
La Fundación Jérôme Lejeune,
dirigida en España por Pablo Siegrist, apoyándose en su experiencia y
conocimiento sobre la práctica de los vientres de alquiler acumulados a
través de su Cátedra de Bioética, exige a los políticos
españoles un debate profundo sobre este tema dadas las serias
implicaciones éticas y económicas que conlleva esta práctica.
En su Informe sobre la llamada ‘maternidad por subrogación’, que reproducimos más abajo, argumenta que esta práctica es una nueva forma de explotación neocolonial de la mujer.
Mercantilización del útero
Los numerosos problemas de carácter médico, ético y legal que plantea la mercantilización del útero y
los óvulos de miles de mujeres en todo el mundo, la defensa del interés
de los menores afectados, así como el impacto económico y el negocio
que se genera en torno a esta fórmula de concepción y gestación, reclama
de los partidos políticos una mayor implicación, responsabilidad, atención y protección hacia la mujer y el menor.
La maternidad por subrogación: una forma de explotación neocolonial de la mujer
La Cátedra de Bioética “JÉRÔME LEJEUNE” ha hecho público un informe muy pedagógico y claro sobre la llamada “Maternidad por subrogación«. Estas son sus conclusiones:
Tal como afirmó la Asociación Española de Bioética y Ética Médica en su Asamblea General de 2016:
Turismo reproductivo
1. “La maternidad por subrogación es, inequívocamente, una nueva forma de explotación neocolonial de la mujer, contraria a la dignidad humana, pues usa del cuerpo femenino, y toda su persona, como un objeto de negocio,
incluso en el caso de ejercerla altruistamente. La mujer viene siempre
utilizada, aún con su consentimiento informado, y padece consecuencias
tanto de carácter médico en su propio cuerpo como de carácter ético.
2. La maternidad por subrogación es un proceso que, cada vez con más intensidad, se está convirtiendo en un negocio muy lucrativo, basado en la mercantilización del cuerpo de las mujeres. Ello ha generado un fenómeno emergente, denominado “turismo reproductivo”. En este negocio se observa la presencia de dos partes en situación de desequilibrio:
a) Por un lado, parejas‐clientes extranjeras ricas, que
recorren el mundo en busca de una descendencia, producto de las últimas
tecnologías, y a precio más asequible que en sus países de origen. En
este primer grupo también debe incluirse a los centros especializados en
esta tecnología reproductiva (uno de los últimos negocios más rentables a nivel global) y a los bufetes de abogados de alto nivel como a los agentes intermediarios, que obtienen enormes beneficios.
b) Por otro lado, mujeres pobres, o en situaciones de necesidad, víctimas, muchas veces de sociedades altamente patriarcales, que se ven abocadas a alquilar su cuerpo y,
en definitiva, su persona, a cambio de una retribución económica. La
gran desigualdad cultural y educativa, hace que el desequilibrio entre
las partes contratantes sea aún mayor. Si a ello se une Estados
indiferentes a este drama humano con ordenamientos legales permisivos,
se consigue una indefensión de las mujeres que son objeto de comercio y de los niños que se convierten en una mercancía a adquirir.
3. El contrato de “gestación por sustitución” (vehículo jurídico para la maternidad subrogada) es nulo de pleno derecho en el ordenamiento jurídico español. No está
prohibido en sentido estricto, simplemente, no tiene ningún efecto. Es madre quien da a luz.
4. La nulidad de este contrato se basa en razones de orden público, vinculadas al respeto a la dignidad de la mujer gestante y del hijo.
Este último no puede convertirse en objeto de ningún negocio jurídico,
ya que sólo las cosas, y nunca las personas, pueden ser compradas o
vendidas. De la misma manera, el cuerpo de la madre tampoco puede ser
objeto de un contrato de “alquiler”, puesto que nuestro cuerpo no es
propiedad nuestra en sentido estricto y por esto, no podemos vender sus
partes, ni disponer a voluntad de ellas.
5. No existe un “derecho a la procreación” y por tanto
un “derecho al hijo”, ni tampoco un derecho a la vida privada que
justifiquen un hipotético derecho a la maternidad subrogada.
Tener un derecho significa poder exigir frente a los demás y al Estado
la realización de una determinada prestación. Para disfrutar de un
derecho se requieren razones que vayan más allá de nuestros deseos y
justifiquen la pretensión exigida desde la perspectiva del bien común.
6. El derecho español da una respuesta a la situación de los hijos
nacidos como consecuencia de la realización de un contrato nulo, pues el
padre biológico siempre puede determinar la filiación del niño a su
favor, quedando la posibilidad de que su cónyuge le adopte. Por esta
razón, nuestro ordenamiento jurídico es plenamente respetuoso
con la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en esta
materia como ha señalado nuestro Tribunal Supremo.
7. A la hora de evaluar en qué consiste el mejor interés del menor, no puede confundirse la perspectiva del juez con la del legislador.
El primero juzga una situación de suya ilícita, en la que es preciso
buscar la mejor solución para los menores nacidos que no deben sufrir
las consecuencias negativas de la ilicitud de la conducta de los
adultos. El legislador, en cambio, ha de preguntarse si el mejor interés
de los niños, en general, consiste o no en venir al mundo como objeto
de un negocio jurídico. Es un grave error, por tanto, plantear la
regulación legal de la maternidad subrogada desde la experiencia de los
casos concretos”.
8. Aunque la subrogación del útero pueda responder a una motivación
inicialmente altruista por parte de la mujer, y aunque la práctica haya
sido legalizada en algunos estados teniendo en cuenta esta variable, la gestación subrogada constituye en último término un proceso precedido de una transacción económica
o en el que se acuerda un pago periódico durante la gestación, ya sea
en concepto de compensación o para la cobertura de costes sanitarios.
9. Debería buscarse en primer lugar el bien del menor, y no que esté
quede supeditado al derecho de los comitentes y a su decisión. Por otro
lado, la posibilidad (real, sucedida en otros países) de abandono de
niños (partos gemelares), por patología (caso “baby Gammy”, en
Tailandia) o por preferencia de sexo, lo que supondría una grave
discriminación que atenta contra el principio de no discriminación del
menor o de toda persona discapacitada.
II. La maternidad mediante gestación subrogada o vientre de alquiler es ilegal en España.
Jurídicamente, el contrato de maternidad subrogada en nuestro país, se considera nulo de pleno derecho por el artículo 10 de la Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida.
Penalmente, aparece tipificada como delito en el artículo 221 de la Ley
Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, donde se recoge
la sanción para aquellos que, mediando compensación económica, entreguen
a otra persona un hijo, descendiente o cualquier menor, aunque no
concurra relación de filiación o parentesco, eludiendo los
procedimientos legales de la guarda, acogimiento o adopción, con la
finalidad de establecer una relación análoga a la de filiación.
Dicha conducta se castiga con penas de prisión de uno a cinco
años y de inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de la
patria potestad, tutela, curatela o guarda por tiempo de cuatro a diez
años. Además, en el apartado segundo del mismo precepto, se
consigna el castigo tanto para la persona que lo recibe como para el
intermediario, aunque la entrega del menor se hubiese efectuado en un
país extranjero.
Sin embargo, a pesar de esta normativa, España ha reconocido la
filiación por subrogación a partir de la Sentencia del Tribunal Europeo
de Derechos Humanos del 26 de junio de 2014 sobre los asuntos 65192/11
(Mennesson c/Francia) y 65941/11 (Labassee c/ Francia), por la que se
declara la violación del Art. 8 del Convenio Europeo de los Derechos
Humanos sobre el derecho a la vida privada y familiar, por no reconocer
la relación de filiación de los nacidos mediante vientre de alquiler y
los progenitores que han acudido a este método reproductivo.
Es decir, a partir de esta sentencia, nuestro país permite la
inscripción en el Registro Civil del niño nacido fuera de España
mediante vientre de alquiler en base al interés del menor. Pero no modifica en ningún caso la prohibición sobre la maternidad subrogada.
III. La maternidad subrogada fuera de España
Aunque en algunos países europeos como Albania, Georgia, Croacia,
Holanda, Rusia,Reino Unido, Grecia y Ucrania la maternidad subrogada es
legal, en la gran mayoría de los estados de Europa está prohibida.
En este sentido, además de en España, la gestación por vientre de
alquiler está expresamente prohibida en Alemania, Austria, Estonia,
Finlandia, Islandia, Moldavia, Montenegro, Serbia, Eslovenia, Suecia,
Suiza Turquía y Francia.
Al igual que ha ocurrido en el caso español, la Sentencia del Tribunal
Europeo de Derechos Humanos del 26 de junio de 2014 sobre los asuntos
65192/11 (Mennesson c/ Francia) y 65941/11 (Labassee c/ Francia) ha derivado en el reconocimiento del derecho de filiación por subrogación en todos los países de la Unión Europea.
Por otra parte, en algunos estados europeos la maternidad subrogada está parcialmente tolerada.
Este es el caso de Bélgica, Luxemburgo, Polonia o la República Checa.
En otros, como es el caso de Hungría, Irlanda, Letonia, Lituania, Malta,
Mónaco, Rumania, San Marino y Bosnia‐Herzegovina no se cuenta con un
desarrollo normativo que prohíba expresamente esta práctica de
gestación.
En cuanto a la legalidad de la maternidad subrogada fuera de Europa, es reconocida en siete estados de Estados Unidos, así como en México, Australia, India y Tailandia.
En el caso de estos dos últimos países, a fin de controlar el aumento
del llamado “turismo reproductivo”, los gobiernos locales han emitido
leyes que prohíben la suscripción de contratos de gestación subrogada
para las personas extranjeras.
IV. La propuesta de la Cátedra de Bioética “Jérôme Lejeune”
La regulación de la maternidad subrogada es uno de los temas que más
protagonismo ha tomado en la agenda pública, tanto a nivel nacional como
internacional. El auge de la industria de los vientres de alquiler y el
desarrollo de un mercado globalizado, requiere de un análisis exhaustivo sobre el impacto económico y el negocio
que se genera en torno a esta fórmula de concepción y gestación, así
como también sobre las cuestiones médicas, legales y éticas derivadas de
la mercantilización del útero de miles de mujeres en todo el mundo.
De este modo, resulta deseable que, antes de iniciar cualquier tipo de
desarrollo normativo que busque la regulación del mercado de los
vientres de alquiler, las sociedades realicen una aproximación previa a
esta realidad desde los postulados de la bioética. Se trata, por
tanto, de ofrecer respuestas eficaces a las cuestiones bioéticas y
biojurídicas que se plantean ante la maternidad subrogada antes de
legislar sobre el asunto de los “vientres de alquiler”. Está en juego el bien de las personas y del menor.
Consideramos por tanto necesaria una reflexión interdisciplinar, ponderada y rigurosa sobre las siguientes cuestiones:
1. Problemas de carácter médico para la salud de la mujer y el feto gestado,
derivados de la hiperestimulación de la fertilidad de las mujeres que
alquilan su útero para satisfacer la demanda mundial de gestación
subrogada. En gran parte de las ocasiones, la realización de los
tratamientos de fertilidad excede las recomendaciones médicas,
pudiéndose dar situaciones perjudiciales para la salud de la mujer y que
podrían tener consecuencias en el desarrollo saludable del feto.
2. Indisponibilidad de la vida humana y dignidad del embrión y feto humanos,
ya que la gestación subrogada implica una serie de cuestionamientos
éticos y legales en torno a la toma de decisiones sobre la vida del
futuro ser. En este sentido, se debe tener en cuenta la integridad
física del feto humano ya que durante la gestación subrogada ésta
resulta vulnerada de manera continuada, debido a la discriminación
eugenésica sistemática en aquellos casos en los que el futuro bebé
presenta algún tipo de enfermedad o discapacidad.
3. Vulnerabilidad y autonomía de la mujer, cuyo cuerpo
viene utilizado y mercantilizado como un objeto más. La gestación
subrogada impone un modelo de negocio donde los órganos reproductivos de
la mujer son vistos como un recurso en términos económicos, despojando
de todo valor la dimensión personal del individuo y el propio proceso de
concepción.
4. Nuevas formas de neocolonialismo y explotación reproductiva en países del tercer mundo.
Muchas mujeres son inducidas en países en desarrollo a participar del
negocio de la maternidad subrogada como una forma de subsistencia ante
la imposibilidad de disponer de otra fuente de ingresos.
De este modo, se produce un aprovechamiento de una situación de indefensión para alimentar un mercado muy
lucrativo para las compañías de fertilidad que lo dirigen y que, en
comparación, no resulta nada beneficioso para las mujeres, ni en
términos de sostenibilidad financiera y ni en bienestar psicológico y
físico a medio y largo plazo.
5. Uso de FIVET y bancos de óvulos y esperma. Falta de control sobre la calidad y, sobre todo, la trazabilidad del material genético, debido a que los bancos de óvulos
y esperma operan de forma global. Esto imposibilita que pueda haber un
control sobre el origen de los óvulos y el esperma con el que se produce
el embrión.
Por este motivo, se han dado muchos casos sobre niños nacidos que
compartían material genético, es decir, en que se había utilizado el
mismo esperma o los mismos óvulos
más para su concepción y gestación mediante FIVET.
6. Eliminación del carácter íntimo e interpersonal de la gestación. Los
intercambios bioquímicos y afectivos que el recién nacido mantiene con
la madre, cuyo vínculo de apego se instaura al comienzo del embarazo
mediante un intercambio constante, van creando, organizando y
sosteniendo las bases de la identidad del niño. Por tanto, si se
considera que hay un vínculo entre el niño y la madre gestante, la
ruptura de dicho vínculo de forma radical (tras el embarazo) podría
generar en la madre una serie de consecuencias todavía no bien
valoradas, y en el recién nacido podría afectar al desarrollo de su
identidad.
7. Mercantilización de la filiación y problemas derivados del registro del hijo gestado en un útero en el extranjero,
así como la búsqueda del mejor interés para el menor. Aunque la
legislación de buena parte de países permite el registro de los niños
gestados en un útero fuera del país, los trámites para lograrlo pueden
alargarse muchos meses, produciendo situaciones traumáticas que pueden
marcar al bebé de por vida. De igual forma, este tipo de registros
derivados de la gestación subrogada reducen el valor de la filiación al
depósito de una transacción económica, sin tener en cuenta ningún otro
factor.
8. Derecho del hijo a conocer a sus padres biológicos. Y
es que a pesar del reconocimiento de este en los artículos 7 y 8 de la
Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), y a diferencia de lo que
ocurre en el caso de las adopciones, a las personas nacidas de la
gestación subrogada les resulta negado el derecho de conocer a sus
progenitores (en caso de una FIVET heteróloga de donante o donantes
anónimos).
9. Abandono de niños con discapacidad intelectual o física. Resultan muy numerosos los casos de progenitores, que amparándose en el supuesto derecho que les otorga
el haber realizado una transacción económica, rechazan la paternidad del
bebé nacido por gestación subrogada cuando este no satisface sus
criterios subjetivos de lo que resulta mejor. Y en el peor de los casos,
desean que ese bebé sea eliminado eugenésicamente antes el parto
mediante un aborto, sin tomar parte en esta decisión la mujer gestante
(que podría ser además la madre biológica).
La Cátedra de Bioética “Jérôme Lejeune” considera que por estos y otros
problemas es necesario un debate riguroso y profundo en España sobre la
cuestión. Un debate que no responda solo a necesidades políticas o
inmediatas de una de las partes (los comitentes), sino que tenga en
juego las cuestiones médicas, éticas y legales de las personas cuyos
cuerpos y vidas están en juego, a saber, las de la mujer gestante y,
sobre todo, la del más vulnerable, el menor.
La labor de la Fundación Jérôme Lejeune
El profesor Jérôme Lejeune (París, 1926-1994), médico y
genetista, es considerado como el padre de la Genética moderna tras
descubrir, en 1958, la primera anomalía cromosómica: la trisomía del par
21, denominada comúnmente síndrome de Down. Su vocación médica
le llevó a cuidar de las personas con discapacidad intelectual en la
clínica y a buscar las causas de las anomalías cromosómicas mediante la
investigación. Su trabajo como científico y como médico, y su defensa de
la vida de los no nacidos, le condujo a reflexionar sobre las grandes
cuestiones de la vida humana y sobre el papel que la medicina y la
investigación médica tienen en la tutela y promoción de la vida de los
más débiles.
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