Mons. Julián Barrio preside la Misa Solemne de la Resurrección del Señor

El arzobispo de Santiago celebró el Domingo de Resurrección en la Catedral

El arzobispo de Santiago ha presidido hoy la Santa Misa del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor, que se ha celebrado en la Catedral compostelana, donde ha proclamado el amor de Dios y el triunfo de la vida sobre la muerte en Cristo, exhortando a ser testigos del Resucitado:

Ein Recht gesegnedtes Ostern wünscht Ihnen

Je vous prie d´ágréer mes meilleurs voeux de joyeuses Pâques

Witt my bets wishes for a truly blessed Easter

Bona Pasqua a tutti

Boa Pascua a todos

Felices Pascuas a todos

¡Feliz Pascua de Resurrección! “He resucitado y siempre estoy contigo; tú has puesto sobre mí tu mano”. Se considera que fueron estas las palabras que el Hijo dirigió al Padre después de su resurrección, después de volver de la noche de la muerte al día eterno de la Vida”[1]. Celebramos la obra suprema del amor de Dios Padre hacia su Hijo Jesús, muerto y resucitado. Las mujeres que estuvieron junto a la cruz, encuentran al día siguiente el sepulcro vacío. “Quieren despedir al muerto y encuentran a Cristo Vivo”. María dio su sí para el nacimiento de Cristo. La Magdalena le escucha al ángel la indicación de la Resurrección. “Benditas mujeres que saben de vida y resurrección para llevar el mensaje de la vida y de la verdad”.  En este día miramos serenamente el rostro del Resucitado. En él “lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta”. Este misterio y este mensaje son nuestra credencial.

La Resurrección es la respuesta del Padre a la obediencia del Hijo. “A este Jesús Dios lo resucitó, de lo cual todos nosotros somos testigos. Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías” (Hech 2,32.36). Dios Padre confirmó con la resurrección la vida y la obra de su enviado Jesucristo que “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él” (Hech 10,38). Su Espíritu penetra lo oculto de la historia como la levadura en la masa, como la sal en la comida, como la luz en la oscuridad, y nos llama a aspirar a los bienes de arriba, y a dejar la corrupción y mentira para actuar con sinceridad y verdad. La  resurrección de Cristo revela que podemos amar más allá de la muerte y vivir haciendo el bien. Así lo hacen tantas personas en nuestro entorno en estos momentos no fáciles. La resurrección es un mensaje de esperanza en una sociedad que busca a veces pretextos para la violencia que siempre degrada la dignidad de la persona y pone al descubierto nuestra fragilidad y la dificultad de construir la paz. ¿Dónde encontrar al Resucitado? Lo encontramos en la lucha diaria en favor de la vida, en el compromiso con los pobres y en el afecto con quienes comparten generosamente lo que tienen: no sólo lo que tienen sino también lo que son. Él nos precede en las personas ignoradas de nuestros  tiempos y nos envía para ofrecer la alegría pascual del amor fraterno. ¡Manifestemos la nueva vida en nuestros  pensamientos limpios, en nuestras palabras llenas de verdad, en nuestras decisiones honestas! El hombre que ha perdido la esperanza, encuentra en el Señor Resucitado la luz para encontrarla, sabiendo que una realidad mejor es posible, venciendo la pasividad, la indiferencia y el egoísmo para ir construyendo la Ciudad de Dios en medio de la de los hombres. “Es verdad que ha resucitado el Señor”. La contemplación de Cristo resucitado nos ayuda a dar sentido a la vida y a la muerte, y a ver con mirada de fe los acontecimientos. ¡”Que todo el mundo experimente y vea cómo lo abatido se levanta, lo viejo se renueva y todo vuelve a su dignidad  original por Cristo de quien todo procede”! Este es el testimonio de muchas personas que cuidan a los más desfavorecidos, curan a los enfermos, se hacen presentes en el sufrimiento y la marginación, trabajan por la justicia y anuncian la salvación de Dios. Dejémonos sorprender por la fuerza del Resucitado en el camino de la historia. Resucitar es sentir el ardor del amor en lo profundo de nuestras vidas, haciendo nuevas todas las cosas.

Desde esta Ciudad del Apóstol, la Jerusalén del Occidente, en este Domingo de Resurrección del Señor, hago llegar con nuestra oración la felicitación pascual al Papa Francisco. También con la alegría que nos da Cristo resucitado, saludo con afecto pastoral a los hermanos de las Iglesias separadas, a los de las religiones no cristianas, y a todos los hombres de buena voluntad. ¡Feliz  Pascua de Resurrección del Señor!

[1]Cf.  BENEDICTO XVI, Homilía en la Vigilia Pascual, 8 de abril de 2007.

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