Con motivo de la inauguración del Año
Judicial, el Papa ha concedido este lunes audiencia a los prelados
auditores, funcionarios, abogados y colaboradores del Tribunal de la Rota Romana. En su discurso, Francisco ha recordado que su labor no puede recudirse a un “mero trabajo burocrático” y centró su intervención en la “centralidad de la conciencia”.
De este modo, el Pontífice afirmó que “con respecto a la declaración de nulidad o validez del vínculo matrimonial, os colocáis, de alguna manera, como expertos en la conciencia de los fieles cristianos. En
este papel, estáis llamados a invocar constantemente la ayuda divina
para llevar a cabo con humildad y mesura la grave tarea confiada a la
Iglesia”.
Recuperación y salvaguardia de una conciencia cristiana
A su juicio, hay una “urgente necesidad de escuchar, por parte
de los pastores de la Iglesia, las instancias y las expectativas de
aquellos fieles cuya conciencia se ha vuelto muda y ausente por muchos
años, y más tarde, han sido ayudados por Dios y por la vida a
recuperar algo de luz, recurriendo a la Iglesia para tener la paz de
sus conciencias”.
Siguiendo con su argumentación, el Papa Francisco insistió en esta necesidad: “¡Qué
inapreciable y urgente es la acción pastoral de toda la Iglesia para la
recuperación, la salvaguardia, la custodia de una conciencia cristiana,
iluminada por los valores evangélicos! Será una empresa larga y no
fácil, que requiere a los obispos y sacerdotes un trabajo incansable
para iluminar, defender y sostener la conciencia cristiana de nuestro
pueblo”.
La necesidad de un catecumenado
El Papa aprovechó para repetir un llamamiento que ya hizo en el pasado y que pasa por “un catecumenado matrimonial,
entendido como itinerario indispensable de los jóvenes y parejas
destinado a hacer revivir su conciencia cristiana, sostenida por la
gracia de los dos sacramentos, el bautismo y el matrimonio”.
Para Francisco, “la fe es luz que ilumina no solo el presente sino
también el futuro: el matrimonio y la familia son el futuro de la
Iglesia y de la sociedad”. Y por ello, cree “necesario promover un estado de catecumenado permanente para que las conciencia de los bautizados esté abierta a la luz del Espíritu”.
Dirigiéndose directamente a los jueces, les dijo que “la estrecha conexión entre la esfera de la conciencia y la de los procesos matrimoniales de
los que os ocupáis diariamente, requiere que se evite que el ejercicio
de la justicia se reduzca a un mero trabajo burocrático”.
Intervención íntegra del Papa Francisco
Queridos prelados auditores,
Os saludo cordialmente, comenzando por el decano, a quien agradezco sus
palabras. Junto con vosotros, saludo a los funcionarios, a los abogados y
a todos los colaboradores del Tribunal Apostólico de la Rota Romana. Os
deseo lo mejor para el año judicial que inauguramos hoy.
Hoy me gustaría reflexionar con vosotros sobre un aspecto que califica
vuestro servicio judicial, o sea la centralidad de la conciencia, que
es al mismo tiempo la cada uno de vosotros y la de las personas de
cuyos casos os ocupáis. De hecho, vuestra actividad también se expresa
como ministerio de la paz de las conciencias y requiere ser ejercida
con toda conciencia, como bien expresa la fórmula con que se emanan
vuestras ad consulendum conscientiae o ut consulatur conscientiae.
Con respecto a la declaración de nulidad o validez del vínculo
matrimonial, os colocáis, de alguna manera, como expertos en la
conciencia de los fieles cristianos. En este papel, estáis llamados a
invocar constantemente la ayuda divina para llevar a cabo con humildad y
mesura la grave tarea confiada a la Iglesia, manifestando así la
conexión entre la certeza moral, que el juez debe alcanzar ex actis et probatis,
y el ámbito de su conciencia, conocido únicamente por el Espíritu Santo
y asistido por Él. De hecho, gracias a la luz del Espíritu, nos es dado
entrar en el área sagrada de la conciencia de los fieles. Es
significativo que la oración antigua del Adsumus, que se proclamaba al
comienzo de cada sesión del Concilio Vaticano II, se rece con tanta
frecuencia en vuestro Tribunal.
El ámbito de la conciencia ha sido muy importante para los Padres de los
dos últimos Sínodos de los Obispos, y ha resonado de manera
significativa en la exhortación apostólica post-sinodal Amoris laetitia.
Esto se deriva de la toma de conciencia del Sucesor de Pedro y de los
padres sinodales sobre la urgente necesidad de escuchar, por parte de
los pastores de la Iglesia, las instancias y las expectativas de
aquellos fieles cuya conciencia se ha vuelto muda y ausente por muchos
años, y más tarde, han sido ayudados por Dios y por la vida a
recuperar algo de luz, recurriendo a la Iglesia para tener la paz de sus
conciencias.
La conciencia juega un papel decisivo en las decisiones difíciles que
enfrentan las novios para acoger y construir la unión conyugal y, por
lo tanto, la familia según el designio de Dios. La Iglesia, tierna
madre, ut consulatur conscientiae de los fieles necesitados
de verdad, ha notado la necesidad de invitar a cuantos trabajan en la
pastoral matrimonial y familiar a una renovada sensibilización a la
hora de ayudar a construir y cuidar el santuario íntimo de sus
conciencias cristianas. En este sentido, me gusta destacar que en los
dos documentos en forma de motu proprio, emanados para la reforma del
procedimiento matrimonial, he exhortado a instituir la encuesta
pastoral diocesana para que el proceso fuera no solamente más expedito,
sino también más justo, en el debido conocimiento de las causas y
motivos que están en los orígenes del fracaso matrimonial. Por otro
lado, en la exhortación apostólica Amoris laetitia, se indicaban
itinerarios pastorales para ayudar a los novios a entrar sin temor en el
discernimiento y la consiguiente elección del estado futuro de vida
conyugal y familiar, y se describía en los primeros cinco capítulos la
extraordinaria riqueza de la alianza conyugal diseñada por Dios en las
Escrituras y vivida por la Iglesia a lo largo de la historia.
Es muy necesaria la experiencia continua de fe, esperanza y caridad,
para que los jóvenes vuelvan a decidir, con conciencia segura y serena,
que la unión conyugal abierta al don de los hijos es una gran alegría
para Dios, para la Iglesia, para la humanidad. El camino de reflexión
sinodal sobre el matrimonio y la familia, y la sucesiva exhortación
apostólica Amoris laetitia, han tenido un itinerario y un objetivo
obligatorio: cómo salvar a los jóvenes del estruendo y el ruido
ensordecedor de lo efímero, que les lleva a renunciar a asumir
compromisos estables y positivo para el bien individual y colectivo. Un
condicionamiento que silencia la voz de su libertad, de esa celda íntima
-la conciencia de hecho- que solo Dios ilumina y abre a la vida, si se
le permite entrar.
¡Qué inapreciable y urgente es la acción pastoral de toda la Iglesia
para la recuperación, la salvaguardia, la custodia de una conciencia
cristiana, iluminada por los valores evangélicos! Será una empresa larga
y no fácil, que requiere a los obispos y sacerdotes un trabajo
incansable para iluminar, defender y sostener la conciencia cristiana
de nuestro pueblo. La voz sinodal de los Padres obispos y la sucesiva
exhortación apostólica Amoris laetitia han asegurado así un punto
primordial: la relación necesaria entre la regula fidei, es
decir, la fidelidad de la Iglesia al magisterio intocable sobre el
matrimonio, así como sobre la Eucaristía, y la atención urgente de la
Iglesia misma a los procesos psicológicos y religiosos de todas las
personas llamadas a la elección del matrimonio y la familia. Recogiendo
los deseos de los padres sinodales, ya he tenido ocasión de recomendar
el esfuerzo de un catecumenado matrimonial, entendido como itinerario
indispensable de los jóvenes y de las parejas destinado a hacer
revivir su conciencia cristiana, sostenida por la gracia de los dos
sacramentos, el bautismo y el matrimonio.
Como he subrayado otras veces, el catecumenado es en sí único, en cuanto
bautismal, es decir, radicado en el bautismo, y al mismo tiempo en la
vida, necesita de carácter permanente, siendo permanente la gracia del
sacramento del matrimonio, que precisamente porque es gracia es fruto
del misterio, cuya riqueza solo puede ser custodiada y asistida en la
conciencia de los cónyuges como individuos y como parejas. Se trata, en
realidad, de figuras peculiares de esa incesante cura animarum que es la
razón de ser de la Iglesia y de nosotros, pastores, en primer lugar.
Sin embargo, el cuidado de las conciencias no puede ser un compromiso
exclusivo de los pastores, sino , con diferentes responsabilidades y
modalidades, es la misión de todos, ministros y fieles bautizados. El
beato Pablo VI exhortaba a la «fidelidad absoluta para salvaguardar la
«regula fidei ‘ «(Enseñanzas XV [1977], 663), que ilumina la conciencia y
no puede ser ofuscada o disgregada. Para hacer esto – dice Pablo VI –
«hay que evitar los extremismos opuestos, sea por parte de los que
apelan a la tradición para justificar su desobediencia al supremo
Magisterio y al Concilio ecuménico, sea por parte de aquellos que se
desenraizan del humus eclesial corrompiendo la doctrina verdadera de
la Iglesia; ambas actitudes son un signo de subjetivismo indebido y tal
vez inconsciente, cuando no desafortunadamente de obstinación, de
testarudez, de desequilibrio; posturas que hieren en el corazón a la
Iglesia, Madre y Maestra»(Enseñanzas XIV [1976], 500).
La fe es luz que ilumina no solo el presente sino también el futuro: el
matrimonio y la familia son el futuro de la Iglesia y de la sociedad.
Por lo tanto, es necesario promover un estado de catecumenado permanente
para que la conciencia de los bautizados esté abierta a la luz del
Espíritu. La intención sacramental nunca es el resultado de un
automatismo, sino siempre de una conciencia iluminada por la fe, como
resultado de una combinación de lo humano y lo divino. En este sentido,
se puede decir que la unión conyugal es verdadera solo si la intención
humana de los cónyuges está orientada según lo que desean Cristo y la
Iglesia. Para hacer cada vez más conscientes de ello a los futuros
esposos es necesaria la aportación, además que de los obispos y
sacerdotes, de otras personas involucradas en la pastoral, religiosos y
fieles laicos corresponsables en la misión de la Iglesia.
Estimados jueces de la Rota Romana, la estrecha conexión entre la esfera
de la conciencia y la de los procesos matrimoniales de los que os
ocupáis diariamente, requiere que se evite que el ejercicio de la
justicia se reduzca a un mero trabajo burocrático. Si los tribunales
eclesiásticos cayeran en esta tentación, traicionarían la conciencia
cristiana. Por eso, en el procedimiento del processus brevior,
he establecido no solo que el papel de vigilancia del obispo diocesano
sea más evidente, sino también que él mismo, juez nativo en la Iglesia
que le fue confiada, juzgue en primera instancia los posibles casos de
nulidad matrimonial. Debemos impedir que la conciencia de los fieles en
dificultad con respecto a su matrimonio se cierre a un camino de
gracia. Este objetivo se logra mediante el acompañamiento pastoral, el
discernimiento de las conciencias (véase la Exhortación apostólica
Amoris Laetitia, 242) y con el trabajo de nuestros tribunales. Este
trabajo debe llevarse a cabo con sabiduría y en la búsqueda de la
verdad: solo de esta manera la declaración de nulidad produce una
liberación de las conciencias.
Renuevo mi gratitud a cada uno por el bien que hacéis al pueblo de Dios,
sirviendo a la justicia. Invoco la asistencia divina en vuestro
trabajo y os imparto de todo corazón la bendición apostólica.
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