Boletín Nº 99

«Con todos vosotros doy gracias a Dios por estos años de Ministerio Episcopal»

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«Hace veinticinco años, en oración, en esta Iglesia Catedral recibía el ministerio episcopal por la imposición de manos de D. Antonio María Rouco entonces Arzobispo de esta Iglesia compostelana. Con todos vosotros doy gracias a Dios por estos años de ministerio episcopal en los que he ido experimentando que el Señor enriquece la pobreza y fortalece la fragilidad, recordando que es Él quien me ha elegido (Jn 15,16). Y en esta conciencia me doy cuenta de la gran desproporción entre el don que he recibido y mi condición humana. Hoy llego con esta ofrenda, agradeciendo al Señor que me hace digno de servirle en su presencia, pidiéndole mantener la fidelidad y cantar su misericordia de la mano de la Virgen María, Reina de los apóstoles.


En nuestra peregrinación terrena percibimos que estamos llamados a la eternidad y a la santidad. En esta perspectiva entendemos la espiritualidad específica del ministerio recibido, que hemos de encarnar en nuestra existencia con la valentía del apóstol Santiago, el primero entre los apóstoles que bebió el cáliz del Señor. Si la vida humana está envuelta en el misterio, la vida del Obispo y del Sacerdote es una concentración de misterio. Es posible vivirla solamente a la sombra de la fe, envueltos a veces en el silencio de Dios pero dejando todo en sus manos como administradores de sus misterios. Así dirá san Pablo: “Para mí lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas… Mi juez es el Señor. El iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá de Dios lo que merece”. Esto nos motiva a buscar sobre todo el Reino de Dios y su justicia, y no el propio bienestar material o incluso espiritual. Los buenos siervos no trabajan para aumentar su caudal personal sino para acrecentar la propiedad del Señor. […]


Neste convencemento hoxe quero dar grazas a Deus, sendo moito o que teño que agradecerlle nestes vinte e cinco anos de ministerio episcopal. […] O ministerio compromete de modo total. Non ceso de experimentar asombro e agradecemento pola gratitude con que o Señor me escolleu, pola confianza que deposita en min, polo perdón que nunca me nega e pola oración e colaboración que sempre encontrei nos sacerdotes, membros da vida consagrada e laicos da Diocese. Queridos irmáns e irmás, damos grazas ao Señor porque é bo, e eterna a súa misericordia. Que a Raíña dos Apóstolos e Santiago Apóstolo intercedan para que esta Igrexa diocesana sexa un testemuño de Cristo, Bo Pastor, no medio da nosa sociedade. Amén.
».
(MONS. JULIÁN BARRIO, de la Homilía en la Misa de acción de gracias con motivo de sus Bodas de Plata episcopales, SAMI Catedral de Santiago, 7-2-2018).

Boletín de la Delegación para el clero
del Arzobispado de Santiago de Compostela

Febrero 2018– 

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