Durante el Ángelus que presidió ante
miles de personas en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco habló de
la parábola del viñador e invitó a no tener la actitud de los viñadores.
“Hay un solo impedimento frente a la voluntad tenaz y tierna de Dios: nuestra arrogancia y nuestra presunción, que se convierte a veces en violencia”, afirmó el Papa.
De este modo, agregó que “los viñadores asumen una actitud posesiva: no se consideran simples gestores, sino propietarios, y rechazan entregar lo que han recogido”.
“Maltratan a los siervos, hasta el punto de asesinarlos. El dueño se
muestra paciente con ellos: manda otros siervos, más numerosos que los
primeros, pero el resultado es el mismo” y al final “decide enviar a su
propio hijo”, pero los viñadores “lo asesinan también a él”, indicó, tal
y como recoge Aciprensa.
La alianza de Dios
Por ello, Francisco añadió que “es una historia que habla de la alianza que Dios ha querido establecer con la humanidad y
a la cual nos ha llamado también a nosotros a participar”. La historia
“conoce sus momentos positivos, pero está marcada también por traiciones
y rechazos”.
Pero frente a la actitud de los viñadores están los cristianos y “un
Dios que, aunque decepcionado por nuestros errores y pecados, ¡no falla a su palabra, no se detiene y sobre todo no se venga!”.
“A través de las ‘piedras de descarte’, a través de situaciones de
debilidad y de pecado, Dios continúa poniendo en circulación el ‘vino
nuevo’ de su viña, es decir, la misericordia”.
Entrar en esta historia de amor
El Pontífice destacó la “urgencia de responder con frutos de bien a la
llamada del Señor, que nos llama a ser su viña, nos ayuda a entender qué
hay de nuevo y de original en el cristianismo”.
Y “no es tanto la suma de preceptos y de normas morales, sino antes que nada una propuesta de amor que Dios, a través de Jesús, ha hecho y continúa haciendo a la humanidad”.
“Es una invitación a entrar en esta historia de amor, convirtiéndose en una viña vivaz y abierta,
rica de frutos y de esperanza para todos. Una viña cerrada puede ser
salvaje y producir uva salvaje. Estamos llamados a salir de la viña para
ponernos al servicio de los hermanos que no están con nosotros para
sacudirnos mutuamente y animarnos, para recordarnos el deber de ser una
viña del Señor en cada ambiente, también en los más alejados e
incómodos”.
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