La ausencia de amor y la violencia pueden surgir en la niñez si no se sienten queridos, dice el Papa

El Papa Francisco prosiguió
con su catequesis durante la Audiencia General de los miércoles y habló
de la importancia del amor gratuito y del mal que se puede dar cuando
no existe, que puede llevar a la violencia y a ser personas infelices.

El Santo Padre indicó que esta falta de amor puede tener su origen en la infancia y explicó que “cuando un adolescente no es amado, o no se siente amado, puede nacer en él la violencia. Detrás de tantas formas de odio social y de vandalismo hay, con frecuencia, un corazón que no ha sido reconocido”.

Tal y como recoge Aciprensa,
Francisco quiso recordar que “no existen niños malvados, al igual que
no existen adolescentes del todo malvados, pero existen personas
infelices. ¿Y qué cosa puede hacernos felices si no es la experiencia del amor dado y recibido?”.

El amor de Dios y de los padres

De este modo, el Papa comparó el amor de Dios con el amor de los padres,
que incluso cuando sus hijos se equivocan siguen queriéndoles. “Por
amor, Dios se ha sometido a un éxodo de sí mismo, para venir a
visitarnos a nosotros en esta tierra, donde resultaba insensato
transitar. Dios nos quiere incluso cuando nos equivocamos”, aseguró.

“¿Quién de nosotros ama de esta manera si no es un padre o una madre?”,
se preguntó. “Una madre quiere igualmente a su hijo incluso cuando ese
hijo está en la cárcel. Una madre no pide la anulación de la justicia
humana, porque cada error exige la redención, pero una madre no para de
sufrir por su hijo. Lo ama incluso cuando es pecador. Dios hace lo mismo
con nosotros: ¡Somos sus hijos amados!”.

El Papa incidió en que ese amor de Dios por los hombres es anterior a la
misma humanidad, y por lo tanto nadie ha hecho nada para merecerlo. Es
un amor gratuito que se encarnó en Jesucristo: “En Jesucristo, hemos sido queridos, amados y deseados.
Dios ha impreso en nosotros una belleza primordial, que ningún pecado,
ninguna decisión equivocada podrá nunca cancelar del todo. Somos
siempre, ante los ojos de Dios, pequeñas fuentes hechas para ofrecer
agua buena”.

En este sentido, insistió en que, al igual que Dios ama a sus criaturas
de forma gratuita, también el hombre debe amar al prójimo de forma
gratuita. Por ello, advirtió contra la esclavitud de creer que se debe hacer algo para merecer ser amados.

«Hay mucho narcisismo en el hombre»

Esta gratuidad del amor de Dios el Pontífice la explicó de este modo: “El primer paso que Dios da hacia nosotros consiste en un amor previo e incondicional.
Dios no nos ama porque nosotros tengamos ninguna razón que suscite
amor. Dios nos ama porque Él mismo es amor, y el amor tiende, por su
naturaleza, a difundirse, a entregarse. Dios tampoco vincula su
benevolencia a nuestra conversión, más bien es una consecuencia del amor
de Dios”.

“Una espantosa esclavitud en la que podemos caer es pensar que el amor debe merecerse.
Tal vez, buena parte de la angustia del hombre contemporáneo deriva de
esto: creer que si no somos fuertes, atractivos, bellos, ninguno se
preocupará por nosotros”, señaló.

“Muchas personas de hoy –continuó– buscan una visibilidad solo para
colmar un vacío interior, como si fuésemos personas permanentemente
necesitadas de confirmación. Sin embargo, ¿os imagináis un mundo
donde todos reclamen motivos para atraer la atención de los demás y
ninguno, por el contrario, esté dispuesto a querer de forma gratuita a
otra persona?
Parece un mundo humano, y sin embargo, es en
realidad un infierno. Hay mucho narcisismo en el hombre nacido de un
sentimiento de soledad”.

«El amor llama al amor»

El Papa Francisco subrayó que “para cambiar el corazón de una persona
infeliz, es necesario abrazarla. Hacerla sentir que es deseada, que es
importante, y dejará de estar triste. El amor llama al amor, de modo más
fuerte que el odio llama a la muerte”.

“Jesús no murió y resucitó por sí mismo, sino por nosotros, para que nuestros pecados fueran perdonados. Por lo tanto, ha llegado el momento de la resurrección para todos: la hora de sacar a los pobres de su desánimo”, concluyó.

ReligiónenLibertad