II Domingo del Tiempo Ordinario

CITA

« Sólo se puede transmitir lo que se vive».

«¡Quien no arde, no puede extender el fuego!»

Creer a los que ven primero”.

Quien me ha visto al Padre

(Juan 14, 9).

« ¡Créetelo… y creerán!»

S.Son

Proverbio judío: «Si no dais testimonio de mí, dice el Señor, yo no existo».

S. Hilario, Todo lo que aconteció en Cristo nos enseña que después del baño de agua, el Espíritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios.

San Gregorio Nacianceno: Enterrémonos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con él; descendamos con él para ser ascendidos con él; ascendamos con él para ser glorificados con él.

San Juan Crisóstomo «Y para que no se crea que Jesucristo necesitó que viniese el Espíritu Santo, como nos sucede a nosotros, destruye también esta sospecha, dando a conocer que la venida del Espíritu Santo únicamente tiene por objeto la manifestación de Jesucristo. Por esto dice: “Y yo no le conocía; mas Aquél que me envió a bautizar con agua, me dijo: sobre Aquél que tú vieres descender el Espíritu Santo, y reposar sobre Él, Éste es”».

S. Agustín, «Demuestra que tienes amor al Pastor amando a las ovejas, pues también las ovejas son miembros del Pastor.» (Sermón 225,1-2).

San Gregorio Magno, «Aunque yo he nacido antes que Él, a Él no le limitan los lazos de su nacimiento; porque aun cuando nace de su madre en el tiempo, fue engendrado por el Padre fuera del tiempo» (Homiliae in Evangelia 7).

San Beda «Se llama pecado del mundo al pecado original, que es el pecado común a todos los hombres, cuyo pecado, como todos los demás que a éste pueden añadirse, los quita Jesucristo por medio de su gracia».

Maestro Eckhart “Si le dieras gracias a Dios por todas las alegrías que él te da, no te quedaría tiempo para lamentarte”.

Fray Luís de León “Cordero, refiriéndolo a Cristo, dice tres cosas: Mansedumbre de condición, pureza e inocencia de vida, y satisfacción de sacrificio y ofrenda” (Los nombres de Cristo)

Ignacio de Loyola, «No el mucho saber harta y satisface al alma, sino el sentir y el gustar de las cosas internamente» (EE 2).

San Juan de Ávila: «Oh solo bienaventurado, que llevas las naos al cielo! Muy peligroso es este mar que navegamos; pero con este aire y tal Piloto seguro iremos» ()

Santa Teresa Benedicta de la Cruz El que quiera desposar al Cordero tiene que dejarse clavar con él en la cruz. Obras Completas (14-09-1940): ¿Por qué eligió el Cordero como símbolo?

San Josemaría Escriva de Balaguer, Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor (Camino, n. 1),

Lo nuestro es conocer a Jesucristo; hacerlo conocer; llevarlo a todos los sitios ().

Hermano Roger de Taizé «Los «cristianos» españoles influirán poco, porque estudian poco y oran poco».

Concilio Vaticano II: Todos los cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra al hombre nuevo del que se revistieron por el bautismo y la fuerza del Espíritu Santo que les ha fortalecido con la confirmación, de tal manera que todos los demás, al contemplar las buenas obras, glorifiquen al Padre y perciban con mayor plenitud el sentido auténtico de la vida humana y el vínculo universal de comunión entre los hombres (Decreto Ad gentes divinitas, n. 11).

La Iglesia y los cristianos «deben dar testimonio de aquella esperanza que está en ellos» (Gravissimum educationis 2)

Catecismo, 606: El Hijo de Dios «bajado del cielo no para hacer su voluntad sino la del Padre que le ha enviado» (Jn 6,38), «al entrar en este mundo, dice: … He aquí que vengo… para hacer, oh Dios, tu voluntad… En virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo» (Heb 10,5-10). Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra» (Jn 4,34). El sacrificio de Jesús «por los pecados del mundo entero» (1Jn 2,2), es la expresión de su comunión de amor con el Padre: «El Padre me ama porque doy mi vida» (Jn 10,17). «El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado» (Jn 14,31).

607: Este deseo de aceptar el designio de amor redentor de su Padre anima toda la vida de Jesús porque su Pasión redentora es la razón de ser de su Encarnación: «¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!» (Jn 12,27). «El cáliz que me ha dado el Padre ¿no lo voy a beber?» (Jn 18,11). Y todavía en la cruz, antes de que «todo esté cumplido» (Jn 19,30), dice: «Tengo sed» (Jn 19,28).

608: Juan Bautista, después de haber aceptado bautizarle en compañía de los pecadores, vio y señaló a Jesús como el «Cordero de Dios que quita los pecados del mundo» (Jn 1,29). Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero (Is 53,7) y carga con el pecado de las multitudes (ver Is 53,12), y el cordero pascual símbolo de la redención de Israel cuando celebró la primera Pascua (Ex 12,3-14) (ver Jn 19,36; 1Cor 5,7). Toda la vida de Cristo expresa su misión: «Servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10,45).

689 Aquel al que el Padre ha enviado a nuestros corazones, el Espíritu de su Hijo (cf. Ga 4, 6) es realmente Dios.

Consubstancial con el Padre y el Hijo, es inseparable de ellos, tanto en la vida íntima de la Trinidad como en su don de amor para el mundo. Pero al adorar a la Santísima Trinidad vivificante, consubstancial e individible, la fe de la Iglesia profesa también la distinción de las Personas. Cuando el Padre envía su Verbo, envía también su aliento: misión conjunta en la que el Hijo y el Espíritu Santo son distintos pero inseparables. Sin ninguna duda, Cristo es quien se manifiesta, Imagen visible de Dios invisible, pero es el Espíritu Santo quien lo revela.

690 Jesús es Cristo, «ungido», porque el Espíritu es su Unción y todo lo que sucede a partir de la Encarnación mana de esta plenitud (cf. Jn 3, 34). Cuando por fin Cristo es glorificado (Jn 7, 39), puede a su vez, de junto al Padre, enviar el Espíritu a los que creen en él: El les comunica su Gloria (cf. Jn 17, 22), es decir, el Espíritu Santo que lo glorifica (cf. Jn 16, 14). La misión conjunta y mutua se desplegará desde entonces en los hijos adoptados por el Padre en el Cuerpo de su Hijo: la misión del Espíritu de adopción será unirlos a Cristo y hacerles vivir en él:

La noción de la unción sugiere …que no hay ninguna distancia entre el Hijo y el Espíritu. En efecto, de la misma manera que entre la superficie del cuerpo y la unción del aceite ni la razón ni los sentidos conocen ningún intermediario, así es inmediato el contacto del Hijo con el Espíritu… de tal modo que quien va a tener contacto con el Hijo por la fe tiene que tener antes contacto necesariamente con el óleo. En efecto, no hay parte alguna que esté desnuda del Espíritu Santo. Por eso es por lo que la confesión del Señorío del Hijo se hace en el Espíritu Santo por aquellos que la aceptan, viniendo el Espíritu desde todas partes delante de los que se acercan por la fe (San Gregorio Niceno, Spir. 3, 1).

San Pablo VI, «Ay de mí si no anuncio el Evangelio» Para esto me ha enviado el mismo Cristo. Debo predicar su nombre. Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo…. Él como nosotros y más que nosotros fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente… Él instituyó el nuevo Reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre y sed de justicia son saciados, en el que todos somos hermanos» (Pablo VI, Homilía en Manila, 29.10.70).

San Juan Pablo II La luz del rostro de Dios resplandece con toda su belleza en el rostro de Jesucristo, “imagen de Dios invisible”, “resplandor de su gloria”, “lleno de gracia y de verdad”: Él es “el Camino, la Verdad y la Vida”. (…) Jesucristo, “luz de los pueblos”, ilumina el rostro de su Iglesia, la cual es enviada por Él para anunciar el Evangelio a toda criatura. Así la Iglesia, pueblo de Dios en medio de las naciones, mientras mira atentamente a los nuevos desafíos de la historia y a los esfuerzos que los hombres realizan en la búsqueda del sentido de la vida, ofrece a todos la respuesta que brota de la verdad de Jesucristo y de su Evangelio (Encíclica Veritatis splendor, n. 2).

La gran tragedia de la historia es que Jesús no es conocido y por ello no es seguido ().

¡Dejemos que el Espíritu Santo -Espíritu de Jesucristo- renueve la faz de la tierra a través de cada uno de nosotros! (18-I-1981)

Benedicto XVI «Cristo es el “cordero” que quita el pecado del mundo. Luchemos para vivir siempre en gracia, luchemos contra el pecado. La belleza del alma en gracia es tan grande que nos hace agradables a Dios y dignos de ser amados» (Benedicto XVI)

Papa Francisco, «¡Debemos ser como antenas receptoras, sintonizadas con la Palabra de Dios, para ser antenas que transmitan!». (Asís, octubre de 2013).

El verbo que se traduce con «quita» significa literalmente «aliviar», «tomar sobre sí». Jesús vino al mundo con una misión precisa: liberarlo de la esclavitud del pecado, cargando sobre sí las culpas de la humanidad. ¿De qué modo? Amando. No hay otro modo de vencer el mal y el pecado si no es con el amor que impulsa al don de la propia vida por los demás. Ángelus (19-01-2014)

Papa León XIV: “Demasiadas discordias, demasiadas heridas causadas por el odio, el miedo, los prejuicios, la indiferencia con los pobres y la violencia contra la tierra. Y, sin embargo, nosotros queremos ser una levadura de fraternidad, de comunión, de amparo”.

Julián Green: “Todo el mundo creía, pero nadie gritaba de asombro, de felicidad o de espanto”.

Paul Claudel¿Qué habéis hecho de la Luz, hijos de la Luz?

Padre Lombardi. Decía él con su lenguaje tan plástico: «Se reúnen unas cuantas vecinas para recibir clases de labores. Después de un tiempo deciden reunirse para comer juntas un pollo asado. Aquel pollo asado es el comienzo de una gran amistad. Los cristianos compartimos todos los domingos, el cuerpo y la sangre de Jesús, y seguimos tan alejados los unos de los otros como si nunca hubiéramos comido juntos.

Nietzsche «El que un día ha de ser rayo, tiene que ser durante mucho tiempo nube» ()

W. Kasper Actualmente el mensaje cristiano se ha transformado en un lenguaje extraño para muchas personas, y nos son capaces de entenderlo o de captarlo” ().

Pagola, Jesús sumerge a los suyos en el Espíritu Santo.

Jürgen Moltmann, vivir en contacto con el Espíritu de Dios «no conduce a una espiritualidad que prescinde de los sentidos, vuelta hacia dentro, enemiga del cuerpo, apartada del mundo, sino a una nueva vitalidad del amor a la vida».

Anthony De Mello Nadie se ha emborrachado nunca a base de comprender intelectualmente la palabra «vino» El canto del pájaro

CONTO

VER

“Dijo al ojo a sus compañeros: veo más allá de esos valles un montaña envuelta en nubes. ¡Qué montaña más solemne!

A lo que el oído respondió: “pues yo no oigo su voz”.

Por su parte, añadió la mano: pues yo no puedo tocarla. Así que esa montaña no existe.

Intervinieron las narices. Nosotras no aspiramos su perfume. Luego no debe existir tal montaña.

Mientras el ojo seguía contemplando la belleza de la montaña, los demás sentidos se reunieron a deliberar, qué motivos habría tenido el ojo para tratar de engañarles. Discutieron entre sí y llegaron a la conclusión: “El ojo, sin duda, ha perdido el juicio”.

Cuando uno habla de la fe, son muchos los que terminan sonriendo. “Este ha perdido el juicio”. Porque hoy ya no se usan esas cosas. Es que hay muchos que ven pero no ven. Miran pero no ven. Pero tampoco quieren creer lo que realmente otros ven. Se puede ir a la Iglesia y no ver nada. Se puede leer la Palabra de Dios y no enterarse de nada. Se puede rezar y no hablar con nadie. Jesús lo dirá más tarde: “Tienen ojos y no ven”. “Tienen oídos y no oyen”.

(Khalil Gibran)

Tomado de Juan Jáuregui

ANÉCDOTA

YO NO LO CONOCÍA

Llama la atención que por dos veces el texto evangélico de este domingo ponga en boca de Juan el Bautista la expresión “Yo no lo conocía”.

En efecto, Jesús era un desconocido. Así lo reconoce el profeta que bautizaba con agua del Jordán. Con una humildad poco habitual, el Bautista no se atribuye ninguna dote adivinatoria especial para descubrir el talento de Jesús. Confiesa que no lo conocía y, lo que es más importante, nos muestra que a Jesús no lo descubre el profeta “cazatalentos” sino que es el Espíritu quien lo revela. El Bautista ve el Espíritu que está en Jesús, que lo habita y guía su ministerio.

Para conocer a Jesús hay que abrirse al Espíritu.

Tomado de Javier Carballo OP.

HAGGADAH Y BERAKHA

El haggadah pascual, la conmemoración de la acción salvífica de Dios, se ha convertido en memoria de la cruz y de la resurrección de Cristo, una memoria que no es un mero recuerdo del pasado, sino que nos atrae hacia la presencia del amor de Cristo. Así, la berakha, la oración de bendición y de acción de gracias de Israel, se ha convertido en nuestra celebración eucarística, en la que el Señor bendice nuestros dones, el pan y el vino, para entregarse en ellos a sí mismo.

Benedicto XVI Homilía (05-04-2007)

¿CONOCE USTED A JESUCRISTO?

Hace años un buen católico, en Bangkok, tomó un taxi, inició una conversación con el taxista, y le preguntó: ¿Conoce usted a Jesucristo? El conductor respondió: No conozco a ese señor. Nunca he oído hablar de él. No era nada extraño que en un país como Tailandia se desconozca a Cristo. Pero también ocurre -y esto sí que causa extrañeza y pena- que muchas personas que viven en países de mayoría católica y están bautizadas tienen una imagen borrosa de Jesucristo.

Tomado de Anécdotas y catequesis

LA DOBLE MISIÓN DEL SIERVO Y DE JESÚS (Is 49,3.5-6)

El protagonista de esta lectura es un personaje misterioso que aparece al final del libro de Isaías. Uniendo diversos poemas de los capítulos 42, 49, 50 y 53 se esboza la figura de un “Siervo de Yahvé”, al que Dios encomienda la misión de convertir a los judíos desterrados en Babilonia (de la salvación política se encargará el rey persa Ciro). El Siervo, después de una etapa inicial de entusiasmo, atraviesa una profunda crisis, pensando que todo su esfuerzo ha sido inútil. Entonces, el Señor le renueva la misión con respecto a Israel e incluso se la amplía, extendiéndola a todo el mundo.

Este poema de Isaías ayuda a entender la misión de Jesús de “quitar los pecados del mundo”. Una misión que implica dos aspectos. El primero, relativo al pueblo de Israel, consiste en convertirlo al Señor; de hecho, su mensaje inicial será “convertíos y creed en la buena noticia”. El segundo se refiere al mundo entero: iluminar a todas las naciones para que la salvación de Dios alcance hasta el fin del mundo; sus rápidas visitas a Fenicia y la Decápolis, su buena relación con los despreciados samaritanos, simbolizan y anticipan la misión universal de la Iglesia, sin fronteras ni muros.

Tomado de J.L.Sicre

LA IMAGEN DEL «CORDERO DE DIOS»

no coincide exactamente ni con la del cordero pascual, ni con la del chivo expiatorio del Yom Kippur, aunque recuerda bastante al personaje misterioso de Isaías 53 que se ofrece a morir por el pueblo y marcha a la muerte «como un cordero llevado al matadero», sin protestar ni abrir la boca. Teniendo en cuenta que en ámbito cananeo el símbolo de la divinidad era el toro, por su fuerza y bravura, elegir al cordero significa un cambio radical, una opción por lo débil y suave.

«EL PECADO DEL MUNDO».

Ya que esta fórmula sólo se encuentra aquí, resulta difícil saber en qué consiste el pecado del mundo. Una pista la ofrece la primera carta de Juan: «Cuanto hay en el mundo, la codicia sensual, la codicia de lo que se ve, el jactarse de la buena vida, no procede del Padre, sino del mundo» (1 Jn 2,16). Todo eso sería lo que elimina Jesús. Pero la cuestión es discutida.

Tomado de J.L.Sicre

EL CORDERO

es representado casi siempre con la cruz y la bandera, símbolo de victoria: el Señor resucitado es citado en el Apocalipsis 28 veces como «Cordero», que mediante la ofrenda de su muerte (el Cordero es «sacrificado») y a través de la resurrección toma el dominio del mundo.

Este Cordero vencedor suele estar rodeado de una corona de triunfo (cuarta parte de flores, cuarta de espigas, cuarta de uvas y otra cuarta de aceitunas), que simboliza las cuatro estaciones. Esto es: en el ciclo de las estaciones siempre, sin excepción, «se anunciará (especialmente en la Eucaristía) la muerte del Señor y se alabará su resurrección, hasta que él vuelva».

Precisamente para los israelitas, la sangre del cordero pascual en las jambas de la puerta era el signo de la gracia y protección divinas. En el evangelio de san Juan, Jesús es el auténtico Cordero que se entrega como reconciliación. Y la liturgia a lo largo del año intenta construirnos un puente de unión entre Jesús de Nazaret, el histórico, y el Cristo, salvador definitivo y eterno.

Tomado de Eucaristía 1993/05

CHARLES PÉGUY

Escribía hace ya bastantes años, con la agudeza que le caracterizaba, que el mal del mundo moderno no era la superación del pecado, sino la pérdida de conciencia de éste. No es que los hombres no pequen, decía Péguy, sino que sus pecados no son ya cristianos. Es decir, son pecados que no tienen en su horizonte a Alguien que sea mayor que ellos, a Alguien que pueda poner luz y misericordia allí donde los pecados de los hombres sólo siembran oscuridad y desesperanza. Nuestro momento actual adolece de este mismo mal denunciado por el escritor francés. Y no porque ignoremos un abismo dejamos de correr el riesgo de ser precipitados en él; no porque desconozcamos su peligro, dejaremos de destrozarnos si en él nos despeñamos.

Tomado de Jesús Sanz Montes

DEJAR QUE JESÚS SE LUZCA

Al recordar a Beethoven sus amigos la época de su juventud y los deseos de gloria sentidos por él, el gran músico exclamó:

“¡Qué insensatez! Jamás he pensado en escribir por conquistar fama ni gloria. Lo que llevo en mi corazón tiene que salir. Por eso he escrito y escribo”.

Esas palabras de Beethoven son el marco del siguiente comentario…

Damos gloria a Dios en la medida en que nos enriquecemos, nos mejoramos, nos acercamos a Dios y nos llenamos de Él.

El maestro brilla si el alumno aprende. El médico se luce cuando el paciente se cura. El bien del alumno glorifica al maestro. Como la mejoría del enfermo es lucimiento para el médico. Los mejores cuadros de un pintor son los que más le honran.

El bien del hombre glorifica a Dios. Dar gloria a Dios no exige fastidiarse. Exige enriquecerse, llenarse.
La gloria de Dios y el bien del hombre corren parejos.

Agustín Filgueiras Pita

Tomado de Anecdonet

POEMA

«Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar».

Espronceda

ALMA, BUSCARTE HAS EN MÍ

Alma, buscarte has en Mí,

y a Mí buscarme has en ti.

De tal suerte pudo amor,

alma, en mí te retratar,

que ningún sabio pintor

supiera con tal primor

tal imagen estampar.

Fuiste por amor criada

hermosa, bella, y así

en mis entrañas pintada,

si te perdieres, mi amada,

Alma, buscarte has en mí.

Que yo sé que te hallarás

en mi pecho retratada,

y tan al vivo sacada,

que si te ves te holgarás,

viéndote tan bien pintada.

Santa Teresa.

ORACIÓN

INICIO DE UN TIEMPO EVANGÉLICO

Son tantas y tantas las veces

que has pasado a mi vera

silbando tus canciones,

rozándome con tu brisa,

haciéndome guiños y risas,

deteniendo tu presencia…,

que me siento sin respuesta.

Y son tantas y tantas las veces

que he visto bajar al Espíritu

y posarse en personas anónimas

que caminan por este mundo

buscando la verdad a tientas,

a solas o en compañía fraterna…,

que me avergüenzo de mi inercia.

Por eso, al escuchar de nuevo

esa voz que anuncia tu presencia,

hago un alto en mis sendas,

abro mis entrañas yermas,

me despojo de toda pertenencia

y permanezco atento por si llegas…

y quieres hacerme de tu cuadrilla nazarena.

Florentino Ulibarri

MEDITACIÓN

BAUTIZAR CON ESPÍRITU SANTO

Este Espíritu Santo es considerado por los evangelistas como «Espíritu de vida». Por eso, dejarnos bautizar por Jesús significa acoger su Espíritu como fuente de vida nueva. Su Espíritu puede potenciar en nosotros una relación más vital con él. Nos puede llevar a un nuevo nivel de existencia cristiana, a una nueva etapa de cristianismo más fiel a Jesús.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de verdad». Dejarnos bautizar por él es poner verdad en nuestro cristianismo. No dejarnos engañar por falsas seguridades. Recuperar una y otra vez nuestra identidad irrenunciable de seguidores de Jesús. Abandonar caminos que nos desvían del evangelio.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de amor», capaz de liberarnos de la cobardía y del egoísmo de vivir pensando solo en nuestros intereses y nuestro bienestar. Dejarnos bautizar por él es abrirnos al amor solidario, gratuito y compasivo.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de conversión» a Dios. Dejarnos bautizar por él significa dejarnos transformar lentamente por él. Aprender a vivir con sus criterios, sus actitudes, su corazón y su sensibilidad hacia quienes viven sufriendo.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de renovación». Dejarnos bautizar por él es dejarnos atraer por su novedad creadora. Él puede despertar lo mejor que hay en la Iglesia y darle un «corazón nuevo», con mayor capacidad de ser fiel al evangelio.

José Antonio Pagola

CANTO

Hacer tu voluntad Ixcís

https://ssyoutu.be/XHZyC_W_nLo?list=RDXHZyC_W_nLo

Jesús el que quita el pecado del mundo

VIDEO

Equipo Quiero Ver: Lo esencial, es invisible.

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela