Boletín Nº 115

Estas son las cercanías propias de sacerdote: cerca de Dios en la oración, cerca del Obispo que es vuestro padre, cerca del Presbiterio

https://www.dropbox.com/s/8bhyd0ik2g5i62x/Presbiterio_115.pdf?dl=0

«Que vuestra enseñanza sea alimento para el Pueblo de Dios; cuando viene del corazón y nace de la oración será muy fecunda. Que vuestra vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, hombres de oración, hombres de sacrificio a fin de que con vuestra palabra y vuestro ejemplo se vaya edificando la casa de Dios, que es la Iglesia. Y así continuaréis la obra santificadora de Cristo. Por medio de vuestro ministerio, alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que por vuestras manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en celebración incruenta. Estad atentos a la celebración de la Eucaristía. Daos cuenta de lo que hacéis e imitad lo que conmemoráis, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, os esforcéis por hacer morir en vosotros el mal y procuréis caminar en una vida nueva. El Señor quiso salvarnos gratuitamente. El mismo lo dijo: «Dad gratis lo que gratis habéis recibido». La celebración de la Eucaristía es el culmen de la gratuidad del Señor. Por favor, no la ensuciéis con intereses mezquinos.


Con el Bautismo agregaréis nuevos fieles al Pueblo de Dios. Con el Sacramento de la Penitencia perdonaréis los pecados en nombre de Dios, de Cristo, de la Iglesia. Y aquí, por favor, os pido que no os canséis de ser misericordiosos. Misericordiosos como el Padre, como Jesús fue misericordioso con nosotros. Con el Óleo Santo daréis alivio a los enfermos. Perded tiempo visitando a los enfermos. Al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer durante el día la alabanza, la acción de gracias y la súplica no sólo por el Pueblo de Dios, sino por el mundo entero, recordad que habéis sido escogidos de entre los hombres y puestos al servicio de ellos en las cosas de Dios. Realizad, pues, con alegría perenne, en verdadera caridad, con sinceridad, el ministerio sacerdotal de Cristo, interesados únicamente en complacer a Dios y no a vosotros mismos. La alegría sacerdotal se encuentra solamente por este camino, intentando complacer a Dios y a quien os ha elegido.


Finalmente, al ejercer, en la parte que os corresponde, la función de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos al Obispo, esforzaos por reunir a los fieles en una sola familia. Estas son las cercanías propias del sacerdote: cerca de Dios en la oración, cerca del Obispo que es vuestro padre, cerca del Presbiterio, de los otros sacerdotes, como hermanos, sin «despellejaros» el uno al otro y cerca del Pueblo de Dios. Tened siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino para que le sirvieran, sino para servir, y para buscar y salvar lo que estaba perdido». (SANTO PADRE FRANCISCO, de la Homilía en la Misa con Ordenaciones sacerdotales, Basílica Vaticana, 12-5-2019).

Boletín de la Delegación para el clero
del Arzobispado de Santiago de Compostela
-Junio 2019-

Descárgatelo en Pdf aquí