Frases inspiradoras del Papa Francisco sobre María

María, madre de esperanza

Esperanza es la
virtud del que experimentando el conflicto, la lucha cotidiana entre la
vida y la muerte, entre el bien y el mal, cree en la resurrección de
Cristo, en la victoria del amor. Hemos escuchado el Canto de María, el
Magnificat es el cántico de la esperanza, el cántico del Pueblo de Dios
que camina en la historia. Es el cántico de tantos santos y santas,
algunos conocidos, otros, muchísimos, desconocidos, pero que Dios conoce
bien: mamás, papás, catequistas, misioneros, sacerdotes, religiosas,
jóvenes, también niños, abuelos, abuelas, estos han afrontado la lucha
por la vida llevando en el corazón la esperanza de los pequeños y
humildes”. (Homilía del 15 de agosto de 2013).


Maestra de los discípulos de Cristo

“La
Iglesia, cuando busca a Cristo, llama siempre a la casa de la Madre y le
pide: «Muéstranos a Jesús». De ella se aprende el verdadero
discipulado. He aquí por qué la Iglesia va en misión siguiendo siempre
la estela de María (···). Queridos amigos, hemos venido a llamar a la
puerta de la casa de María. Ella nos ha abierto, nos ha hecho entrar y
nos muestra a su Hijo. Ahora ella nos pide: «Hagan todo lo que él les
diga» (Jn 2,5). Sí, Madre, nos comprometemos a hacer lo que Jesús nos
diga. Y lo haremos con esperanza, confiados en las sorpresas de Dios y
llenos de alegría” (Homilía del 24 de julio de 2013).
 


María y la vida en el Espíritu Santo

“La
Virgen María nos enseña el significado de vivir en el Espíritu Santo y
qué significa acoger la novedad de Dios en nuestra vida. Ella concibió a
Jesús por obra del Espíritu, y cada cristiano, cada uno de nosotros,
está llamado a acoger la Palabra de Dios, a acoger a Jesús dentro de sí y
llevarlo luego a todos. María invocó al Espíritu con los Apóstoles en
el Cenáculo: también nosotros, cada vez que nos reunimos en oración
estamos sostenidos por la presencia espiritual de la Madre de Jesús,
para recibir el don del Espíritu y tener la fuerza de testimoniar a
Jesús resucitado (Regina Coeli, 28 de abril de 2013).
 


María, icono de fe

 “En el contexto del
Evangelio de Lucas, la mención del corazón noble y generoso, que escucha
y guarda la Palabra, es un retrato implícito de la fe de la Virgen
María. El mismo evangelista habla de la memoria de María, que conservaba
en su corazón todo lo que escuchaba y veía, de modo que la Palabra
diese fruto en su vida. La Madre del Señor es icono perfecto de la fe,
como dice santa Isabel: “Bienaventurada la que ha creído” (Lc 1, 45)” (Lumen Fidei, 58).
 


María, madre del Hijo de Dios

“María está
íntimamente asociada, por su unión con Cristo, a lo que creemos. En la
concepción virginal de María tenemos un signo claro de la filiación
divina de Cristo. El origen eterno de Cristo está en el Padre; él es el
Hijo, en sentido total y único; y por eso, es engendrado en el tiempo
sin concurso de varón. Siendo Hijo, Jesús puede traer al mundo un nuevo
comienzo y una nueva luz, la plenitud del amor fiel de Dios, que se
entrega a los hombres. Por otra parte, la verdadera maternidad de María
ha asegurado para el Hijo de Dios una verdadera historia humana, una
verdadera carne, en la que morirá en la cruz y resucitará de los
muertos. María lo acompañará hasta la cruz (cf. Jn 19,25), desde donde
su maternidad se extenderá a todos los discípulos de su Hijo (cf. Jn
19,26-27). También estará presente en el Cenáculo, después de la
resurrección y de la ascensión, para implorar el don del Espíritu con
los apóstoles (cf. Hch 1,14). El movimiento de amor entre el Padre y el
Hijo en el Espíritu ha recorrido nuestra historia; Cristo nos atrae a sí
para salvarnos (cf. Jn 12,32). En el centro de la fe se encuentra la
confesión de Jesús, Hijo de Dios, nacido de mujer, que nos introduce,
mediante el don del Espíritu santo, en la filiación adoptiva (cf. Ga
4,4-6).” (Lumen Fidei, 59).

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