Boletín Nº 112

«Asumamos nuestra fragilidad en Cristo como una orueba a nuestra Fe»

https://www.dropbox.com/s/rkw1g914voqghy3/Presbiterio_112.pdf?dl=0«Vendrá un tiempo en el que la gente no soportará la doctrina sana (2Tim 4,3). Los tiempos difíciles son tiempos de radicalización de la crisis religiosa, convirtiéndose en desafío grande para los creyentes. A menor riqueza interior se acrecienta cualquier tiempo en dificultad, de modo que la causa de la dificultad no toda está en el exterior, sino que lo exterior es ocasión para poner de manifiesto la menor fortaleza interior. […] San Pablo tras la descripción de los tiempos difíciles (2Tim 3,2-9; 4,1-4) invita al discípulo a vivir la vida del Espíritu (Rom 8,1-13.31-39), vivir la nueva vida en Cristo (Ef 4,20-5,20), beber de la roca espiritual que es Cristo (1Cor 10,1-13), porque no basta estar sino ser en Él. El presbítero llega a fortalecerse con la fortaleza de Dios cuando se reviste de toda armadura de Dios que está articulada con la fe en la verdad, con el Evangelio de la paz y de la salvación creída, celebrada y recibida, y con la Palabra de Dios como espada de doble filo. Es la coraza de la fe y de la caridad, y el yelmo de la esperanza de la salvación. […]


Tres pensamientos fundamentales deben guiarnos en estos tiempos difíciles: la debilidad de la Iglesia y del ministerio presbiteral es un hecho de fe, una prueba de nuestra fe y una alegría en la fe.


Un hecho de fe: “Y si no, fijaos en nuestra asamblea, hermanos, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios y lo débil lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso…” (1Cor 1,26-29). En el prefacio de los mártires leemos: “Has sacado fuerza de lo débil, haciendo de la fragilidad tu propio testimonio”. El Reino que es Cristo, recicla mejor que los hombres en la misma creación y en las mismas personas: Escoge lo que no cuenta, lo débil, para dar en los hombres su propio testimonio.


Prueba de nuestra fe: es inexorable para nuestra peregrinación en la fe y en ministerio presbiteral. Amar esta Iglesia, amar este ministerio sin ser tentados de catarismo es la propuesta del Buen Pastor para sus siervos pobres los presbíteros. Asumamos nuestra fragilidad y nuestra debilidad social en Cristo como una prueba a nuestra fe. El objetivo del ministerio sacerdotal es convertir los enemigos en hermanos: […] “Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed dale de beber; actuando así amontonarás ascuas sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal con el bien” (Rom 12,20-21).


Alegría en nuestra fe: “Que el Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15,13). No se trata sólo de llenar de alegría el acto de creer a pesar de los pesares, sino de llenarse de alegría porque es débil la Iglesia, el ministerio, el pastor, el pastoreo. Esta honda profesión de fe nace cuando la Iglesia y los cristianos son llevados a situaciones límites y a los márgenes de la ciudad habitada: “Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad. Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mi la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de las debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte(2Cor 12,9-10). “Dichosos los sufridos porque ellos heredarán la tierra” (Mt 5,4)»
».(MONS. JULIÁN BARRIO, del Retiro a los sacerdotes al inicio del tiempo de Cuaresma 2019).

Boletín de la Delegación para el clero
del Arzobispado de Santiago de Compostela

Marzo 2019

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