Una eucaristía de acción de gracias reunió a residentes, familias, trabajadores y voluntarios.El arzobispo de Santiago destacó el valor de la dignidad humana y del acompañamiento a las personas.El centro atiende actualmente a 46 personas y mantiene vivo un proyecto nacido hace siete décadas y media.

El Cottolengo del Padre Alegre conmemoró este miércoles en Santiago de Compostela sus 75 años de historia con una eucaristía de acción de gracias presidida por el arzobispo compostelano, monseñor Francisco José Prieto Fernández. A la celebración asistieron residentes, familiares, trabajadoras, voluntarios y colaboradores de una institución que, desde su fundación, mantiene intacta su misión: ofrecer un hogar a personas con enfermedades crónicas incurables y sin recursos.
El aniversario coincidió además con la festividad litúrgica de Santa María Magdalena, una circunstancia que marcó la homilía del arzobispo, centrada en el valor del cuidado, la cercanía y la dignidad de cada persona. Monseñor Prieto recordó que “el amor de Cristo es la clave” para comprender la labor que se realiza diariamente en el Cottolengo y subrayó que ninguna vida es más importante que otra, porque “cada persona es querida de una manera única por Dios”.
El prelado destacó que el verdadero sentido de una casa como el Cottolengo no se encuentra únicamente en la organización o en los cuidados materiales, sino en una forma de acompañar basada en el servicio y la presencia junto a quienes más lo necesitan. También puso en valor los pequeños gestos cotidianos, capaces de expresar cercanía y humanidad, y recordó que todas las personas necesitan, en algún momento de su vida, ser cuidadas y acompañadas.
Los orígenes del Cottolengo en Santiago se remontan a la época del arzobispo Quiroga Palacios. En 1971, Carmen San Díez donó la vivienda situada en el número 60 de la rúa de San Pedro, donde comenzó la actividad de la institución. Más adelante, la cesión de unos terrenos en O Castiñeiriño y las aportaciones solidarias permitieron construir el edificio actual, al que la comunidad se trasladó en 1978.
En la actualidad, el centro acoge a 46 personas, de entre diez meses y 85 años. La comunidad está formada por cuatro hermanas -Silvia, Carmen, Sabina y Giselle- y una plantilla integrada por 21 profesionales. El día a día combina atención sanitaria, rehabilitación, actividades educativas y momentos de convivencia, en un ambiente que busca reproducir el calor de un hogar.
La madre Silvia resume el espíritu que inspira esta labor con una frase sencilla: “El Cottolengo desea hacer hogar con ellas”. Esa vocación es la que, 75 años después de su nacimiento, sigue sosteniendo una obra que ha convertido el cuidado, la cercanía y la solidaridad en su principal razón de ser.





