Las 5 integraciones que el Papa Francisco pide en la Doctrina Social de la Iglesia para el progreso

 Con motivo del congreso que celebra los 50 años de la encíclica Populorum Progressio del beato Papa Pablo VI, el Papa Francisco explicó los 5 retos o elementos que hay que integrar para avanzar en este «progreso real» de los pueblos, en una síntesis de su visión de la Doctrina Social.

1- Los pueblos de la Tierra han de integrarse entre ellos, convivir y enriquecerse mutuamente

2- En cada sociedad, debe haber una integración social viable, eficaz

3-  El desarrollo debe ser verdadero desarrollo 

4- Lo comunitario y lo individual deben integrarse adecuadamente 

5- El cuerpo y el alma deben poder integrarse entre sí 

Estas son las características que el Papa quiso señalar al recibir en Roma a los asistentes al Congreso sobre la Populorum progressio. 


Integrar los pueblos de la tierra

“Se trata – afirmó Francisco- de integrar los diversos pueblos de la tierra.
El deber de la solidaridad nos obliga a buscar modalidades justas en el
compartir, para que no exista esa dramática desigualdad entre quienes
tienen demasiado y los que no tienen nada, entre el que descarta y el
que es descartado. Sólo el camino de la integración entre los pueblos
permite a la humanidad un futuro de paz y de esperanza”.


Todas las personas pueden aportar algo

“Se trata de ofrecer modelos viables de integración social.
Todos tienen una contribución que dar al conjunto de la sociedad, todos
tienen una particularidad que puede servir para la vida en común, nadie
está excluido de aportar algo para el bien de todos. Esto es, al mismo
tiempo, un derecho y un deber. Es el principio de la subsidiariedad que ha de garantizar la necesidad del aporte de todos, tanto como individuos y como grupos, si queremos crear una convivencia humana abierta a todos”.  



Trabajo, familia, cultura… todo enriquece al hombre

“Además, se trata de integrar en el desarrollo todos esos elementos que lo vuelven realmente tal. Los diversos sistemas: la economía, las finanzas, el trabajo, la cultura, la vida familiar, la religión son, cada uno en su ámbito específico, un momento irrenunciable de este crecimiento.
Ninguno de éstos puede arrogarse el hecho de ser absoluto y ninguno de
éstos puede ser excluido de la conexión que tiene en pos del desarrollo
humano integral, por ende, ha de tener en cuenta que la vida humana es como una orquesta que suena bien sólo si los distintos instrumentos están de acuerdo y siguen una partitura que es compartida por todos”.  


El yo y la comunidad se complementan

“Se trata, entonces, de integrar la dimensión individual y la comunitaria. Es innegable que somos hijos de una cultura, por lo menos en el mundo occidental, que ha exaltado al individuo hasta hacer del mismo una isla, casi
como si se pudiera ser feliz solo. Por otro lado, no faltan las
visiones ideológicas y los poderes políticos que han aplastado a la
persona, que la han masificado y la han privado de esa libertad sin la
cual el hombre ya no se siente más hombre. También hay poderes
económicos que tienen interés en perpetrar dicha masificación, puesto
que quieren sacar partido de la globalización, en lugar de favorecer una mayor compartición entre los hombres,
y esto, simplemente, para imponer un mercado global del cual ellos
mismos son quienes han de dictar las reglas y obtener los beneficios.  El
yo y la comunidad no compiten entre sí, dado que el yo sólo puede
madurar en presencia de relaciones interpersonales auténticas
, y
la comunidad es generadora cuando también lo son todos y cada uno de
los miembros que la componen. Esto vale tanto más para la familia, que
es la primera célula de la sociedad en la cual se aprende a vivir
juntos”.


No es mera economía: el cuerpo y el alma van juntos

“Se trata en definitiva de integrar cuerpo y alma. Pablo VI ya escribió que el desarrollo no se reduce a un mero crecimiento económico (cfr n. 14); el desarrollo no consiste en tener cada vez más bienes a disposición,
para un bienestar solamente material. Integrar cuerpo y alma significa
también que ninguna obra de desarrollo podrá alcanzar realmente su
objetivo si no respeta aquel lugar en el cual Dios está presente y le
habla a nuestro corazón. Dios se ha dado a conocer plenamente en
Jesucristo: en Él, Dios y el hombre no están divididos ni separados
entre sí”.  

Dios se ha hecho hombre para hacer de la vida humana, tanto en lo personal como en lo social, una vía de salvación concreta.
Así, la manifestación de Dios en Cristo –incluyendo sus gestos de
curaciones, de liberación, de reconciliación, que hoy estamos llamados a
proponer nuevamente a tantos heridos que están al costado del camino-
indica el camino y la modalidad del servicio que la Iglesia pretende
ofrecer al mundo: a la luz de ella se puede comprender
qué se entiende por desarrollo “integral”, que no yerra ni con Dios ni con el hombre,
puesto que asume toda la consistencia de ambos. En este sentido, es
justamente el concepto de persona, que nació y maduró en el
cristianismo, que ayuda a ir en pos de un desarrollo plenamente humano.
Porque
persona implica siempre relación, no individualismo, afirma la inclusión y no la exclusión, la dignidad única e inviolable y no la explotación, la libertad y no la constricción”.

“La Iglesia no se cansa de ofrecer esta sabiduría y su obra al mundo, con la conciencia de que el desarrollo integral es el camino del bien que la familia humana está llamada a recorrer”. 

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