Jericó

II Domingo de Adviento

Jericó

CITA

Orígenes, «El Señor desea abrir en vosotros un camino por el que pueda penetrar en vuestras almas. (…) El camino por el que ha de penetrar la palabra de Dios consiste en la capacidad del corazón humano. El corazón del hombre es grande, espacioso y capaz. (…) Prepara un camino al Señor mediante una conducta honesta, y con acciones irreprochables allana tú el sendero, para que la palabra de Dios camine hacia ti sin obstáculo» (Commentaria in Ioannem 21,5-7).

San Bernardo Volvamos ya a la luz… Hemos de retornar al corazón. Ahí se nos muestra el camino de la salvación.

San Bernardo llamaba a este Adviento “la venida del medio” (medius adventus).Nuestra vida se desarrolla entre dos venidas del Señor: la de la encarnación y la de la parusía. Pero hay una venida o visita del Señor que ya es un hecho actualmente; es el Señor que viene con la gracia, con la inspiración, que viene a buscar flores “a su jardín” (Cant. 5,1) Y frutos de su árbol (cf. Lc 13, 6ssq.).

San Gregorio Magno, “Los valles se elevarán, las montañas y las colinas se allanarán”. ¿Qué es lo que aquí quiere decir con “los valles” sino los humildes, y con “los montes y colinas” sino los orgullosos? con la venida del Redentor…, según su misma palabra “el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”( Homilía sobre el Evangelio, nº 20.

Beato Guerrico de Igny, Hermanos, el camino del Señor que él nos ha dicho preparásemos, se prepara caminando, es preparándolo que se camina. Incluso aunque estéis muy adelantados en este camino os queda siempre algo que preparar, a fin de que en el punto en que habéis llegado, tendáis siempre a ir más adelante. , 5º sermón para el Adviento.

San Gregorio Magno, Juan “perseveró en la santidad, porque se mantuvo humilde en su corazón” Trat. sobre el Evang. de San Lucas, 20, 5.

Santo Tomás «El que ama no se contenta con un conocimiento superficial del amado, sino que se esfuerza por conocer cada una de las cosas que le pertenecen, y así penetra hasta su interior» (Summa theologiae 1-2,28,2c).

San Agustín, «Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti» (Sermones169,13).

“Desde los profetas hasta Juan Bautista, fue el tiempo de las promesas; desde Juan Bautista hasta el fin de los tiempos es el tiempo de su cumplimiento” (San Agustín, Enarr. in, Ps. 109.1).

Papa Francisco, Este camino no se acaba nunca. Así como en la vida de cada uno de nosotros siempre hay necesidad de comenzar de nuevo, de volver a levantarse, de volver a encontrar el sentido de la meta de la propia existencia, de la misma manera para la gran familia humana es necesario renovar siempre el horizonte común hacia el cual estamos encaminados. ¡El horizonte de la esperanza! Es ese el horizonte para hacer un buen camino. 1 de diciembre de 2013

Os dejo esta pregunta: «¿De verdad estoy enamorado de Jesús? ¿Estoy convencido de que Jesús me ofrece y me da la salvación?». Y, si estoy enamorado, debo darlo a conocer. Pero tenemos que ser valientes: bajar las montañas del orgullo y la rivalidad, llenar barrancos excavados por la indiferencia y la apatía, enderezar los caminos de nuestras perezas y de nuestros compromisos. – Ángelus 2015

El tiempo de Adviento nos devuelve el horizonte de la esperanza, una esperanza que no decepciona porque está fundada en la Palabra de Dios. ¡Él es fiel! ¡Él no decepciona! ¡Pensemos y sintamos esta belleza! El modelo de esta actitud espiritual, de este modo de ser y de caminar en la vida, es la Virgen María. Una sencilla muchacha de pueblo, que lleva en el corazón toda la esperanza de Dios. En su seno, la esperanza de Dios se hizo carne, se hizo hombre, se hizo historia: Jesucristo

Benedicto XVI: “Así pues, prepararse para la Navidad significa comprometerse a construir la “morada de Dios con los hombres”. Nadie queda excluido; cada uno puede y debe contribuir a hacer que esta casa de la comunión sea más grande y hermosa. Al final de los tiempos, quedará acabada y será la “Jerusalén celestial”…El Adviento nos invita a dirigir la mirada a la “Jerusalén celestial”, que es el fin último de nuestra peregrinación terrena. Al mismo tiempo, nos exhorta a comprometernos, mediante la oración, la conversión y las buenas obras, a acoger a Jesús en nuestra vida, para construir junto con él este edificio espiritual, del que cada uno de nosotros —nuestras familias y nuestras comunidades— es piedra preciosa”. Ángelus 2006

«la fe cristiana nos ofrece precisamente el consuelo de que Dios es tan grande que puede hacerse pequeño».

Javier Echevarría Adviento también es tiempo de purificación interior, para arrancar de nuestros corazones todo lo que, de un modo u otro, pueda dificultar esa llegada del Señor; tiempo, en fin, que nos incita a estar siempre dispuestos, bien dispuestos, para recibir ‑cuando Dios quiera, como Dios quiera‑ la llamada definitiva que el Señor nos hará un día.

José F. Rey Ballesteros Tu soberbia, egoísmo y autosuficiencia son montes que impiden al Señor entrar en tu casa. Date prisa, allánalos. Tu pereza, tu cobardía, tu tibieza son valles que entorpecen el camino del Señor hacia ti. Date prisa, rellénalos. Ponle la alfombra al Señor. Allánale el camino

CONTO

EL CARDO PLATEADO

Cuando Dios creó las flores, les preguntó a cada una: “¿Cómo te vamos a vestir?” Algunas querían ser grandes y robustas, otras deseaban exhalar dulces perfumes. Una prefería tener flores rojas, otras azules y otras también blancas. Y Dios concedía todos sus deseos.

Así fue como un día se dirigió a una flor: “Tú, pequeña criatura, dime tus deseos más queridos. “¿Quieres crecer o quedarte pequeña? ¿Quieres llevar flores rojas, amarillas o azules?”

“Yo sólo tengo un deseo”, respondió la planta. Me encantaría conservar mis flores hasta el nacimiento del niño Jesús si es posible. En cuanto al resto, me presto a todo: tanto a trepar como a llevar espinas”.

Amablemente Dios sonrió creó… al cardo mariano.

Este cardo crece en el suelo, sus hojas están llenas de espinas, pero sus flores brillan como estrellas de plata que se abren justo en Navidad, para saludar al niño Jesús.

TOMADO DE www.Catequesis en familia.es

MOTIVOS PARA LA ESPERANZA: CUENTO DE ADVIENTO

Teresa tiene 81 años y vive en una gran ciudad. Todo el mundo le dice que no aparenta la edad que tiene y es verdad que es muy activa, aunque se va viendo limitada. Vive sola desde que enviudó. Ella insistió en quedarse en su casa. No quería alterar el ritmo de vida de sus hijos, así que lleva ya años en esta situación. Pero así, en la tranquilidad de su casa, aunque nunca lo reconocerá en voz alta, muchas veces se siente sola. Es más, como desde hace algún tiempo va teniendo más dolores y se va sintiendo algo más cansada, le da un poco de miedo estar tanto tiempo sola. Pero con lo que le costó que sus hijos confiaran en que estaría bien en su propia casa… a ver quién les dice que con el paso de los años le gustaría estar acompañada… Así, día a día, Teresa está algo más desanimada. Cuando insinuó algo de esta tristeza a una vecina, la respuesta que recibió fue: «A ver si te va a entrar una depresión». Piensa que, para escuchar eso, mejor no decir nada más.

Alicia es nieta de Teresa. Vive en un pueblo grande a unos cuantos kilómetros de su abuela. Estudió Arte. La encanta su carrera pero, aunque ha buscado, de momento no ha encontrado nada de lo suyo. Se está pensando si preparar algún tipo de oposiciones, pero sabe que necesitará una academia o un profesor que la ayude, y eso cuesta lo suyo. En su casa llegan bien a fin de mes, pero tampoco están para tirarlo. No quiere ser una carga para nadie. El lío es que en su pueblo no hay ninguna academia que prepare estas cosas, y los horarios de la gran ciudad no cuadran con los autobuses. No es como cuando iban a la facultad que como eran muchos pusieron uno para todos. Ha pensado buscar algo para trabajar estas Navidades y así ahorrar para la academia. Ya rellenó varios currículos on line.

Teresa siente que una gran alegría y un calor interior que se ha empezado a encender. Hoy le llamó Alicia. Resulta que la chiquilla, como es normal, quiere ya empezar a trabajar y la han cogido para casi cuatro meses en la campaña de Navidad en una tienda no muy lejos de su casa. Con los horarios, que no le permiten ir y venir a su pueblo, se le ha ocurrido ¡¡¡que podía instalarse con ella!!! ¡Qué alegría tan grande le ha dado! Alicia es muy cariñosa y responsable. Ha insistido en que no quiere ser una carga para ella y que colaborará en todo lo que pueda. Teresa sabe eso de sobra pero Alicia nunca ha sido una carga, todo lo contrario. Además si la cosa va bien, lo mismo se queda a preparar oposiciones en una academia. Teresa cree que Alicia no se ha decidido con esto, pero al ver su entusiasmo por tenerla en casa, lo mismo hasta se anima. Desde que han hablado, Teresa ya se siente menos cansada y más tranquila. Alicia no le va a poder quitar años, pero le está trayendo una esperanza. Una ilusión. Con su nieta llegará una época de alegría que Teresa no esperaba. ¿Habrá oído el Señor sus oraciones? Seguro que sí. Este año, el Adviento ha traído esperanza de la buena a su vida.

Nota 1: Ahora te toca a ti, lector, decidir si cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, o si esta historia está basada en hechos reales, y hay Teresas y Alicias dando vueltas a problemas y soledades, pero también compartiendo esperanzas y aventurando encuentros.

Nota 2: A veces el problema es que no compartimos nuestras zozobras, por no molestar. Sin darnos cuenta de que todos necesitamos alguien que nos ayude. Quizás la fragilidad tenga que aprender a pedir ayuda para convertirse en esperanza.

Almudena Cuesta Quintero

ANÉCDOTA

En un domingo de Adviento como el de hoy, en 1511, un hermano dominico español, fray Antonio de Montesinos, hizo una homilía sobre las palabras, que hemos oído al inicio: «Voz que grita en el desierto» (lsaías 40, 3). Hablaba a una asamblea o grupo de conquistadores en una de las tierras poco antes colonizadas de América central. Sus palabras caían como mazazos sobre la cabeza de los presentes. Decía: «¿Con qué justicia y con qué derecho tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tantas guerras detestables a estas gentes, que eran dóciles y pacíficas en sus tierras, y habéis eliminado a muchos de ellos?.. ¿Por qué los tenéis así oprimidos y fatigados, sin darles de comer, ni curarles en sus enfermedades? ¿Qué cuidado tenéis para que conozcan la doctrina cristiana y a su Dios y creador? ¿Éstos no son hombres? ¿No tienen un alma racional? ¿No estáis obligados a amarles como a vosotros mismos?»

El famoso Bartolomé de las Casas, que nos ha transmitido esta predicación, dice que algunos de los presentes permanecieron indignados, otros llamados y compungidos.

También, Antonio de Montesinos al igual como el Bautista parece que pagó con su vida la valentía de gritarles a los conquistadores su «non licet», no os es lícito.

Tomado de Rainiero Cantalamessa

“Recuerdo cuando vivía hace algunos años en la ciudad de Nueva York, una mujer le contó a su esposo, que siempre se había mantenido alejado de las cosas religiosas, acerca de un hombre al que ambos conocían muy bien y que acababa de morir repentinamente. El hombre comentó: “Qué cosa tan terrible ser llamado sin ninguna posibilidad de prepararse”.

Su esposa respondió: “Bueno, ha tenido cincuenta y cuatro años de oportunidades”.

P. FELIX JIMENEZ

ORACIÓN

Desde que mi voluntad

está a la vuestra rendida,

conozco yo la medida

de la mejor libertad.

Venid, Señor, y tomad

las riendas de mi albedrío;

de vuestra mano me fío

y a vuestra mano me entrego,

que es poco lo que me niego

si yo soy vuestro y vos mío.

A fuerza de amor humano

me abraso en amor divino.

La santidad es camino

que va de mí hacia mi hermano.

Me di sin tender la mano

para cobrar el favor;

me di en salud y en dolor

a todos, y de tal suerte

que me ha encontrado la muerte

sin nada más que el amor. Amén.

José Luis Blanco Vega, sj

CANTO

Canción de la Esperanza

Preparen el camino del Señor, Javier Brú

SALMO 125, EL SEÑOR HA ESTADO GRANDE, NICO MONTERO

Delegación para el Clero de Santiago de Compostela