La lógica de Dios es el amor. Los bienes que Él nos da están destinados a ser compartidos

El Papa nos invitan a encarar este tiempo de cuaresma como un momento de conversión personal que mejore nuestro actual entorno.

Dirigiéndose a una delegación de “A Diaconie de la Beauté”-que se dedica al apostolado en el mundo artístico- nos indica el camino que toca a quien se dice de Cristo -en traducción personal libre- el Papa nos urge a ser cantores de la armonía entre las personas, y también cantores de esta armonía entre culturas y religiones, porque nuestra humanidad está siendo sacudida por la violencia de todo tipo, por guerras, por crisis sociales. En este contexto, necesitamos hombres y mujeres capaces de hacernos soñar con un mundo distinto, un mundo bello. Hacer que la gente sueñe, para que puedan aspirar a vivir en plenitud.

También el Papa, en la visita de los miembros de la “Junta constructora” de la Sagrada Familia, nos da unas pautas para hacer parroquia y convertir el templo en un centro de vida, porque todo cristiano es responsable del templo y de potenciar por su relevancia “ que el clima de oración no se pierda en los templos, debe ser una de las prioridades para los que, como ustedes, han recibido la responsabilidad del cuidado de los templos.” El Papa recuerda la importancia del templo y su apertura a la humanidad ya que “La fe predicada, debe hacerse oración. Siempre.” Y añade el Papa “es precisamente en la adoración, en la oración contemplativa de los misterios, donde nos abrimos a esa luz (DIOS), como el ventanal de vuestro templo.”

Otra forma de encarar la cuaresma, para el Papa, es analizando con él los vicios de envidia y de vanagloria.

Sobre la envidia destaca el Papa que nace de una relación amor-odio donde “uno quiere el mal del otro, pero en secreto desea ser como él. El otro es la manifestación de lo que nos gustaría ser, y que en realidad no somos. Su suerte nos parece una injusticia: ¡seguramente -pensamos- nosotros nos merecemos mucho más sus éxitos o su buena suerte!” y esto sucede porque “no se acepta que Dios tenga sus propias “matemáticas”, distintas de las nuestras.” Por eso, dice el Papa, hay que seguir a San Pablo y “«Ámense cordialmente unos a otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10)”

En cuanto a la vanagloria es un vicio que para el Papa está íntimamente ligado a la envidia y que caracteriza a aquella “persona que aspira a ser el centro del mundo, libre de explotar todo y a todos, el objeto de toda alabanza y amor.” Para el Papa “la vanagloria es una autoestima inflada y sin fundamentos. El vanaglorioso posee un “yo” dominante: carece de empatía y no se da cuenta de que hay otras personas en el mundo además de él. Sus relaciones son siempre instrumentales, marcadas por la prepotencia hacia el otro.(…) es un perpetuo mendigo de atención” Como en el caso anterior el vicio tiene cura y dice el Papa “La instrucción más hermosa para superar la vanagloria se encuentra en el testimonio de San Pablo. El Apóstol se enfrentó siempre a un defecto que nunca pudo superar. Tres veces pidió al Señor que le librara de aquel tormento, pero al final Jesús le respondió: «Te basta mi gracia; mi fuerza se realiza en la debilidad». Desde ese día, Pablo fue liberado. Y su conclusión debería ser también la nuestra: «Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo» (2 Cor 12,9). “

Compartamos esta cuaresma la lógica del amor.

María Puy

pastoralsantiago.es