Russian President Vladimir Putin (L) meets Pope Francis during a private meeting at Vatican City, June 10, 2015. The United States urged the Vatican on Wednesday to criticise Russia's involvement in the Ukraine conflict more forcefully, hours before Pope Francis was due to meet Russian President Vladimir Putin. REUTERS/Gregorio Borgia/Pool

El muftí de Kíev ofrece a los católicos refugio en la mezquita, dice el Nuncio Kulbokas en Ucrania

Russian President Vladimir Putin (L) meets Pope Francis during a private meeting at Vatican City, June 10, 2015. The United States urged the Vatican on Wednesday to criticise Russia’s involvement in the Ukraine conflict more forcefully, hours before Pope Francis was due to meet Russian President Vladimir Putin. REUTERS/Gregorio Borgia/Pool

El muftí nos ofreció comida y refugio en la mezquita. Me parece que la guerra nos está dando la visión de seres humanos que se han convertido en hermanos”, ha asegurado el nuncio del Papa en Ucrania, el arzobispo Visvaldas Kulbokas, un lituano que habla bien ruso y llegó al país en 2021. 

Kulbokas incluso conoce personalmente a Putin: fue el traductor del encuentro entre el Papa Francisco y Putin en Roma en 2013.

Mucha gente en Kíev y toda Ucrania recurre a las iglesias y monasterios como refugios ante los bombardeos y el peligro de asalto de las tropas rusas, esperando que respeten los lugares sagrados.

Pero entre las tropas más veteranas que Vladimir Putin ha enviado hay formaciones militares de musulmanes chechenos, que podrían no ser tan respetuosas con las iglesias. El ofrecimiento del muftí adquiere así un nuevo significado.

La mayoría de los musulmanes de Ucrania son tártaros de Crimea, que llevan en la región desde el siglo XV. 

En una entrevista concedida a Alessandro De Carolis, de VaticanNews, después de 5 días de guerra, el Nuncio Kulbokas explica que va por la nunciatura con la mochila al hombro “porque nunca se sabe dónde se va a estar en los próximos segundos”.

Solidaridad y corazones más cercanos

Pese a que la situación es dramática, el nuncio ve también gestos hermosos y humanos.

“Aquí en Kiev hay mucha solidaridad a nivel parroquial -me refiero a la comunidad católica, la grecocatólica-, pero ayer también hablamos con el portavoz de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana del Patriarcado de Moscú, acompañado de expresiones de solidaridad con el país, con el pueblo”, explica.

Hablamos con el asistente del muftí de Ucrania, y también nos dijeron que si necesitamos algo, ellos han organizado comida y refugio en su mezquita… Por tanto, hay mucha solidaridad a nivel confesional e interreligioso, así como mucha solidaridad a nivel global, al menos en gran parte del mundo, y veo que se está prestando mucha atención, se está recogiendo mucha ayuda… Y sobre todo los corazones: los corazones que están cerca”, añade.

Así es la mezquita de Ar-Rahma (la Misericordia) en Kíev:

“Si yo fuera Dios y viera una gran solidaridad…”

“Creo que si yo fuera Dios y viera una gran solidaridad entre los seres humanos -que se ayudan, se apoyan, abren sus corazones, en definitiva, muestran amor y cercanía- diría: ¡qué maravilla ver a los seres humanos convertidos en hermanos! Y la conclusión sería: ya es suficiente, la prueba, el desafío del drama ha sido superado, ya no hay necesidad de guerra. Aquí está la paz como un regalo. Incluso en el gran mal de la guerra, hay frutos de la conversión de la humanidad”, comenta el Nuncio.

Su sensación es que “esta fraternidad ha crecido enormemente en pocos días. Hablando de esto con las religiosas de la nunciatura, compartimos esta lectura tan alentadora de lo que está sucediendo”.

Pero, “por supuesto, a nivel humano, el drama es muy grande”, lamenta. “Hemos recibido mensajes del gobierno de que, si queremos, podemos salir a ver si hay alguna tienda abierta y algunos de la nunciatura ha ido a ver si pueden abastecerse de algo. Podemos respirar un poco, pero no sabemos qué va a pasar en las próximas horas…”

Los víveres y ¿qué pasará con los niños?

En una entrevista anterior, al iniciarse la guerra, el Nuncio llamaba la atención sobre los males que veía venir.

“Sabiendo que se acercaban días difíciles, todo el mundo trató de acumular algunos víveres, pero estos durarán unos pocos días y entonces surge la pregunta: ¿qué pasará si esta situación se prolonga durante varios días? ¿Qué quedará para comer? Porque ahora no hay forma de abastecerse y es arriesgado quedarse en los pisos, en las habitaciones, es difícil estar en las zonas comunes… Incluso nosotros, en la nunciatura, intentamos quedarnos en los pisos inferiores, donde hay menos riesgo de ser alcanzados”, explicaba.

También expresaba su inquietud por los niños. “Yo he conocido a personas en Italia y otros países europeos que crecieron durante la Segunda Guerra Mundial: cuánto sufrimiento siguen pasando hoy en día… Estaba pensando esta mañana en los niños de Kiev: cuando crezcan, ¿qué tipo de actitud tendrán hacia los demás, habiendo vivido los primeros días, los primeros meses, los primeros años de su vida bajo los disparos, bajo los misiles? Esta es otra gran pregunta”.

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