XIII Domingo del Tiempo Ordinario

CITA

La generosidad no consiste en dar mucho,

sino en dar a tiempo.

«Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo». »

(Génesis 18,10).

«Vivir con generosidad es vivir en la Eternidad»

S.Son

Refrán español: Acogí al ratón en mi agujero y volvióseme heredero

San Ambrosio […] Además de los perseguidores que se ven, hay otros que no se ven, peores y mucho más numerosos. (Sobre los Salmos: Testimonio fiel de Cristo Cap. 20, 43-45. 48: CSEL 62, 466. 468)

San Gregorio Nacianceno: El pide cosas insignificantes y promete en cambio grandes dones, tanto en este mundo como en el futuro, a quienes le aman sinceramente (Disertación 7).

San Juan Crisóstomo por vosotros, que acogéis a mis enviados, yo estoy dispuesto a hacerlo todo» (Homilía 35,1-2 sobre San Mateo).

S. Agustín, El amor hace suave lo que hay de duro en el precepto. Sermón 96, 1-4: PL 38, 584-586

Vive bien; vive para vivir; vive de tal manera que cuando mueras, no mueras…» (Sermón 229,E,3-4).

“Deduce del amor que sientes por tus padres cuánto debes amar a Dios y a la Iglesia”. (Sermón 344,1-2).

San Benito «No anteponer ninguna persona , ni cosa alguna al amor de Cristo» (Regla, 4)1

San Gregorio Magno, «Debemos tener caridad con todos, con los parientes y con los extraños, pero sin apartarnos del amor de Dios por el amor de ellos» (Homiliae in Evangelia 37,3).

San Isidoro, Un seglar cumple con el deber de hospitalidad abriendo su casa a algun que otro peregrino. El obispo, si no tiene su puerta abierta a todo el que llegue, es un hombre sin corazon (Trat. de los of icios eclesiasticos,5,1617).

Juan Taulero,aplícate más bien a un abandono verdadero, y piensa en aceptar mucho más la cruz de la tentación que buscar la flor de la dulzura espiritual. Sermón 59, 4º para la Exaltación de la santa cruz

Tomás de Kempis: Cualquier cosa que pueda pensar o desear para mi consuelo, no la debo esperar aquí, sino en la otra vida. En efecto, aunque yo tuviera en este mundo todas las satisfacciones y pudiera hartarme de todos sus placeres, es cierto que no podría disfrutar de ellos por mucho tiempo. (Tomado de Imitación de Cristo, ed. San Pablo, 2002, pag. 140 y 170)

Santa Teresa de Jesús: «Tengo yo para mi, q. la medida del poder llevar gran cruz, u pequeña, es la del amor». Cam. de per., cap. XXXII. Obras, III, p. 153.

Es tan agradecido, que un alzar de ojos con acordarnos de El no deja sin premio (Camino de perfección,23,3).

¡Que es muy buen pagador y paga muy sin tasa! (Camino de perfección,37,3).

Aun en esta vida lo paga Su Majestad por unas vías que sólo quien goza de ello lo entiende (Vida,4,2).

San Juan de la Cruz Todas las riquezas y gloria de todo lo criado, comparado con la riqueza que es Dios, es suma pobreza y miseria. (Tomado de Obras Completas, Subida del monte Carmelo, ed Monte Carmelo, 2000, pag 169)

Hermano Rafael: “Dejé a los hombres del mundo y me encontré a los hombres en el monasterio”.

San Josemaría Escriva de Balaguer, Dios no se deja nunca ganar en generosidad (Es Cristo que pasa,40).

Hermano Roger de Taizé ¿Podrán los que acogemos día tras día hallar en nosotros a hombres que son reflejo de Cristo, nuestra paz? ()

Concilio Vaticano II: los cristianos «se esfuerzan por agradar a Dios antes que a los hombres, dispuestos siempre a dejarlo todo por Cristo» (Apostolicam actuositatem, n. 4).

Catecismo, 1506 Cristo invita a sus discípulos a seguirle tomando a su vez su cruz (cf Mt 10,38). Siguiéndole adquieren una nueva visión sobre la enfermedad y sobre los enfermos. Jesús los asocia a su vida pobre y humilde. Les hace participar de su ministerio de compasión y de curación: «Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban» (Mc 6,12-13).

1618 «Cristo es el centro de toda vida cristiana. El vínculo con Él ocupa el primer lugar entre todos los demás vínculos, familiares o sociales. Desde los comienzos de la Iglesia ha habido hombres y mujeres que han renunciado al gran bien del matrimonio para seguir al Cordero dondequiera que vaya, para ocuparse de las cosas del Señor, para tratar de agradarle, para ir al encuentro del Esposo que viene. Cristo mismo invitó a algunos a seguirle en este modo de vida del que Él es el modelo» ().

2232 «… Es preciso convencerse de que la vocación primera del cristiano es seguir a Jesús. «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí»» ().

San Juan Pablo II «Sí, la cruz está inscrita en la vida del hombre. Querer excluirla de la propia existencia es como querer ignorar la realidad de la condición humana. ¡Es así!» ().

Benedicto XVI El amor hace vivir a la Iglesia, y puesto que es eterno, la hace vivir siempre, hasta el final de los tiempos ().

SS. Francisco La hospitalidad «significa reconocer que los otros cristianos son verdaderamente nuestros hermanos y hermanas en Cristo. (22 de enero de 2020)

La doblez no es cristiana. (02-07-2017)

Papa León XIV: ¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con el amor! (Viaje a España 2026).

Simon Weil De ahí que la atención sea «la forma más pura y rara de la generosidad»

Padre Mendizábal Para poder llegar a ser generosos tenemos que ser mendigos de la gracia.

Pagola, Uno de los mayores riesgos del cristianismo actual es ir pasando poco a poco de la «religión de la cruz» a una «religión del bienestar.

CONTO

EL SEÑOR DEVUELVE CON GENEROSIDAD

Hubo una gran escasez en esa región y san Benito mandó repartir entre los pobres todo el pan que había en el convento. Solamente dejó cinco panes, y los monjes eran muchos. Al verlos aterrados ante este atrevimiento les dijo: “Ya verán que el Señor nos devolverá con la misma generosidad con la que hemos repartido”.

A la mañana siguiente llegaron a las puertas del monasterio 200 bultos de harina, y nunca se supo quién los envió.

Tomado del Parábolas.org

ANÉCDOTA

«QUIEN RECIBA A UN PROFETA…» (Mt 10, 41).

Eliseo, heredero del espíritu del gran profeta Elías, es recibido por una mujer de Sunem, que actúa con solicitud y hospitalidad hacia él, porque lo reconoce como «un hombre de Dios, un santo» (2 Re 4, 9). Y de él recibe, como recompensa, la promesa de un hijo ahora no esperado, un hijo que vendrá a la luz de inmediato y que, más tarde, incluso será resucitado por el propio Eliseo. ¿Cuál será, en adelante, la vida de esa mujer de Sunem, si no un himno de alabanza incesante a la misericordia de Dios, que la había visitado?

Tomado de San Juan Pablo II,, (30-06-1996)

LAS CASAS ABIERTAS A LOS DEMAS TIENEN UNA DIMENSION PROFETICA.

La hospitalidad constituye el tema principal de la primera lectura y del evangelio de este ciclo, y no será inútil escuchar la invitación que estos textos dirigen a los cristianos de hoy. En el mundo deshumanizado y muy urbanizado en que vivimos, el testimonio de la hospitalidad de casas ampliamente abiertas a los demás puede adquirir una dimensión profética. Las órdenes monásticas, que han adquirido en el pasado una amplia experiencia de hospitalidad, deberían remozar su testimonio a este respecto, y con ellas todos los hogares, de forma que el encuentro mutuo permita a la personalidad de cada uno tomar cuerpo en un mundo en que el hombre se convierte en un número, de forma que la atención a los demás se convierta en una manera de vivir la disponibilidad y la hospitalidad para que el hombre desarraigado y psicológicamente aislado pueda encontrarse a sí mismo al encontrar la relación y el intercambio gratuito.

Maertens-Frisque Nueva guia de la asamblea cristiana v

Marova Madrid 1969.Pág. 114

Tomado de Mercaba

¿QUIÉN ERA ELISEO?

Un hombre judío del siglo IX antes de Cristo que, un día, mientras labraba con doce parejas de bueyes, se encontró con Elías a su lado. Dios decide que Elías se busque un sucesor y le dice que unja, como profeta, a Eliseo. Se pone a su lado y le lanza encima su manto. Eliseo deja enseguida los bueyes y la casa de sus padres y corre tras Elías. Con los aparejos asó la carne de los bueyes y la dio al pueblo para que comiera. Después se levantó y se fue tras Elías y se puso a su servicio.

Revestido con el espíritu de su maestro, rompió con toda su vida anterior y emprendió una nueva existencia. Este seguimiento está muy subrayado en la narración sagrada: tres veces Elías insiste, probándolo, en que se detenga, que no le siga más, que le deje ir solo. La respuesta de Eliseo siempre es la misma: «Por la vida del Señor y por tu vida, ¡no te dejaré!». Y se van los dos juntos.

Cuando Elías es llevado al cielo por la turbonada, Eliseo tiene el privilegio de contemplarlo y de poder recoger el manto del maestro, símbolo de su espíritu que le acompañará toda la vida.

Tomado de Mercaba

SHALIAH

El consuelo del enviado reside en la aceptación de su palabra y de su persona por parte de la gente (es la regla a que debe atenerse el mensajero, según la palabra hebrea «Shaliah»); recibir al enviado es lo mismo que recibir al que lo envía. Una segunda se refiere a la clara relación de la comunidad con los profetas y los justos: aquella está obligada a la acogida de los enviados; es más, estos se encontrarán en dependencia de dicha acogida.

Tomado de Eucaristía 19/93/31

EJEMPLOS DE LLEVAR LA CRUZ:

El mariscal Tilly, herido gravemente en un combate, pidió que al pie de su lecho colocasen el crucifijo, para tener así al alcance de sus ojos la imagen del Salvador.

Lacordaire (+ 1861), entre los estertores de la agonía, mirando al crucifijo, murmuraba: «Ya que apenas puedo hablarle, quiero al menos mirarle».

Un protestante norteamericano, viajando por Algeria, tuvo deseo de conocer una leprosería allí existente, y fué a verla. Admirado del espíritu de abnegación de las religiosas, que se dedicaban al servicio de los enfermos, dirigiéndose a una de ellas, que era americana, le dijo: «No permanecería yo aquí, aunque me diesen diez mil dólares de renta al año». —»Tiene razón el Señor —replicó la Hermana—; tampoco yo permanecería aquí, aunque me diesen cien mil dólares». —»Entonces… ¿cuánto recibe la señora?». —»Nada, absolutamente riada». —»Entonces no comprendo, por qué la señora está aquí, sacrificando su juventud, asistiendo a seres tan repugnantes». Por toda respuesta, la Hermana sacó de entre su hábito un crucifijo, lo besó tiernamente y añadió: «Estoy aquí por amor de Este, por amor de Jesús, que murió por amor de estos pobrecitos y también por mi amor».

Tomado de P Juan Lehman V.D.– (Salió el Sembrador…, Tomo II Ed. Guadalupe, Buenos Aires, 1947 Pag. 214-219)

DOS DATOS

Todo el capítulo diez en el que Mateo reconstruye un discurso de Jesús a los 12 apóstoles, antes de salir para misionar. La palabra oikia, casa, designa también la familia: padres, hijos, sirvientes y sirvientas. En latín, familia designaba en primer lugar los esclavos.

Tomado de P. Felipe Santos SDB

SAN LUIS GONZAGA,

que era el heredero del marquesado de Castiglione, lo dejó todo para abrazar el estado religioso y, siendo novicio jesuita, se ofreció para asistir a los contagiados por la peste como si fueran Cristo mismo, hasta que murió él mismo víctima del contagio. San Juan Fisher y Santo Tomás Moro perdieron la vida por Cristo negándose a aprobar el divorcio del rey Enrique VIII y a firmar su supremacía en la Iglesia de Inglaterra.

+ Felipe Bacarreza Rodríguez Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)

Tomado de MSC

POEMA

MONEDITA

Moneda que está en la mano

tal vez se deba guardar,

La monedita del alma

se pierde si no se da.

A. Machado,

Tomado de Anecdonet

Agua

que corre siempre de arriba hacia abajo,

es agua que busca raíces en lo profundo

agua que viene del cielo

o de la profundidad de la tierra:

agua que no se compra,

agua gratuita,

que busca naturalmente la vida,

porque la vida corre siempre de abajo hacia arriba.

Benno Westermann

Tomado de Ángel Calvo, En otras palabras

ORACIÓN

JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO habla con emoción de una oración que le enseñó su madre cuando él era sólo un niño:

Recuerdo que una mano me llevaba

y que, en la mano, un corazón latía,

una savia caliente que subía

por mis dedos y que me confortaba.

Recuerdo que mi madre la apretaba

como abrazando mi alma, que decía:

«Mira aquí está Dios, Dios», y que tenía

temblor su voz cuando lo mencionaba.

Y yo buscaba al Dios desconocido

en los altares, sobre la vidriera

en que jugaba el sol a ser fuego y cristal

Y ella añadía «No le busques fuera,

cierra los ojos, oye su latido.

Tú eres, hijo, la mejor catedral».

P. Octavio Ortíz

MEDITACIÓN

PROFETA VERDADERO. PROFETA FALSO.

Al final, Mateo habla de acogida. En dos planos: el de escuchar (acoger la palabra proclamada por los mensajeros) y el de la hospitalidad (ayudar, proteger, servir a los misioneros del evangelio).

Sin duda alguna debemos admitir que la categoría más difícil de acoger es la de los profetas.

El hecho es que no es cómodo «reconocer» a los profetas. Al menos mientras viven y caminan por nuestras carreteras.

Los profetas vivos normalmente gozan de mala fama. Son tenidos por «cabezas calientes», exagerados, capaces solamente de una crítica demoledora, subversivos, rebeldes.

Cuando mueren, sin embargo, se da rienda suelta a los pesares, a las conmemoraciones y a las celebraciones más encomiastas.

El profeta no lleva en la frente la marca «hombre de Dios». Y no siempre usa la cortesía (es más, casi nunca). Es un tipo arisco, huraño, no inmune de defectos.

Es fácil, pues, descalificarlo con la etiqueta de «profeta falso». Intentemos determinar algunos rasgos característicos que nos permitan reconocer al profeta.

a)Es un coleccionista. Tiene el pésimo gusto de coleccionar piedras, no aplausos. Quiero decir las piedras del rechazo, de las condenas calculadas, de la hostilidad sin fundamento, de las sospechas, de las ejecuciones primarias, de las intrigas de pasillo.

Es un coleccionista de piedras, porque es un hombre libre. Es un coleccionista de piedras, porque tiene la pasión de la exploración.

No es alguien que camina por una carretera ya bien trazada, declarada apta para el tráfico, señalizada, y que se convenza de que aquella carretera es la buena porque las personas alineadas en sus márgenes aplauden a su paso. No. El profeta es alguien que marca la carretera. Sin preocuparse si los otros le siguen detrás. Y sin mendigar aprobaciones previas. (…).

Aquí está precisamente la diferencia entre el verdadero y el falso profeta. El profeta falso busca las carreteras «trilladas» por el éxito, por la popularidad, por la facilidad, por la publicidad. El profeta, por el contrario, inventa el camino, lo traza fatigosamente con el instrumento de la incomodidad. El profeta falso no puede estar solo: tiene necesidad del número, de la cantidad, de los aplausos, de las inclinaciones, de la fotografía para los periódicos. El profeta auténtico, sin embargo, consigue vivir, dolorosamente, en compañía de aquellos que… vendrán después.

Cuando el profeta muere, quizás de infarto, todos se disponen a honrarlo. No se para mientes en los gastos para mármoles e inscripciones sepulcrales. Y quizás estas son las piedras que más daño hacen al profeta…

b) Es el hombre de los excesos. El profeta es el hombre de la impaciencia (porque tiene una palabra que comunicar que le explota dentro y no puede depositarla en los armarios de los compromisos y del oportunismo), pero es también el hombre de la paciencia incansable (porque sabe que la palabra debe pudrirse en la oscuridad, en el rechazo, en la incomprensión, en el sufrimiento).

«La vocación del profeta se acredita cuando un individuo se olvida de sí mismo para dejar hablar solamente al amor probado de la humildad» (P. Talec). Es alguien que sabe hablar (y su palabra es áspera, ruda, deja su marca en profundidad), pero sabe también callar (y sus silencios son tan inquietantes como las invectivas). «Profeta es quien no pone en el platillo de la balanza el peso de las palabra, sino el peso de la vida». Más exagerado que esto…

c) Es un «culpable». Su reloj va adelantado algún decenio respecto a la masa. Por eso el profeta tiene el inconveniente imperdonable de tener razón con mucha anticipación respecto a los demás.

Es culpable de ver claro en medio de la confusión. Tiene la desgracia de leer el presente. Una concepción vulgar tiende a presentar al profeta como un individuo extraño, una especie de mago que preve el futuro. No. El profeta tiene el sentido del hoy, de la historia. El profeta es uno que tiene la culpa de ser obediente, hasta la… desobediencia. Su desobediencia, en definitiva, es una desobediencia en nombre de una obediencia más alta: a la conciencia y a Dios.

Sobre todo, el profeta es culpable de proclamar una verdad crucificada, pisoteada, escarnecida, solitaria. Mientras que nosotros sólo nos fiamos de una verdad aplaudida, triunfante. Estamos dispuestos a abrazar una verdad tranquila, confortable, que haya recibido una consagración oficial, que esté garantizada por el éxito. Para nosotros está bien no una verdad escandalosa y arriesgada, sino una verdad que posea las credenciales del número y del poder. Entonces, ¿estamos todavía dispuestos a acoger, a hospedar al profeta conociendo sus «pésimas» costumbres? ¿Caemos en la cuenta de que abrirle las puertas de nuestra casa quiere decir perder la paz, porque él tendrá algo que decir en contra nuestra, y no dudará en criticarnos? Estará bien barrer todas las ilusiones. Acoger a un profeta significa, en el fondo, acoger a un Dios que, casi nunca, está de acuerdo con nosotros…

Tomado de Alessandro Pronzato

El Pan del Domingo Ciclo A

Edit. Sigueme Salamanca 1986.Pág. 160 ss.

CANTO

Mercedes Sosa – Zona de Promesas (Official Video)

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