El padre Manglano da cinco razones para ayunar: te traerá grandes beneficios a ti y a tu entorno

El sacerdote José Pedro Manglano
es uno de los autores de espiritualidad más leídos en España. Pero su
estilo se aleja de lo común y es provocador y directo, lo que le hace
encajar muy bien con los jóvenes, a los que ha dedicado gran parte de su
tiempo y su ministerio.

Tras el éxito de Santos de copas Manglano presenta ahora Santos de carne, editado por Freshbook,
donde muestra que la santidad se da en personas de carne y hueso, que
disfrutan también de la vida y de los placeres que Dios ha dado al
hombre.

“¡Somos de carne y somos grandes! Dios nos quiere así, santos de carne, disfrutones de los placeres de este mundo.
La vida cristiana recorre un camino de transformación de nuestro
‘cuerpo de muerte’ en ‘cuerpo de gloria’, pero es siempre amante del
cuerpo”, asegura Manglano con su estilo tan personal.

«La vida con Dios no nos aleja del cuerpo»

Y por ello, explica que “la vida con Dios no nos aleja del
cuerpo, no espiritualiza a los santos en un proceso de desencarnación,
sino que nos hace muy humanos
, en una progresiva
transfiguración e integración de toda nuestra realidad. Si el pecado
separó carne y espíritu, la redención nos devuelve la unidad. Con la
fuerza de la resurrección, los cristianos descubrimos el núcleo
espiritual que reside en cada realidad material: el alma envuelve al
cuerpo; nuestro cuerpo se va transfigurando y el mundo deja de ser
pesado; disfrutamos de todo y nada nos esclaviza; amamos todo y no
necesitamos nada; somos del mundo y vivimos como extranjeros… Por toda
la eternidad disfrutaremos de Dios con los cinco sentidos: le veremos y
escucharemos, le oleremos y tocaremos, gustaremos de Él… Nuestro
cuerpo será glorioso, sí, pero de carne. ¡Carne gloriosa!”.

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Por qué ayunar

Explicando la vida cristiana con su tono provocador, Manglano dedica un capítulo al “ayuno”,
que parece alejarse de tanta «carne» que aparece en el libro, pero
precisamente por ser un concepto vendido como anticuado e inútil, este
sacerdote explica su gran utilidad.

“El ayuno vuelve a estar de moda”, afirma el autor de Santos de Carne, que
explica que “así ocurre en nuestra sociedad occidental habitualmente:
cuando los cristianos abandonamos –por olvido o por complejos- rasgos
propios de la vida cristiana, al cabo de un tiempo la sociedad los
recupera, sencillamente porque son vitales para tener vida de calidad.
Después de décadas de silenciar el ayuno por parecer trasnochado y
negativo, nuestra cultura lo recupera y lo propone sin complejos”.

Sin embargo, el ayuno cristiano es muy diferente al que practican las celebrities y el que se propone en hoteles de lujo, con tratamientos de Iniciación al ayuno.

Manglano da cinco razones para ayunar en las que las
relaciones con Dios, con el propio yo, con el mundo, con el sentido y
con el prójimo muestran la importancia de este ‘sacrificio’.

1. Sana nuestra relación con nosotros mismos: nos hace tomar conciencia

Ayunar permite conocer la debilidad de la propia persona pues según explica Manglano “nos permite tomar conciencia de nuestra debilidad: comprobamos que sufrir un poco de hambre o falta de de sueño casi nos anula”. 
Se muestra así la enorme dependencia que tenemos del alimento y del
sueño por lo que ayunar “nos pone en nuestro lugar y nos ayuda a ser más
conscientes de nuestra impotencia”.

Actualmente, el hombre vive satisfaciendo todos sus deseos y además de
manera inmediata y así ser como dioses. Por ello, “si tengo hambre, abro
la nevera; si tengo sueño, me adormilo; si estoy enfadado, grito; si
tengo sed, bebo; si estoy cansado, descanso”. “Con el ayuno, reconozco
que soy humano, descubro mi debilidad y mi poder”, explica.

2. Sana nuestra relación con Dios y nos posiciona adecuadamente ante Él

El autor de Santos de carne explica que Adán recibió el mandato
del ayuno y desobedeció rompiendo la relación plena y consciente con el
Creador. Pero la relación con Dios debe tener otra actitud y por ello “ayunar
modifica nuestra relación con el Creador, pues con el cuerpo doblado e
inclinado nos alejamos de la cretina actitud burguesa
y somos
capaces de ponernos ante el Dios grande, que es el único que puede
calmar nuestra hambre más profunda y darnos el descanso que anhelamos”.

José Pedro Manglano tiene una dilatada experiencia en la evangelización y atención espiritual a los jóvenes

3. Sana la relación con el mundo

El ayuno ayuda, según Manglano, a “la integración y unidad cuerpo-alma, y posibilita que el Espíritu de Dios nos devuelva la sanación”. Para él, este ayuno “es la distancia entre mi yo y el mundo. Sind distancia, me confundo con el mundo, lo devoro, lo consumo”.

Por ello, asegura que “aunque el ayuno no haga referencia
necesariamente a la comida, el ayuno del resto de cosas no suple al
ayuno por el que uno pasa hambre,
ya que moderar el hambre es
moderar el apetito  fundamental para vivir, pues no es lo mismo el
combate ascético de privarse  de lo necesario y vital que privarse de lo
superfluo, no es lo mismo educar el deseo de lo accesorio que educar el
deseo de lo que es vital”.

4. Permite la relación con el sentido: la revelación de los secretos

“Tertuliano afirma que el ayuno facilita la revelación de los secretos.
El doctor Buchinger, pionero del ayuno terapéutico, sostiene que se
aprecia una especie de desvinculación, de relajación de la convulsa
estructura anímica, un esclarecimiento de su estado y una mayor
sensibilidad. Esta distancia que mantenemos con respecto al mundo permite que el núcleo de las cosas salga a la luz y
se recorra entonces un camino hacia uno mismo: se descubre un punto de
apoyo interior, un metacentro, y nos abrimos al mundo interior”, escribe
Manglano.

5. Enriquece la relación con el prójimo: vivir la solidaridad

El autor pone como ejemplo a Santa Teresa de Calcuta, que durante su
vida inculcó en las personas que ayudaban a los pobres que sólo puede
ayudarlos aquel que comprende su pobreza. Por ello, considera que “sin
solidaridad ni se da la proximidad indispensable para ayudar
sinceramente”. El ayuno es, por tanto, “un modo de solidarizarse
con el dolor ajeno” pues “el alma está más despierta y sabe ayudar sin
humillar;
está más despierta y sabe descubrir la verdadera necesidad del otro”.

Ayunar es doloroso y nada sencillo, de ahí las gracias que conlleva. Y Manglano distingue tres fases:

1. La primera es ayunar y privarse de aquello que uno se ha propuesto.

2. La segunda fase es la más complicada pues es cuando se siente la debilidad y se entra en crisis.  Aquí se puede entrar en cierta oscuridad o sinsentido.

3. Si se persevera, esta fase dolorosa se supera y se empieza a disfrutar de una nueva libertad y puede vivir esa privación con seneridad, ya sea con comida, tabaco, redes sociales…

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