Cansado pero alegre tras su viaje a Colombia, el Papa Francisco ha retomado sus catequesis matinales de los miércoles en la Plaza San Pedro
y ha repetido una idea que ya utilizó en el país hispanoamericano y en
su charla con los periodistas en el viaje aéreo de vuelta a Roma: “Un pueblo capaz de tener hijos y de hacerlos ver con orgullo, es un pueblo que tiene futuro”.
Él tomaba esta idea de la imagen que vio de los colombianos, que alzaban a sus hijos sobre la multitud, no tanto con orgullo como para pedir que el Papa los bendijera, una imagen que inspiró al Pontífice y que simboliza una forma de ser pueblo.
El Papa quiso describir su viaje a Colombia, lleno de testimonios de
víctimas de la violencia que apuestas por la paz, con un versículo del
Salmo 85: «La misericordia y la verdad se han encontrado, la justicia y la paz se han besado».
Afirmó que “estas palabras proféticas llenas de gracia las vimos
encarnadas en las historias de los testigos, que hablaron en nombre de
muchos que a partir de sus heridas, con la gracia de Cristo, salieron de sí mismos y se abrieron al encuentro, al perdón, a la reconciliación”, dijo en la catequesis en italiano.
Era el viaje número 20 del Papa Francisco fuera de Italia, y el quinto a
un país hispanoamericano. Francisco aseguró que se sintió en
continuidad con sus predecesores, el beato Pablo VI, que estuvo en
Colombia en 1968 y san Juan Pablo II, que estuvo allí en 1986.
El Pontífice argentino se refirió a las fuertes raíces cristianas de Colombia y manifestó la evidencia del obrar del Maligno, que “quiso dividir el pueblo para destruir la obra de Dios”.
Pero destacó además “que el amor de Cristo y su misericordia infinita
es más fuerte del pecado y de la muerte”, y este viaje “ha sido llevar
la bendición de Cristo y la de la Iglesia, sobre el deseo de vida y de
paz que brota del corazón de la nación”.
“He podido contemplar los deseos de paz y de vida de tantos niños y jóvenes, en quienes exulta la esperanza. He
podido encontrar también a los obispos de esta nación y a los
representantes del CELAM, para alentar su labor. En la etapa culminante
de mi viaje, Villavicencio, hemos oído el conmovedor testimonio de los mártires y hemos visto el cuerpo mutilado del Cristo de Bojayá, esto
nos ha recordado que la paz se funda, ante todo, sobre la sangre de
testigos del amor, de la verdad, de la justicia y de la fe. En Medellín y Cartagena, el tema ha trascendido a la misión y al servicio,
con ejemplos insignes de vocación y de seguimiento de Jesús, que hoy
como ayer se entregan a los más pobres y se consagran a la promoción
humana integral”, afirmó el Pontífice, recordando las figuras del santo jesuita catalán San Pedro Claver, apóstol de los esclavos en Cartagena de Indias, y de Santa María Bernarda Bütler, suiza misionera franciscana en Ecuador y Colombia.
Palabras que Francisco proclamó en español en la catequesis
Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy deseo hacerles partícipes de mi reciente Viaje
Apostólico a Colombia. En primer lugar, quiero agradecer desde aquí al
Presidente por su invitación a visitar ese país, a las Autoridades y a
todos cuantos han colaborado para hacerlo posible, y muy especialmente
al pueblo colombiano por su acogida, su alegría y su afecto.
El lema del Viaje era «Demos el primer paso», y miraba al proceso de
reconciliación que vive hoy Colombia para poder salir de 50 años de
conflicto interno. Con mi visita he querido bendecir el esfuerzo de ese
pueblo, confirmarlo en la fe y en la esperanza, y recibir su testimonio,
que es una riqueza para mi ministerio y para toda la Iglesia.
He podido contemplar los deseos de paz y de vida de tantos niños y
jóvenes, en quienes exulta la esperanza. He podido encontrar también a
los Obispos de esta nación y a los representantes del CELAM, para
alentar su labor.
En la etapa culminante de mi viaje, Villavicencio, hemos oído el
conmovedor testimonio de los mártires y hemos visto el cuerpo mutilado
del Cristo de Bojayá, esto nos ha recordado que la paz se funda, ante
todo, sobre la sangre de testigos del amor, de la verdad, de la justicia
y de la fe.
En Medellín y Cartagena, el tema ha trascendido a la misión y al
servicio, con ejemplos insignes de vocación y de seguimiento de Jesús,
que hoy como ayer se entregan a los más pobres y se consagran a la
promoción humana integral.
[…] Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en
particular los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Confío a
todos a la Virgen de Chiquinquirá, que ella pueda ayudarnos a dar el
primer paso hacia un mundo más justo y en paz. Que Dios los bendiga.
Texto completo de la catequesis del Papa Francisco, traducido del italiano
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Como ustedes saben en los días pasados he realizado el Viaje Apostólico a
Colombia. ¡Están aquí algunos colombianos! Con todo el corazón
agradezco al Señor por este gran don; y deseo renovar la expresión de mi
reconocimiento al Señor Presidente de la República, que me ha acogido
con mucha cortesía, a los Obispos colombianos que han trabajado mucho
para preparar esta Visita, como también a las Autoridades de este País, y
a todos aquellos que han colaborado en la realización de esta Visita.
¡Y un agradecimiento especial al pueblo colombiano que me ha recibido
con mucho afecto y tanta alegría! Un pueblo alegre en medio del
sufrimiento, pero gozoso; un pueblo con esperanza. Una de las cosas que
más me ha impresionado en todas las ciudades, entre la gente, los papás y
las mamás con los niños, que levantaban a los niños para que el Papa
los bendijera, pero también con orgullo hacían ver a sus niños como
diciendo: “Esto es nuestro orgullo, esta es nuestra esperanza”. Yo he
pensado: un pueblo capaz de hacer niños y capaz de hacerlos ver con
orgullo, con esperanza: este pueblo tiene futuro. Y me ha gustado mucho.
De modo particular en este Viaje he sentido la continuidad con los dos
Papas que antes de mí han visitado Colombia: el Beato Pablo VI, en 1968,
y San Pablo II, en 1986. Una continuidad fuertemente animada por el
Espíritu, que guía los pasos del pueblo de Dios por los caminos de la
historia.
El lema del Viaje era “Demos el primer paso”, es decir, “realicemos el
primer paso”, referido al proceso de reconciliación que Colombia está
viviendo para salir de medio siglo – de medio siglo – de conflictos
internos, que ha sembrado sufrimiento y enemistad, causando tantas
heridas, difíciles de cicatrizar. Pero con la ayuda de Dios el camino
está ya iniciado. Con mi visita he querido bendecir el esfuerzo de este
pueblo, confirmarlo en la fe y en la esperanza, y recibir su testimonio,
que es una riqueza para mi ministerio y para toda la Iglesia. El
testimonio de este pueblo es una riqueza para toda la Iglesia, ¡eh!
Colombia – como la mayor parte de los países latinoamericanos – es un
país en el cual son fuertes las raíces cristianas. Y si este hecho hace
todavía más agudo el dolor por la tragedia de la guerra que lo ha
desgarrado, al mismo tiempo constituye la garantía de la paz, el sólido
fundamento de su reconstrucción, la linfa de su invencible esperanza. Es
evidente que el Maligno ha querido dividir al pueblo para destruir la
obra de Dios, pero es también evidente que el amor de Cristo, su
infinita Misericordia es más fuerte que el pecado y que la muerte.
Este Viaje ha sido para llevar la bendición de Cristo, la bendición de
la Iglesia sobre el deseo de vida y de paz que rebosa del corazón de
esta Nación: lo he podido ver en los ojos de los miles y miles de niños,
jóvenes y muchachos que han llenado la Plaza de Bogotá y que he
encontrado por todas partes; esa fuerza de vida que también la
naturaleza misma proclama con su exuberancia y su biodiversidad.
Colombia es el segundo país en el mundo por biodiversidad. En Bogotá he
podido encontrar a todos los Obispos del país y también al Comité
Directivo del Consejo Episcopal Latinoamericano. Agradezco a Dios por
haberlos podido abrazar y por haberles dado mi aliento pastoral, por su
misión al servicio de la Iglesia sacramento de Cristo nuestra paz y
nuestra esperanza.
La jornada dedicada de modo particular al tema de la reconciliación,
momento culminante de todo el Viaje, se ha desarrollado en
Villavicencio. En la mañana se realizó la gran celebración eucarística,
con la beatificación de los mártires Jesús Jaramillo Monsalve, Obispo, y
Pedro María Ramírez Ramos, sacerdote; por la tarde, la especial
Liturgia de Reconciliación, simbólicamente orientada hacia el Cristo de
Bojayá, sin brazos y sin piernas, mutilado como su pueblo.
La beatificación de los dos Mártires ha recordado plásticamente que la
paz se funda también, y sobre todo, en la sangre de tantos testigos del
amor, de la verdad, de la justicia, y también de mártires verdaderos,
asesinados por la fe, como los dos apenas citados. Escuchar sus
biografías ha sido conmovedor hasta las lágrimas: lágrimas de dolor y de
alegría juntas. Ante sus Reliquias y sus rostros, el santo pueblo fiel
de Dios ha sentido fuerte su propia identidad, con dolor, pensando a las
tantas, muchas víctimas, y con alegría, por la misericordia de Dios que
se extiende sobre quienes lo temen (Cfr. Lc 1,50).
«Misericordia y verdad se encontraran, justicia y paz se besaran» (Sal
85,11), que hemos escuchado al inicio. Este versículo del salmo contiene
la profecía de lo que ha sucedido el viernes pasado en Colombia; la
profecía y la gracia de Dios para este pueblo herido, para que pueda
resurgir y caminar en una vida nueva. Estas palabras proféticas llenas
de gracia las hemos visto encarnadas en la historia de los testimonios,
que han hablado en nombre de tantos y tantos que, a partir de sus
heridas, con la gracia de Cristo han salido de sí mismos y se han
abierto al encuentro, al perdón, a la reconciliación.
En Medellín la perspectiva ha sido la de la vida cristiana como
discipulado: la vocación y la misión. Cuando los cristianos se
comprometen completamente en el camino del seguimiento de Jesucristo, se
hacen verdaderamente sal, luz y levadura en el mundo, y los frutos son
abundantes. Uno de estos frutos son los Hogares, es decir, las Casas
donde los niños y los jóvenes heridos por la vida pueden encontrar una
nueva familia donde son amados, acogidos, protegidos y acompañados. Y
otros frutos, abundantes como racimos, son las vocaciones para la vida
sacerdotal y consagrada, que he podido bendecir y animar con alegría en
un inolvidable encuentro con los consagrados y sus familiares.
Y finalmente, en Cartagena, la ciudad de San Pedro Claver, apóstol de
los esclavos, el “focus” ha ido a la promoción de la persona humana y de
sus derechos fundamentales. San Pedro Claver, como también
recientemente Santa María Bernarda Bütler, han dado la vida por los más
pobres y marginados, y así han mostrado la vía de la verdadera
revolución, aquella evangélica, no ideológica, que libera verdaderamente
a las personas y las sociedades de las esclavitudes de ayer y,
lamentablemente, también de hoy. En este sentido, “dar el primer paso” –
el lema del Viaje – significa acercarse, inclinarse, tocar la carne del
hermano herido y abandonado. Y hacerlo con Cristo, el Señor hecho
esclavo por nosotros. Gracias a Él hay esperanza, porque Él es la
misericordia y la paz.
Encomiendo nuevamente a Colombia y a su amado pueblo a la Madre, Nuestra
Señora de Chiquinquirá, que he podido venerar en la catedral de Bogotá.
Con la ayuda de María, todo colombiano pueda dar cada día el primer
paso hacia el hermano y la hermana, y así construir juntos, día a día,
la paz en el amor, en la justicia y en la verdad. Gracias.
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