoy lo vemos como un gesto de intolerancia y una ofensa a la libertad
religiosa. Pero estas prácticas fueron realizadas por muchos vencedores
en el mundo antiguo. Era casi un acto de propaganda, para condenar el
error. Sabemos además que Cisneros mandó rescatar los libros de
Medicina, Filosofía y otras ciencias para llevarlos a su querida
Universidad de Alcalá.



-¿Y las relaciones con Mendoza?

-Aunque fue su mentor, Cisneros y Mendoza son muy distintos.
Cisneros es un religioso, muy espiritual, ajeno al mundo de la Corte;
Mendoza es un príncipe de la Iglesia, un hombre de armas y de gobierno.
Proviene de una casa nobiliaria con mucho peso, y aunque a Cisneros se
la ha intentado buscar también un prestigioso linaje, ciertamente no
pudo ni quiso presumir de títulos de nobleza. Mendoza, eso sí, acertó en
sus decisiones al apoyar a los Reyes Católicos y en el nombramiento de
sus colaboradores.



-Cisneros es la prueba…

-Y respetó la decisión de Cisneros de dejarlo todo y retirarse a la vida contemplativa. Pero luego le hizo volver.





-¿Por qué Cisneros no ha sido beatificado?

-Los franciscanos observantes  de Torrelaguna comenzaron a documentar su
causa ya en el segundo tercio del siglo XVI. Pero la causa propiamente
dicha se abre en 1626. Hay que tener en cuenta que el Concilio de Trento
emanó nuevas disposiciones para los expedientes de canonización. En la
Edad Media muchos santos lo fueron por culto inmemorial y aclamación
popular. Si se hubiera seguido ese modelo, Cisneros hubiera sido
probablemente proclamado santo, pues hay muchos testimonios del
reconocimiento universal de sus virtudes y de su fama de santidad. Pero
la causa se inició por la vía del «non cultu«, conforme a los
recientes decretos de Urbano VIII. La Universidad de Alcalá fue la gran
promotora de la causa, que nombró al franciscano alcalaíno Fray Pedro de
Aranda Quintanilla y Mendoza postulador de la causa en Roma.
Quintanilla publicó en 1653 su Arquetypo de virtudes,
en el que recoge abundante información sobre la vida, los hechos y las
virtudes de Cisneros. Pero en el siglo XVIII el proceso sufre un parón,
debido a la falta de medios económicos de la Universidad fundada por
Cisneros y a la llegada al pontificado del franciscano Clemente XIV (1769-1774).



-¿Y un franciscano fue el obstáculo?

-Clemente XIV era franciscano conventual. Recordemos que Cisneros quiso
que los franciscanos conventuales, más relajados, pasasen a la estricta
observancia. Muchos se resistieron y acabaron marchándose a Italia.
Digamos que, desde entonces, los conventuales no le tenían mucha simpatía. Estas son algunas de las razones que los especialistas señalan.



-Un cúmulo de fatalidades…

-Sí, sin duda. En cualquier caso nada impediría reabrir el proceso, pero
haría falta un gran trabajo por parte de diversas instituciones, al
menos los obispados de Alcalá y Toledo. Lo que sí sería muy interesante
es estudiar la Positio, es decir, la documentación que se
conserva en Roma avalando la beatificación y canonización de Cisneros.
Hay ya algunas personas en ello.



-¿Cómo resumiríamos su alma?

-Quintanilla le llama “el humilde ensalzado”. Fue un
hombre de Dios y un hombre de Iglesia. Es un modelo como religioso
franciscano y también como gobernante. Fue muy escrupuloso con el uso de
los bienes del arzobispado de Toledo y con los del Reino cuando fue
Regente, tuvo siempre en el centro de mira a los pobres, a los enfermos y
a las mujeres sin recursos, se preocupó por el bien común, trabajó por
la unidad de España… ¡Cómo ejerció Cisneros la política es, sin duda, un
ejemplo para nuestros días!


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