Boletín Nº 82

El corazón de Jesús se conquista con los corazones que saben reconocer y llorar las propias debilidades

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«El diálogo del cristianismo con otras religiones implica el problema de la tolerancia, puesto que tolerancia no significa aceptar una diversidad de “verdades”, cuya validez sea equivalente. En tal sentido, no hay que entender la tolerancia como mero pluralismo, sino como respeto, sinceridad y compromiso desinteresado en la búsqueda de la verdad. Sólo así se puede desechar la idea que sostienen algunos, en cuanto que la renuncia por parte de la fe cristiana a la pretensión de verdad es la condición fundamental para el diálogo interreligioso; la condición fundamental para la reconciliación entre el cristianismo y las religiones del mundo. El adiós a reconocer la verdad en la fe cristiana sería el adiós a la propia fe. “Si no existe la verdad común, que tiene vigencia precisamente porque es verdadera, entonces el cristianismo no es más que una importación del exterior, un imperialismo intelectual, que uno debe sacudir de sí no menos que el imperialismo político” (Joseph Ratzinger, Fe, verdad y tolerancia, p. 114)). Se podrá o no estar de acuerdo con la fe cristiana, pero esto no será causa suficiente -teológica, histórica y religiosa- para igualarla a cualquier otra religión del mundo. Aunque resulte redundante enunciarlo, el fundamento de la fe cristiana, desde su origen y por su misma esencia, se aparta de la idea de ser entendido simplemente como un “sistema de creencias” más; pretende dar a conocer y anunciar al único Dios verdadero y al único Salvador de toda la humanidad: Jesucristo». (MONS. JULIÁN BARRIO, Del Saludo en la Apertura de las XVIIª Jornadas de Teología, Santiago, 9-9-2016)

Boletín de la Delegación para el clero
del Arzobispado de Santiago de Compostela –Septiembre 2016-
Jubileo extraordinario de la Misericordia

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